martes, 3 de febrero de 2015

#35 Caminos Inesperados

Capítulo 35


      - Hola –

Era una mañana muy linda, además de ser día viernes y tener muchos planes con mi niño. Thiago se estaba duchando cuando entre en la habitación y Adam esperaba por mi sentado en la cama viendo los dibujos.

      - Hola bebé – le dije dejándome caer en la cama a su lado.

Adam sonrió y se tiró a mis brazos, comenzó como todos los días con sus balbuceos. ¡Lo amaba! Le subí la camisa de dormir que llevaba para hacerle cosquillas y era la mejor melodía. Mi niño reía y eso ya me hacía sentir feliz.

      - Buenos días Renata –

Thiago salió de la ducha con la toalla anudada en la cintura mostrando lo guapo que estaba y lo buen trabajado que tenía el cuerpo.
Dios. Como me moría por volver a besar esa pecho y pasar mis manos por su espalda. Era un maldito pecado. Pasó besando mi cabeza y se volvió a la ducha con la ropa que usaría para su trabajo.

Me lleve a mi niño a desayunar mientras esperábamos a su padre. Hoy quería salir y llevarlo a donde sus abuelos. Poder pasar tiempo con él en mi espacio. Pero por sobre todo estar con él.

      - ¿Ya comió? – pregunto Thiago
      - Sí. ¿Quieres café? –
      - Gracias – asintió – Renata necesito hacerte una pregunta
      - Dime Thiago – susurre con miedo.

¡Mierda! Hoy era el día que me decía que no me quería más cerca de ellos. ¡Pero que había dicho o hecho!

      - No te molestaría ir a dejar a Adam a casa de mis padres
      - Claro que no – resople aliviada – Puedo preguntar ¿porque?
      - La verdad es que voy a llegar más tarde…
      - Yo puedo quedarme hasta más tarde
      - Sé que podrías – tomo el último sorbo de su café – Pero no sé a qué hora voy a llegar
      - No tengo problema, de verdad que no lo tengo. Pero si quieres lo llevo
      - Gracias. Si no te molesta quedarte
      - Claro que no. – Sonreí y tome al niño – Yo feliz de poder estar más tiempo con mi bebé. Además, tendrías que sacarlo tarde y se puede enfermar. Te quería preguntar si puedo sacarlo hoy
      - ¿Dónde? – Alzo la ceja – Perdón. Sí. Claro que puedes sacarlo
      - Solo iremos a la casa de mis padres, al parque. Nada de otro mundo
      - Te dejo dinero por si lo necesitas – dejo sobre la mesa un par de billetes – Me llamas por si necesitas cualquier cosa.
      - Estaremos bien Thiago. – Le devolví los billetes – No los necesito

Salí de la cocina casi arrancando de Thiago, no quería escuchar nada más de su cita y si yo podía quedarme con Adam nada más me importaba.

¡Era un maldito!

Necesitaba ahorrarse los motivos de su llegada tarde. ¿Por qué tenía que preguntar?

      - Renata – me llamo siguiéndonos al salón

Lo ignore, puse a Adam en el sofá y me senté a su lado mientras le con el control de la televisión buscaba el canal de los dibujos animados que veía él

      - ¡Hey! Te estoy hablando
      - Dime  - dije indiferente
      - No quería ofenderte con lo del dinero, si es que fue eso lo que te molesto
      - No estoy molesta – mentí
      - Te conozco – toco mi nariz – ¿Me llamas?
      - ¿Para qué?
      - Si necesitan algo. ¿Me llamaras verdad?
      - Si – mentí
      - Me voy. Te amo hijo – y beso a Adam en la cabeza y seguido me beso a mí en la cabeza – Nos vemos en la noche

Fue cerrar la puerta y mis lágrimas comenzaron a salir, no quería pensar en que estaría compartiendo noche con otra mujer, tal vez no era la primera vez. Adam tomo mi cara entre sus manos, y me empezó a dar besitos.

      - mamamama – repetía
      - ¿Qué paso mi amor? Mamá está bien – lo mecí en mis brazos – Eres el verdadero amor de mi vida, papá en algún momento tenía que salir con otras mujeres. Este momento tenía que llegar. No estaba preparada para que fuera tan rápido. Pensé que podíamos volver a ser una familia mi amor. Pero la mamá siempre, siempre seré yo. Y sobre todo siempre estaré a tu lado.
      - mamamamamamama –
      - Si mi amor, la mamá


***


Mi papá había llamado al taxi para que nos llevara nuevamente a la casa de Thiago, ya eran las ocho de la noche. Habíamos pasado un día espectacular, después de las lágrimas de la mañana.
No, no quería volver a pensar en eso, sobre todo cuando por la hora ya debería estar con ella.

      - Me encanta verte así de feliz hija.
      - Es que lo estoy papá. Tengo a mi hijo, y míralo, esta grande y hermoso y tan inteligente.
      - Trata de venir más seguido
      - Lo haré. Ahora nos vamos porque este campeón tiene que llegar a bañarse y dormir.
      - ¿Mañana que harás?
      - ¡Uf! No lo sé, tal vez Thiago necesite que me quede con Adam un rato. O tal vez no.
      - Vente a comer. Luego pensamos que hacer en la tarde. Pero no te quedes encerrada en tu departamento
      - Ni me digas, que tengo que hacer un aseo general. Paso tan poco tiempo en ese lugar.
      - Hija, el taxi llego – nos interrumpió Magda – Te traje esto de Carol por si se queda dormido en el camino
      - Gracias. Ya está más fresco y seguro llegara dormido.
      - Me llamas cuando llegues
      - A penas llegue te llamo. – Tomé a Adam – Besos a los abuelos. Diles Adiós mi amor.

Tras unos balbuceos más de Adam, nos subimos en el taxi con el mejor de los ánimos. No iba a volver a pensar en Thiago y al igual que él volvería a hacer mi vida. También tenía derecho.

Llegamos hasta el departamento con Adam dormido en mis brazos, el conserje me acompaño hasta el departamento y abrió la puerta para mí.

      - Gracias – le sonreí.
      - De nada Señora. – me sonrió

A besos desperté al pequeño señor Lackington para que despertara con buen genio, en este poco tiempo ya lo iba conociendo, necesitaba darle un baño y alimentarlo. Había jugado en el jardín con Carol y hasta con lodo. No tuve corazón para decirle que no. Se reía de una manera demasiado hermosa.
No sabía a qué hora llegaría Thiago, pero debía estar preparada también para cuando eso pasara, a penas lo hiciese me iría. No le preguntaría nada, no le comentaría nada. Solo tomaría mi bolso y me marcharía.


