jueves, 5 de marzo de 2015

#40 Caminos Inesperados

Capítulo 40


Renata estaba hecha un mar de lágrimas, nada la hacía salir de su estado. Cuando llegamos a la departamento se escondió en el baño a llorar, yo no quería verla así. No sabía completamente todo lo que Cota le había dicho, pero no podía culparla de las cosas del pasado, se la llevaron siendo una niña, esas fueron cosas de sus abuelos y su padre, pero no era culpa de ella.
Al hablar con su padre me contó que le había culpado que nadie la quisiera, que todos la habíamos dejado de lado, en parte podía ser culpa de nosotros, de todos haber provocado esto. Pero ella misma era la sola culpable, siempre tuvo un maldito carácter que nos hacía mantener nuestra distancia, nada tenía que ver con Renata.

¿Pero cómo podía hacerla ver eso?

Me había destrozado los nudillos golpeando la puerta para que saliera, en un momento de desesperación incluso pateado la puerta, nada. Mi preciosa mujer estaba sufriendo y yo no podía ayudarla.

El teléfono del departamento sonó, era el conserje para avisar que mi hermana venia subiendo. La estaba esperando con la intensión de que se llevara a Adam a dormir con ella, no podía cuidarlo como se merecía y su madre tampoco

      - ¿Qué fue lo que paso? – dijo al tiempo que abría la puerta
      - Renata discutió con Cota, la culpa de cosas del pasado. Quedo mal, está encerrada y no quiere salir, lleva una hora en eso
      - Nunca me ha caído bien esa estúpida
      - Lo sé. Necesito que te lleves a Adam, por favor
      - Claro – sonrió - ¿Dónde está?
      - En su habitación. Estaba rezando para que se quedase dormido un rato

La seguí hasta la habitación de Adam, donde lo saco de la cuna y lo acuno en sus brazos, como siempre mi niño se dejó querer por su tía.

      - Thiago – me llamo Dani - ¿La ropa? ¿Algún bolso?
      - Lo siento, verdad.

Fui a mi habitación y saque mi bolso de deporte.

      - ¿Qué es lo que necesita?
      - Pijama, pañales, mamadera, algún juguete, ropa de cambio y ropa interior adicional
      - Adam no usa ropa interior
      - Me refiero a pantis, bodis. Thiago, siendo padre hace un año no sabes que la ropa que va por debajo, es ropa interior – río – Yo lo preparo todo
      - Dani debes dormir con él. Y cuidarlo mucho, si no fuera una urgencia de verdad que no te lo pediría
      - ¡Oye! – Se burló – Tengo una hija de la misma edad de Adam, se hacerme cargo. A demás…
      - Ya lo has hecho antes
      - Así es.

Media hora después ya iban saliendo del departamento, volví a mi antigua posición delante de la puerta.

      - Amor por favor, abre la puerta

Espere, espere y espere. Mi paciencia también tenía un límite, hablarle a una puerta de madera no era que digamos uno de mis pasatiempos favoritos. Ella sabía que estaba aquí, que la apoyaría en todo. Tenía miedo, miedo de que cuando saliera me dijera que no podía seguir con esto, que tomara sus cosas y volviera a marcharse, que nos dejase a Adam y a mí parados mirando a la nada.
Esta vez no lo iba a soportar, tampoco lucharía contra la corriente, dejaría que tomara su decisión pero no estaría ahí para verla irse. No estaría esperando que volviese.
No podía explicar todo lo que estaba sintiendo miedo, angustia, tristeza y en Adam. Todos los planes, lo bien que habíamos estado estas semanas, lo feliz que nos hacía, que me hacía.
Con un nudo en la garganta me aparte de la puerta y me fui a la cocina, sirviéndome una copa de vino, necesitaba estar preparado.

Era la tercera copa, era la décima vez que me ponía de pie para ir a mirar aquella puerta. Todo seguía igual. El reloj seguía su curso normal. Tome mi móvil y marque el número de Dani.

      - Está bien – fue lo primero que dijo cuándo descolgó.
      - ¿Comió?
      - Si, y ya está acostado.
      - Gracias.
      - ¿Cómo esta Renata?
      - Aun no sale
      - Vamos hermano haz algo, no puedes seguir así. Lleva mucho tiempo
      - Pero…
      - Puede que no salga porque se ha desmayado
      - No me asustes
      - Entonces usa tu cerebro, a veces eres tan brillante y otras
      - Lo sé.
      - Vale. No me vuelvas a llamar idiota que el niño está bien. Mi cuñado me está ayudando y Marcos también.
      - Gracias. No sabes lo que significa para mí que te hagas cargo de Adam
      - No hay problema. Lo amo, a ti igual idiotita. Ahora buenas noches y me avisas cualquier cosa. Ve con tu mujer
      - Besa a Adam de mi parte. Buenas noches.

Dani había logrado inquietarme aún más. Dios, era un hombre pero demasiado preocupado en estos momentos. Volví al baño, toque dos veces, nadie respondió. Estaba seguro que no tenía llaves, entonces las opciones no eran muchas. Si le comenzaba a dar patadas hasta que se abriese o rompiese, tal vez la asustaría. Baraje nuevamente las opciones y de mi cartera saque la tarjeta de créditos la introduje por el marco de la puerta hasta llegar en la unión con el seguro.
En el primer intento solo logre que la tarjeta se quebrara en dos partes. Golpee fuertemente mi cabeza contra la puerta, estaba frustrado.

      - Renata abre la maldita puerta. Mierda mujer – volví a gritar – No me pienso quedar aquí esperando por ti. Haz lo que quieras.

Salí de la habitación dando un portazo, con paso enojado entre en la habitación de Adam y me deje caer en su cama. ¡Maldita mujer! Me hacía perder los estribos, nada podía ser tan terrible para que llevara todas esas horas encerradas. ¿Qué si estaba Adam? ¿Tampoco pretendía ocuparse de él?

Con el antebrazo me cubrí los ojos.

***

Dentro del tormentoso sueño sentía a lo lejos el sonido de mi móvil. Estaba pensando cual era la mejor opción, si despertar y volver a la realidad o seguir soñando que estábamos en la playa, claro que eso me atraía muchísimo más, hasta que recordé a Adam. Trate de levantar el tronco aun sin abrir los ojos pero mi cuerpo se sentía más pesado que de costumbre. Al tratar de mover mi brazo derecho el peso en el hombro me hizo abrir los ojos.
Renata estaba acunada en mi pecho. Dormía plácidamente a mi lado, con su pierna puesta sobre la mía, dejaba ver parte de su muslo a través de la tela de la bata. En perfecta sinfonía y armonía nuestros cuerpos se encontraban, se unían perfectamente.

