lunes, 5 de mayo de 2014

#9 Caminos Inesperados

Capítulo 9


La conversación con Renata me dejo dando vuelta muchas cosas en la cabeza. Estaba enviando a mi Dani, mi princesa a cometer una locura, el peor error de su vida. Y yo no iba a poder con eso, cargar por siempre el odio de mi hermana y mi familia solo porque no me gustara Marcos para ella.

Ya estaba harto del Hotel, y esta vez tome rumbo a mi departamento, todo a escuras tal como la última vez y una ola de desesperación me invadió
Esa habitación estaba tal cual ¿Habría sido capaz de golpear a mi hermana? ¿En qué clase de ser deplorable me estaba convirtiendo? Era lo que no quería ser.

Aborrecía al ex de Renata por hacer eso y yo me estaba comportando igual.
Antes de ir a darme una re confortable ducha conecte mi móvil a la energía, por este arrebato había dejado a su suerte todos mis asuntos laborales.

Volvieron a mi mente las palabras de Renata “Te necesite como amigo, como abogado” ¿Qué había querido decir con eso?

Media hora más tarde ya con un café en la mano encendí el aparto, cientos de llamadas de mi madre, mas unas pocas de mi padre, Dani, Ian, Marcos y Renata. Sin mencionar a mis amigos y las de la oficina. De verdad todos estaban muy preocupados.


“Te he llamado mucho porque te extraño. Recuerdas
Nuestra última conversación. Ya está todo claro”


Por la fecha no fue precisamente la conversación de hoy, una idiota sonrisa se puso en mi cara. Estaba lista para que le volviera a hacer el amor, pero era eso ¿Por qué no me beso? Sacudiendo la cabeza me dijo que tal vez su rabia pudo más


“Hijo por favor comunícate conmigo. Mamá”


“Amoooor ¿Dónde estás? Te extraño bebé”


“Perdóname por defraudarte nunca fue mi intención. Quiero volver a ser tú
Hermana y esa cosa que crece en mí no lo hará más. Te amo por sobre todas
Las cosas. Daniela”


“Sr. Lackington se le solicita a la brevedad. Constructora”

“Ernesto apareció. Es urgente que te comuniques
Conmigo. Gabriel”


¡Mierda! ¿Algo más que tenga que saber? Entre Daniela y Renata me van a volver loco. Dada la hora dudo que pueda hablar con alguna de esas personas. Eso quedara para mañana, todos los problemas para mañana.

Abrí una botella de whisky y vacié un poco en el café, luego de un par de tragos, le di solo al whisky. Una borrachera me vendría bien para despejar la mente en estos momentos.


Mi móvil comenzó a sonar en la mesa de noche, ya no podía ignóralo mucho más llebava horas sonando. Sin levantar la cabeza de la almohada lo recogí y con medio ojo abierto lo mire. Era un mensaje de Renata.
Acto reflejo ignorando el dolor de cabeza abrí ambos ojos y me senté centre en lo que hay decía.

“Clínica Tabancura piso 4”


Nada más, ni un buenos días, ni un te extraño. Re leí el mensaje y fui consciente de lo que era una clínica. ¿Qué hacia ella ahí? Tal vez el imbécil volvió anoche y la golpeo, su mejilla se me vino a la mente ¿Ya le había pegado otra vez?
Le devolví la llamada pero ella no lo cogió, me lance de la cama y me enfunde la misma ropa del día anterior no tenía tiempo que perder. Ni ducha ni nada mas solo tenía que verla, si algo le había pasado debía estar con ella.

Arranque el coche haciendo chillar los neumáticos, recorrí las calles como un loco. Muerto de miedo. Desesperado.
Mi móvil volvió a sonar esta vez era un número desconocido pero no dude en contestar.

      - Lackington – gruñí a la alta voz del coche
      - Buenos días señor Lackington. Habla Ricardo Monasterio de la embajada Española.
      - Buenos días Sr. Monasterio
      - El motivo de la llamada era para avisarle que a primera hora estuvo en la oficina del juez encargado del divorcio de la Sra. Renata Omalei. Él Sr. Omalei puso un amparo debido al abandono de la Sra. del hogar y del país. A su vez pidió un plazo para terapia de pareja con la intención de evitar el divorcio
      - Maldito – gruñí - ¿Para cuándo tenemos citación?
      - El Sr. la pidió para lo antes posible pero debido a que él tiene que volver solicito que todo se llevase a cabo en España…
      - La Sra. no va a volver a España, hasta el juicio si es que el acusado no firma por voluntad.
      - Podríamos acceder a la terapia que pide – sugiera el idiota
      - No eso solo nos tomara más tiempo –
      - Es un matrimonio el que está en juego – replico
      - Lo sé. Y la Sra. Omalei está dispuesta a llegar a las últimas instancias
      - Veré que puedo hacer. De todas maneras tiene que viajar a realizarse la prueba de embarazo pertinente y de salir positivo todo se complica.
      - Lo sé. Esa cita es hasta dentro de un mes. Y será cuando viajemos antes no –
      - Bien. Planteare su punto de vista y le avisare de la cita.
      - Espero su llamada
      - Hasta dentro de unos días Sr. Monasterio

¿Bien algo más que añadir? El juicio iba a ser si o si Renata no quería seguir casada hasta hace un mes y medio atrás, nada ha cambiado con eso. La prueba de embarazo sería negativa y por fin seria libre. Por fin podría haber un “nosotros” y dejaríamos de ocultarnos. Era cosa de un mes a lo mucho dos. Solo teníamos que mantenernos juntos.


