lunes, 27 de octubre de 2014

#26 Caminos Inesperados

Capitulo 26

La barriga ya no me dejaba seguir durmiendo cómodamente en los brazos de mi querido marido.

Estaba próxima a cumplir 8 meses de gestación, solo cosa de tiempo para tener a esta criatura en mis brazos. Ansias y miedo, el parto y su llanto, reír y llorar. Miedo y felicidad.

Si mayormente era todo felicidad, estaba feliz de poder ser madre, de poder darle la misma felicidad a mi esposo, mí querido Thiago. Mi amor estaba igual o peor que yo, ambos ansiábamos

A este bebé.

En la última ecografía habíamos esperado saber su sexo por fin, pero mi hijo pensó lo contrario y nos dejaría con la incertidumbre hasta el final. Eso lo hacía más emocionante. Claro que no a la hora de ir a comprarle ropa, cada vez que nos íbamos de compras con Dani, ella era todo rosa y colores de niñas. Yo todo unisex, verdes, amarillos y blancos eran mis favoritos.

Su habitación ya estaba esperando su llegada, una cunita de madera de color blanca que nos regaló mi padre ocupaba el centro. Paredes pintadas con animales de colores llamativos, todo pero absolutamente todo estaba listo. Menos su padre que se desesperaba cada vez que le comentaba que sentía alguna molestia, ni pensar cuando despertaba con algún malestar.

¡Ya solo quedaba un mes más!

Salí de la cama para no incomodar a Thiago y mucho menos despertarlo, dentro de unas pocas horas tenía que ir a la oficina. Estaba trabajando más de lo normal, hacía muchas horas extras y aunque en un principio pensé que podía ser porque el amor entre nosotros estaba muriendo, se estaba apagando y de eso culpaba al maldito médico que me mantiene fuera de los límites del sexo y no me deja complacer ni a mi marido ni a mi cuerpo.

Después de pasar una semana sin dirigirle la palabra no aguanto más y me tuvo que contar sus planes. Tomarse un mes y medio de vacaciones cuando llegara al mundo nuestro hijo. Solo adelantaba las cosas. Me obligue a entenderlo, no quería terminar de los meses de amor y paz que llevábamos

 - ¿Dónde vas? – pregunto somnoliento pasando su brazo por donde alguna vez estuvo mi cintura. - ¿A dónde llevas a mi hijo a esta hora?

 - Al salón – respondí

 - ¿A qué? –

 - No puedo dormir, tú hijo decidió que era hora de despertar y despertar a la mamá. Iré a ver un poco de televisión

 - Pequeño – se arrastró por la cama hasta que su cara quedo frente a mi vientre – Es hora de dormir, esta oscuro. Esta la luna mi amor, debes dormir y dejar que lo haga la mamá. Ni yo la mantengo despierta y lo haces tú en respuesta él o ella pequeña le dio una patada al padre quien abrió de inmediato los ojos y me beso el vientre.

 - Creo que nos entendemos – respondió arrastrando sus labios hasta llegar a mis labios. – No te vayas al salón.

 - Tienes que ir a trabajar, te mantendremos despiertos, voy a ver un poco de televisión

 - No importa, ya estamos aquí. Veamos alguna película hasta que decidan que deben dormir nuevamente.

 - Está bien –

Ni media hora había pasado cuando levanto la cabeza del pecho de Thiago y me lo encuentro durmiendo nuevamente. Apague la televisión y me acurruque entre su cuerpo. Al sentir el calor del cuerpo de su padre el bebé decidió que volvería a dormir y dejo de hacer esa presión en la parte inferior, a los minutos me volví a dormir.

Desperté cerca de las 11 de la mañana y ya me encontraba sola en la cama y en la casa, lo primero que hice fue llamar a mi marido para informarle que habíamos despertado mucho mejor y solo extrañándolo un montón.

 - ¿Qué te parece si tomas un taxi y vamos a comer juntos?

 - Perfecto, pero luego me dejas en casa de tus padres.

 - ¿Otra vez amor?

 - Si, es que Dani está nerviosa con todo el asunto del parto y aun no tiene el bolso del bebé preparado

 - ¿Cuál, Ese que le hiciste hace 3 meses atrás y que armas y desarmas cada vez que comprar algo más?

 - Si, ese mismo amor. Es que tengo estar segura lo que va a vestir mi hijo.

 - Creo que ya lo entendí. Pero bueno mi amor, yo te llevo a casa de mis padres luego de que almorcemos

 - Bien, por eso te amo.

 - Y yo a ti mi amor, y a mi amor en tamaño reducido también lo amo.

 - ¿Mas que a mí?

 - ¡Uf! Solo tengo un corazón, pero está divido a la mitad y cada una de esas mitades tiene dueña.

 - Sé que nos amas con locura, yo los amo de la misma manera.

 - Te amo.

Siempre me sacaba más de una sonrisa esas conversaciones con Thiago, deje el móvil sobre la cama y me encamine a la ducha, no alcanzaba a llegar al marco de la puerta del baño cuando una fuerte punzada me ataco y me hizo doblarme del dolor.

Inhale y exhale las veces necesarias hasta poder volver a la cama.

Esa tarde evite comentarle a Thiago el incidente, pero si lo hice con la doctora a la que llame exclusivamente y me pidió calma, me dijo que era normal y podíamos estar cerca del nacimiento.
Al paso de los días los dolores y las molestias pasaron, ya me había acostumbrado a despertar en la madrugada, salirme de la cama cada día con mayor dificultad, no solo para no despertar a Thiago si no que también porque la barriga me lo impedía.

Dani se había convertido en mi mejor amiga para la fecha, al tener un par de semanas más me iba contando sus experiencias, sus necesidades y también las ansias que tenia de por fin conocer a su bebé. Ya le habían elegido nombre con Marcos, les había dado pelea ese suceso porque cada nombre que ella proponía coincidía con alguna ex aventura de su prometido. Y si no era así mi querido marido se lo hacía saber a su hermana porque no le gustaba el nombre. Eran una pareja demasiado graciosa.

Algunas tardes venia mi suegra con Ian, otras simplemente estaba sola. Muchas estaba sola, tía Nata me había comentado que le gustaría que nos fuéramos a pasar las últimas semanas a su casa porque si se presentaba algo. Thiago me lo volvió a comentar esa misma noche, esa misma noche terminamos discutiendo porque me rehusó a pasar mis últimas semanas de embarazo lejos de la que ya considero mi casa, mi hogar.

La misma presión que había sentido noches antes hoy me volvía a atacar, la diferencia que era de día y estaba sola.