      - Amor – susurre, besando su cabello.

Solo conseguí que se apretara más a mi cuerpo, eso de inmediato hizo que todas las terminaciones de mi cuerpo despertaran aún más. No era el momento adecuado, no cuando necesitaba saber cómo se sentía, como estaba.
Mi móvil volvió a sonar, esta vez me moví más bruscamente en la cama. Haciendo que Renata despertara de un salto. Miro inmediatamente a la cuna y al no ver ese pequeño cuerpecito me miro con los ojos llenos de lágrimas.

      - ¿Dónde está Adam? ¿Dónde está mi hijo?
      - Dani se lo llevo ayer
      - ¿Por qué? ¿Por qué hiciste eso?
      - De verdad quieres una respuesta – Alce las cejas y ella agacho la mirada – Lo siento no quise
      - Vale, me lo merecía. Me comporte como una idiota. De verdad perdóname amor.
      - Esta bien, luego hablamos de eso. ¿A qué hora te metiste en la cama?
      - Poco.
      - No lo vuelvas a hacer nunca más. Me asustaste muchísimo.
      - Perdóname amor. No quise hacer eso.
Tome su cara en mis manos y la bese, lenta y pausadamente entregando en ese beso no tan solo el amor, sino también el miedo que había sentido.

      - Tú móvil – entre succión y succión del labio inferior ella me recordaba que alguien necesitaba comunicarse conmigo.

La lleve de la mano hasta nuestra habitación dejándola sobre la cama y llenándola aún más de besos, de caricias. Necesitaba sentir sus labios, acariciar su piel, sentirla que estaba conmigo.

      - Thiago – gimió
      - Te amo

Nos entregamos a la pasión, al amor, a nosotros. Como era posible que todo lo que había pensado, imaginado se desvaneciera con solo un beso, con solo estar a su lado. Me había dicho a mí mismo que no iba a hacer esto, pero era débil, la escuchaba respirar agitadamente y ya estaba perdido. Me rendía ante ella. Tenerla sobre mí con su espalda tan arqueada, gimiendo mi nombre, pidiéndome más me hacía débil.
Ese momento en que solo éramos uno, en que no había más mundo que nuestros cuerpos sudados, en que todo lo que salía de su boca era provocado por mí. Que en medio de la bruma creada por la pasión no habían problemas, no habían preocupaciones, ni Cota’s ni nada que empañaba nuestro amor. Todo era perfecto en esa fracción de tiempo.

Después de poco más de una hora estábamos en la cocina con una taza de café cada uno, nuestras miradas cargadas de deseo decían más que nosotros mismos con palabras.

      - ¿Qué me dices? –
      - Perdón, no estaba escuchando – me disculpe
      - Thiago – río – Te decía que voy a entregar el apartamento
      - Me parece perfecto. – Le tome la mano – Podemos buscar una casa. No sé.
      - Me encanta esa idea.
      - Hablare con mi mamá. Seguro que la constructora sabe de algún buen proyecto.
      - Claro, nos dará ideas. Espero no te moleste, pero no quiero una casa enorme. Me conformo con 3 habitaciones y 2 baños. No se algo donde podamos estar cómodos, pero no exagerado
      - ¿Me hablas enserio?
      - Claro que sí. Crecí en una casa enorme, no quiero eso para mis hijos.
      - Ya te haces la idea que tendremos más – reí – Veamos que nos ofrecen. Por un tiempo estaremos cómodos aquí
      - ¿Puedo ir a buscar a mi bebé?
      - Claro. – La bese – Pero ¿Puedo hacerle el amor nuevamente a mi mujer?
      - Claro – río, y me beso – Pero ¿No tienes que ir al despacho?
      - No te pongas aburrida. Ven vamos a la cama
      - ¿A la cama? – Alzo una ceja – Bésame Thiago.
      - ¿Qué si no quiero? – Me burle de ella en su boca - ¿Qué si prefiero otra cosa?
      - Te daré todo, absolutamente todo lo que quieras pero bésame. ¡Ya!

Juegue con sus labios, con su lengua, con sus pechos. Me encantaba provocarla de esa manera. Cuando pensaba llevarla a la cama, volvió a sonar mi móvil.
Deje los labios de Renata con la intensión de contestar la llamada.

      - No – se quejó.
      - Déjame ver quien es
      - Te espero en el cuarto

Mientras contestaba no dejaba de mirarla, de ver como se contorneaba de manera sensual.

      - Buenos días –
      - Thiago, buenos días. Gracias a Dios que me contestas, llevo llamando toda la mañana
      - Estaba ocupado, Carmen ¿Qué sucede?
      - Se suponía que hoy volvías a trabajar, tenemos cosas pendientes
      - Tal vez vaya en la tarde. Tengo cosas que hacer
      - ¿Todo bien con Adam?
      - Si, mi hijo está muy bien. Gracias por preguntar.
      - ¿No tienes con quien dejarlo? Sabes que yo no tengo problemas en ocuparme de él mientras tú trabajas
      - Lo sé, gracias nuevamente. Renata se ocupa muy bien de él. Mejor que nadie, pero no es por Adam que no voy.
      - ¿Qué hago entonces?
      - Las cosas urgentes, pero muy urgentes, envíalas a mi mail. Lo demás lo vemos mañana, o en la tarde.
      - Bien – resoplo – Siento decirte esto, de verdad sé que no me corresponde, pero por culpa de esa mujer estas dejando de lado las cosas importantes. Tu reputación como abogado está en juego Thiago. Y todo por ella, plantéate todo lo que has postergado por ella estas últimas semanas. 
      - Carmen. – Dije serio – No te permito, ni a ti, ni a nadie. Renata es mi mujer le guste a quien le guste. Mi trabajo es una cosa y mi vida personal es otra. Para mí lo primero es mi familia, ni siquiera sé porque te doy explicaciones de mi vida. Atiende lo pendiente y me mandas lo urgente al mail. Ese es tú trabajo
      - Lo siento Thiago no quise
      - Pero lo hiciste. Cualquier cosa referente a la oficina me lo comunicas.

Solté una bocanada de aire y mire el pasillo, ya no podía volver donde Renata. En parte algunas cosas que me había dicho Carmen eran ciertas, lo que me molestaba era que me las dijera. Sabía que era lo mismo que había conversado con mi madre y aun no era capaz de decirle a Renata. Era lo mismo que yo no quería ver.
Pero si no me iba a trabajar era porque nosotros teníamos una conversación pendiente, y además… Bueno no quería ir.