Afuera de la entrada principal de la Clínica mis nervios acrecentaron mucho más.
Le pregunte a la recepcionista por ella y me comunica que no está ingresada. Re leo el mensaje nuevamente tratando de comprender algo, y decido subir al piso que ahí indicaba. Nunca me había dado cuenta cuanto odiaba el olor a los hospitales, de los enfermos. Y de solo imaginármela en una camilla conectada a maquinas se me pusieron los pelos de gallina.

      - Disculpe ¿Puedo ayudarlo? – me pregunto muy amablemente una enfermera en medio del pasillo del cuarto piso
      - Busco a una mujer – sonrió
      - Acompáñeme por acá –

La seguí hasta un mesón donde se puso detrás tecleando en un computador, y luego alzando la vista dijo

      - ¿Su nombre? –
      - Thiago Lackington – sonrió
      - No el de la persona que busca Sr. Lackington
      - Renata Omalei

Tecleó el nombre de Renata con el ceño fruncido, estaba concentrado en sus facciones en como volvía a teclear una y otra vez.

      - No señor. Nada – me dijo luego de un momento
      - Imposible – dije – Me envió un mensaje con este piso y esta Clínica.
      - ¿Está embarazada?
      - No – fruncí el ceño
      - Este piso es de post-parto, ginecología y pediatría

Tarde dos segundos en encajar las piezas de este juego. No era Renata la que estaba aquí

      - Puede revisar por favor a Daniela Lackington –
      - De inmediato

Mientras tecleaba, aparte mi vista y observé a todos lados y por un momento pensé que mi hermana si había cometido la locura de abortar

      - Habitación 305 – confirmo
      - ¿Por qué esta aquí?
      - ¿Usted es? –
      - Su hermano –
      - Ya veo. El diagnóstico es sangrado, ella llego con una posible perdida. Ya está controlado pero es necesario que se quede un par de días mientras él bebe se estabiliza.
      - Gracias –

Puerta a puerta fui pensando que decirle cuando la viera. Necesitaba abrazarla y pedirle perdón.
La puerta 305 estaba ahí. Detrás de eso había mucho dolor para mí.
Golpe suavemente con los nudillos y espere. Mis manos temblaban y sudaban

      - Adelante – dijeron desde adentro
      - Permiso – dije avergonzado con los ojos pegados al suelo
      - Estaré afuera – escuche decir a Marcos que paso por mi lado
      - No se encuentra bien – dijo Renata en mi oído, no pude dejar de sentir culpa – Mantén la compostura
      - Gracias – le susurre y le bese en la mejilla

Salió de la habitación, quedando solo con ella. Camine hacia la ventana y admire la ciudad sin saber que decir o más bien por donde comenzar.

      - Perdóname – dijo Dani comenzando a llorar
      - No. No llores – le pedí acercándome a la cama – Tienes que estar tranquila por mi sobrina
      - Perdóname hermano, yo te amo –
      - Y yo a ti princesa. Perdóname tú a mí por ser idiota y reaccionar de esa manera fue exagerado. Perdóname por intentar golpearte

No pude evitar contener las lágrimas que salieron de mis ojos, nos fundimos en un cariñoso abrazo. De esos que siempre nos dimos. Fue por mucho tiempo que estuvimos así, en silencio entregándonos el cariño que tanto nos hizo falta a ambos.

      - Lo siento princesa, fui un animal
      - Yo también tuve culpa, pero me enamore Thiago. Somos felices con Marco está tan angustiado como yo por todo esto.
      - Luego hablare con él – confirme – Ahora solo quiero mimarte a ti y a esta pequeña guerrera que tenemos aquí

Pose mi mano sobre su vientre y una corriente eléctrica estremeció mi cuerpo. Ya nada me hacía cambiar de opinión amaría tanto al bebé como a su madre. Una sobrina venia en camino.