***

Si Adam tenía un año, llevaba mucho más que eso sin irme de copas con mis amigos. Había logrado juntar por lo menos a Mau, Nacho y Marcos esta noche, sin mencionar a las chicas. Carmen y Rebeca, tanto Nacho como Marcos andaban solos. Ambas chicas estaban en casa con sus hijas.

      - Nunca se me habría imaginado que tenías una ahijada.
      - Si, bueno tengo dos en realidad. Mi hermano Ian y la pequeña Triny.
      - Ósea te gustan los niños – afirmo Carmen
      - Se podría decir que sí.
      - Thiago – me llamo Nacho – Creo que fue una excelente idea salir, entre tantos pañales y esas cosas ya estaba ¡Harto!
      - ¿Tú también cuidas a tu hija? – pregunto Carmen
      - No, de eso se encarga mi novia. Pero es lo mismo – río
      - Thiago se encarga todo el tiempo de Adam, no es lo mismo – defendió Carmen
      - Dejemos de hablar de pañales y biberones. Por más que amo a mi Valentina, creo que salimos a que nuestro amigo y cuñado se distraiga.
      - Siiii – grito Carmen – Thiago se merece descansar unos días.
      - Gracias. Pero ya son cerca de las nueve y debería irme
      - No seas aburrida, la noche recién comienza – ronroneo Carmen en mi hombro – Falta ir a bailar un poco
      - Yo no me sumo – Dijo Nacho – Lo siento amigo, pero yo si debo irme
      - Si, yo te llevo Nacho. Dani me mata si llego demasiado tarde
      - Si no lo hace mi hermana lo hago yo cuñado.
      - Sera que nos vamos los dos solamente a bailar

Marcos y Nacho me miraron al mismo tiempo sin entender que era lo que pretendía, y no era nada. Solo pasarlo bien. Aunque fuera un momento desconectarme de todo y pensar en mí y en el hombre que era. Pero eso no era posible al 100%, mi Adam siempre estaba en mi cabeza y en mi corazón, esa parte de mi vida no la cambiaría por nada del mundo.

      - ¿Nos vamos? – pregunto Carmen y todos asintieron

A la salida del bar cada uno tomo el rumbo por el que había venido quedando para el día siguiente con Nacho y Marcos a juntarnos con nuestros niños en la piscina de la casa de los papas de Nacho.

      - Me cayeron muy bien tus amigos – dijo coqueta Carmen.

Debía ser el alcohol que la hacía estar de esa manera. Yo también había bebido, pero nada que me fuera a perjudicar o a impedir manejar más tarde.

      - Nos conocemos de toda la vida, más que amigos ya ves somos como hermanos
      - Uno es el novio de tu hermana ¿Verdad?
      - Marcos – respondí – Se van a casar muy pronto.
      - Deben hacer una muy linda pareja, he visto las fotos de tu hermana en tu oficina y es una chica muy guapa. Al igual que la bebé
      - Dani y Valentina. Mi hermana y mi sobrina. Son preciosas. Claro que eso lo saco mi sobrina de mi hermana.
      - Marcos es un chico guapo, Thiago
      - Si tú lo dices – reí
      - Pero no más guapo que tu
      - Oye…
      - No. Vamos quiero bailar

Caballerosamente le abrí la puerta del coche, estaba consciente de sus intenciones pero no la dejaría avanzar, no sabiendo que me estaba esperando en casa Renata con mi hijo. ¿Qué estarán haciendo? ¿Me extrañara mi bebé?

Al subir al coche le pedí con la mano que mantuviera silencio, no aguantaba más sin saber de ellos y tal vez escuchar su voz. Le había pedido que me llamara y no lo había hecho.
Al tercer tono contesto

      - Hola – susurro ella
      - Hola – dije con la alegría que sentía en ese momento. – ¿Cómo están?
      - Adam está dormido – dijo bajito - ¿Ya te vienes?
      - No. – Lo lamente – Voy a un bar con los chicos. Me llamas si pasa algo
      - Estaremos bien. Diviértete – dijo con pesar – Hasta más tarde
      - Hasta más tarde – corte y mire a Carmen que me tenía la mirada fija
      - ¿Era Renata? – Alcé una ceja – Era ella no digas nada. ¿Por qué le dijiste que iban los chicos? No los veo en ningún lado
      - Yo… -
      - Pensé que era una buena idea salir contigo, no tengo que decirte con muchas palabras que me gustas Thiago.
      - Carmen, yo… -
      - No, no me digas nada. Sabía que tendría que lidiar con el fantasma de Renata. Ahora ya no es el fantasma es ella. ¿Por qué no intentas volver con ella?
      - Yo no he dicho que quiero volver con ella
      - Pero si tus actitudes. Llamaste a casa porque te mueres por estar con ellos.
      - Quería saber cómo está mi hijo. No había salido desde hace mucho. – Suspire – No sé ni siquiera porque tenemos esta conversación.
      - Disculpa, pero no me andaré con rodeos. Me gustas. Me gustas mucho y desde hace tiempo. ¿Tengo alguna posibilidad contigo? Tú dices que no quieres volver con ella. Tus actitudes dicen lo contrario. Pero si me dieras la oportunidad…
      - Calla, calla por favor.
      - ¿Por qué no quieres? ¿No te gusto? ¿Es por eso?
      - Eres una mujer muy guapa, una muy buena empleada
      - Pero no me vez de otra manera. Es simple Thiago dilo y dejamos esto de una vez
      - ¿Quieres que te lleve a casa?
      - Anda llévame. No te quiero tener obligado a mi lado. Ya dejaremos esta conversación para otro momento.
     
Conduje en silencio hasta su casa en el otro extremo de la ciudad, ella llevaba el mando del radio. Con eso no volvimos a tener que conversar nuevamente. Aunque sinceramente Carmen me parecía muy atractiva y en otro tiempo no hubiera dudado ni un nanosegundo meterme entre sus piernas. Ahora era distinto, yo era distinto. Sabía lo era estar enamorado, sabía lo que era hacer el amor y no solo tener sexo. Tenía un hijo, y si quería meter a una nueva mujer en mi vida ¡Dios que estoy pensando! No me había planteado si quiera tener a otra mujer, está bien un hombre tienen necesidades, y no es nada parecido con masturbarse en la ducha, nada es lo mismo que estar con tu mujer, con mi Renata. Me faltaban las caricias, los besos y sus palabras. Mi mano a veces no era suficiente y…
Aparte todos esos pensamientos de mi cabeza, no quería cagarla, no quería hacer algo con Carmen de lo que después me arrepentiría. No con ella.