      - ¿Todo bien? – pregunto Renata volviendo al salón
      - Si – respondí suavemente – Si – volví a decir más fuerte. Cosas de la oficina
      - Ya – camino a mi lado y paso sus brazos alrededor de mi cuello -  Ve tranquilo, amor. No necesitas quedarte aquí. Estoy bien
      - ¿Qué si yo quiero quedarme?
      - Por favor – hizo puchero – Sabes perfectamente que solo te quedas por lo que paso ayer, pero de verdad amor. Estoy bien. Cuando vuelvas podemos hablar.
      - Mejor me quedo – le guiñe un ojo y la bese castamente – Vamos por nuestro hijo
      - Thiago enserio, yo voy por Adam y tú a trabajar. Estaremos bien, de verdad que ya me siento bien. Lo de ayer, como te lo explico… - me beso – fue un lapso, deje que sus palabras me hirieran. No volverá a suceder
      - Quiero que me digas todo lo que paso, necesito saberlo.
      - Te contare todo en la noche, pero no dejes de trabajar por mí. Te oí amor, y te amo por ponernos en primer lugar.
      - Siempre. – La bese - ¿Me prometes contarme todo?
      - Todo, todo.
      - Ok, entonces iré a trabajar.
      - Yo iré por Adam. Ve a ducharte mientras te preparo algo de desayunar.


***

Al salir de casa lo primero que hice fue avisarle a Dani que Renata iría por Adam, que por favor hablar con ella y no se dejara llevar por los dichos de mi madre. Pero de Dani verdaderamente a veces no que pensar, bien podía sentir lo mismo que el resto, pero no lo decía. Simplemente me había dicho que no era asunto de ella y que me apoyaba en todo. La amaba más por eso.

Conduje hasta el despacho y al entrar Carmen me siguió de inmediato a mi oficina, sin decir nada. Y por primera vez me sentía incómodo a su lado, podría ser por lo que me dijo aquella vez que salimos o por lo último en la llamada.

      - Thiago – dijo mientras se sentaba frente a mí. – Primero necesito pedirte disculpas
      - No. – La corte – Primero necesitas recordar que eres mi secretaria.
      - Lo sé, no necesito que me recuerdes cual es mi lugar. Sé que me pase con mi comentario. Entiendo que ella es tu mujer y…
      - ¿Cuáles son las citas urgentes?
      - Ah, sí. La señora Rebeca Hill, vendrá a las dos. Tienes una reunión en la constructora Lackington, también en la agencia, eso para mañana a primera hora. Dos clientes más para esta tarde y revisar esos documentos que Antonio necesita llevar a los tribunales.
      - Ok. Comenzare por los documentos y a penas los termine llamas a Antonio. Necesito que me comuniques con el contador y con el agente inmobiliario de la constructora.
      - ¿Cuál primero?
      - Contador.
      - ¿Quieres un café o algo?
      - No, estoy bien. Gracias.
      - ¿Almorzaremos juntos?
      - No – la corte – Volveremos al trato inicial, solo laboral
      - ¿Por favor?
      - Carmen…
      - Perdón, si no estás a gusto con mi trabajo. Tienes derecho a sustituirme
      - Porque estoy contento con lo que haces es que no te despido. Solo no te metas en mi vida.
      - Lo siento, perdóname. Creí que teníamos la confianza para poder darte mi punto de vista. También es el de tu madre.
      - ¿Mi mamá?
      - La Sra. Lackington estuvo aquí. Dimos la imagen equivocada y ella pensaba que estábamos saliendo.
      - ¿Qué te dijo mi madre?
      - Básicamente lo mismo que te dije yo, ya te lo dije pensó que salíamos y vino a decirme que estabas con ella.
      - ¿Por qué mi madre se mete? Y encima en plan de víbora
      - Por favor no le digas que te dije eso. No me gustaría tener problemas con ella.
      - Retírate por favor
      - Estaré en mi escritorio.

Ok, mi mamá en plan de víbora. Esto no era algo me hubiera imaginado jamás. No estaba resultando nada. Tome el teléfono de la oficina e incluso antes de abrir el primer documento, marque el número de su móvil

      - Apareció mi bebé – dijo sonriente como siempre - ¿Cómo están mis hombres favoritos?

      - ¡oh! Mamá tenemos que hablar. 

lunes, 23 de febrero de 2015

#39 Caminos Inesperados

Capítulo 39


El tiempo realmente estaba jugando en nuestra contra, la semana que pasamos juntos se había pasado como agua entre nuestros dedos. Cuando desperté la primera mañana después de esa semana, sola en mi habitación no podía creer la fuerza de voluntad que me envió hasta acá. Ni siquiera podía tener una respuesta concreta de porque no me había quedado.

Era lunes de nuevo, hoy Thiago tenía que volver a trabajar. Me había llamado la noche anterior para además de las buenas noches decirme que pasaría a dejar a Adam a mi casa y que luego en la noche nos recogía a ambos para irnos a su casa. Era un buen plan, seguía teniendo el día completo para mí y mi hijo.

Me desperece y casi como instinto estire mi brazo, la mañana anterior habría encontrado a Adam, y a Thiago lo hubiera sentido pegado a mí. El baño de la habitación había sido el testigo más fiel del amor y pasión, el suelo era mucho más cómodo cuando estaba sobre el cuerpo de Thiago. Alcance el móvil y sin pensarlo dos veces marque el número de Thiago.

      - Yo también extrañe tenerte a mi lado – dijo con voz de resignación. Suspire
      - No sé si podré volver a despertar sola en la cama
      - Espero que no. Espera – me quede con el móvil pegado al oído, algo hizo que Thiago abandonara la conversación pero por más que tratara de escuchar algo solo oía murmullos inentendibles – Ya estoy. –
      - ¿Pasa algo? – pregunté
      - Tú hijo – resoplo – La gracia de esta mañana es bajarse de la cama

Podía imaginar a Adam haciendo eso, claro que no de la manera convencional, no. Mi hijo le ponía adrenalina a una acción que para nosotros era tan básica, la primera vez que lo intento aterrizo de cabeza. Fue un horrible descuido de nosotros haber subestimado a Adam y dejarlo sin vigilancia por una ducha juntos.