      - ¿Hace cuánto lo sabes?  - pregunte
      - Tengo 6 semanas, lo sé hace 2 –
      - ¿Por qué no me lo habías dicho? –
      - Tenía miedo de tu reacción. No era fácil decirte ¡Hola! Estoy de novia de Marco y tendremos un hijo –
      - ¿Por qué él? –
      - Llevamos saliendo mucho tiempo. Pero hace 3 meses que me pidió formalmente ser su novia y acepte. Lo conozco mejor que nadie. Es atento, amoroso y lo más importante nos queremos –
      - ¿No pensaste que os pillaría de esa manera? –
      - Cuando nos dejaste por ir tras Renata. Marco me conto que salían hace un tiempo. Pensé que no volverías o lo harías con ella y no te darías cuenta. Pero nada salió así
      - No – corte – Esa noche toda salió mal
      - ¿Por qué no me contaste que salían? Te habría ayudado –
      - Es complicado. Ambos estamos atados. Eso dejémoslo para cuando estén mejor
      - ¿La quieres?
      - Cotilla – me reí
      - Thiago la quieres te ha pillado. Admítelo
      - Un poco. Pero ya otro día cuando estén mejor las princesas te contare toda la historia –
      - ¿Historia? Wooow que intenso. Llevan un mes y tienen historia
      - Ya te lo explicare, pero esto no viene hace unos años –
      - No me lo creo – exclamo – Cuéntame – pidió

Unos golpes en la puerta nos hicieron reír al unísono dijimos “Adelante”. Me iba a poner de pie de su camilla pero ella me sujeto el brazo.
Le pase por detrás de su cabeza mi brazo y ella apoyo en el pecho

      - ¿Interrumpimos? – dijo Renata entrando del brazo de Marco
      - No -  conteste 
      - Claro que si – dijo Dani – Le estaba preguntando por ustedes – río a carcajada – Me alegra que estén juntos
      - ¿Juntos? – Pregunto Renata – No Dani. Eso ya paso. – sorprendido la mire – Thiago podemos hablar un momento afuera
      - Si – dije incrédulo ante aquella revelación ¿Ya paso?

Al pasar por el lado de Marcos me pare a su altura le toque el hombro provocando su mirada en el acto

      - Cuídalas

Dicho eso salí hacia el pasillo cerrando la puerta tras de mí.
Ahí me esperaba Renata con su cara que no me decía nada, llena de angustia. Di un paso hacia ella con la intensión de abrazarla, de tocarla pero ella retrocedió.

      - ¿Quieres un café? – pregunte tratando de ser amable
      - Vamos a la cafetería

Diez minutos más tarde ambos estábamos sentados agitando un café en completo silencio. Parecíamos dos extraños. Ya no podía soportar más el esta situación y decidí hablar

      - ¿Qué te paso en la mejilla? –
      - Nada – dijo sin levantar la vista del café
      - Y ese nada tiene que ver con que Ernesto este aquí

Y mis sospechas fueron resultas cuando una lagrima cayó sobre la mesa, cuando la vi como tensaba los músculos de su cuerpo

      - Me han informado hoy que va a apelar a una terapia familiar para evitar el divorcio –
      - Me voy Thiago – dijo en un susurro
      - ¿¡Que!? 
      - Vuelvo a España –
      - No es necesario – dije seguro – Te volvió a golpear y quieres volver con él ¿Te has vuelto loca? – Suspire – No lo voy a permitir
      - Nada puedes hacer, ya lo he decidido. Es mi marido y tengo que estar con él.
      - ¿Y yo? –
      - ¿Tú que Thiago? Tú tienes una vida –
      - Pero contigo – trate de tomar sus manos y ella me rechazo - ¿No puedo hacer nada?
      - No. – Se secó algunas lágrimas – Tengo el boleto para 2 semanas
      - ¿Qué te hizo cambiar de opinión?
      - Es mi marido –
      - No quiero que te vayas – confesé – Quiero luchar por esto
      - ¿Y qué es esto? Se supone que tenemos algo. Bueno estoy terminando contigo. Sigue con tu vida, sigue con Andrea. Detiene todos los tramites o mejor aún lleguemos a la terapia tal vez le haga bien a mi matrimonio
      - ¿Eso es lo que quieres?
      - Si –
      - Eso tendrás –
      - Lo siento – dijo en un susurro – No quería que esto pasara
      - No yo Renata – me puse de pie – Iré a ver a mi hermana

Comencé a caminar por el pasillo, sintiendo como se me humedecían mis ojos

      - Thiago por favor – dijo sujetando mi brazo en medio del pasillo
      - Olvídate de que fuimos amantes, amigos o lo que quieras. Soy tu abogado y limítate a eso. Si tienes algo que decirme que sea en la oficina y pide una cita.
      - ¿Es necesario que seas tan cruel?
      - ¿Cruel? – Sonreí – No más de lo que estas siendo tu cariño, dile a Dani que tuve asuntos que atender.
      - ¡Debo hacerlo Thiago! ¡No es que quiera! –
      - ¿Por qué? Sabes que no es necesario yo tengo todo…
      - No Thiago – grito – No tienes nada bajo control, llego hasta mí. Me volvió a golpear y ¿tú dónde estabas? Tan metido en tu mierda que no fuiste capaz de contestar el móvil. No estabas para mí. Déjalo así mejor. Es mejor que esto acabe de una vez y cada uno vuelva a su vida.