      - Te veo el lunes ¿Verdad? ¿Aún tengo un trabajo?
      - Claro que si Carmen. Nos vemos el lunes.

Un par de besos en la mejilla y entro en su casa. Por un momento me quede observándola y pensar como sería estar con ella. ¿Ella quería a Adam? Eso parecía, por lo menos en este tiempo no le era indiferente ¿Mis padres la aprobarían? ¿Dani estaría de acuerdo? ¿Por qué me importaba? ¿Por qué me hacía estas estúpidas preguntas?

Llegue al departamento pasado las diez de la noche, traía conmigo sushi y una botella de vino blanco helada, esperaba poder compartirla con ella mantener una conversación sana y así poder definirme.

      - Llegue – dije cuando entre en la cocina y todo estaba a oscuras. La televisión del salón estaba encendida, pero no había rastro de Renata. Las opciones no eran muchas, en el baño o comprobando a Adam.

Suavemente abrí la puerta de la habitación, estaba completamente a oscuras, pero tanto Renata como Adam estaban allí, ambos profundamente dormidos. Me acerque lentamente a su lado.

      - Llegue – le susurre.

Ella en respuesta hizo eso que tan loco me volvía antes, asintió lentamente con la cabeza pegada a la almohada, sin abrir los ojos. ¡Preciosa!
Era como si nada hubiera pasado, estaba en mi cama, con nuestro hijo, dormida. Mi Renata y mi Adam, mis amores.

Encendí la luz de la mesita de noche y me senté a su lado en la cama. Adam dio un par de patadas y ella se incorporó de golpe.

      - Llegue – volví a decir al sentirme pillado de haberlos estado observando mientras dormían.
      - ¿Cómo te fue? – susurro acariciando la cabecita del niño
      - Bien – me encogí de hombros – Traje comida
      - Creo que me tengo que ir – se sentó suavemente en la cama

No quería que se fuera, yo quería compartir la comida con ella, quería que estuviera en la habitación como ahora.

      - Vamos a comer y luego te llevo – volví a insistir
      - Es tarde – debatió Renata
      - Entonces quédate – dije seguro
      - Thiago debo irme

Paso sobre mí para salir de la cama sin ningún cuidado provocando el roce de mi cuerpo. Despertando algunas partes de mi cuerpo. Pero principalmente despertando a nuestro hijo.

      - Shh -  lo recostó Renata nuevamente y ella se recostó también, - Sigue durmiendo, mi amor. Sigue durmiendo

Los deje solos, mientras me iba a preparar la mesa para que comiéramos, iba a hacer una cena especial esta noche, romántica y hasta soñadora. Puse las velas, copas y todo lo necesario, estaba contento conmigo mismo por haber dejado todo tan lindo. Solo ella sacaba este lado de mí.

Paso medía hora y ella no salía ¿Tanto se tardaba en volverse a dormir Adam? Cuando volví a entrar a la habitación estaban nuevamente los dos profundamente dormidos.
Negué con la cabeza y me provoco unas ganas terribles de reír, eran iguales para dormir.

Me acerque a la cama, acomode a Adam más al centro de la cama para evitar alguna caída imdeciada. Con mucho cuidado le desabroche el jean y le baje el cierre. Esperaba alguna reacción de su parte pero nada. Renata parecía como estar dentro de un coma. Tal maniobra no fue buena para mi salud, quedo solo en bragas y unas muy lindas.
Tome su cuerpo y la puse dentro de las sabanas, cubrí su cuerpo y me di media vuelta hacia mi lado.

Sentía el calor que emanaban ambos cuerpos, nos separaba un niño de un año de edad. Nuestro niño. Aquel que habíamos hecho en esta misma cama.
Podía sentirme un hombre pleno, un hombre feliz. Tenía a mi mujer, a mi hijo en medio nuestro. Era tan fácil como estirar el brazo y tocarla, acariciarle sus cabellos rubios que tanto me gustaba.

















jueves, 29 de enero de 2015

#34 Caminos Inesperados

Capítulo 34

Dar mi brazo a torcer para que Renata viera a Adam con mi consentimiento no fue nada fácil, a pesar de decir que si lo dudaba cada vez que la veía rondar por mi departamento, cada vez que la veía acostada al lado de mi hijo en la que había sido nuestra cama.
Despertar y verla, llegar del trabajo y verla. No eso no era nada bueno para mi salud. Me había dado cuenta que por mucho que dijera que no la amaba lo seguía haciendo. Pero no estaba dispuesto a perdonarla. No aun.

Adam estaba muy encariñado con ella y cada vez que la veía cerca quería estar en sus brazos o que le diera pecho. Ver esa sonrisa en mi hijo era por lo que no la echaba de mi casa. Solo por esa sonrisa. La que mañana a mañana iluminaba mis días. Gracias al cielo la enfermedad de Adam duro muy poco, eso y los cuidados de Renata. Llevábamos un mes enredados en este juego y por las tardes cuando yo llegaba Adam lloraba para que ella no se fuera. Habíamos acordado que se quedaría hasta hacerle dormir, y eso si funcionaba.

Mi madre no comprendía lo que hacía, Daniela estaba furiosa por haberle permitido entrar de nuevo a nuestra vida. Ambas me habían dicho que en cualquier momento ella se volvería a marchar, que se daría cuenta que estaba mejor antes de nosotros y nos dejaría. A veces lo dudaba, podía pasar eso. Pero la veía con él y sabía que esta vez no sería capaz. O por lo menos yo quería creer en eso.

Nuestra relación… no había una relación, simplemente cruzábamos palabras con referencia a Adam. Nada fuera de eso hablábamos.

      - Thiago – me llamo Carmen por el intercomunicador de la oficina. Descolgué de inmediato
      - Dime Carme
      - ¿Vamos a comer?
      - ¿Ya es la hora? – estaba sumergido entre papeles y mis propios pensamientos que me había olvidado incluso de la hora de comida
      - Claro. ¿O prefieres que lo pida acá en la oficina?
      - No. Vamos. Necesito salir

A los cinco minutos abrió la puerta del despacho con una enorme sonrisa. Carmen era mi secretaría hacia poco tiempo, menos de seis meses en eso transcurso de tiempo había hecho un excelente trabajo, además de ser una persona esplendida y muy simpática. No me molestaba para nada que me llamara por mi nombre.

      - ¿Dónde quieres ir? – le pregunte abriéndole la puerta del coche
      - No me importa mucho, de verdad que con la compañía me parece suficiente
      - Me alagas con tus palabras – me reí y puse en marcha el coche. – Antes debemos pasar por una farmacia y luego me acompañas a casa.
      - ¿Esta bien tu hijo? – me pregunto
      - Perfectamente – sonreí al recordar su carita de esta mañana – Solo que necesita pañales
      - Ah ok. Comprendo – río
Carmen se apodero del radio del coche y eso nos dejó en completo silencio, tampoco sabía de qué más hablarle que no fueran cosas con referencia al despacho. Nuestra relación a pesar de ser muy buena solo era laboral.