      - Thiago – dije asustada de que pudiera pasarle algo, la cama de Thiago era más alta que la del hotel – Se puede pegar fuerte
      - Estoy con mil ojos encima de él. Pero ya domina la técnica, le enseñe que se debe deslizar con la cabeza hacia arriba
      - Thiago – reí
      - Ya está aprendiendo. Pero no me puedo duchar tranquilo si está despierto. Te necesito, mi amor
      - En una hora más estoy contigo – salte de la cama – Por favor no lo dejes solo
      - Date prisa. – Río – No quiero llegar tarde.
      - Voy, voy – asegure – Voy a colgar para poder arreglarme
      - Vale, pero no te duches – podía notar su sonrisa picará al otro lado de la línea – Tampoco pienses mal, lo haremos los tres juntos. ¿A que es una buenísima idea?
      - Te veo en una hora
      - Bien, preparé el desayuno. Te esperamos mami
      - Los veo luego
      - ¿Solo eso?
      - ¿Qué más quieres? – fingí no comprender que quería decir
      - Dilo
      - Se me hace tarde
      - Dilo
      - Thiago, voy a colgar. Nos vemos luego
      - Renata. – Suspiró – Te amo.
      - Te amo, Thiago.
      - ¿Por qué te cuesta decirlo?
      - Si sabes que lo hago ¿Para qué quieres escucharlo en todo momento?
      - Necesito estar seguro que es verdad
      - Te he demostrado estos días que es verdad, te amo. Te amaba y te amaré. Ahora te dejo que se me hace tarde.
      - Las palabras y las acciones son la mejor manera de estar seguro de que lo que sientes es verdad. Yo también, te amo, te amaba y te amaré.

***

Thiago era el romántico, amoroso y dedicado de nuestra relación, pero hoy quería sorprenderlo. Como nos habíamos quedado en el departamento y luego de la siesta de Adam habíamos ido al parque, de regreso a casa pasamos por el supermercado compramos todo lo necesario para una cena tranquila en casa. Esperaríamos a nuestro hombre a que volviera del trabajo, cenaríamos y luego una película sería perfecta. Cualquier cosa que nos mantuviera juntos era especial.
Mientras se cocinaban las pastas desarme mi pequeña maleta que contenía un par de vaqueros, poleras, vestidos, ropa interior para cinco días, dos pijamas. No sabía cuánto tiempo me quedaría, pero ya que pasaba mucho más tiempo aquí que en mi apartamento era necesario, había incluido una tenida formal y un vestido para cóctel. Nunca sabía si a Thiago se le ocurría comer afuera y debía estar preparada, deje las cosas en un espacio que me hice en el armario de Adam.

Fue imposible no darme contra la muralla cuando saque pequeñas prendas de algunos cajones, nada de lo que en esos lugares se guardaba lo había elegido yo. La pena y la rabia me inundaron en ese momento, las ganas de llorar y maldecir al mundo fueron más fuertes. Podía arrepentirme el resto de mi vida pero nada cambiaria, ya me había perdido los primeros meses, sus primeras palabras, su primera comida. No necesitaba que nadie me repitiera una y mil veces lo estúpida que había sido, era completamente el peor error de mi vida.
Del mueble saque el álbum de fotografías que si había comprado antes que naciera, era en ese lugar donde iba mes a mes dejando las imágenes de las ecografías. Algunas que nos habíamos tomado con Thiago mientras Adam estaba en mi vientre, era el recuerdo que quería dejarle a mi hijo, para que cuando fuera grande se recordara que lo habíamos amado desde siempre. Hoja a hoja iba viendo el crecimiento de Adam, había incluso una foto de él conmigo en el hospital, de la primera vez que lo amamante. Esa era la única que tenía conmigo. Las treinta hojas restantes eran de mi hijo y Thiago, solo el bebé, sus abuelos, sus tíos e incluso con Carol y Valentina.
Darse cuenta de algunas cosas dolía muchísimo. Mi pequeño hijo, que clase de madre era.

      - ¿Dónde está la mamá?

La voz de Thiago ya casi dentro de la habitación, me saco de esa burbuja de compasión que estaba metida. Adam entraba de la mano de su padre, quien al verme se arrodillo de inmediato a mi lado y tomo mi cara entre sus manos. Sin decirme nada solo me beso.

      - Es parte del pasado, amor. – Susurro separando sus labios de los míos – Estas aquí, ahora. Es lo importante

Adam gateo hasta quedar en mi regazó y acurruco su cabeza en mi pecho

      - Lo ves. – Thiago me volvió a besar – Vamos, sonríe.
      - Es duro –
      - Renata, mi amor, ya pasamos por esto. Creí que estábamos claros en que estábamos juntos.
      - Pero… - solloce – Todo esto…
      - Es parte de nuestra historia, fue una mala decisión – lo mire a los ojos – Una pésima decisión. Asquerosa, todos sufrimos. Pero estamos juntos, ahora. Mañana.
      - Fueron muchos meses, muchas lágrimas
      - Igual estabas con él. – Río – No entiendo como nunca me di cuenta
      - No era ni parecido pasar un par de horas con el miedo a que tu llegaras a estar con él como ahora. Así, abrazarlo, besarlo, acurrucarlo.
      - Ahora puedes hacer eso a diario, amor no te tortures más. Esa parte de la historia es solo un recuerdo, a mí también me dolió todo eso. Pero amor, lo importante es que no nos quedemos en esa parte de la historia, es la que estamos construyendo ahora. Juntos. Los tres.
      - No merezco que me ames, ni mucho menos que me perdones.
      - Yo no soy quien para decir si te merezco o no, lo importante es que seamos buenos padres para este pequeño.
      - Te amo, Thiago. Te amo.
      - Y yo a ti. Vamos deja esto así. Salgamos a dar un paseo.
      - La pasta – me puse de pie de golpe y corrí a la cocina. - ¡Mierda!

Thiago llego tras mío con Adam. Vio el desastre que estaba en la cocina y río.
 
      - Aún es temprano podemos comer fuera
      - No – resople – Preparare nuevamente las pastas, lo siento
      - ¿Qué hicieron en la tarde? – pregunto Thiago claramente para cambiar el tema y el estado de ánimo.
      - Jugar. – Me alce de hombros mientras buscaba nuevamente todos los elementos necesarios – Adam está dando más pasitos solo
      - Mañana podríamos juntarnos a la hora de la comida en el shopping para comprarle uno de esos coches que arrastra para caminar
      - No será necesario
      - ¿Por qué?
      - En casa de mi padre está el que uso Carol. Podría llamarlo mañana para ir a buscarlo
      - ¿Quieres ver los abuelos mañana? – le pregunto a Adam – Si van me avisas y yo los paso a buscar en la tarde.
      - Ya lo llamare más tarde

Nos sentamos a comer una hora más tarde, termino siendo una cena tranquila, en casa con la familia. Adam tomaba las pastas de color verde que habíamos preparado para el a base de espinaca y sacaba la lengua de manera de decirnos que la desaprobaba. Ambos nos reíamos.