      - Di y haz lo que quieras. No moveré ni medio dedo más por ti. Ya sabes pide cita con mi secretaria

Me fui a la entrada del hospital, necesitaba estar solo. Necesitaba tratar de comprender la mente de esa mujer. Se iba, pues si eso quería que lo hiciera, no nevería ni un dedo para sacarla, para salvarla. Esa era su decisión y aunque se me partiera el corazón, tenía que hacerlo así. Así tenía que ser.

      - ¿Qué quieres? – pregunte a penas cogí el móvil
      - Mi Amoooor que bueno que me coges el teléfono – resople, justo lo que me faltaba para coronar mi día
      - Andrea te he dicho que nosotros no tenemos nada. Déjame en paz – gruñí
      - Thiago, mi amor ¿Pero qué te pasa?
      - Que me canse Andrea, me canse de toda esta mierda. Yo no te amo, nunca lo he hecho. No quería hacerte daño pero no me dejas otra opción
      - ¿Es por ella verdad?
      - ¿Por quién?
      - No te hagas, que bien lo sabes. Desde que apareció cambiaste ya no me hacías el amor, ya no me deseabas como antes. Ella destrozo cinco años de relación con su estúpida cara angelical
      - No le eches la culpa a alguien, que soy yo quien está rompiendo contigo. Soy yo el que no quiere nada más contigo. No vuelvas a llamar, no vuelvas a buscarme
      - Te vas arrepentir idiota, te lo juro. Se van a arrepentir. Juro que nunca podrán estar juntos, de eso me voy a encargar yo.
      - No te atrevas a tocar a Renata – gruñí
      - Eres un jodido hijo de puta, Thiago – reí – Eres lo peor de este mundo. Te odio imbécil
      - Hasta luego

No espere su respuesta y le corte, no estaba para insultos, para escucharla repetir que me arrepentiría o cuando me aborrecía.


Conduje hasta casa de mis padres, necesitaba hablar con ellos, necesitaba un abrazo de mamá. El consuelo de sus palabras aunque no supiera el porqué de mi dolor.

Nos pasamos las siguientes cuatro horas hablando de por qué me había ocultado todo, sin mencionar lo molesto que estaban ambos, por desaparecer de esa forma.
Se me hacía difícil pedir disculpas reconocer mi error, pero esta vez tenía que hacerlo. Agachar la cabeza y escuchar el sermón que correspondía. Mis padres tenían derecho. Sobre todo por cómo me había comportado.


Decidí no volver a la Clínica esa tarde, sabía que me la encontraría y ya estaba decidido. Si ella no me quería, yo no tengo por qué hacerlo. Y desde hoy me libero de lo que me ata a ella. Renata Omalei es solo mi clienta. Nada más.

      - Lackington – conteste
      - ¿Cómo estas hermano?
      - Princesa disculpa por no volver tuve una larga conversación con nuestros padres y ahora quiero una ducha y dormir. Prometo ir mañana temprano y llevarte tú desayuno favorito ¿Vale?
      - Solo con el desayuno ya te perdono -  río – Pero no era por eso que te llamaba
      - ¿A no?
      - No, es que Renata no volvió y presumí que se habían ido juntos, pero ahora no me coge las llamadas por eso te llamo
      - No estoy con ella –
      - ¿Cómo?
      - Que no estoy con ella, que rompimos si es que alguna vez hubo algo. Eso ya no importaba princesa ¿Cómo pasaste la tarde?
      - Claro que importa, y no quieras cambiarme el tema ¿Qué paso?

Respire profundamente antes de comenzar a relatarle lo sucedió en la cafetería lo que me dijo y lo que le dije. Me lleve un regaño de su parte por mi actitud, pero que podía hacer si estaba completamente dolido. Echo una mierda por su actitud, con el corazón destrozado por su traición

      - Cariño, vamos. Aún está aquí. No está todo perdido –
      - Ya princesa. No quiero hablar más del tema –
      - A no. Me vas a tener que escuchar. Al igual que tu fui la última en saber y exijo una explicación
      - No fuiste la última. Solo lo sabía Marco y Nacho
      - Da igual. Yo no lo sabía por lo tanto te exijo que luches por ella, en un mes consiguió más que Andrea en años
      - Eso es verdad –
      - Ves y como lo es. Vas a tener que luchar. Porque si no lo haces no te lo perdonare nunca. Y ya verás cómo te arrepentirás
      - Tiempo al tiempo. Ahora tu no debes preocuparte por anda quiero que te relajes y cuides  de tu salud y de la del bebe, por eso te exijo que dejes el tema y descanses
      - Y yo te exijo que la llames y arregles las cosas
      - Otro día ¿Vale? –
      - No –
      - Vale la llamare – resople - ¿Contenta?
      - Mucho. Me avisas cuando termines de hablar – río – Besitos te amamos – y me corto.