Moría por llamar a Magda y contarle, pero habíamos hablado durante la mañana y tenía ir con Carol al médico, mi padre a cargo del local. Y toda la familia Lackington en la clínica dándole la bienvenida a la pequeña Valentina. Con 41 semanas llegaba al mundo mi nueva sobrina política, la primera sobrina de mi esposo y la primera nieta de mis suegros. Durante la noche había decidido que ella era hora y ahí estaban, Thiago había llamado y me dijo que llegaba en unos minutos para llevarme a conocer al bebé y de eso ya habían pasado dos horas.

Entre el malestar y la preocupación de que no llegara me habían atacado las ganas de vomitar, esas ganas que habían desaparecido cuando entre al 5 mes de embarazo. Ahora volvían.

 - ¿Amor?

Sentía la voz de mi marido a lo lejos como un susurro, trate de anclar mi vista a algo pero lo único que conseguía era ver aún más puntos que me nublaban la vista.

 - ¿Renata?

Por más que quería llamarlo y hacerle saber dónde estaba no podía, no me salían las palabras y lágrimas de desesperación comenzaron a salir cuando un líquido comenzó a salir entre mis piernas, no podía distinguir el color, no podía articular llamado, no podía moverme. Sentía sus pasos cada vez más cerca, podía sentir la vibración de los pasos en mi cabeza. ¿Qué hacia mi cabeza en el suelo?

***


Yo sabía que no debería haber salido a trabajar esta mañana cuando la vi tan pálida, pero quien me iba a decir que cuando volviera a buscar un documento la encontraría de esa manera.
Mi amor, mi vida, mi todo estaba tirada en el suelo del baño con su rostro lloroso y cerca de un charco de agua.

      - ¡Florencia! – la llame, sabía que estaba en la sala esperando. Había insistido en querer pasar a saludar a Renata aun sabiendo que esto podría ocasionarme más de algún problema.

      - ¿Qué paso? – pregunto agachándose al lado de la cabeza de Renata.

      - Llama a una ambulancia. Necesito llevarla a urgencias de inmediato

      - Ponla de espalda, muévela suavemente – me dijo colocando bajo su cabeza un montón de ropa que había sobre el mueble – Si despierta que no levante la cabeza.

      - Se tiene que haber desmayado – deduje rápidamente – Llama a la puta ambulancia

      - Es más rápido que la llevemos nosotros en el coche –

      - No voy a exponerla. ¡Llama a una ambulancia!

Salió corriendo del baño y cuando volvió lo hacía hablando por teléfono.

      - No la muevas, vienen para acá – me dijo sin despegar su oído del aparato - ¿Cuántos meses tiene?

      - 31 semanas.

      - Tiene 31 semanas de gestación, en un embarazo de alto riesgo.

Se quedó en silencio por más del tiempo que yo creía prudente y volvió a salir del baño. Esta vez cuando volvió lo hizo con 2 paramédicos y un tercero que esperaba en la habitación con una camilla.

      - Señor por favor retírese para poder atenderla.

Sin decir nada me corrí hacia un lugar donde no molestara y seguir a su lado, no la dejaría cualquiera sea lo que sucediera no la dejaría.

      - Tenemos que sacarla de aquí, está inconsciente y en proceso de parto. Necesitamos trasladarla de inmediato.
Esas palabras si lograron alertarme.

      - Su médico está en la Clínica Alemana, me comunicare con él y nos encontrara donde usted me diga.

      - No es necesario. Podemos llevarla a la Clínica que usted estime conveniente

      - Muchas gracias no sabe el alivio que me da en estos momentos.

Y sin perder más tiempo vi como suavemente subían a mi mujer a la camilla y luego la sacaban del departamento, le pedí a Florencia que avisara a mi familia y a su padre mientras seguía a la ambulancia.

Durante el trayecto lograron estabilizarla, pero no consiguió volver en sí y eso era el mayor terror que yo tenía porque mi hijo o hija quería nacer.

      - ¿El bebé está bien? – le pregunte a uno de los paramédicos

      - No lo podemos saber, es complicado en el estado que esta la madre. Estamos monitoreando las contracciones y están cada vez más cercanas. Hoy conocerá a su hijo, eso se lo aseguro

      - ¿Corre mucho riesgo?

      - Siempre es riesgoso un parto inducido, mucho más con su madre inconsciente. Pero hay que esperar a que nazca para saber si sus órganos están preparados para dar la batalla. No le voy a mentir señor Lackington, existe la posibilidad de que él bebé no resista o pase en incubadora los próximos meses

Yo sabía que mi querido bebé, el fruto del amor iba a lograr luchar por quedarse con nosotros, por hacernos feliz con su llanto, por ser nuestro hijo. Renata no resistiría si algo le sucediera a su hijo, necesitaba que cuando ella volviese en si le tuviese buenas noticias. Eso era lo que tenía que pasar eso era justo como todo sería. Solo era una pesadilla más.

      - ¿El acompañante de Remata Lackington?

      - Soy yo - dije y me puse de pie inmediatamente - Soy el esposo - aclaré – Thiago Lackington

      - Señor Lackington necesitamos que firme aquí por favor - me entregó un documento -
Es la autorización para una cesaría de emergencia

      - ¿Están bien? - pregunte temeroso de la respuesta que pudieran darme - ¿Mi esposa y mi hijo?

      - Eso es lo que queremos, señor. ¿Puede firmar acá? no lo dude ni medio segundo, no pensé si quiera en la posibilidad que algo no saliera bien, lo único que quería era acabar luego esta pesadilla. Luego de firmar me permitieron estar unos minutos con Renata, pero antes de ingresar decidí llamar a mi suegro y comunicarle lo que estaba pasando.

      - Thiago - saludo de inmediato

      - Gabriel, hola. Estoy en la clínica a Renata la internaron de urgencia está mal - mi voz se quebró en ese momento. - le harán una cesaría de urgencia.

      - ¿Qué fue lo que paso?
    
      - No lo sé. Llegue al departamento a buscarla para salir a comer y la encontré inconsciente en el baño. Estoy asustado

      - Voy saliendo para allá

      - gracias. Avísales a mis padres. Yo voy a entrar a verla unos minutos antes de la cirugía

      - Yo lo haré. Hijo tranquilo que tu familia estará bien. Te veo luego

Volví a meter el móvil en el bolsillo y le avise a la enfermera que estaba listo para ingresar. En cosas de segundos me llevo por un pasillo y me paso un traje verde.

      - Solo unos minutos y no la haga hablar

      - ¿Esta despierta? - pregunté esperanzado

      - Aja - dijo con una gran sonrisa - Eso es favorable para su esposa y mucho más para su bebé gracias -

Me llevo por unas puertas que conducían hacia donde al abrirlas el olor a medicamento se hacía más fuerte y al otro lado de la puerta estaba ella con un cinturón a mitad de su estómago y de fondo los pequeños y suaves latidos del corazón de mi hijo. Aún estaba con nosotros, aún luchaba.