      - Amor – me llamo Thiago quien había ido a acostar a Adam en la cuna.

Era un hecho que necesitábamos nuestros momentos a solas, con un niño en medio de la cama nuestros encuentros sexuales iban a ser muy esporádicos. Luego de un momento de debate habíamos decidido que lo mejor era poco a poco ir sacando a Adam de la cama a su cuna. De un comienzo la cuna estaba al lado izquierdo de la cama, a mi lado. Esta noche sería la primera prueba.

      - Lo del shopping tendrá que ir de igual manera – me alzo una prenda de ropa de Adam.- Necesita un par de cosas, estas por ejemplo le quedan muy apretadas para dormir.
      - Buscare unas más grandes.
      - Igual necesitamos ir a comprar ropa para él.
      - Bueno.


***

      - ¿Ya viven juntos? – pregunto Magda muy entusiasmada
      - De comienzo me he quedado estas noches en su departamento. Así que si, ya vivimos juntos
      - Que alegría más grande. Te iba a decir que vinieras a pasar la navidad con nosotros pero seguro que quieren estar solos.
      - No hemos hablado de eso aún.
      - Bueno queda hecha la invitación hija. Solo estaremos tu padre, Carol y yo.
      - ¿No han sabido nada de Cota?
      - No – resoplo – Sé que lo que hizo estuvo mal, que le des tu perdón yo no te lo puedo pedir. Pero me duele saber que Gabriel no quiere verla, que su propio padre le cerró la puerta de la casa.
      - Lo siento. Nunca quise contarle la verdad a mi papá. Magda yo a ti te quiero mucho, eres y fuiste como una madre para mí. Amo a mi sobrina, pero no puedo, de verdad no puedo perdonar a Cota.
      - Y yo a ti te amo, eres mi hija. Eres una hija más para mí.
      - ¿Qué hablan mis mujeres? – pregunto alegre mi padre entrando al salón.

Magda se puso de pie y salió rápidamente sin siquiera saludar a mi padre. Me sentí extraña, con culpa de que ella también sufriera cuando conmigo había sido una madre, la madre que Dios se llevó al cielo siendo yo muy niña.
Mi padre la observo salir y no dijo nada, llego a mi lado y beso mi cabeza como era su costumbre, luego Adam y terminó con Carol en sus brazos haciéndola reír.

      - ¿De que hablaban? -
      - De las navidades.
      - Seguro que estarás con Thiago y su familia ¿Verdad?
      - No lo sé papá – respondí – Aún no hablamos nada.
      - Ya sabes que si lo desean pueden venir a estar con nosotros. Dudo que Renata nos quiera a todos en su casa
      - ¿La tía Renata? – Pregunté asombrada - ¿Están enojados?
      - Esta molesta. – resoplo – Hable con Benjamín hace unos días y me dijo que su mujer estaba molesta con Thiago.
      - No me ha dicho nada
      - Seguro que para no preocuparte. Ya sabes cómo es Thiago.
      - Hablare con el esta noche.
      - Necesito decirte algo hija
      - ¿Qué papá?
      - ¿Podemos vernos mañana en el restaurant?
      - Claro. – Asegure – Pero si necesitas que trabaje
      - No te lo pediría – sonrió – Sé que quieres pasar todo el tiempo con Adam y tu marido, lo entiendo y está bien para mi
      - Gracias –
      - Te confirmo la hora durante el día para que no tengas problemas con quien dejar a tu hijo. Tal vez en la noche cuando ya este Thiago en casa
      - Bueno – suspire, estaba claro que algo le pasaba - ¿Qué sucede, papá?
      - Nada hija  - resoplo - ¿Cómo va Adam con aprender a caminar?
      - Bien, lo vieras se ve demasiado gracioso. Se ha caído un par de veces pero es como Thiago, perseverante
      - Vamos al jardín para que lo pueda ver

Entre Adam y Carol hicieron sonreír a mi padre como hacía mucho tiempo no lo veía, los niños tenían ese efecto. En ningún momento Magda estuvo con nosotros, eso me parecía extraño. Pero tampoco quería preguntar mucho, ya sabía los motivos. Cota y yo éramos sus motivos. Mañana cuando estuviéramos solos con papá hablaría con él.

      - Señor – llamo Ester, las señora encargada del que hacer de la casa y cuidar a Carol cuando ellos están trabajando – Usted me dijo que le avisara si la señorita Constanza venia, está afuera.
      - Gracias – se puso de pie – Quédense aquí, iré a ver que quiere
      - Papá – le llame antes de que se perdiera adentro – Por favor

No podía quedarme con los brazos cruzados, necesitaba yo también saber que era lo que quería.
Tome a Adam y me lleve en una mano a Carol hacía el interior, podía sentir los gritos de mi padre. En la cocina encontré a la señora Ester.

      - Necesito que se quede con los niños. Por favor
      - Si señora.

Casi corrí hasta el salón donde ya estaba Magda al lado de mi padre. No me basto mucho tiempo para saber la situación

