lunes, 12 de enero de 2015

#32 Caminos Inesperados

Capítulo 32


Ser padre era simplemente lo mejor que me había pasado en mi vida, la mejor elección que había tomado. Adam Lackington me llenaba la vida, su sonrisa por las mañanas me hacía saber que todo iba a estar bien. Hoy ya cumplía un año.

Lo miraba mientras dormía plácidamente en nuestra cama y no me lo creía. Un año desde que supe lo que era el verdadero amor, él era mi amor verdadero y lo mejor que me había pasado en la vida.

Aun cerraba los ojos y recordaba esos momentos en que juntos pasamos, la celebración que la loca de mi hermana había preparado para los seis meses de nuestros hijos. La sonrisa de Ian cuando venía a echarme la mano, como gateaba por todo el departamento con la intención de que mi niño aprendiera. Le bastaron 3 semanas para que Adam anduviera por todos lados, sus rabietas cuando algo no le resultaba y como tiraba sus juguetes por todos lados. O por las mañanas cuando me despertaba con el sobre mi pecho o por las noches arrullarlo hasta que se durmiera. La idea de hacerlo dormir en su propia habitación tan solo servía para la hora de la siesta. Sus noches eran en mi cama, nuestra cama.

Solo para asegurarme que tan rápido habían pasado el año tome mi móvil de la mesa de noche suavemente para no despertar al niño, el sol aun no entraba completamente por la ventana así que con suerte eran las seis de la mañana. Encendí la pantalla de mi móvil y lo primero que veo en una cara sonriente de mi hijo, él era el dueño de mi sonrisa día a día, mi única alegría.

Salí de la cama, para aprovechar de ducharme antes que llegara mi Abuela, era quién se ocupaba de cuidar a mi niño mientras yo estaba trabajando, era quién día a día hacia 10 meses me ayudaba a criar de la mejor manera a mi hijo, ella era la mejor madre que le podría dar.

Hace esos mismos 10 meses que no sabía nada de la verdadera madre de Adam, recordar esa noche que se presentó en el departamento me deprimía. Aquella noche cuando mirándola a los ojos le dije que quería divorciarme de ella, que simplemente ya no la quería y que tampoco la quería cerca de mi hijo. Recordaba su llanto y sus suplicas de perdón, pero nada de eso me importo, al igual que no le había importado a ella nuestro bebé cuando lo dejo.

Mis padres me apoyaban en todo, mi hermana me echaba la mano le había dado su leche durante sus primeros seis meses de vida, le había cuidado cuando estuvo enfermo, se había desvelado cuando yo tuve que viajar y dejarle solo por trabajo. Era su hijo también, había sido más madre que la misma Renata.

Gabriel venia un vez por semana a verle, siempre y cuando yo no estuviera en casa. Era verlo y me recordaba que su hija sufría por no poder compartir con su hijo, y yo no quería saber eso. Había creado un muro contra ella y hasta ahora era irrompible.

Mi vida amorosa… Simplemente no tenía una vida amorosa. Durante este año había guardado luto de mi matrimonio fallido, no creía volver a ser capaz de creer nuevamente ni el amor ni en una mujer.

Voltee a mirar una vez más a Adam antes de meterme a la ducha, tenía cerca de 10 minutos antes de que se diera cuenta que no estaba en la cama con él. Era dependiente de mí.

Mientras me duchaba más imágenes de este año pasaron en mi cabeza, nuestras vacaciones, nuestros paseos en el parque, cuando por primera vez le vi su carita.

      - Hola bebé – dije cuando salí de la ducha - ¡Feliz Cumpleaños mi vida! – me lance en la cama y lo lance al aire mientras escuchaba sus risas que llenaban el alma. - ¿Quién está de cumpleaños hoy? ¿Quién abrirá muchos regalos?

Adam trataba de responderme en sus balbuceos, a veces yo juraba escuchar que me llamaba papá. Estaba ansioso por escuchar esas palabras, estaba ansioso por verle caminar, verle crecer y hacer de él un hombre de bien. Tenía la mejor escuela para que así fuera.

      - da-da-da-da-da-da – gritaba mi niño mientras miraba esos dibujos animados que eran sus favoritos. – pa-pa-pa-pa

Me vestí en tiempo record como ya era costumbre, no era propio de mí dejarlo mucho tiempo solo, ya se me había caído de la cama un par de veces por descuidos míos. Que habíamos terminado en la urgencia, era propio de los niños caer de cabeza dijo el doctor que lo atendió esa noche.