¿Y ahora que debía hacer? Llamarla seria arrastrarme por ella y claro que no tengo intención de hacerlo. Fue ella, quien rompió conmigo. No al revés entonces ¿Por qué debía ser yo quien la buscara?
Tome el móvil y las llaves del coche, no me iba a quedar de brazos cruzados llorando en la cama como una mujer.
Un clavo saca otro clavo y bien que podía disfrutar de mi libertad esta noche, ya no estaba atado a ninguna mujer y era necesario celebrarlo.
Dos llamadas y la fiesta se armaba José y Mau disponibles, para buscar acción entre semana. Motivo. Los motivos me sobraban, voy a ser tío me parezca o no. Soy un hombre libre, libre y enamorado pero eso no venía al caso.

Pasada la media noche y luego de unos cuantos vodkas había llegado el momento en que nos teníamos que ir. O bueno eso querían los chicos. Yo aún tenía ganas de un par de tragos más total hoy a nadie le importaba
Ya había visto a la chica que hoy me mantendría despierto un poco más de horas. Su manera de bailar me tenía cautivado, como movía esas caderas que llamaban al pecado. Era el momento de actuar

Me despedí de los chicos porque una vez que llegara a su lado no había vuelta atrás no pararía hasta mañana.
Me acerque por su espalda y clave mis manos en sus caderas. Ella reposo su espalda contra mi pecho. ¡Aprobado!
Bailamos un momento más, solo dejándonos llevar por el momento, nos dedicamos miradas que expresaban solo lujuria, deseo. Sabíamos a dónde íbamos a parar.

Me jalo de la mano y me llevo hasta la barra, con toda confianza se sentó en un taburete, no habían falta las palabras.
Cada beso, cada caricia despertaba el libido, me apagaba la necesidad de tenerla conmigo

      - ¡No! No iba a pensar en ella – No la necesito, no voy a echar a perder la noche con sus falsos sentimientos. Con sus mentiras y estupideces. Ella se iba y yo debía seguir.

      - Ven cariño – ronroneo Alexa desde el borde de la cama – Ven aquí… - palmeo el colchón a su lado

Camine como un animal en celo, me apodere de su boca, de su cuerpo, cada gemido me pertenecía. Todos llevaban mi nombre


      - No me lo creo él idiota volvió a la vida después de un mes y medio y con borrachera incluida – río Nacho al otro lado del teléfono
      - ¿Quieres dejar de reírte? – Gruñí – Me revienta la cabeza
      - ¿Y qué tal la chica? –
      - No se
      - ¡Mierda! – Volvió a reír – Thiago hermano estas cagado
      - Lo sé –
      - ¿Y qué vas a hacer?
      - ¿De qué?
      - Va, que lo sabes. Volverás a ver a la chica de dudosa procedencia o trataras de arreglar las cosas con Renata.
      - No lo tengo claro. Ahora solo me importa mi hermana
      - Felicidades por el bebé, dile a Dani que cuando este mejor la iré a ver
      - Vale –
      - ¿Hablaste con Marcos? –
      - Hable con Dani y con eso me conformo –
      - Menuda sorpresa
      - Así es – resople – Bien te dejo que quiero pasar a verla antes de ir a la oficina
      - Vale un abrazo
      - Un beso a mi ahijada – dije al fin

Poco recordaba lo que había ocurrido la noche anterior, algunas imágenes vagas de una mujer y una habitación, un dolor de cabeza que confirmaba todo lo que había bebido y una promesa sin cumplir

Dani ya estaba mejor el médico le dijo que si los síntomas desaparecían la mandarían de reposo a la casa, lo cual nos alegraba mucho a todos.
El poco tiempo que estuve evite darle largas para preguntas personales, tampoco le conté de mi salida.
No había necesidad. Cuando me encontraba de salida cerca de las once de la mañana, unos suaves golpes en la puerta nos sacaron de la conversación

      - ¿Puedo pasar? – el susurro de su voz, el débil y triste tono me partieron el corazón
      - Pasa yo ya me voy – bese el cabello de mi hermana.

Me puse de pie de la cama, pasando por el lado de Renata, sin saludarla, sin mirarla. Haciendo como si nunca la hubiera conocido.


lunes, 28 de abril de 2014

#8 Caminos Inesperados


Capítulo 8

Eran tres días que no sabíamos nada de Thiago, soy la única que sabe la verdadera manera de como él se enteró del embarazo de Daniela.
El día que ella lo supo lo de su embarazo, acudió a mí a pedirme ayuda, sin saber que yo mantenía una relación con su hermano. Le dije que iba a ayudarla a contárselo, estábamos seguras que no se lo tomaría bien. Pero lo tomo mucho peor.
Tío Benja y Tía Renata, estaban desesperados, por no saber dónde estaba su primogénito. Y yo trataba de disimular mi angustia, si tan solo pudiéramos comunicarnos con él.
De primera su móvil sonaba y nadie lo cogía, ahora ya estaba fuera incluso del área.