      - ¡Pero si es la hija perfecta! – grito Cota - ¡Perfectamente puta!
      - Renata – me llamo mi padre – Ve a ver a los niños
      - Si vete. Para que todos salgan nuevamente detrás de ti.
      - Cota hija. Por favor – le pedía calma Magda – Es tu hermana
      - ¿Y eso que? – Grito – Me ha destruido la vida, no solo ahora. Siempre
      - Jamás te he destruido nada. No podemos decir lo mismo de ti
      - Me quitaste el cariño de mi padre, de mi propia madre. La niña perfecta y huérfana de madre que daba pena en todos lados. Hija de la santa de Carol. Si era como tú, simplemente debe haber sido una ¡P U T A! 
      - A mi madre no – le di una fuerte cachetada – Con ella no. ¿Hasta cuándo tenemos que soportar tus malditos berrinches? ¡Siempre se te dio todo Cota! Una madre que te adora, un padre que daba todo por ti. Nunca te reprocharon nada, ni siquiera cuando llegaste embarazada. Papá siempre fue tan distinto contigo
      - Cuando tú te marchaste te llevaste todo eso
      - Deténganse las dos – nos gritó papá
      - Déjala que se desahogue de una maldita vez, papá. Quiero saber por ella misma su odio hacia mí.
      - ¿Quieres saber? ¿Quieres que te cuente lo penosa que fue mi vida? Bueno entonces siéntense, porque es una gran historia digna de una película.
      - Cota por el amor de Dios
      - Deja el llanto mamá. Si también eres parte de esto – resoplo – Por donde partimos, a sí. Bien, cuando Dios fue grande conmigo y te llevo lejos – río – Bueno no tan grande, porque todo el maldito calvario comenzó en ese momento. Mi papá quedo destruido, ya no jugaba conmigo, ya no iba a mi cama por las noches a leerme cuentos, dejo de ser mi papá. ¿Sabes lo único que hacia? Se iba a llorar con tu fotografía a tu habitación. Pensé que destruyéndola terminaría todo. Bueno no. Conseguí un castigo de un mes por eso. Mi madre, que parecía más tuya que mía, ya no preparaba el pastel de chocolate que tanto hacia. ¿Sabes porque? Porque ya no estaba Renatita para comérselo. Eso fue solo aquí en casa. O solo con esta familia, íbamos a casa de los tan queridos tíos Benjamín y Renata ¡Una mierda!  Ellos te querían a ti, jamás me invitaron a pasar una noche a su casa, jamás me invito de vacaciones con ellos. La estúpida de Daniela no me tomaba en cuenta, el idiota de su hermana jugaba con ella y no conmigo. Marcos era un imbécil que seguía en todo a Thiago. Tu querido Thiago me ignoraba, pero claro que antes no lo hacía. No, porque estaba baboso con tal de llamar tu maldita atención, a ti te seguía, contigo jugaba. A mi ¡Me ignoraba! ¿Te parece poco todo eso?
      - Yo no tengo la culpa
      - Claro que la tienes, estúpida y no comprendes las cosas. Yo no era dulce como tú, yo no hacia lo que me mandaban, yo no tenía el pelo rubio y me dejaba peinar por todos. Incluso la perra de Natalia te invitaba a su casa.
      - Pero…
      - ¿Qué? ¿Pero qué? Nada Renata, todo eso paso cuando te fuiste. Al final no sabía si fue para mejor o no. Crecimos, crecí, siempre bajo la sombra de lo que tú fuiste “No te pareces en nada a Renata a tu edad” ¿Qué querían decir con eso? “Gabriel, porque Constanza no es igual que Renata” Esas palabras nunca se me olvidaron. ¿Sabes cuantas veces me ofrecí a Thiago? – abrí los ojos – Si, a tu maridito, muchas, muchas veces cuando por obligación me llevaban con ellos y se emborrachaban. Nunca me tomo en cuenta, yo veía como Marcos besaba y tocaba a Daniela. ¿Pero porque Thiago no podía hacer lo mismo conmigo? Le decía al idiota lo que le hacían a su hermana y tampoco me tomaba en cuenta. Tan solo basto con que aparecieras tú y le menearas el culo…
      - Ya basta – grito mi padre – Quiero que te calles
      - Me voy a llevar a mi hija y no me volverás a ver más
      - Cállate de una puta vez Constanza por favor – dijo más calmado – Escuchaste todo lo que dijiste
      - Es lo mismo que viví –
      - Renata y Benjamín te quieren, te querían hija.
      - No como a Renata –
      - De alguna manera Renata era especial para ellos. Antes incluso que naciera Thiago
      - ¿Eso la hacía especial? – se secó las lágrimas con la manga de la chaqueta
      - Para ellos sí. No te puedo dar explicaciones del trato que tuvieron ellos con Renata, pero si te puedo decir que yo jamás cambie contigo. Jugaba de la misma manera, eras tú la que te arrancabas de nosotros.
      - Gabriel – intervino Magda – En parte la niña tiene razón. Todos cambiamos con ella, pero no fue porque quisimos, sufrimos con la partida de Renata.
      - Incluso tú mamá, me dejaste
      - Ayude a criar a Renata, era mi hija también
      - ¡No!  Yo era tu hija
      - Fue envidia, celos – susurre - ¿Por qué nunca me dijiste?
      - ¿Qué ganaba? Tus burlas
      - Eras mi hermanita, yo jugaba contigo.
      - Pero me dejaste

La señora Ester entro en el salón seguida de Thiago, quien al ver mis lágrimas camino sin decir nada a mi lado. Me abrazo y me arrastro fuera del salón

      - ¿Estas bien? – me pregunto antes de secar mis lágrimas
      - No – solloce
      - ¿Dónde está Adam?
      - La señora Ester lo tiene
      - Voy a ir por él quédate aquí

Me quede en el mismo lugar, algo así como cinco minutos antes de que Cota pasara por mi lado y se riera

      - Nada puede cambiar lo que hice, ni lo que me hiciste. Solo quiero poder estar con mi hija, así como tú estás con el tuyo. Que mi papá me logre perdonar algún día. Pero sobre todo que tú me logres perdonar.
      - Mantente alejada de mi mujer – gruño Thiago llegando a mi espalda. - ¿No has tenido suficiente? ¿Te queda daño por hacer?
      - El estúpido siempre defendiéndola, no eres más que un hombre patético Thiago. Podríamos haber sido todo tan distinto
      - Nada hubiera sido distinto
      - Cota, hija. Basta – suplico Magda – Por una vez en tu vida has algo bien y deja a tu hermana ser feliz, la vida tampoco le toco fácil.
      - Pero mucho más fácil que la mía, mírala – me apunto – Tiene a su hijo y al imbécil del padre a su lado ¿Qué tengo yo? Dime, mamá ¿Qué tengo yo?
      - Podrías haberlo tenido todo. Tú lo alejas de ti
      - No. Solos se van, todos me dejan

Thiago tiro de mi mano y me saco fuera, me dejo de pie casi sin ser consciente de lo que a mi alrededor pasaba.