      - Ven acá campeón – le tendí los brazos – Debemos cambiar el pañal y tomar una ducha, ya llegara la Llalla y necesitamos estar listos. ¡Hoy es tu cumpleaños!
      - Llalla – me reí.

Mi Abu, era la Llalla, Adam la había bautizado de esa manera. Y resultaba que ahora todos le decíamos así incluyendo a Vale e Ian.

Media hora después ya estábamos listos, no eran ni las ocho de mañana. Mi madre fue la primera en llamar y cantarle el cumpleaños feliz a mi bebé. Poco entendía, pero reía y eso ya me hacía sonreír a mí.

      - ¿A qué hora llegaran? – pregunto mi madre
      - Tengo que pasar a la oficina, espero demorarme poco. Dejare a Adam con la Llalla y nos iremos todos a almorzar ustedes
      - El cumpleaños de los niños será espectacular
      - Lo sé, entre tú y Dani tienen todoooo listo
      - Si, será algo familiar.
      - Mamá te tengo que dejar, debó darle el desayuno a mi bebé.
      - Gabriel, Magda y Carol también van a venir – dijo con pesar – Y no quiero una mala cara hijo, son sus abuelos y tienen derecho
      - Mamá – la corte
      - No. No Thiago, ellos merecen estar aquí, no tienen culpa de lo que mi ahijada hizo. Le pedí de favor que no la trajeran y no le dijeran nada.
      - Te tengo que dejar
      - Los espero a comer mi vida, dale un besito al niño.

Sabía que esto podía pasar, sabía que deberíamos habernos ido a pasar su cumpleaños a otro lugar, ahora solo esperaba que ella llegara también. Claro que lo haría.

      - Adam ven – le llame – Hijo ven acá

Poco me tomo en cuenta estaba demasiado concentrado viendo sus dibujos que tuve que tomarlo en mis brazos y llevarlo a su silla para comer.


***

      - Llalla, a medio día estaré acá.
      - Ve tranquilo cariño – tomo a Adam y lo acuno en sus brazos – Si deseas podemos irnos antes con el niño
      - No, espérenme aquí. – le bese la cabeza a cada uno – Pórtate bien mi vida
      - Siempre lo hace – La Abu me beso la mejilla y salí del departamento,

Llevaba media hora de trayecto hacia la oficina cuando tuve que detener el coche para poder hablar tranquilamente con mi secretaria quien me pedía unos documentos específicos. Baje y revisé unas tres veces para confirmar que los había dejado.

      - ¡Mierda! – me agarre la cabeza – Carmen me demorare un poco más en llegar, tengo que volver con ellos. Mientras prepara todo lo que debo firmar de manera urgente, el resto agéndalo para mañana. Hoy es el cumpleaños de mi hijo y quiero pasar el día con él
      - Sí Thiago. Deberías haberme dicho ayer que hoy no querías trabajar y podía haberme hecho cargo yo, o en su defecto haber cancelado todo.
      - Solo lo urgente, Carmen
      - Tengo todo en orden. A demás tengo un pequeño presente para Adam
      - Gracias.
      - De nada, sabes que ese gordo hermoso me encanta
      - Te llamo cuando este en casa por si necesito llevar algo más
      - Ok, espero tu llamado

Dos calles más adelante tome el retorno para volver a casa, mientras viraba marque el número de Dani.

      - ¡Hola! – dijo muy contenta
      - Hola – salude yo también menos efusivo - ¿Cómo está la cumpleañera?
      - Llorona, hoy no es su día bueno – río – Pero creo que nunca lo es
      - Me recuerda a alguien
      - Tú también con eso – resoplo - ¿Y mi gordo?
      - Precioso. Pero eso ya lo sabes, es como yo. – Río – Te llamaba para saber si necesitas algo
      -  Nada, tengo todo listo. Quedará precioso el primer cumpleaños de mis bebés
      - No lo dude por ni un segundo. Hermana voy llegando a la casa, necesito que revises si necesitas algo. O si falta algo para la celebración
      - Te digo que no, pesadito. Entre Marcos y yo tenemos todo listo
      - ¿Paso por ustedes más tarde?
      - Thiago Lackington, nuestro padre me llamo hace menos de 10 minutos para decirme lo mismo que tú. No necesito nada, tenemos coche para poder irnos solos. Eres tan igual a papá.
      - Solo lo preguntaba

Aparque el coche en la entrada del edificio y entre casi corriendo mientras buscaba en mis bolsillos las llaves del coche, el conserje me saludo con la mano y cuando trato de meterme conversación lo deje con la palabra en la boca. No podía quedarme charlando cuando tenía el tiempo encima, eran casi las nueve de la mañana y no había resuelto ningún pendiente y lo único que quería era poder estar con mi hijo y entregarle todas esas cosas que le compré, poder jugar con él y verlo disfrutar junto a su prima.