      - Hey no amor no llores. Hoy vamos a conocer a nuestro bebé. ¿No te parece maravilloso? Por fin sabremos si es niño o niña, cuando veamos su varita podremos elegir su nombre. Pero no llores mí. Vida - abrió sus labios con la clara intención de decir algo pero le puse un dedo en sus labios. La enfermera me había pedido que no hablara.

      - Ya estamos preparados para conocer a nuestro hijo. No debes hablar, debes descansar para estar con fuerzas.

      - permiso - interrumpió la enfermera - Señores llegó el momento de pasar al quirófano.

Vamos a preparar a su esposa. Espere afuera un momento Asentí y besé castamente a Renata

      - Te amo - articule antes de volver al pasillo.

Una hora había pasado desde que vi por última vez a Thiago. Estaba pendiente de cada cosa que hacían a mí alrededor, de lo que decían y hacían. Mis nervios se dispararon y en todo momento eran mayores, una mezcla entré entusiasmó por conocer a mi bebé y que todo saliera bien.

      - Listo mamita - dijo la anestesista - vamos a ponernos en posición fetal para la anestesia. Luego haremos pasar al papá que está impaciente. ¿Saben el sexo del bebé?

      - No

      - De seguro será guapo o guapa como los padres, necesito que nos relajemos y respiré.

Un pequeño malestar sentí cuando iba ingresando el espeso liquido por mi cuerpo, lo siguiente que supe era que ya podían hacer pasar a Thiago. Él solo se puso a mi lado y sujeto mi mano, me enviaba su fuerza, su amor, me. Hacia saber que estaba aquí, conmigo.


***

De reojos miraba lo que le hacían a Renata, la cortina no me dejaba ver si ya mi bebé estaba próximo a ver al mundo, hasta que su llanto inundó la fría sala, su llanto. A las 20:25 un día miércoles 24 de Septiembre nació mi hermoso niño, el nuevo Lackington. Adam Lackington, un prematuro bebé. Pero con vida y ganas de luchar.

      - Saluden a su hijo. Están aquí tus padres pequeño Adam. Vamos a que te besen para llevarte a una incubadora.

      - ¿incubadora? - pregunté alarmado - ¿está bien?

      - Tranquilo papi, está bien. Dentro de lo normal, Sus órganos no están un poco más débiles pero eso es normal para un prematuro

      - Gracias - le dije a Renata bajando hasta besar sus labios. - Nuestro Adam está perfecto, lo hiciste muy bien amor.

No pude controlar esas lágrimas que inevitablemente se me salieron al ver por primera vez a mis dos amores juntos. Mi Renata y mi Adam estaban perfectos y conmigo.
Solo lo pudo tener unos minutos en su pecho y no aguante de tener ese momento inmortalizado para siempre. Bese por última vez a mi hijo y mi esposa antes de salir de la sala de operaciones. En el pasillo ya me esperaban mis suegros y mis padres, quien tan solo al verme se lanzaron con miles de preguntas.

      - Están bien, es un niño. Ambos están bien

      - felicidades hijo. Me alegro que ambos estén muy bien ¿Cuándo podremos conocerlo? ¿Cómo se llamará?

      - Esperemos que la doctora diga pronto, lo pondrán en incubadora por unos días para que ese termine de poner bien. Pero mamá Adam está perfectamente

      - ¡Adam! Mi nieto se llama Adam. Felicidades hijo ahora sabrás lo que es bueno - se burló mi padre mientras me abrazaba. - Tu hermana y sobrina les envían cariños.

      - ¿Cómo esta Dani y la pequeña Valentina?

      - Perfectas hijo, quedaron con Marcos y sus otros Abuelos.

      - Iré s verla en un rato, cuando vea otra vez a mi familia

      - Bien llévale fotografías seguro muere por conocerlo

      - señor Lackington - llamo la enfermera

      - yo - dije acortando distancia

      - pueden pasar de a dos personas a ver a la señora. Y de a uno a ver al bebé

      - Iré a ver a Renata primero - dije seguro - Abuela puedes ir a conocer a mi Adam

Mi madre con lágrimas en los ojos asintió

      - Ve tranquilo hijo.

      - Gracias

Casi corrí por el pasillo seguido de cerca por Gabriel quien moría por ver el estado de su primogénita. Al llegar a la habitación estaba ella con la mirada pérdida en la ventana, mientras lágrimas corrían por sus ojos

      - ¿Cielo, que pasa? - pregunte abrazándola fuertemente

      - ¿Cómo esta Adam? ¿Lo viste? ¿Porque no me lo traen?

      - Amor está bien, mi madre está con él, luego ira Magda y yo. Es preciso. No te lo traen porque debe estar en la incubadora, solo será un mes amor. Tal vez menos.

      - perdóname.

      - no tengo nada que perdonarte mi amor ya te lo dije el niño está bien

      - no, no está bien. Si lo estuviera lo tendría acá

      - Hija no te Tortures más y menos con eso. Thiago ya te lo dijo. Mi nieto está bien. Eso es lo importante

      - Quiero verlo - pidió con lágrimas en los ojos

      - Lo harás amor. Le preguntare al doctor

      - Hazlo. Pero ve ahora. Quiero verlo.

Salí de la habitación ante su petición de ver al niño. Al preguntar a la enfermera a cargo, me dice que dentro de unas horas se lo permitirán que ahora necesita dormir y descansar.
Volví a la habitación, se lo comunique a Renata y solo conseguí que se echara a llorar aun mas desconsolada. Entendía su sufrimiento yo mismo quería estar con mi hijo.

Quería que todo pasara rápido. Que ella dejara de sufrir, de llorar y pedirme perdón por algo que ella no era culpable.
Mi suegro se quedó con ella mientras yo iba a ver a ese pequeño ser, a hacerle saber que su padre lo amaba y estaba con él. Ahora y para siempre.

La encargada de neonatología me tomo los datos y me llevo con un traje verde hasta el cunero donde estaba Adam conectado a un monitor que lo mantenía controlado. Fue un golpe muy fuerte verlo con máquinas, con una cosa en su pequeño pie.

No lo pude tocar directamente, todo a través de una manga que simulaba un guante. No pude controlar las lágrimas y lloré, sujete su pequeña manito y le rogué a Dios que lo sacara de ese lugar lo antes posible, que lo pudiera tocar como era debido.

      - Hola hijo, soy tú papá. Soy a quien todas las noches le dabas patadas cuando me acercaba a tú mamá. Ella se muere por venir a verte, por estar contigo. Cuando la veas te enamorarás, es preciosa y dulce. Te ama. Ambos lo hacemos Adam. Eres fuerte y luchador sé que saldrás de aquí, estoy seguro que así será y nos iremos unos días a que veas al mar, a mimarte muchísimo. Te amo hijo mío.