      - ¿Te encuentras bien, amor? – Preguntó volviendo a mi lado sin Adam en sus brazos – Vamos a casa
      - Yo no tengo la culpa.
      - ¿De qué?
      - Ella… - solloce – Yo de verdad no tengo la culpa
      - Amor, tú no tienes culpa de nada
      - Ella tiene razón, le destruí la vida a todos
      - Claro que no, amor. Por favor, tranquilízate un poco, estas asustando a Adam
      - Yo no puedo – solloce – Thiago, me culpa de todo y tiene razón
      - ¿En qué tiene razón?
      - Que cuando me fui la primera vez le destruí la vida
      - ¿Cómo puedes pensar así? Tenías quince años, no tenías culpa de nada. Constanza nunca fue buena persona, sola alejo a la gente que la quería, nos hizo mucho daño, se lo sigue haciendo a tus padres, no pienses que tú tienes culpa de algo que no es.



lunes, 16 de febrero de 2015

#38 Caminos Inesperados

Capítulo 38


Sabía de ante mano lo que estaba haciendo Renata. Me provocaba, me excitaba de una manera que debería estar prohibida. Ambos estábamos deseando llegar a la cama, pero con Adam de por medio era un tantito complicado, lo superaríamos.
Desde que volvimos al hotel la veía más distraída, más preocupada de Adam que de mí, no me molestaba. Pero pensé que luego del ataque de celos en la playa cambiaría, se mostraría de otra manera conmigo. Con Renata no podía dar nada por sentado.

      - Es mucho más rápido de esta manera – me dijo sonriente mientras terminaba de lavar su pelo – Aquí le queda un poco
      - Adam quédate un momento tranquilo para que mamá te pueda sacar todo de la cabeza

Pero como Adam era un Lackington, y sobre todo era mi hijo, no se quedaba ni un solo momento tranquilo. Forcejeaba con su cuerpo para que lo soltase, era ver a Renata y querer estar en sus brazos, pero ver sus pechos era querer llevárselos a la boca. Reí al ver como seguía en su lucha por conseguir la atención de su madre y ella negaba con la cabeza y se alejaba cada vez más de su lado.

      - Listo – dijo Renata al cabo de unos minutos - ¿Puedes secarlo mientras me ducho yo?
      - Vale –

Se lo entregue mientras habría el separo y cruzaba una toalla en mi cintura. Saque una gran bata de ducha del colgador y abrí los brazos para recibir a mi niño. Al ver que su madre lo dejaba nuevamente en mis brazos comenzó a llorar.

      - Es solo un momento mi amor – le dijo y beso su boquita chiquitita. – Papi salgo en un segundo.
      - Bueno, mami

Mientras lo secaba en la cama el arrancaba de mi lado, era nuestra rutina de siempre, le encantaba andar desnudo por toda la cama y reía. Renata salió unos minutos después cubierta por la otra bata de baño.

      - Ahora es mi turno – le dije
      - Pero Thiago – río al ver que no estaba ni con pañales
      - Ve si lo logras – me burle
      - Adam ven inmediatamente – le dijo con voz dura, pero Adam simplemente río y trato de bajarse de la cama – Te vas a caer – corrió para evitar la caída.
      - Los dejo solos

Fácilmente me podría acostumbrar a esta situación, a estar todo el día con Renata y Adam, disfrutando de las pequeñas cosas que nos daba la vida. Disfrutando de los dos grandes amores, de la intimidad de mi familia.
Lo que dijeran los demás hoy no me iba a importar, no quería estar peleado con mis padres. Pero si mi madre se cerraba al hecho que era mi vida, mi familia y mi corazón, no podía hacer nada. Había sufrido bastantes meses añorándola y odiándola al mismo tiempo, a toda costa y como cualquier padre que ama por sobre todo a su hijo evitaría que sufriese. ¿Por qué no podía entender eso?
Yo no le pedía que perdonase a Renata, ni que fuese su mejor amiga, yo pedía que me apoyara, que estuvieran conmigo. Por eso le había pedido que nos quedáramos unos días para nosotros, para ablandar el terreno y por fin decirle todo lo que sentía. La amaba, y estaba dispuesto a todo por ella. Incluso volver a casarnos.

      - Thiago – me llamo Renata y podía apreciar que estaba en el umbral de la puerta del baño con Adam sobre su cadera derecha.
      - Dime – corte el agua y abrí la separación, tome una toalla y la anude a mi cintura.
      - Adam tiene hambre –
      - ¿Cenamos en el restaurante o acá?
      - ¿Qué quieres tú? – alzo una ceja de manera sexy
      - Lo que quieras tú. – Le lance un beso – Me visto rapidito
      - Entonces iremos bajando.
      - Bien – pase a su lado y le bese a ambos la cabeza - ¿Te he dicho lo guapa que te ves?
      - Como cien veces – río y me paso la mano por el brazo – Date prisa
      - Usted manda – me beso castamente y se encamino a la salida – Cuida de mamá

A penas salieron de la habitación me vestí en un tiempo record, unos vaqueros y una playera era más que suficiente, poco me importaba estar vestido de mejor manera. Andaba toda la semana con traje. Hoy era un hombre de mi edad, dedicado a disfrutar.


***

      - No quiero que aprenda a caminar – dije resignado
      - Me hace tanta gracia – río al ver como Adam iba de silla en silla dando pequeños pasos solo afirmándose de los bordes – No nos daremos ni cuenta cuando ya esté en el primer día de colegio y luego saliendo de la universidad
      - Saliendo con chicas
      - No – se puso seria y me miro directo a los ojos – No saldrá con ni una sola mujer
      - ¡Renata! – Me reía de ella, de la forma en que decía que nuestro hijo no haría tal cosa, pero ambos sabíamos que no sería así – Las chicas los perseguirán
      - Es mi bebé – se puso de pie, lo tomo y volvió a su silla, dejando a Adam en su regazo
      - Pero crecerá
      - ¿Verdad que no? – lo acuno y comenzó a mecerlo en sus brazos, cada vez que yo le hacía eso a Adam el forcejeaba para dejarlo nuevamente en el piso, con su madre era todo lo contrario, se apretaba más a ella – No crezcas, mi amor.
      - Podríamos tener otro – le dije sin pensarlo.
      - Podríamos –

Se quedó mirando fijamente la cabeza de Adam, tal vez me había pasado con mi comentario sabiendo que solo llevábamos una relación de un par de días. Lo había pensado y planteado el primer día que había dormido en nuestra cama, estaba más que preparado para tener otra parte de ella en este mundo. No sabía en qué momento se lo propondría, pero lo había hecho sin siquiera pensarlo. Yo tampoco quería que Adam creciera, pero no podíamos hacer nada al respecto.