Al abrir la puerta del departamento me sorprendió no ver ni a mi Abu ni a Adam en el salón, pero pase rápidamente al despacho que tenía en casa. Revise algunos de los documentos que tenía sobre el escritorio y al no dar con él me fui hasta la habitación. La noche anterior mientras Adam veía dibujos en la cama yo había aprovechado de leer, seguro después no lo traje hasta acá y como la señora Luz quien se encargaba de mantener tanto el departamento como la ropa limpia hoy no venía seguirían donde mismo.

Unos cuantos pasos más adelante abrí la puerta de mi habitación y la sorpresa que me lleve no me gustó nada. Estaba Adam recién bañado sobre la cama riendo a carcajada (como siempre lo hacía) pero quien lo secaba y hacía reír no era precisamente mi Abu.

      - ¿Qué haces aquí? – pregunte furioso cerrando la puerta de un solo golpe – Deja a mi hijo
      - Yo… - trato de hablar y rápidamente se apartó de Adam
      - Sal de mi casa – trate de ser frío y no demostrarle que mi cuerpo entero temblaba al verla después de tanto tiempo - ¿Quién te dejo entrar?
      - Thiago… - fue a tomar a Adam

Me interpuse entre ella y Adam, no quería verla tocarlo, no quería saber que esto había pasado antes. No la quería ver a ella

      - No digas nada Renata y sal de mi casa. No tienes nada que hacer aquí
      - Es su cumpleaños
      - ¿Lo recuerdas? – me burle – No lo puedo creer. Igual no tienes nada que hacer aquí con mi hijo
      - También es mi hijo Thiago. Por muy dolido que estés aún tengo derecho sobre él.
      - ¿Derecho sobre él? – me reí – Por favor, ¿Quién te dejo entrar? ¿Cuántas veces has estado aquí? ¿Dónde está mi Abu?
      - Necesitamos hablar Thiago
      - No tengo tiempo para hablar contigo
      - ¡Te lo haces! No puedo seguir viendo a mi hijo a escondidas
      - ¿Como que ha escondidas? ¡No es la primera vez!

Hecho una furia comencé a vestir a Adam que rodaba por la cama riendo, ajeno a la discusión que en estos momentos llevaba con su madre. Esa era la suerte de que aun fuera tan pequeño, no era consciente de las cosas que entre nosotros sucedían.

      - ¡Quien crees que le ayuda a Victoria con él! ¡Soy yo! Llevo meses viniendo cada vez que tú te vas a trabajar para pasar tiempo con él.
      - ¡No me lo puedo creer!
      - Enfádate todo lo que quieras. Pero es mi hijo también
      - Eso nunca, perdiste todos esos derechos cuando te fuiste. Te lo dije cuando viniste suplicando perdón.
      - ¿Qué es lo que quieres? Ya la cague, ya he sufrido bastante. Permíteme ver a Adam, solo te pido eso.
      - No. Es mi hijo, solo mío
      - Hablar contigo es imposible. ¿Qué quieres que haga? ¿Qué quieres que diga?
      - Quiero que te vayas de mi casa y olvides como lo hiciste hace tiempo que tenías un hijo. Que olvides que alguna vez intentamos ser familia. Fui el único que ame en esta relación, fui el único que dio todo para que funcionara. ¿Quieres que te recuerde todo lo que hice por ti? ¿Quieres que diga que te amé? Si lo hice, te amé como no había amado, deje todo por ti. Te seguí hasta España cuando te estaba chantajeando, pase contigo todo ese maldito juicio. Te apoye y creí siempre en ti, te amé incluso en ese momento. Cuando llegue al hospital y te vi inconsciente en esa cama creí morir. Luego cuando el doctor me confirma que estás embarazada, no temí, te amé más. Cuando supe que seríamos padres, ese día fue sin duda el mejor de mi vida, ame a ese ser que esperabas desde ese minuto y supe que daría mi vida por él. Jamás dude que Adam podía ser mío. Porque creía en ti y mi corazón me lo decía. Aun sabiendo todo eso tú elegiste a tu hermana. No te culpo por eso. Te culpo por eso te culpo por no haberme amado lo suficiente, por no haber pensado en Adam cuando más te necesitaba, dependía completa y absolutamente de ti. ¿Sabes cuantas noches espere verte entrando por esa puerta? Muchas, tantas que me duele reconocerlo.
      - ¿Crees que para mí fue fácil? No Thiago, no lo fue. Desperté en un maldito hospital. Eso no fue lo peor, lo peor fue saber que me había engañado mi propia hermana, a con engaños me hizo volver. El dolor de mi padre al saber eso, el dolor propio al tener que contarlo que clase de hija tiene. Pero eso fue solo una pincelada de todo lo que he pasado. ¿Sabes lo que sentí yo al no verte a mi lado? Cuando pregunto los motivos... - se lleva las manos a la cara - Lo único que son capaz de decirme es que te quieres divorciar de mí. Thiago siento que ya tuvimos la misma conversación y la tuvimos hace meses. No conseguimos nada... Esta vez espero de tu parte algo distinto. No vengo con la intensión de volver a estar contigo. Quiero seguir viendo a Adam, de la misma manera como lo he hecho estos meses. Mira a nuestro hijo, míralo y dime que nunca te habías dado cuenta
      - No quiero oírte más
      - Escucha a nuestro hijo. ¿Crees que él te perdonara haberlo separado de su madre?