      - Señor debe salir, las visitas para padres son tres veces por día, recuérdele a la madre que debe estar a las 7 de la mañana acá para que le de alimento.

      - ¿qué le darán hoy?

      - Ya comió, lo hizo a penas lo trajeron. Debe salir

      - Un momento - pedí y la encargada se alejó - Mañana volveré con tu mamá. Sigue Así hijo. Te amo

Suavemente retiré mi mano de la suya y podía sentir como se me partía el corazón. No Quería dejarlo, pero debía. Al volver al piso de Renata me encontré a Gabriel en el pasillo esperando por mí.

      - ¿Lo viste, como estaba?

      - Bien, mañana puedes pasar, tiene visita en la tarde si evoluciona bien. Iré a decirle a Renata

      - Me hicieron salir porque la están revisando. Debe ser la cesaría

      - Iré a ver.

Golpee una vez la puerta y abrí, una enfermera de uniforme morado me miro con cara de Mala leche al verme pasar directamente a la su lado.

      - Supongo que usted si es el marido

      - Supone bien. - confirme - ¿Todo bien?

      - Sí señor.

      - Amor mañana debes ir a alimentar a Adam

      - ¿Es verdad? - preguntó mirando a la enfermera

      - Así es. Ya vendrá la encargada a sacarle un poco de su leche para darle en unas horas, pero mañana debe ser directo desde el pecho. Por eso tiene que descansar y aprovechar de dormir

      - Es que no tengo sueño

      - Amor ya oíste, vamos a esperar que vengan por tu leche y dormirás yo estaré a tu lado en todo momento

 - Gracias

lunes, 25 de agosto de 2014

#25 Caminos Inesperados


Capitulo 25


Un vuelo de 12 horas era demasiado para una mujer embarazada como mi querida esposa, pero ¿Que podía hacer? Ella estaba igual o más ilusionada que yo por volver.
En nuestro departamento ya estaba todo listo, mi hermana me había enviado una fotografía por mail del nuevo aspecto de nuestra habitación. Esperaba y le encantara a mi preciosa Renata.

Se había pasado la mitad del viaje durmiendo, la otra parte mirando el océano y luego simplemente abrazada a mí.  Estábamos felices, llenos de dicha.

La llegada al aeropuerto fue tal y como lo predije ¡Caótica! Mis hermanos pequeños no se pudieron aguantar ni un solo segundo en casa a que llegáramos ¡NO! Ambos estaban afuera de la salida internacional con un enorme cartel que decía

Bienvenida

Cuando la tuvieron a su alcance se lanzaron en abrazos un tanto exagerados provocando más de alguna mirada del resto de las personas que por ahí transitaban.

      - Felicidades por la boda – me dijo Marcos saltándose de las chicas.
      - Gracias amigo
      - ¿Cómo es la vida de casado? – alzo una ceja
      - Perfecta
      - ¿Entonces me la recomiendas? – río
      - Ni se te ocurra pedirle a mi hermana que se case contigo, ya le hiciste un hijo, eso es suficiente
      - ¡Thiago! – Grito Dani, había escuchado lo que le decía a su novio – Tú – apunto a Marcos – No le hagas caso a él. Yo llevo a tu hija – se tocó el vientre
      - Solo hacia unas preguntas – volvió a reír
      - Ven acá y dame un abrazo – le pedí
      - ¡Te extrañe! – volvió a gritar cuando se escondió entre mis brazos como cuando era una niña y tenía problemas, solo que ahora había un bulto en su vientre y ya no era una niña.
      - Yo también te extrañe hermana –

Terminamos los saludos y me dirigí nuevamente a donde mi esposa que estaba de la mano de Ian. El pequeño se lanzó a mis brazos hasta que llegamos al coche.

Marcos condujo hasta la casa de mis padres, donde estaban mis suegros y todas las personas que más queríamos. Entre ellos mis amigos desde siempre.

Entre risas y bromas les presente con mucho orgullo a la que era mi esposa y la que cargaba a mi más grande bendición. Mi Renata que de un principio se mostró tímida y extraña entre la gente poco a poco se fue soltando y volviendo a ser ella.

      - No pensamos que te iban a pillar tan rápido, amigo – se burló Joe
      - Thiago dime algo – pidió Mau – ¿Es verdad todo lo que salió en la prensa española referente a tu mujer?
      - ¿Qué salió? – pregunte un poco afligido por lo que pudieran saber
      - Su divorcio, lo que padeció dentro de ese tiempo. ¿Se ganaba la vida de la manera que ahí salía?
      - Nada de eso es verdad – dije seguro – Y por favor luego les cuento de que van esas cosas, solo que no los escuche Renata
      - ¿Qué te mandan a dormir al sofá antes de la luna de miel? – todos reímos
      - ¿Pensaste donde llevarla? – acoto Marcos
      - No tienes mucho donde elegir – dijo Joe
      - Bahía Inglesa
      - ¿La llevaras a ese lugar? – pregunto apareciendo Dani
      - Si – alce de hombros - ¿Te parece?
      - Playa, arena blanca, sol y que mejor que con el hombre que amas. Sera perfecto hermano
      - Como me alegra oírte decir eso, me quita los miedos de que no le guste
      - ¿Caribe? ¿Por qué no salen fuera del país?
      - La verdad es que Renata en su estado tampoco puedo estar para mucho viaje, fue una de las condiciones para poder venirnos
      - ¿Qué estado? ¿Está enferma?
      - Claro que no, mi cuñada solo está embarazada
      - Pero hombre ¡Felicidades! – grito Joe. – Tío Benja – llamo a mi padre - ¡Felicidades Abuelo!

Entre risas y anécdotas pasaron más de dos horas en las cuales mí querida mujer disfrutaba tanto como yo de estar en casa con nuestra gente. Pero ya era tarde para ella, necesitaba descansar.
Me acerque a su lado y le pase un brazo por encima del hombro y la atraje hacia a mí. En sus ojos vi lo agotada que se encontraba y sin más le pedí que nos marcháramos y dejáramos al resto seguir celebrando, debíamos dormir.

      - Papá – me acerque a su lado – Con Renata nos vamos
      - Hijo vayan a descansar a tu antigua habitación, no es necesario irse al departamento
      - Gracias papá pero no es necesario, nos vamos a nuestra casa
      - Sí así lo quieres, vayan con cuidado
      - Así es. Marcos nos llevara

Una hora después de los miles de abrazos, de los miles de buenos deseos en nuestra vida pudimos salir de casa de mis padres en dirección por fin a nuestro departamento para estar juntos y solos.