      - No digo que vaya a embarazarte esta noche – aclare – Pero si, podríamos tener otro bebé.
      - Eso quiere decir… -
      - Todo – la corte – Vamos paso por paso, pero si quiero que te vayas a vivir al departamento o con Adam nos mudamos a tú departamento. Si quieres una casa, bien compramos una casa. Podemos solo convivir, o casarnos nuevamente, pero eso si – le apunte – Una gran boda, con invitados, vestidos de novia y todo, absolutamente todo lo que la primera vez nos negamos.
      - Pero…
      - Pero nada, amor – Le tome la mano – No te estoy diciendo que nos casemos mañana. Pero en algún momento, en esta nueva relación u oportunidad podemos hacer todo lo que queramos. Ahora mismo quiero llevarte arriba y hacerte el amor
      - Yo  - le guiñe un ojo - ¿Dónde firmo? – río
      - En ninguna parte – le hice señas al camarero. – Lo primero es dormir a este hombrecito.

En el ascensor se sentía la tensión entre nosotros, ambos esperábamos el momento en que Adam se durmiera y pudiéramos disfrutar el uno del otro. Quería perderme en su cuerpo, poder besarla y tocarla como llevaba mucho tiempo deseando. Ahora mismo me preguntaba porque había acostumbrado a Adam a dormir conmigo, ahora mismo deseaba estar en casa y poder dejarlo en su cuna, en su habitación.

Renata se perdió el baño con Adam, mientras yo pensaba como podía preparar algo especial. El espacio no era mucho, con lo único que contábamos era un sofá pero eso ya me parecía cómodo, esperaba que también a ella.

      - ¿Quieres que pida algo de beber? – le pregunte cuando se recostó en la cama con Adam.
      - No –
      - ¿Quieres algo? – volví a insistir
      - No – se llevó un dedo a la boca para hacerme silencio – Quiero hacer dormir a este jovencito.
      - Vale, los dejo solos


Cuando volví media hora después, abrí suavemente la puerta de la habitación. Había estado dando vueltas por el hotel, mirando el horizonte desde la terraza pensando o más bien buscando la manera de que todo estuviera bien, de poder tener paz con mi familia y con mi mujer. Era inevitable que cuando llegásemos a la casa todo se nublara nuevamente, pero antes necesitaba asegurarme que Renata no huiría y no tomaría a mal las cosas que tenía que decirle.
No iba a ser fácil para ella asumir que nadie apoyaba nuevamente esta relación, yo no lo estaba asumiendo bien. Me ponían entre la espada y la pared, y era lo que a mi madre más le había dolido. Que llegado el momento de elegir, elegiría a Adam, sobre todas las cosas Adam iba primero y Renata venía con él. En su momento Dani eligió a Marcos y a Vale, yo fui el primero en negarme, en montar una escena, dejarles claro que no me parecía. Ahora me encontraba casi en la misma posición y también elegiría a mi familia, a mi hijo, a mi mujer.

Renata no estaba en la cama, pero si el pequeño cuerpo de mi hijo con su pijama de Mickey, ese cabello revuelto y una pequeña sonrisa. Hasta dormido demostraba que era feliz.

      - ¿Renata? – susurre dando unos golpecitos en la puerta del cuarto de baño

Pasado unos segundos la puerta se abrió lentamente y ella asomo la cabeza. Llevaba solo una toalla por debajo de los hombros. Me guiño un ojo y me invito a pasar.

      - Me dijiste que me harías el amor y estas tardando.
      - ¿Aquí? – le pregunte mientras comenzaba a pasar mis manos por sus brazos, arriba y abajo en un movimiento sincronizado
      - La cama está ocupada – me beso castamente – Este lugar me parece perfecto

No la deje decir una palabra más, no dude en que cualquier lugar sería perfecto si ella estaba conmigo. La tome por la nuca y la bese, todos los meses de ausencia y dolor se iban en ese beso. Era nuestra nueva oportunidad, era tal vez la primera vez que hacíamos las cosas bien.

Nos besamos, nos acariciamos y nos perdimos en el cuerpo del otro. Dejamos que la pasión acumulada por el tiempo se desbordara en aquel baño de un hotel. En susurros, con acciones nos demostrábamos el amor que nos sentíamos, no había habido otro hombre que ocupara mi lugar, tampoco otra mujer que la sustituyera. Siempre habíamos sido nosotros.
El destino estaba escrito desde siempre, lo que sentía por esta mujer no podía ser normal, mi corazón se aceleraba con solo tenerla cerca. Y sabía que ella se sentía igual.

Renata había estado siempre a mi lado, de niña como una amiga, una cómplice, una hermana. Gracias al cielo nunca la vi de esa manera.
Mi cuerpo se sacudía con cada embestida, el de ella me recibía gustosa. Los gemidos y la respiración agitada, las miradas a través del espejo. Todo era perfecto. Me deje llevar, llevándome la conmigo al mismo abismo, el que solo cuando estábamos juntos era el mismo paraíso. Ya no podría vivir sin mi dosis de ella, ya no podría volver a pasar un segundo de mi día sin poder estar junto a ella. Mi amor, mi vida y mi alma le pertenecían a Renata.

      - Te amo – me susurro con un último aliento antes de dejarse vencer por el orgasmo.

Perdimos la noción del tiempo abrazados en el frío suelo del cuarto, ninguno decía nada pero tampoco aflojábamos el abrazo. No dejaba de pensar en el “te amo”, hacia tanto que no escuchaba esas palabras, no sabía cuánto había extrañado oírlo de sus labios hasta que salieron, temí preguntar si fue parte de la excitación del momento o porque verdaderamente lo sentía. Ahora yo mismo tenía miedo de volver a pronunciarlo.

      - ¿Thiago? – susurro acariciando mi pecho con sus manos
      - Ajá –
      - Nada. Pensé que te habías dormido
      - No. Estaba disfrutando del momento – asintió en mi pecho - ¿Estas bien?
      - Si – alzo la cabeza – Mejor que nunca

Su boca busco la mía, deslizo su cuerpo sobre el mío hasta que quedamos con las frentes pegadas, con los ojos perdidos en nuestras miradas.

      - Te amo – volvió a decir – Y lo dije en serio
      - Yo también te amo

Nuevos besos, nuevas caricias, nos estábamos entregando nuevamente al placer de tenernos el uno al otro cuando el llanto de Adam la hizo levantarse de golpe.
Coloque mis brazos debajo de la cabeza para mirarla moverse rápidamente por el lugar en busca de ropa. No pude retener una carcajada cuando la vi volver a casi vestirse

      - ¿Qué te hace tanta gracia?
      - Tú – me puse de pie y la tome por las caderas para atraerla hacia mí – Me voy a dar una ducha ¿Me acompañas?

      - Adam está llorando – se zafó y abrió la puerta – Volveré a lavar tu espalda