Y en ese instante, solo en ese momento y con sus palabras fui consciente de lo que estaba haciendo ¿Adam podría perdonarme? ¿Yo mismo podría hacerlo? Siempre podría recurrir a contarle como habían sucedido las cosas, todo lo que había pasado verdaderamente. ¿Sería capaz de causarle tal sufrimiento? Me veía envuelto en una terrible tormenta. Por un lado estaba seguir causándole el mismo dolor que ella me había causado a mí, por otro hacerle daño a mi hijo con la tal verdad.

      - ¿Él te perdonaría haberlo abandonado?
      - ¿Serías capaz de causarle tal daño contándole eso?
      - No. Jamás haría sufrir a mi hijo de esa manera.
      - En eso estamos de acuerdo. Podemos decirle simplemente que nos dejamos de querer. Por mi parte sería una mentira. Yo aún te amo, si me dijeras que puedo volver a tu lado...
      - Eso no pasará -
      - Entonces déjame estar a su lado, ya veremos que le diremos a medida que crezca pero permíteme estar a su lado como lo he hecho hasta ahora
      - ¿Que pretendes hacer? Y créeme que todo esto lo hago por mi hijo, no por ti.
      - Lo mismo que todos estos meses, puedes seguir creyendo que no lo veo. De lunes a viernes llegare tal como estos meses.
      - Bien. Llegarás a las ocho de mañana cada día, te iras una vez que llegue. Te haré un contrato de trabajo y ganaras un salario.
      - No es necesario que me pagues por cuidar a mi hijo
      - Lo es desde el minuto en que necesitas pagar tus cosas y tu departamento
      - ¿Cómo sabes eso?
      - Me lo dijo tu padre, no creas que me interesa lo que tú hagas. Bien puedes vivir con lo que te pagare y así dedicarte a cuidarlo mientras yo no este.
      - Gracias, de verdad muchas gracias. Se lo que te cuesta hacer esto. Gracias por poner a Adam antes que a tú orgullo
      - Mi hijo es lo primero que lo sepas. -

Tome a mi hijo de sobre la cama y le bese la cabecita antes de encerrarme con él en el baño. Esa era la clara invitación a que se fuera. Pero no fue así, ella aún estaba en la habitación. Como si viviera con nosotros tendía la cama y ordenaba algunas prendas que quedaron anoche.

      - ma-ma-ma-ma - Adam al verla comenzó a aplaudir y mover sus bracitos. Él quería que lo cargará y yo no sabía si podía ver esa imagen sin flaquear ante mi propuesta.
      - ¿Qué quieres bebé? - le pregunto dulcemente sin acercarse - ¿Dónde dejo estos documentos? - me pregunto
      - Donde estaban, no es necesario que hagas el que hacer. Solo ocúpate de Adam
      - No me molesta. Pronto es la siesta de Adam y le gusta dormir aquí.
      - Siempre duerme en el mismo lugar
      - Mi lugar en la cama lo usa mi hijo - río - Ironías de la vida

No quería volver a tener una discusión con ella por lo avance a su lado le tendí al niño, cogí los documentos y salí del departamento. Ya había sido mucho por ese día. Y aun me quedaban unas horas de trabajo y una larga conversación con mi Abuela.