***

No sabía que tan cansados podíamos llegar a estar hasta que despertamos casi once horas más tarde. Entre cariños y risas nos metimos a la ducha, de por vida quería despertar de esta manera, si fue la mejor decisión de mi vida. Y no podía estar más seguro, en la cara de felicidad de mi esposa me daba cuenta que pensaba lo mismo.

      - ¿Tienes que ir a la oficina? – pregunto mi amor desde la habitación donde se hidrataba la piel.
      - Aun me quedan un par de días
      - ¿Iras conmigo a la cita del médico de Dani?
      - Lo dudas – Salí del baño con la toalla anudada en la cintura – No me perdería por nada del mundo ver nuevamente a mi hijo
      - Perfecto, la llamare más tarde para que me agende una hora para unos dos días
      - Pero si te sientes mal vamos de inmediato
      - No es necesario amor, estoy bien, estamos bien
      - ¿Estas feliz?
      - Muy feliz, me encanta estar en casa por fin.
      - ¿Sabes?
      - ¿Tu eres feliz?
      - Claro que si amor, a tu lado soy el hombre más feliz del mundo, y pronto lo seré mas cuando este bebé – toque su vientre desnudo – Este entre nosotros
      - ¿Aunque llore todo el día?
      - Sera la mejor canción que poder escuchar
      - ¿Aunque no te deje dormir por las noches?
      - Serán las mejores desveladas de mi vida
      - ¿Aunque este más pendiente del él que de ti?
      - Sé que podrás hacerlo de la mejor manera posible para estar con ambos, no dudo por un solo minuto que sabrás ser madre y esposa, ser amiga y mi amante.
      - No quiero defraudarte amor
      - Lo harías si no te preocuparas como lo haces por la gente que quieres, y por sobre todo por nosotros que somos tu familia.
      - Son mi vida, tú y este bebé
      - Me agrada saberlo, anda dame un beso y termina de vestirte

Se acercó a mi lado y dejo caer una lluvia de besos por mi rostro.

      - Sabes amor – me volvió a decir cuando se arreglaba los jeans – No hemos hablado de los posibles nombres para el bebé
      - Es verdad –
      - ¿Cómo te gustaría que se llamase si es una niña?
      - No lo sé, ¿Cuál te gusta a ti?
      - Muchos, pero creo que tu deberías elegirlo
      - ¿Por qué?
      - Porque yo lo hare si es niño
      - Me parece un buen plan
      - ¿Verdad que si?
      - Si, pero cada uno tendrá que estar de acuerdo, no quiero que mi hijo se llame de una manera muy extraña ni como algún antiguo amor tuyo

Al terminar de decir esas palabras fue consiente del error que había cometido al nombrar antiguos amores. Me apresure en llegar a su lado con la camisa sin abrochar los botones y la abrace por la espalda.

      - Perdóname amor – le dije depositándole besos en la cabeza –Lo dije sin pensarlo
      - El único nombre que podría ponerle a mi hijo sería el de mi único amor
      - ¿Único amor? ¿Y cual sería ese nombre señora?
      - Thiago –
      - ¿Qué?
      - Thiago – río – ese sería nombre de mi hijo
      - Nuestro amor, nuestro. Pero no, no quiero que mi hijo lleve mi nombre, ya con un Thiago Lackington es suficiente. Tampoco pienses en el de mi padre, ni el de tu padre. Un nombre único e original para el nuevo Lackington
      - Si tú lo dices. – se alzó de hombros y volteo en mis brazos. – Y si es niña que no sea el nombre de alguna de tus ex novias.
      - Tú fuiste la única
      - Sabes que no es así. – Frunció el ceño – Pero no quiero discutir contigo amor, pero ya sabes cuales son las condiciones. ¿De acuerdo?
      - De acuerdo señora mía


***

Una semana en Chile, una semana donde las cosas con Renata están cada vez mejor, nuestro hijo está en perfectas condiciones y listo para seguir dando guerra dentro del vientre de la madre, nuestras familias felices y mi querida hermana con su famoso anillo de compromiso.

El momento de volver a trabajar se acercaba, pero también con eso se nos venía encima la luna de miel. Ya le había comentado a Renata que preparara una pequeña maleta con algo de ropa ligera, pero sin dejar fuera algo más grueso. Sin hacer preguntas ella fue capaz de hacer la suya y la mía.

A las cinco de la tarde ya íbamos camino al aeropuerto con dirección al Desierto de Atacama, para salir rumbo a Bahía Inglesa, esa preciosa playa de arenas blancas. Tenía muy lindos recuerdos de ese lugar cuando de niños mis padres nos llevaban con Tía Naty.
Esperaba y a mi mujer le gustara el lugar que había elegido.

La primera noche no salimos de la cabaña que había rentado para nosotros, debido a que Renata estaba cansada. Su pequeña barriga ya estaba dando guerra.

      - ¿Te sientes mejor? – pregunte a penas sus hermosos ojos se abrieron con el sol de la mañana.
      - Si amor, solo fue el cansancio del viaje
      - Si lo hubiera sabido nos quedábamos en la casa, encerrados en la habitación
      - Claro que no, quiero salir contigo, disfrutar de nuestro matrimonio, disfrutarte a ti. – Se subió a horcajadas sobre mí – Quiero que me hagas el amor
      - Sabes que no es prudente – trate de parecer convincente cuando lo único que hacía era despertar a una parte de mí que trataba de mantener a raya hasta que nos dieran luz verde
      - Lo hacemos despacio, lento. Por favor –

Renata estaba convencida de lo que quería hacer, por lo cual se movía provocadora sobre mí. Estaba dispuesta a llevar a cabo su plan, su plan de provocarme

      - Renata…
      - No me digas que no…
      - Sabes que no puedo –

Y así fue como caí en la tentación de hacerla mi mujer una vez más, suavemente le hice el amor como ella tanto quería, su cuerpo estaba cambiando, viéndola sobre mi completamente desnuda podía apreciar lo magnifico que estaban sus pechos, su vientre que ya se pronunciaba.

Dos horas más tarde luego de un relajante baño en el jacuzzi, ella eligió un bikini y nos fuimos de la mano a dar un paseo por la playa.

      - Anda Thiago - Íbamos caminando por la orilla de la playa.

El paisaje era hermoso, pero era mucho más hermoso verla a ella caminar con su pelo suelto y al viento. Esa pequeña tanga negra, era digno de pararse y apreciar. Con su vientre resaltando que era mía, que me pertenecía, que cargaba a mi hijo en ella.

      - No, camina. Quiero andar en la moto -  Rezongaba mi ángel de cabello rubio.
      - Me encantas - Le dije cuando la alcance y la tome por su cintura para hacerla girar en mis brazos.

Su risa, sus carcajadas eran el sonido más hermoso, mejor que un pájaro cantar.

