miércoles, 26 de noviembre de 2014

#28 Caminos Inesperados

Capitulo 28


      - Déjame imbécil ya te dije que no quiero nada contigo, me fui de tu casa.
      - Y yo te dije que había sido el peor error que habías cometido. A mí nadie me deja
      - Yo lo hice. Renata lo hizo. ¡DEJANOS EN PAZ!
      - A tu hermana la deje irse solo porque preñada no me servía. Pero ahora ya tuvo a su estúpido bebé. Ahora volverá
      - No lo hará. Porque no pasas de nosotras y te quedas jodiendole la vida a Camila. Es la única que quiere estar contigo. Porque es tan o más asquerosa que tu
      - Cállate –

El maldito me dio con el puño cerrado en el pómulo derecho de la cara, estaba creído que sería igual que Renata y me dejaría. No yo no era como Renata, por más que la aborrecía por ser la hija preferida de mi padre y mucho más de mi madre.
Me acosté con su ex marido solo para fastidiarles la vida, pero como todo lo que pasaba por mi vida, me aburrí. Me aburrí de él en el mismo instante en que trato de acostarse con su empleada delante de mis narices.

Lo odie en ese momento, por que en algún momento pensé que entre nosotros podía haber algo especial, estúpida yo que creí en él. Aun cuando me lo habían advertido. Pero no, yo no estaba para eso. Extrañaba a mi hija, mi pequeña Carol. No sé en qué estaba pensando cuando les di la autorización para que se la llevaran o si ya sé porque lo hice. Porque el maldito de Ernesto me tenía drogada.

Siempre fue su plan, siempre entre en su plan y yo estúpida caí en el. Ahora llevaba días escondiéndome en el hotel hasta que dio conmigo. No tenía a quien recurrir, me moría de vergüenza de llamar a mi padre y pedirle que me enviase el dinero para poder volver.
¿Cómo miraría a mi familia? No, no tenía cara para hacerlo.

Mi plan era estar un par de días poder conseguir un trabajo y que en cosa de un mes poder tener el dinero suficiente e irme. Pero claro esos planes fueron hasta que Ernesto dio conmigo.

      - Te dije hijo de puta que no me tocarías nunca más – le grite ofuscada
      - Y yo te dije que tú eras mía. Ahora quiero te pongas de rodillas y hagas lo mejor que sabes hacer ¡Chupármela!
      - Me das asco, no lo hare

Otro nuevo golpe llego con mi negación.

      - Lo harás, y lo harás hasta que yo me corra en tu boca y te lo tragaras. Después te abrirás de piernas y te la meteré. Porque eres mi PUTA y haces lo que yo te diga.
      - ¡QUE NO SOY TU PUTA! Ni la de nadie. Ernesto termine contigo. Asúmelo y déjame en paz
      - ¿Quieres que te deje en paz? – dijo tirando de mi pelo para ponerme de rodillas frente a él. Asentí – Bien, debes llamar a Renata, cuando ella este en mi casa. En ese momento tendrás tu pasaje de vuelta a tu casa. Ahora haz lo que te mande si no quieres chupármela con la boca llena de sangre.

Necesitaba salir de aquí, lo antes posible. Cerré mis ojos y rogué al cielo que no me dieran arcadas mientras se la chupaba. Hice todo y cada una de las cosas que él me pidió. Cuando por fin se sacio de mi me dejo tirada en el suelo de su salón y subió a su habitación.

Trate de irme tantas veces, como siempre todo estaba cerrado con llave. El día en que amablemente le lleve un licor, ese día logre escapar porque le había echado una pastilla para dormir. De esas que tomaba yo para no sentir cuando quería acostarse conmigo.

Pero aquí estaba de nuevo, en su casa, desnuda y adolorida en el frio suelo del salón. Camila entro a recoger las ropas de Ernesto y se río de mí como siempre lo hacía. Ella era la única que al menos demostraba placer al estar con él. Sus malditos gemidos se escuchaban en toda la casa cuando se le metía en la cama, en el despacho o simplemente donde le diera la gana.