Al llegar al departamento la invite a pasar, y nos encontramos de frente con Renata y Adam que estaban sentados en la alfombra de la sala jugando con los cubos. El niño fue solo verme y comenzar a balbucear y pedir mi atención. Renata volteo para mirarme, no sin antes percatarse de la hora.

      - Hola – dije pasando por su lado para tomar a mi bebé - ¿Cómo te has portado esta mañana?
      - Muy bien papi – me respondió Renata – Ya está almorzado ¿Quieres almorzar?
      - No, solo pasaba a dejaros los pañales – le apunte el paquete que estaba en el sofá, y solo entonces vio a Carmen que había estado al margen – Carmen ella es Renata, Renata ella es Carmen
      - Buenas Tardes Renata – le dijo Carmen muy profesional y le tendió la mano
      - Hola – contesto Renata.

Renata se puso de pie, y comenzó a recoger los juguetes de la sala, su cara ya no era la misma, ya no estaba sonriente como cuando llegue.

      - Pero que guapo esta este niño, se parece muchísimo a su padre –

Carmen se puso a hacerle gracias al niño y este feliz de tener más atención que la de su madre se puso a reír. Tal acto no gusto a Renata, lo pude notar en sus ojos en sus acciones. En su manera de desaparecer del salón de inmediato.

      - Pero mira si está jugando con los cubos que le mande por su cumpleaños –
      - Le encantan – afirme – Se llevan horas jugando con Renata. Las torres son sus favoritas. – Sonrió – Pero si no le resultan…
      - Los tira – termino la oración Renata – Le toca su siesta
      - Claro, claro – respondió Carmen – Thiago vamos. Aún nos queda mucho trabajo y un almuerzo por delante
      - Que les entre en provecho
      - Nosotros ya nos vamos, pueden seguir jugando. – intervine mirando la mala cara de Renata.
      - Vale – respondió Renata y me estiro los brazos para que le devolviera a nuestro hijo
      - Un gusto Renata. Adiós pequeño Adam

A penas le entregue a Adam se fue con el hacia mi habitación sin decir nada, sin siquiera responder. Algo le pasaba y no me podía ir y dejarla así. Con la mirada le pedí un momento a Carmen y los seguí.
Estaba sentada a mi lado de la cama dando la espalda a la puerta, deduje de inmediato que le estaba dando pecho al niño. Ya era una costumbre de ambos. Mi asombro fue mayor cuando al llegar al frente de ella le vi esas lágrimas.

      - ¿Estas bien? – susurre. No sabía si estaba bien meterme en su vida privada. Pero me preocupaba dejarla mal con el niño - ¿Te sientes bien?
      - Si – sollozo – Adam me mordió

Esa era una vil escusa, estaba seguro que el motivo de sus lágrimas no era ese. Había cambiado cuando vio a Carmen, tal vez solo eran sus celos. Me había dejado claro que aún estaba enamorada de mí.

      - ¿Qué le hiciste a mamá? – me arrodille a su lado y bese la cabeza de Adam.

Eran uno de los mayores acercamientos que habíamos tenido en meses, en casi un año. Tenía su pecho tan cerca de mí, me removí incómodo. No podía pensar de esa manera. Sacudí la cabeza y la mire, ella observaba cada uno de mis movimientos.

      - ¿Necesitas algo? – volví a preguntar sacando de mi mente todas y cada una de las imágenes que me pasaban por la cabeza.

Podía imaginar besando ese pezón, tocando sus grandes pechos, besándolos, lamiéndolos. Haciéndole el amor por cada rincón de este lugar. En cada espacio donde me la he imaginado, entre las sabanas, en la ducha.

      - No – susurro entre sollozos – Ya pasare yo a comprar algo
      - Si quieres te lo traigo. De verdad no me molesta.
      - Gracias. Pero no. Ve tu amiga te espera – aparto bruscamente a Adam del pecho y acomodo la ropa privándome de la vista.
      - Carmen – susurre

La deje sola con el niño, nada podía hacer para que dejara de llorar. Ella misma se estaba provocando los malestares, a pesar de que me la imaginaba desnuda no la tendría y ella debería pensar lo mismo y sacarme de su corazón. Era lo mejor para ella y para todos.


***


      - Quedaste muy callado –

Ya íbamos de vuelta de un almuerzo que ni siquiera había podido disfrutar, no dejaba de pensar en Renata y sus lágrimas. La conversación con Carmen había sido sin ningún sentido o con monosílabos. Cuando quiso saber quién era la guapa mujer que cuidaba a mi hijo… lo de guapa fueron palabras de ella… Le comente sin ningún problema que era Renata la madre de mi hijo, en ese mismo momento me comento que hace algunos días había llamado a la oficina.
  
      - Lo siento Thiago, no te pase la llamada. Era lo que habíamos acordado
      - Sí – afirme – No te había dicho nada acerca de que era ella quien cuidaba al niño.
      - Es tu vida privada. Y lo entiendo
      - Llamo porque Adam estaba enfermo – dije con pesar – La verdad es que no se si lo estoy haciendo bien teniéndola en mi casa todos los días, verla a penas despierto. Carmen no lo he hablado con nadie más que mis amigos y ellos aun así no lo comprenden. No puedo permitir que en algunos años mi hijo me recrimine por haberlo apartado de su madre, sé que nuestra separación fue algo que tal vez estaba predestinados. Comenzamos mal nuestra relación desde un comienzo fue complicada, Renata estaba casada cuando empezamos a salir, estaba casada cuando quedo embarazada de Adam
      - Wow – dijo sorprendida - ¿Aun estás enamorado de ella?
      - Para serte completamente honesto no estoy seguro lo que siento por ella en estos momentos. Todo es muy confuso, la veo y siento ganas de besarla, pero no puedo olvidar que nos dejó cuando Adam más la necesitaba.
       - Eso te acompañara el resto de tu vida, siempre. Siempre le recriminaras que haya hecho eso.
      - Le he dicho que le he perdonado.
      - ¿Pero aun así no están juntos?
      - No. No quiero volver a entregarle mi corazón y me lo devuelva pisoteado. Es todo muy complicado
      - Yo sé lo que tú necesitas – alce las cejas – Si, no me mires así Thiago. Que nos conocemos. Poco pero llegue en un momento complicado de tu vida. Te ayude a cargar tu bebé mientras solucionabas cosas importantes. Te recordaba las citas médicas y he estado al tanto de cada cosa de tu hijo desde que nació
      - Gracias por eso
      - No me las des porque es mi trabajo – río – Mañana es viernes, terminamos de trabajar temprano. Te propongo que luego de la oficina nos vamos a algún bar. Aprovechamos de conversar, tal vez conocernos más
      - Sería estupendo. – fui sincero – Pero no puedo. Renata no se queda por las noches.
      - ¡Vamos Thiago! – me animo – No tendrá problema por quedarse unas horas más. Que no te estoy proponiendo pasar la noche afuera
      - Esta bien –
      - ¡Genial! – aplaudio – Eso es lo que necesitas, salir. Tienes que retomar tu vida, que ser padre no te corte. ¿Hace cuando que no sales con una mujer?