La decepción también podía conmigo, cuando me fui para casa luego de una ducha, me encontraba aun peor. Ya no tenía lágrimas y mi padre que no era tonto se dio cuenta de que algo no andaba bien.
Me vi en la necesidad de contarle que estaba sintiendo cosas por aquel desaparecido. Como era mi padre, me dio su apoyo y que si ese muchacho sentía lo mismo por mi lucháramos por estar juntos.

      - Cuando era un niño, mi padre llevo a su ahijada a nuestra casa. Aquella niña había quedado huérfana de madre siendo una bebé, y ahora lo hacía de padre siendo una niña. Estaba sola en el mundo, y él le juro en su lecho de muerte a su padre que no la abandonaría y así fue.
Era una niña muy hermosa, y yo era pequeño, una tarde luego de ir a montar, mi madre. Tú abuela nos sorprendió besándonos. Fue un beso inocente. Pero mi madre no lo comprendió y evito a toda costa que nos reencontráramos. En las vacaciones me enviaba fuera, mayormente a España, un viaje no volví más. Y no la volví a ver.
Cuando mi padre enfermo, yo volví, y la volví a ver, pero yo ya estaba con tu madre y me hacía feliz, ella estaba con Mariano y luego surgió una hermosa amistad. Pasaron años antes de que la volviera a ver, y ahora nuestras familias pudiesen unirse.

Me quede un momento pensando en la historia de mi padre ¿Qué tiene que ver aquella mujer con nuestra familia? De pronto como si leyese mis pensamientos.

      - Seria muy hermoso que la historia que el destino nos negó a Renata y a mí se diera en ustedes ¿Le quieres? –
      - No estoy segura – conteste sinceramente
      - Lo estas, pero no quieres decirlo. Hija hay muchas cosas que no se de ti, no estuve contigo cuando todo lo de tu matrimonio paso. Quiero decir, en la pedida de mano tampoco. Menos estuve cuando te golpeo la primera vez. Lo hubiera matado por tocar a mi princesa. Pero ahora si estoy para alentarte a que luches por tu amor. Cuando Thiago aparezca, búscalo dile todo lo que sientes y espera que salga el divorcio y sean felices. Desde ya tienes mi bendición –
      - Gracias papá. Te amo – dije secándome las lagrimas
      - Y yo a ti mi vida. Y dile a Thiago que de mi parte que quiero un nieto. Un niño con quien jugar al balón –

No pude evitar sonreír. Si había algo que yo quería y estaba segura era de darle un hijo a Thiago. Tan pronto como fuera posible. Tener una casa llena de niños, de nuestros niños.

Cuando quede nuevamente sola en la habitación volví a tomar mi móvil. Una llamada ya no bastaría, y sabía que aquella voz me diría que Thiago no estaba disponible.

“Te he llamado mucho, porque te extraño. Recuerdas nuestra última
Conversación. Ya está todo claro.”

Con el corazón en la mano y el móvil espere una respuesta. Pero nada.
Llame a casa de Tía Nata y nada, la cuarta noche caía, no podía sentarme y esperar ya no.

Tome mi bolsa y chaqueta decidida a buscarlo en alguna parte, no se lo había tragado la tierra, en algún lugar debe estar.
Estaba bajando el último escalón, cuando una sonriente Constanza ingreso con el carrito del bebé y junto a ellas, una de mis peores pesadillas.

      - Hermanita – dijo risueña – Mira a quien encontré
      - Hola cariño –

Solo escuchar su voz, me dio un asco terrible, me temblaron las piernas y le rogué al cielo que mi padre o Magda viniesen a ayudarme.
Un frio calo lo más hondo de mi ser, pánico, miedo, pero sobre todo ASCO de lo que era capaz de hacer aquel hombre.
A mi mente se vinieron los últimos días que estuve a su lado, cuando vi salir de mí a mi bebé, la cara de felicidad que tenía cuando me miraba. Él no podía estar aquí, no podía echarme a perder la vida nuevamente. No, no ahora.

      - ¿Estas bien? – pregunto Cota llegando a mi lado.

Solo pude asentir, controlar las lágrimas y sujetarme más fuerte de la barandilla.

      - Cuñado ayúdame a llevar a tu mujer al salón – le pidió

Cuando lo vi dar un paso hacia mí, mis músculos se tensaron, no podía si quiera respirar.

Todo volvía a mi mente aún más claro, nadie nunca sabría lo que de verdad había pasado a su lado. Nunca.
El recuerdo de la primera vez que me golpeo, porque su camisa tenía una arruga, luego de ese vinieron más, muchos más. Los golpes a su lado eran cosa de todos los días. Incluso cuando ya se aburría de golpearme me forzaba a estar con él íntimamente.