      - Bájame, la gente nos mira - Pare y la puse de frente a mí, sus pies tocaban la arena, pero sus labios tocaban los míos.
      - Te voy a besar - Le dije seductoramente  - Muero por besarte
      - Estas tardando - Rezongo y acorto los centímetros que separaban nuestros labios.
      - Me gusta como saben tus labios, me gusta como es tu piel bajo mis manos. Te amo mi amor, eres mi vida completa.
      - Y tú la mía

En el traje de baño comenzó a sonar un móvil y por más que lo ignoramos seguía sonando una y otra y otra vez.

      - Voy a contestar - Le dije separando un poco nuestros labios. Asintió con la cabeza.

Saque mi móvil y lo lleve a mi oído sin siquiera mirar la pantalla. Sin perder la conexión con sus ojos. Era muy fácil perderme en sus ojos, ellos me incitaban a estar por siempre mirándolos.

      - Lackington – dije en seco
      - Buenos días Thiago, soy Florencia
      - ¿Pasa algo? – pregunte en seguida
      - Nada, solo te llamaba para saber cómo estaban
      - Bien, gracias. Estamos de luna de miel.
      - ¡Que alegría! ¿Cómo sigue tu hijo?
      - Perfecto dentro de su madre.
      - Dale mis saludos a Renata y comunícate conmigo cuando vuelvas a trabajar.
      - Se los daré. Buenas tardes Florencia

Al volver a guardar el móvil en el bolsillo Renata soltó mi mano y se instaló frente a mí.

      - ¿Qué paso? ¿Qué quería Florencia?
      - Nada amor, relájate
      - ¿Para qué te llamo?
      - Para saber cómo estábamos – dije tranquilo – Dejo saludos
      - ¿Te llamo para dejar saludos? ¿Para saber cómo estábamos? ¿Desde cuándo hace eso?
      - ¡Stop! Amor no comiences a pensar cosas que no son. No he dicho nada que me haga comentar una falta y ella tampoco.
      - NO quiero que te llame – dijo furiosa y comenzó a caminar
      - ¡Amor! – la llame cuando comenzaba a caminar cada vez más rápido y no se volteaba.

Podía imaginar toda las cosas que por su mente estaban pasando pero yo no tenía nada de culpa, solo fue una llamada de amigos.

      - Renata – le volví a decir

Corrí hasta alcanzarla y la tome en mis brazos con el cuidado que requería.

      - Estoy aquí, contigo. Eres mi esposa.
      - No quiero que te llame.
      - Esta bien amor, no lo hará nunca más.


lunes, 18 de agosto de 2014

#24 Caminos Inesperados

Capítulo 24

Mis nervios no daban para un mal rato más, había pensado en mí, en mi hijo pero no estaba funcionando a pesar de ser la señora Lackington los problemas nos seguían, la estúpida de Florencia (que aún me caía mal a pesar de nuestra conversación de bebes) había dicho que detendríamos esto. Claro que lo haríamos, mientras mi sobrina se fuera con nosotros. Sin ella no me iba, no se lo había comentado a Thiago porque simplemente se negaría. No había forma de cambiar de opinión, si Carol no viajaba con mis padres yo no me iba a ninguna parte.
No dejaría a un ser tan despreciable cerca de la inocencia de la niña, de mi sobrina. Ella no tenía culpa de que su madre fuera aún más tonta de lo que fui yo por algunos años.

Lo primero que vi al entrar en la habitación fue las maletas de mis padres.

      - Volvieron los recién casados – dijo sonriente mi padre que estaba jugando con Carol sobre la cama
      - ¿Cómo lo pasaron? – pregunto apresuradamente Magda saliendo del armario
      - Bien – respondió mi esposo – Dejo la tarjeta sin crédito
      - ¡Mentira! – Me defendí – Solo compre algunas cosas
      - ¿Ropa para él bebe? –
      - Mucha – volvió a decir Thiago – Hasta para cuando vaya a la universidad
      - Eres un peligro – río mi padre – Una vez fue con Magda a comprar un par de zapatos, se trajeron la tienda
      - Ahora poco falto –
      - Eso no es verdad Thiago, eras tú quien veía un traje y decía este también
      - Y tu nada que te quejabas – rebatió
      - Pues no quiero nada entonces – trate de parecer molesta
      - No es para tanto – Thiago camino hasta estar a mi espalda y me abrazo tan fuerte que creí que me partía en dos. Me beso la mejilla – Puedes comprar todo lo que quieras, me encanta verte así de feliz pensando en ella – me acaricio el vientre y volvió la vista a Magda.  - ¿Cómo les fue?

Thiago tuvo más valor que yo para hacer esa temible pregunta.

      - Preferiría que lo hablásemos después
      - ¿Paso algo malo? – pregunto rápidamente
      - No hija, bueno eso creo
      - ¿Se viene o no la niña con nosotros? – pregunto Thiago.
      - ¿Cómo les fue con la demanda? – cambio de tema mi padre
      - Bien – respondió Thiago – Sera levantada y podremos irnos
      - Entonces se va la niña con nosotros – contesto él
      - ¿De eso iba su petición?
      - Sí. Quedando sin demanda, ella nos envía el documento firmado, no sabíamos cómo decirles su petición
      - Esta todo solucionado, llamare a Florencia para que sea lo primero que haga mañana y así viajan de inmediato en la tarde antes de que pueda cambiar de opinión – ordeno Thiago muy seguro que todo iría bien
      - ¿Y ustedes cuando se irán? – pregunto Magda
      - Mañana sabremos cómo esta nuestra hija y si podemos viajar de inmediato. Uno o dos días – contesto Thiago muy seguro
      - Prepararemos una cena en casa apenas estemos todos nuevamente juntos. Me duele dejar a mi hija en manos de ese energúmeno pero sola se tiene que dar cuenta
      - Magda yo creo que Constanza sabe lo que hace y es una mujer arriesgada pero dice estar enamorada. Contra eso no podemos luchar.
      - Nunca he podido contra mi hija, no lo pude antes y ahora menos. Me voy más tranquila llevándome conmigo a Carol
      - ¿Cómo te has sentido hoy mi amor? – me pregunto mi padre
      - Bien. – Me abrace a la niña – La voy a llevar a mi habitación

Cuando la fui a tomar en mis brazos Thiago me aparto suavemente y la cogió él. Con su mirada me decía todo, no quería que hiciera más fuerza de la permitida. Estaba siendo un poco más controlador, más preocupado y en parte me gustaba, pero por otro lado me asfixiaba ¡Me estaba sobre protegiendo!

      - ¿Quieren ver una peli? – pregunto Thiago dejando a Carol a mi lado. Ambas asentimos y nos acomodamos en la cama.