Bien, hace más de un año. Pero no se lo diría eso ya era ir demasiado lejos. No quería salir con otras mujeres. Ya me lo habían sugerido los chicos pero aun no estaba preparado para eso.

      - Disculpa, creo que me pase con mi pregunta
      - No está bien. Mañana iremos a ese bar.


***

Llevaba media hora escuchando como Marcos le había pedido la mano a mi hermana, como ella contaba lo que quería en su boda. Y todos sus hermosos planes. Estaba feliz por ella, por verla así de feliz. Me alegraba que alguien además de Ian sonriera en casa de mis padres. Había esquivado quedarme a solas con mi madre, no estaba en condiciones de escuchar sus preguntas indiscretas. Mi Abu como siempre lo hacía un día estaba y otro día no. Había decidido que era nuevamente buen momento para volver a España, mi padre no estaba de acuerdo. Sabía que algún día no muy lejano nos llamarían para informar que ya no estaba en el mundo con nosotros. ¿Pero quién hacía que la Señora Victoria Lackington entrara en razón?

      - ¿Adam ya está mejor? – pregunto Tía Naty.
      - Sí. Ya da guerra como siempre
      - Cuando Marcos me dijo que el niño estaba enfermo quise ir a verte. Pero luego…
      - Tía no se preocupe. El campeón ya está bien.
      - Renata – llamo a mi madre que estaba con Vale en brazos – Estaba pensando que para que los chicos se vayan de luna de miel un par de días – tomo un sorbo de agua - ¿Qué te parece que nos vamos a la casa de campo que tienes unos días con los niños?
      - Sería estupendo, Vale y Adam no conocen los caballos, a Ian y David les encantará la idea.
      - Mamá – tome su atención – Yo creo que Adam no ira contigo
      - Claro que sí. Thiago el niño pasa todos los días dentro del departamento. Casi ni lo traes y ya dije me lo llevare
      - Renata lo lleva casi todos los días la parque. Y tengo que preguntarle a ella antes de tomar una decisión
      - No debes preguntarle nada – me miro furiosa – Eres tu quien está a cargo de él.
      - Es su madre
      - Debió pensarlo antes – alzo la voz – Es mi ahijada y la quiero, quiero a Gabriel y Magda, a la pequeña Carol. Amo a mi nieto. Pero no voy a consentir que me aparte del niño.
      - Mamá – la cortó Dani
      - ¡Ni mamá ni leches! – Grito furiosa poniendo a la niña en brazos de la otra abuela – Desde que apareció lo único que ha hecho es… es… ¡Molestar! Thiago estabas tan bien sin ella.
      - Me voy –

No quería comenzar una discusión sin sentido con mi madre, mucho menos por defender a Renata de algo que tal vez tuviera razón. ¿Qué estaba haciendo?
Tome a Adam de los brazos de Ian y le bese la cabeza a mi hermano

      - Beso al tío Ian – le dije a Adam quien baboseo la mejilla – Te quiero Enano
      - ¿Ya se van? ¿Tan pronto?
      - Si, mañana tengo que ir a trabajar y Adam está cansado

Volví al comedor para despedirme del resto de la familia, besando la mejilla de todos y cada uno de ellos. Cuando era el turno de mi madre, lo hice. No podía no hacerlo

      - Adiós mamá – puse al niño por delante – Dile adiós a la abuela

Recalque la palabra abuela, para que se diera cuenta que era el único que tenía derecho sobre mi hijo, era yo quien decidía si el niño se quedaba o no en otro lugar. Igual y nunca me había separado de él, solo para ir a trabajar. Tampoco era fácil para mí dejarlo irse con ella una o dos semanas lejos. Donde lo podría acunar en mis brazos a la hora de dormir.
      - Lo siento – le dije a Dani besando su cabello – Te llamo mañana
      - Me llamas ¿Vale? – Asentí – Besos pequeño mío

Al llegar al departamento me fui directo a la habitación para ponerle el pijama a Adam y hacerlo dormir. Yo necesitaba lo mismo. Necesitaba dejar de pensar en Renata, en como lo haríamos ahora. En poco más de un mes era Nochebuena y tal vez ella quería estar con él, teníamos que conversar algunas cosas. La manera en la que estábamos haciendo las cosas no funcionaba, o ya no estaban funcionando para mí.

      - Adam, ven con papá – el enano gateaba a toda velocidad por la habitación evitando que lo cargara – Es hora de dormir – le volví a decir.

Mientras el reía y huía de mí, deje sobre la cama todo lo necesario para cambiarle ropa. Su pañal limpio, su pijama con la pelota en el frente, su biberón con leche caliente y el chupete para una vez que estuviera listo para dormir. La mayoría de los días era Renata la que se preocupaba de esto, era ella quien durante la semana se recostaba a su lado hasta que se dormía.

      - Mira que tengo – le mostré el biberón. Pero fue inútil, para él era la hora de jugar – Juguemos sobre la cama – volví a insistir – Adam, campeón. Ven con papá
      - papapapapapapa -  aplaudía – mamamama

El pequeño bribón sabio como tenerme comiendo de su mano, era mi alegría verlo así. Pero yo debía trabajar mañana y ya eran cerca de las once la noche. Adam jamás se dormía tan tarde. Aun en contra de su voluntad lo tome en mis brazos y lo lleve a la cama. Mientras lo dejaba sobre la cama movía sus piernas en forma de enojo. Era su manera de mostrarme que no era lo que él quería hacer. Mi Adam y su carácter Lackington




martes, 27 de enero de 2015

#33 Caminos Inesperados

Capítulo 33

No sabía si alegrarme o llorar, era de alguna manera una sensación un tanto extraña. Thiago había accedido de buena manera a mi petición.