Él claro que nunca se quejaba y cuando venían sus amistades a la casa yo era la perfecta mujercita de él. Vamos tal y como lo hizo la estúpida de Renata. Este era su problema, él la quería a ella y no a mí. Yo no era tan fuerte, ni tan valiente. Yo quería volver a casa y que mi madre, al menos ella me perdonara y sobre todo volver a ver a mi hija. Nunca la había extrañado tanto como ahora.

Ahora valoraba a mi pequeña, y todos los días durante los meses que llevaba acá me preguntaba ¿Cómo estaba? ¿Me extrañara? ¿Llorara por las noches pidiéndome a mí?

Subí a la habitación de Ernesto aun desnuda y me plante al fondo de su cama. Me arme de valor y el antes de que pudiera decir algo dijo

      - ¿Quieres chupármela otra vez?
      - No. Quiero llamar a Renata. Tú no me quieres a mí, la quieres a ella. Te la traeré, pero no quiero volver a verte en mi vida.
      - Sabia decisión. Tienes un pasaje disponible para el mismo instante en que ella pise esta casa
      - ¿Me das tu palabra?
      - Si quieres te lo firmo y lo hago ante un juez. Tú no me interesas. Reconozco que das buenas chupadas, que tu culo es más rico que el de Renata. Pero no, no me interesas. Ella es mi mujer.
      - La traeré
      - Bien – dijo poniéndose de pie y sacando su móvil de la mesa de noche – Llámala
      - Me gustaría que fuera en privado
      - Ni lo sueños cariño. Y hazlo rápido que saber que la tendré luego entre mis piernas me ha despertado las ganas de follar nuevamente. Así que una vez que cortes la llamada te ganas a cuatro patas sobre la cama

Respire tres veces profundamente antes de tomar el móvil de sus manos. Temblorosamente marque el único número que me sabía de memoria. El de mi casa. Al tercer repique contestaron

      - Buenas noches – dijeron al otro lado de la línea.
      - Buenas noches, me gustaría hablar con Magdalena por favor – dije amable.
      - La señora Magdalena no se encuentra en la casa
      - ¿Gabriel? – pregunte como segunda opción
      - Los señores están en la clínica
      - ¿Le paso algo a Carol? – pregunte asombrada y Ernesto se tiro en la cama y mientras me miraba se pasaba su mano por la erección que ya tenía.
      - No, la pequeña está bien. Es su otro nieto – dijo con voz de lamento – Perdón no puedo dar más información. ¿Con quién hablo?
      - Em. Si soy Constanza la otra hija de los señores.
      - Oh disculpe señorita.
      - No se preocupe. Necesito hablar con Mamá, quiero saber del hijo de mi hermana Renata.
      - Ellos están en la clínica con el pequeño Adam.
      - Me podría dar sus números de móvil. Lo que pasa es que me robaron en el mío aquí en España y el único número que me sabía era este.
      - Si claro. Tome nota.
      - Me gustaría el de mi hermana también. Estoy preocupada por mi sobrino – mentí

La mujer amablemente me dio el número de Renata y el de mis padres, estuve tentada en preguntar por Carol pero sabía que eso solo le serviría a Ernesto para mantenerme bajo su control

      - Ya lo tengo – le dije
      - Ya sabes lo que tienes que hacer. – Me hizo seña con las manos – Pero antes ocúpate de esto

Saco su mano de su erección, ya sabía lo que tenía que hacer. Así que me puse en gatas rápidamente y me la eche a la boca, si todo iba como yo esperaba sería la última vez. Una vez terminado se fue hacia el baño y aproveche de usar mi última opción

      - Buenas noches Renata – dije a penas me contesto la llamada
      - ¿Cota? – dijo dudosa

      - Hermana soy yo. Necesito tu ayuda –