Sus manos tocaban mis brazos y la repulsión se hizo más grande quiera correr, lejos de él. Y no volverlo a ver nunca más.
Cuando se aproximaba para besarme mi cuerpo volvió en sí y pude pronunciar palabra.

      - No me toques – dije con voz seca y áspera – No te atrevas a acercarte a mi ¡Nunca más! – grite fuera de sí.
      - Renata – me reprendió Cota – No le hables así a tu marido.
      - No te metas y saca a la niña de aquí – le ordene y al ver que ella no hace nada por obedecerme camine a su lado y la tome del brazo - ¡Ahora!

Del miedo, al asco, a la ira y es esa la mejor arma que tengo en estos momentos. Nos desafiamos con la mirada durante un largo tiempo, sin decir absolutamente nada. Su mirada desafiante me dice mucho y ruego porque mi padre llegue en estos momentos.
Consciente de que Cota está arriba pendiente de todo no tengo otra opción más que sacarlo de aquí y llevarlo al despacho. Aun con el miedo que me da estar a solas con él.

      - Sígueme – gruño

Con cada que doy pienso que debo decirle, como debo actuar. Si quiero salir airosa de esta situación ¡Estoy convencida de eso!
Cierro la puerta tras de mi infundiéndome el valor que necesito.

      - ¿A qué viniste? – trato de sonar segura
      - No es obvio – sonríe
      - No para mí –
      - Me ha llegado esto – lanza sobre el escritorio un sobre y ya lo que lo trajo a mí. Son los papeles del divorcio
      - ¿Haz firmado ya? – pregunto esperanzada.
      - No – vuelve a sonreír – Y no lo hare, tienes dos horas para guardar tus cosas. Nos marchamos de este lugar.
      - ¡Quiero el divorcio! – le grito incrédula en sus palabras. Y muerta de miedo
      - A.Mi.No.Me.Gritas. – da un paso hacia adelante y yo lo doy hacia atrás, chocando de inmediato con la puerta a mis espaldas. – Vamos a ver no me provoques, que sabes que no soy paciente. Llama al idiota de tu abogado y que detenga de una vez toda esta estupidez
      - ¡¿No me oíste?! – Grito - ¡Quiero divorciarme de ti!
      - Claro que te oí – dijo serio – Pero ¿Crees que me importa lo que digas?
      - Debería – abrió los ojos.
      - Renata, cariño. No haz comprendido nada ¿Qué pensaría tu padre si le contase lo que hacías en España?
      - Tú me obligabas – debatí
      - Vamos a ver. Es tu palabra contra la mía. Fuiste tú la que me abandono – dijo como si le doliese la situación
      - ¿No te has cansado ya? ¿Aún no te aburres de golpearme y… vi... viola… violarme?
      - Eres mi esposa. Y una muy mala por cierto. Eso no es una violación
      - Yo no quería, acostarme contigo. – Susurre – Me das asco
      - Yo te voy a enseñar a respetarme de nuevo –

Cuando acabo de decirme eso lo único que pude sentir fue el ardor de mi mejilla. Con los ojos llenos de lágrimas agache la cabeza como tantas veces lo había hecho antes.
Estaba en Chile, con mi familia y aun así me sentía desprotegida, sola y a su merced. Muerta de miedo como siempre lo estuve.
Bien podría ahora volver a abusar de mí y nadie lo sabría, nadie llegaría a ayudarme.

      - Vez lo que me haces hacer – dijo acercando su mano a mi rostro. Lo esquive lo que pude, pero no fue suficiente. – Cariño, ve por tus cosas.
      - No – susurre entre lágrimas

Si de algo estaba segura, era que no me iría con él. Jamás volvería a su lado.

      - Vamos a ver, no quiero tener que golpearte nuevamente – sonrió – Como le explicaría a mi suegro que su hija es una ¡puta! Que se acuesta con todo el mundo por dinero
      - ¡NO SOY UNA PUTA! –
      - Si lo eres amor. Y de las malas – se burlo
      - ¿Qué es lo que quieres en realidad? – trate de retomar la compostura
      - Que vuelvas a España, ya no sé qué inventarles a nuestras prestigiosas amistades por tu ausencia.
      - No voy a volver –
      - Y yo no te firmare tu libertad, para ser la burla de todos. Además es absurdo todo que dice ahí
      - Lo conseguiré – dije segura
      - ¿Y cómo? –
      - Tengo los emails que me enviabas –
      - No es suficiente –
      - A demás del parte del médico – resople – Cuando me provocaste el aborto
      - Te caíste por las escaleras – se defendió
      - Y… -
      - Y yo tengo fotos tuyas, tuyas con otros hombres. ¿Quién saldría más perjudicado? Yo quedaría como el jodido esposo y tú como una ramera
      - Me forzabas –
      - Pruébalo –

Sin decir más abrió la puerta del despacho, pero antes se volteo y dijo

      - Dos semanas. Tienes dos semanas para estar de vuelta, antes que tu padre reciba el primer de mis regalos ¡Mi Amor!