La pequeña enana estaba concentrada en la película viendo como las princesas se cambian de peluca y así se hacía pasar por la otra y ayudar a la princesa de verdad. La pobre se enamoraba del príncipe y la otra chica que era la princesa de verdad le gustaba quien le llevaba los zapatos. ¡Dios! Si hasta en las películas de princesas había problemas del corazón.

A mitad de la película Thiago entro con una bandeja con papas fritas y unos vasos con refresco, se acomodó a mi lado y automáticamente poso su mano sobre el vientre.
Le encantaba estar de esta manera, con su mano sobre su hija acariciándola suavemente de re ojos lo miraba concentrado en la peli tratando de entender algo, pero sin perder el ritmo de sus caricias.

Ya me imaginaba estos momentos de intimidad, de familia con nuestro retoño saltando por todos lados. No quería ni imaginar lo loco que iba a estar Thiago y lo buen padre que sería de todos los bebes que Dios nos mandase.



***


No espere a que fuera Thiago quien llamara a Florencia, fui yo misma hasta el despacho y urge entre los papeles hasta dar con el teléfono.
Luego de los saludos correspondientes y las preguntas de rigor entre de lleno al tema en cuestión.

      - Ya lo hable con Thiago y estamos seguros. –
      - Si es así, mañana a primera hora voy a los tribunales para alzar la demanda. Te llamare apenas tenga el documento que me acredite.
      - Me parece perfecto Florencia. – Dije con sinceridad – Eso es lo que necesitamos para que mis padres se puedan ir a Chile con mi sobrina, es parte de la petición de mi hermana.
      - Hagan que firme una copia legalizada de igual manera para que me la hagan llegar a mí.
      - ¿Y eso? – pregunte asombrada
      - Es para adjuntarla con los documentos que quedan acá. De esa manera tenemos más causantes para que no puedan hacer nada
      - Comprendo. –
      - Estando esto claro Renata, solo queda esperar que todo salga bien y así se puedan volver todos a su país yo me quedare pendiente de todo y cualquier cambio se los hare saber. No pierdan cuidado que ya hemos puesto a quien cuidara de tu hermana de muy cerca
      - Gracias Florencia, solo nos queda esperar el parte médico y poder irnos
      - Bueno te llamo mañana entonces para el documento y te deseo la mejor de las suertes, que vuestro hijo este de la mejor manera y se puedan marchar a ser felices.
      - Nuevamente muchas gracias, estamos en contacto.

Suspire tantas veces como pude siendo consciente de que todo iba a estar más que bien, que esto solo sería una nueva pesadilla en mi vida.

      - ¿Qué hace aquí? – me pregunto mi hermoso marido desde la entrada del despacho
      - Hablaba con Florencia, le indique como proceder.
      - Y qué fue lo que te dijo
      - Que íbamos bien, que le enviáramos una copia del documento firmado por Cota. También me dijo que tú  me besaras y que me dijeras lo mucho que me quieres
      - ¿Besarte y decirte que te quiero? Me parece una prueba difícil
      - ¿Así? – alce una ceja
      - Vamos a darnos un baño y meternos a la cama
      - ¿Mis padres?
      - Magda acostó a Carol y tu padre estaba terminando de empacar. Ha llamado mi hermana y tiene todo listo para cuando lleguen mis padres.
      - Haz hablado con Dani y no me lo has pasado.
      - Si – dijo burlándose – Es mi hermana y quería hablar conmigo. A demás…
      - Ve a bañarte Thiago. – le ordene
      - Vamos – me estiro la mano
      - Amor ve solo, yo quiero comer algo antes de irme a la cama. Tengo muchísima hambre.
      - ¿De verdad? Si cenamos hace menos de 2 horas
      - Pero tengo hambre. – Dije enfadada – ¡No es mi culpa!
      - Claro que no lo es. Anda sube a la habitación y te llevo frutas para que comas
      - Preferiría algo… mmm… más dulce
      - Fruta amor, comerás frutas.
      - Pero…
      - Hace unos días vomitabas todo, ahora quieres comerte todo. – Se burló – Sube yo te llevare algo
Le hice caso a mi querido marido y me fui a la habitación, antes de abrir la puerta pase por el cuarto donde estaba Carol y le bese su cabecita. Dormía profundamente la pequeña ajena a todas las preocupaciones del entorno y lo mejor que estaba ajena a la maldad.

Rápidamente y antes que llegara Thiago me cambie de ropa por mi pijama, no sin antes pasarme por frente al espejo y ver por fin un bulto en mi cuerpo. Estaba aquí, mi bebé se estaba haciendo presente. Sonreí como una estúpida.
Pero fue imposible no recordar lo que sentí la primera vez que estuve embarazada, la misma felicidad, pero el miedo y la angustia por pensar en Ernesto y en el que diría cuando lo supiera.

      - Ponte de lado – me dijo Thiago entrando en la habitación con la bandeja en sus manos.

Le hice caso de inmediato y baje mi mirada hacia donde estaba mirando él.

      - Mira está creciendo – le dije
      - Si amor. Deja hacerte una foto
      - No Thiago que vergüenza.
      - Anda si solo la veré yo…
      - ¿Seguro?
      - No – dijo con sinceridad – Se la mostrare a mis padres y a todos los que me pregunten por mi hija.
      - Lo sabía – reí – Anda hazlo rápido

Me quede en esa posición el tiempo que se demoró en sacar un par de fotos y lanzar el móvil sobre la cama, luego arrastrarme a mí con él y recostarme a su lado con mi cabeza apoyada en su pecho cubierto por una playera blanca.
Nos quedamos tanto tiempo en silencio hasta que sentí como su respiración se hacía cada vez más lenta y pausada.
Alce poco a poco la vista hasta encontrarme con su cara pacíficamente durmiendo. Me reí para mis adentros y trate de levantarme para cubrirnos con las cobijas, pero el solo me sujeto aun mas fuerte por la cintura o lo que quedaba de ella.

Al ver que no tenía como escapar y no quería despertarlo me cobije entre su calor, entre sus brazos donde verdaderamente estaba en paz.

Mientras le acariciaba el pecho sobre su corazón me di cuenta que no había un mejor lugar, que sin duda la llegada de Thiago a mi vida era lo mejor que me podía pasar.

El día en que lo había conocido, esa primera vez que estuvimos juntos ese día había cambiado todo. Thiago había llegado a cambiar mi vida, a darme alegrías a darme felicidades, a darme lo mejor de él y sacar lo mejor de mí. También lo peor, sabía y podía estar segura que a su lado encontraría grandes cosas, mucho amor y también discusiones, problemas. Pero soportaría eso y más con tal de estar de esta manera cada noche, nunca más quería dormir lejos de él, nunca más quería hacer nada que no tuviera que ver con él...