Apenas salió del departamento abrace a Adam y llore con él. Podíamos estar juntos, lo estaríamos todo los días, todo el día, poco a poco me ganaría nuevamente la confianza de Thiago para poder pasar algunas noches con mi niño.
Mi padre no lo podía creer, no sabía si era el regalo de cumpleaños de mi niño o mío, lo que yo si sabía que era que Thiago le había ganado solo con saber que no le haría daño a Adam, no sería capaz nunca de contarle nada que lo hiciera sufrir entre ellos que lo abandone.

      - Dios hija, Thiago estará furioso conmigo - decía una y otra vez Victoria desde la cocina
      - Solo querrá hablar, querrá saber porque me ha ayudado.
      - Yo no podía permitir que mi bisnieto creciera sin estar al lado de su madre. Thiago no quería entender que aunque el niño nos tuviera a él, a mí y a todos los que lo queremos te necesitaba y mucho
      - Yo también lo necesitaba a él
      - Estoy feliz por ti. ¿Podrás ir al cumpleaños?
      - No subestimare mi buena suerte. Mañana lo veré de igual forma, y te puedes ir, si lo quieres.
      - Ósea que ya no veré a mi cariño todos los días con lo bien que nos la pasábamos
      - Claro que podrás venir todos los días. Recuerda que solo pasaba unas horas con él. No sabría qué hacer con algunas cosas
      - Eres su madre. Siempre sabrás que hacer. A ver si ahora puedes reconquistar a mi nieto
      - Yo...
      - En este año la última mujer con la que estuvo fuiste tú, se ha dedicado por completo a Adam. Ya lo enamoraste una vez, bien puedes hacerlo de nuevo. Prepárale la cena, llega antes de que despierte. No dudo de tus capacidades como mujer

Y yo no dudaba con que lo podía reconquistar, pero no podía ponerme en eso de inmediato ya vería como iba el transcurso de los días. No me quería ni ilusionar, ni mucho menos esperanzar con eso. Había ganado algo, no lo echaría a perder, si se daba cuenta de mis intenciones simplemente me echaría de su lado.

Mi pequeño ya estaba bañado, lo había vestido. Lo tenía listo para cuando llegara su padre por él. Habíamos jugado, cantado y reído. Tal y como lo hacíamos todos los días, la diferencia la hacía que no tenía que salir de casa porque Thiago fuera a llegar.
Victoria se había marchado hacia una hora, aprovecharía este tiempo para ir al salón y ponerse guapa para la celebración de un año de sus dos bisnietos.

      - ¿Qué quieres precioso? – le pregunte a Adam cuando lanzo sus cubos y estiraba sus bracitos para que lo cogiera
      - mamamamamamama – repetía una y otra vez
      - Mi vida, espera un momento. – Le dije mientras terminaba de recoger lo que ya no estaba utilizando – Ya te cojo
      - mamamamamamama – seguía reclamando

Deje lo que estaba haciendo y lo tomé, se acurruco entre mis brazos y apoyo su cabeza en mis pechos.
Trate de imaginar su intención, con su pequeña boquita buscaba mi pecho. Pero ya había comido. Hacía meses que no le daba pecho, desde que me había marchado.
Adam comenzó a llorar desesperadamente y no encontré otra opción que ponerme en el sofá y darle lo que buscaba.

      - Ya mi vida, mamá te dará lo que quieres. Pero mi niño despacio ¿Vale? Hace tiempo que no lo hacemos.

Temerosa con la reacción de Adam saque mi pecho, y él lo metió en su boca. Inconscientemente comencé a mecernos, mientras con una mano le hacía cariños en su espalda, cabeza y brazos.
Este contacto tan piel con piel no lo había tenido desde que me marche hace ya muchos meses, cuando comencé a venir era un bebé, pero no era capaz de decirle a Victoria si podía o no hacerlo así que simplemente no lo hice. Algunos días en momentos en que nadie se daba cuenta dejaba algún biberón en el refrigerador para que luego se lo dieran.

      - Ya llegue – grito Thiago al abrir la puerta

Con mis manos le hice callar y mostrarle que el pequeño estaba con los ojos cerrados, afirmado en mi pecho y con su manito sujetando mi ropa.

      - Se ha dormido – susurre
      - ¿Qué hace tomando pecho? – pregunto asombrado
      - Estaba jugando y comenzó a llorar. Disculpa si te molesta
      - Da igual. Ponlo en la cama y puedes irte ya me hare cargo de él
      - Si quieres date una ducha primero
      - No. Deja a Adam en su cama y vete. Puedes volver mañana a las ocho

No quise discutir con él, con muchísimo cuidado me puse de pie y me encamine a la habitación. Thiago abrió la puerta para nosotros, lo deje suavemente sobre la cama mientras él ordenaba los almohadones a su alrededor.
Al sacarle la mano de mi ropa, el niño abrió sus ojos y comenzó a succionar nuevamente mi pecho. Thiago resoplo y nos dejó solos.

      - Mami ya se tiene que ir. Pequeño – le bese su cabecita – Sigue durmiendo que ya vendrá papá a estar contigo. Nunca más estarás solo
      - Nunca ha estado solo – susurro Thiago. – ¿Se durmió?
      - No. Y creo que no lo hará, me puedes traer su chupete del salón.

A los pocos minutos volvió con el chupón y lo intercambie por mi pecho. Me tape y me levante rápidamente, le bese la cabeza a mi hijo y salí.


***


Había pasado la peor noche, estaba demasiado ansiosa por volver al lado de mi hijo. Por mi papá había visto algunas fotografías del cumpleaños. Se veía guapísimo con esos jeans oscuros y su pequeña camisa, su hermosa sonrisa en los brazos de su padre. En los brazos de mi padre, estaban todos con él. Todos menos yo.

Había prometido no volver a llorar por lo mismo, había prometido que ahora todo sería bueno y que pondría todo de mi parte, que me ganaría a Thiago.

Ya estaba duchada, y arreglada. Debía esperar hasta las ocho de la mañana, eran las seis. Baje a la cocina a prepararme un café. ¡Lo necesitaba!

      - ¿Qué haces despierta tan temprano?  - me pregunto Magda, ella traía el biberón de Carol
      - Iba a desayunar – no pude evitar la boba sonrisa en mi – Tengo que ir a donde mi hijo
      - Ya me dijo Gabriel ayer. Felicidades por ese gran pasó mi niña. Te lo tenías merecido
      - Bueno no todos piensan igual.
      - ¿Qué tal las cosas con Thiago? Gabriel no supo darme razón de eso
      - Nada. Ósea entre nosotros no hay nada. Solo espero llevarme bien con él porque así me permite ver a mi hijo.
      - Eso es lo único que importa.