La visita al doctor fue rápida y llena de emociones, vimos nuevamente a nuestra semilla de amor. Estaba completamente sano y creciendo como debía ser. El medico nos aseguró que ya estaba firme y debía guardar reposo un par de semanas más pero eso no me impedía viajar. ¡Qué mejor! Nos íbamos a Chile.
Perdí la cuenta cuantas veces Thiago le hizo la misma pregunta ¿Puede viajar sin que el bebé corra algún peligro? Cuando le decían que si volvía a la carga con una pregunta similar ¿Es seguro? ¿Corre algún peligro? ¿Nos recomienda algún colega? ¿Puede tomar el avión sin ningún problema?

El medico nos entregó los documentos sobre mi ficha clínica, los últimos exámenes y todo lo necesario para que viera mi nuevo medico cuando estuviéramos en casa. ¡En casa!

Saliendo de la consulta Thiago me abrazo tan fuerte y me beso desesperadamente agradeciéndome haber llegado a su vida, haberle dado la posibilidad de formar una familia y sobre todo de amarlo con la misma fuerza e intensidad que él a mí.

Estaba acostumbrada ya a las muestras de amor de su parte, en cada momento, en cada lugar, nada le importaba. Y eso me hacía completamente feliz. No era solo caminar por las calles de la mano. No, era besarme, era tocarme, era demostrarle al mundo que me amaba con locura.

Tan rápido como llegamos al estacionamiento nos dedicamos a informarles a nuestras familias los últimos acontecimientos, siendo los más felices de esto mis padres que están próximos a tomar su vuelo.

      - Que alegría saber eso mi vida – dijo mi padre en el teléfono
      - Si papá
      - Hija, nosotros abordamos en este momento, te llamamos cuando lleguemos. Cuídense y mañana los esperamos en casa.
      - Que lindo se escucha eso. Estoy tan emocionada.
      - Magda te manda a decir que no te preocupes por nada, que llegando preparara la habitación vuestra y tendrá una rica cena o desayuno.
      - No es necesario, nos iremos al departamento de Thiago.
      - ¡ah! – Suspiro – Pensé que se quedarían en casa unos días
      - No papá, ya lo hemos conversado y nos iremos a su departamento
      - nuestro departamento – acoto Thiago pendiente de mi conversación
      - Dile a tu marido que comprendo que te quiera solo para él, pero no puedes estar tanto sola.
      - No lo estaré, de verdad no te preocupes papá. Que para eso ahora tengo mi marido
      - Yo la cuidare suegro, y de la mejor manera
      - Ya lo oí hija, dile que eso espero o se las verá conmigo. Te tengo que dejar nos llaman a abordar.
      - Me llamas cuando lleguen. Les dejo un beso enorme y cuiden de mi sobrina
      - Buen viaje suegro, nos vemos luego.
      - Os quiero.


Al llegar a la casa estaba todo en completo silencio, aún más que el día que mis suegros se fueron, teníamos la casa para nosotros solos. Solo quedaba Marion que era la encargada de que todo siguiera funcionando.

No habían risas, no había nadie más con quien conversar y no había con quien cenar más que con Thiago.
El al ver mi cara de tristeza por la situación solo me abrazo más fuerte.

      - Amor, mañana estaremos todos juntos nuevamente
      - Se siente tan solo.
      - ¡Hey! Acostúmbrate al silencio, al que solo este yo
      - Lo sé, pero a diferencia que tú departamento es más pequeño
      - Nuestro – me corrigió – Es nuestro, y si es más pequeño pero no será por mucho.
      - No Thiago, yo no quiero una casa enorme, no quiero sentir esto. Soledad
      - Enorme no, pero si lo suficientemente grande para que tú y nuestros hijos tengan el espacio suficiente.
      - ¿Tendremos muchos verdad?
      - Todos los que Dios nos quiera mandar, me hubiera gustado que mis padres hubieran tenido más hijos, amo a Dani, pero ella era una niña y no siempre podía seguir mis juegos. Ian tardo mucho en llegar
      - Recuerdo como Dani corría tras de ti todo el día.
      - Y tú también no te hagas, bien que las recuerdo
      - ¡Porque eran los únicos niños! A demás papá no me dejaba ir a casa de mis amigas de la escuela.
      - Eras una niña muy consentida de mi madre
      - Lo sé, pasaba todos los días en esa casa. Haciendo galletas y pasteles. Luego naciste tú, pero nada cambio, seguíamos siendo muy unidas. Cuando Dani llego mi padre me dejaba ir cada vez menos. Y eso porque la tía tenía que cuidar a la bebé.
      - ¿Ir menos? – Río – Pasabas todos los fines de semanas en mi casa.

Nos quedamos recordando lo que hacíamos de niños, mientras mi padre se dedicaba al negocio del restaurant. Y buscaba la mejor manera de sacarnos a delante, luego de eso cuando llego Magda a cuidarme y poco a poco se fue metiendo más y más en nuestros corazones.

Aún recuerdo el día en que venía llegando de la escuela y entre en la cocina en completo silencio, ese día los sorprendí besándose. Ambos se separaron tan rápido como me vieron y trataron de parecer distraídos. Pero yo no era una tonta y se los dije, salte de felicidad cuando me contaron que tendría una hermana.
La noche en cuando Cota nació hice una pataleta como nunca antes solo para que no me dejaran en casa de tía Nata, yo quería ser la primera en conocerla. Y así lo hicieron.

Dios no me dejo disfrutar a mi madre pero a cambio me envió a Magda, a pesar de los pesares, ella fue lo mejor que nos pudo pasar.

Luego de la cena nos fuimos a preparar las maletas, mi pequeño bebé tenía su propia maleta, llena de juguetes y ropa tan pequeña que temía cuando lo tuviera en mis brazos.
      - ¿Dónde estás? – pregunto Thiago al ver que me quedaba en silencio con un pequeño traje de bebé verde agua en las manos
      - Será tan pequeño – le susurre – Que ganas de tenerlo en los brazos
      - Siento las mismas ganas que tú. Imaginar a la princesa entre nosotros, escucharla llorar, verla alimentarse.
      - ¿Por qué dices que será una niña?
      - Mi padre una vez me conto que cuando mamá estaba embarazada de mí, siempre me hablo como si fuera una niña. Y mira resulta que salí bien hombre
      - ¿Entonces tu pretendes hacer lo mismo con nuestro hijo? Le hablas como si fuera una niña y de resultado tendrás un niño
      - La verdad es que espero que le hable como una niña y salga una niña. Quiero una niña. Amor dame una niña hermosa como tú, con esos maravillosos ojos.
      - ¿Y si no? – pregunte asustada
      - Lo amare de igual manera, puede ser un niño con los rasgos de su madre, con su personalidad. De igual manera será tan perfecto como tú
      - Y como tú
      - Yo no soy perfecto, he cometido miles de errores. Pero mi único y mayor acierto fue enamorarme y enamorarte.