Y si eso era lo único que importaba. No quería repetir el mismo tema mil veces más. Así que le bese la mejilla y me salí al patio trasero. Había decidido quedarme a dormir, no estaba segura el motivo pero lo había hecho. Cota no estaba viviendo aquí, les traía de vez en cuando a Carol para poder salir y seguir siendo la misma perra de siempre. No le había visto desde que volví de España donde ella quiso disculpase pero de mi parte solo se ganó una bofetada y gritarle unas mil veces que la aborrecía y que la odiaba.

El taxi me dejo afuera del edificio de Thiago, aquel edificio que había sido mi hogar, donde había pasado momentos hermosos y cargados de amor desde que puse el primer pie en él.

      - Buenos días – dije al conserje
      - Buenos días señora – respondió tan educado como cada mañana – El señor Lackington aún se encuentra en casa y la señora Victoria no ha llegado
      - Lo sé – le dije de manera amable – Me está esperando

Confirme mi hora una vez más y aún faltaban 30 minutos para la hora pactada pero tal vez necesitaba salir antes o se había dormido y no se había dado cuenta. Podía estar apurado y no tenía que hacer a Adam si es que había despertado, me valía ser precavida

Golpee dos veces la puerta y no respondió, ¿Tal vez tenía razón y se había dormido? No podía llamarle a su móvil puesto que no lo tenía. ¡Dios tenía que pedírselo! Debía encontrar la manera de ubicarle por si ocurría algún percance.
Volví a intentarlo y un Thiago solo con toalla me abrió la puerta, estaba recién duchado y tal guapo como la primera vez que lo había visto salir de esa manera. Pudo descontrolar mis pensamientos igual que como lo había hecho siempre. Estaba guapísimo.

      - Disculpa – dije cuando trague en seco y deje de recorrer su cuerpo con la mirada
      - ¿Son las ocho? – pregunto asombrado
      - No, me adelante por si necesitabas algo
      - Pasa, pasa. Adam está dormido aún

Pase directo a la cocina donde me serví un vaso con agua, era la manera de apartar esos pensamientos lujuriosos que tuve. Las ganas de echarme sobre él y cruzar mis piernas en su espalda. Besarle y susurrarle al oído cuanto lo había extrañado, sentir sus manos acariciando mi cuerpo. El mismo que tuvo su última caricia hacía meses atrás, el mismo que a veces lo necesitaba por las noches.

      - ¿Quieres que prepare el café? – pregunte cuando sentí su presencia
      - No. Tomare el desayuno en la oficina. Me iré a vestir, si despierta Adam te avisare

Se dio vuelta para salir de la cocina, cuando lo que menos quería era dejar de ver su magnífico cuerpo, podía seguirle a la habitación con alguna escusa pero tal vez no era lo mejor para él. ¿Sería ir demasiado deprisa?

No había pasado ni siquiera diez minutos cuando las risas de Adam inundaron todo el departamento, quería ir hacia él pero no sabía si Thiago estaba listo. Pero esas risas se transformaron en llanto. En tres largas zancadas ya estaba en la puerta, no toque, abrí la puerta, el llanto de Adam se hizo más fuerte.

Thiago se paseaba con él por toda la habitación solo con un pantalón negro de traje puesto, lo mecía y le susurraba cosas en el oído. Al verme entrar se paró en seco, me miro y dijo

      - No sé qué le pasa – me lo tendió – Cambió de la risa al llanto
      - ¿Qué pasa bebé? – Le acaricie - ¿Tomo su leche?
      - No – sacudió la cabeza – Siempre espera a que me termine de arreglar
      - Tal vez comió algo en el cumpleaños y le duele la guatita
      - Puede que sean las golosinas de ayer
      - Vamos bebé, mamá te dará una rica leche –
      - ¿Si le llevo al médico?
      - No creo que sea necesario – Adam comenzó a escarbar con sus manitos entre mi escote hasta casi descubrir mi pecho, de esa manera con su boquita a buscar por donde sale la leche – Voy a prepararle un biberón, tiene hambre
      - Ya veo – sonrió sinceramente – Me terminare de vestir en la habitación de Adam para que le puedas alimentar tranquilamente
      - No creo que sea necesario, solo le daré un poco de pecho. Sigue en lo tuyo que nosotros nos iremos a la otra habitación. ¿Aun tienes la silla mecedora?
Pase toda la mañana con Adam pegado a mi pecho, cada vez que lo trataba de dejar un segundo volvía a llorar. Estaba claro que algo tenía mi pequeño. Thiago se había marchado hacia horas y me antes de salir me pidió que le avisara como seguía Adam. Solo me había apuntado el número de la oficina, así que no lo dude y marque. Quería avisarle que lo llevaría a un médico, tal vez tenía algo pegado en su guatita y por eso estaba así, no había querido comer, no quería beber agua, solo era mi pecho lo que había comido todo el día y me tenía preocupada. Mi instinto de madre me decía que no era nada, solo me quería asegurar

      - Buenas tardes – contesto la secretaria – Despacho del Señor Lackington ¿En qué puedo ayudarle?
      - Buenas tardes – dije cordial – Necesito hablar con Thiago por favor
      - En estos momentos Thiago está ocupado, si desea me deja su nombre y luego le indico que la llame a donde usted guste

El tono en que dijo Thiago y no el señor Lackington no me gustó nada, no era una manera profesional de tratar a su jefe.

      - Dígale al señor – recalque la palabra señor – Que se comunique con Renata apenas esté disponible es urgente
      - Claro – dijo con burla – ¿Renata cuánto?
      - Renata Lacki… - me calle hacía meses que ese no era mi apellido, pero era costumbre seguir utilizándolo. Pero tal vez a Thiago no le parecería apropiado – Renata Gonzales
      - ¿Renata, la ex esposa? – pregunto
      - Si – afirme – Necesito hablar con Thiago de manera urgente
      - Creo haberte dicho que está ocupado y lo estará el resto de la semana, año y tal vez vida

Su tono de burla no me hizo nada gracia, mucho menos que hablara con tal confianza ¿Estaba al tanto de nuestra relación? ¿Estaba saliendo con él?
No me dejo decirle ni una palabra más y corto la llamada, necesitaba informarle a Thiago que el niño no estaba bien. Aun con el aparato del teléfono en la mano comencé a pensar en mis posibilidades.
Pero mi mente estaba bloqueada, mi hijo lloraba. Y no pensé en nada más, tenía que llevarlo al médico, no podía esperar un segundo más.   

Le vestí y mientras me daba un segundo de tregua busque entre algunos documentos de Thiago la identificación y acta de salud. Con esos documentos y la bolsa del bebé salí a tomar un taxi.

      - Señora Renata – me llamo el conserje al verme salir con el niño
      - Necesito dejarle un mensaje a Thiago – le indique – Me facilita un papel y lápiz
      - Claro – me entrego lo que le pedí – Si gusta lo puedo llamar al móvil
      - Lo haré yo, me facilita su número

Antes de que terminara de completar la frase, el mismo marcó y me lo tendió al tercer tono descolgó
      - Lackington – serio, brusco y profesional
      - Thiago – susurre – Soy Renata
      - ¿Renata? – Dudo - ¿Pasa algo?
      - Es Adam –
      - ¿Qué tiene mi hijo?
      - No deja de llorar, no quiere recibir alimento y estoy muy preocupada
      - Quédate en el departamento llego en unos minutos
      - Juntémonos en la urgencia, voy de salida
      - ¿Tienes coche? – Pregunto - ¿En que se irán?
      - He pedido un taxi. No te preocupes y nos encontramos en ese lugar

Le corte antes de que pudiera decir algo, el conserje me tendió un papel con el número de Thiago por si lo necesitaba nuevamente, me acompaño hasta el taxi deseándome suerte.

En el camino Adam no dejo de llorar un solo segundo, le subía la temperatura y tenía sus pequeños ojitos hinchados. Estábamos envueltos en un pequeño atocha miento de tráfico.
Con una manta de tela que llevaba para cubrir a Adam, tape mi pecho. ¡La mejor solución! El niño dejo de llorar de inmediato e incluso se durmió por un momento.


***

      - Es muy pequeño para tener gastritis, pero si ese es su diagnóstico. La diferencia es que al ser un bebé no sabe explicarlo.
      - Ayer fue su cumpleaños y comió golosinas, entre otras cosas.
      - Renata lo mejor para estos casos es el medicamento que te di, mucho mimo, paciencia que estará muy mañoso. Otra cosa, sigue dándole solo pecho, si es lo único que quiere comer bien, lo mantendrá hidratado y alimentado. En cualquier caso, una dieta liviana tal y como dice aquí – me extendió un papel – Por lo demás Adam es un niño sano. Control en siete días con su pediatra
      - Muchas gracias Doctor, me deja muchísimo más tranquila
      - Es normal que se asusten por estas cosas, pero ya saben no más golosinas

Al salir de la consulta lo primero que veo en la sala de espera es a un angustiado Thiago que tan solo al cruzar mirada camino hacia nuestro lado arrebatándome al niño de los brazos. Le bese en las mejillas, en su cabecita y lo toco por todos lados solo para constatar que estaba bien.

      - Tenlo – me lo volvió a pasar – Ya vuelvo

Se perdió entre las puertas, sabía a donde iba y que haría. No lo culpaba, era el mejor padre que mi hijo pudo tener, preocupado y dedicado a él
Quince minutos después salió, me ayudo a ponerme de pie con el niño en mis brazos y sin decir ni una sola palabra me guio hasta su coche. Iba tan concentrado en el tráfico, pero a reojos miraba como se encontraba Adam dormido en su silla.

      - ¿Te dio alguna receta médica?
      - Si – conteste en un susurro con el temor de despertar al niño – Las tengo en el bolso de Adam
      - ¿No hay que comprarle nada?
      - Nada – revise los documentos y las cajas para estar segura – No, nada.
      - Bien, te pasaré a dejar a tu casa. Yo me ocupo de él

Pero no era lo que yo quería hacer, no quería dejar a mi hijo solo y enfermo. No esta vez. Thiago no podía comprender lo que esto se sentía ya lo había hecho una vez y no estaba dispuesta a volver a hacerlo aunque esto me trajera consecuencias con él

      - Puedo quedarme un rato más – dije y el busco mi mirada a traves del espejo retrovisor
      - No es necesario, me se ocupar perfectamente de él
      - Sé que puedes Thiago, no dudaría jamás de eso. Eres un padre excelente si mi niño esta tan grande y sano es gracias solo a ti. Sé que no soy lo que esperabas como madre, la vida me ha hecho pagar mis errores. Te perdí ¿Qué más grande prueba que esa?
      - Renata… - me cortó, no estaba cómodo con el tema
      - El médico dijo que necesitaba leche materna – me excuse -  Aprovechare de dejarte un poco para la noche. Esas cosas están en casa

No tuvo como rebatir mis palabras, si el médico le había dicho lo mismo que a mí, no me lo inventaba para quedarme más tiempo, bueno no en parte. Era parte de mis cartas, de las únicas que tenía y estaba dispuesta a utilizar para recuperar a mi familia.

A penas había dejado a Adam dentro de la cuna cuando despertó, Thiago corrió hasta alcanzarlo y mecerlo en sus brazos. Pero el niño no cedía un poco, por mucho mimo o todo lo que Thiago le dijera, Adam seguía llorando. No quería ser una espectadora en la historia, quería ayudarle, mostrarle que también podía con mi hijo.

      - ¿Quieres que lo intente yo? – le pregunte caminando a su lado
      - Vamos campeón. No llores más – me ignoraba - ¿Quieres ver los dibujitos? ¿Quieres que papá juegue contigo?

Pero nada, Adam seguía llorando. Con la impotencia que sentía al no poder acercarme a ellos, me fui al salón. Tenía un nudo en la garganta, mi niño me necesitaba. ¿Por qué Thiago no lo podía ver? ¿Por qué aun estando a su lado no me dejaba de ser de ayuda? El llanto del niño era mi propio llanto, de la misma manera que le caía lágrimas a él me caían a mí. ¿Cuántas veces en estos meses el niño había pasado por lo mismo? ¿Cuántos llantos podrían haber sido solucionado con mi presencia? ¿Por qué tuve que dejarlo alguna vez?

      - Renata – me saco Thiago de mi burbuja – ¿No será hora de medicamentos? – preguntó con una cara de angustiado
      - Creo que no – me paré rápidamente al bolso donde había dejado los medicamentos para revisar su horario. - ¿Quieres que lo vea yo un momento? – dije tímidamente, esperando su negativa
      - Vale – me lo tendió – Me iré a dar una ducha

Mientras Thiago se perdía en la habitación aproveche de darle pecho a Adam y como si eso fuera lo que reclamaba se quedó en silencio. Al poco rato ya estaba dormido en mis brazos. No dejaba de mirarlo y ver como habían cambiado las cosas en tan pocos días. Ahora ya no necesitaba estar escondida para verle un momento. Lo alimentaba y mimaba aun en presencia de Thiago.

Solo esperaba que con el tiempo él cambiara conmigo, dejara de ser tan distante y pudiéramos tener un poco más de comunicación. ¿Pedía mucho?