Escupió las últimas palabras y se fue. Un sollozo incontrolable me inundo y me deje caer lentamente en el frio suelo, con mis brazos abrazando mis piernas llore y le pedí al cielo la ayuda necesaria para saber qué era lo que tenía que hacer.

      - ¿Estas bien? –

La puerta de mi habitación se abrió de golpe, mi padre entraba hecho un animal hacia el lado de mi cama. Escondí mi cara entre mis piernas para evitar que viese la nueva marca. El rojo brillante de mi mejilla.

Metió sus dedos entre medio para mirarme a la cara, hacía tres horas o más que Ernesto se había ido y no conseguía dejar el temor que sentía.
Observo mis brazos, mi cuello y cuando se detuvo en mi rostro. Pude ver el horror en sus ojos.

      - ¿Paso…? – trato de preguntar calmado que pudo
      - Tengo que volver – dije con lamento

Ya estaba decidido, prefería una vida de humillación y malos tratos antes de que mi padre supiese cosas que me avergonzaban

      - ¿Por qué mi vida? –
      - Es mi deber – dije con pesar y mintiendo
      - Sabes que no lo es ¿Qué pasa con el divorcio?
      - Nunca me lo va a dar –
      - Estabas dispuesta a luchar –
      - Ya no lo estoy –
      - ¿Y que pasara conmigo? ¿Con Thiago? –
      - Puedes ir a verme tan seguido como quieras
      - ¿Y Thiago? –
      - ¿Qué pasa con él? – dije quitándole importancia
      - Estabas dispuesta a estar con él –
      - Fue un error, ya vez. No esta –
      - Pero no estará escondido por siempre –
      - Qué más da – trate de sonreír – Tengo que volver donde mi Esposo.
      - ¿Quieres decirme por qué? –
      - ¿Necesito una razón? –
      - Para mí si –
      - Aun lo amo – mentí
      - ¿Y si vuelve a ponerte una mano encima? –
      - No lo hará, me lo ha prometido – volví a mentir
      - ¿Antes o después que te pegase?
      - No me pego – volví a mentir
      - Sabes que ese rojo de tu mejilla no estaba ¿Verdad?
      - Tiene que haber sido por la posición en la que me encontraba antes de que entrases
      - Eres mi hija y te conozco. Mientes mal cariño –
      - Yo… - trate de disculparme por mis mentiras
      - Te perdí una vez hace casi once años. Por no luchar por ti, pensando que era lo mejor. No pretendo volver a hacerlo menos sabiendo la clase de animal que es. No te iras hasta que aparezca Thiago y veamos lo del divorcio
      - ¿Y si no aparece nunca?
      - Buscamos otro abogado ¿Quieres eso? – Negué con la cabeza – Seguro Benjamín conoce otro. – Insistió – Pero no te iras. Sácate esa absurda idea de la cabeza. Ni Magda, ni yo, mucho menos Benja y Renata permitirán que te vuelvas a España con ese animal. ¡Te lo prohíbo! –
      - Siento defraudarte… -
      - Jamás lo harías mi vida. No lo hizo Constanza al quedar embarazada y no lo harás tú, por haber elegido mal
      - He hecho cosas horribles –
      - Nada puede ser tan malo, y cuando te sientas preparada puedes venir a contármelo. Lo entenderé
      - ¿Y si no lo haces? –
      - Eres mi hija, ante todo. Te amo con tus defectos y virtudes nada podría cambiar eso –
      - Ojala estuviera mamá – llore entre sus brazos

En un momento de angustia era donde extrañaba mucho más a mi madre. La perdí siendo casi una bebé. No la recuerdo. Simplemente no recuerdo sus abrazos, sus besos. No recuerdo su voz, no recuerdo nada de ella. Llevo conmigo una fotografía que saque de la casa de mis abuelos. Es lo único de ella que había en esa casa. Nunca le perdonaron que se casase con mi padre. Que se enamorara de un hombre que tenía por sueño tener un restauran
No era digno para ella, cuando lo que querían era más. Tanto más que a su única nieta la dejaron vivir con Ernesto.
Ellos supieron y nunca hicieron nada por ayudarme, sí que me enviaron por más.

      - Carol estaría orgullosa de ti – se secó las lágrimas – Te amo desde que la prueba salió positiva. Fuiste su mayor ilusión. Confió en mí para ser tu padre y en su lecho de muerte. Me rogo que te hiciera una mujer de bien. Que fueras feliz. Y que te buscara una buena madre.
      - Lo hiciste bien – dije entre sollozos – Cumpliste con lo que le prometiste
      - No mi vida, no le cumplí. Te deje ir
      - ¿Qué más podías hacer? –
      - Luchas mi vida, haber dejado mi vida en ello –
      - Hiciste lo correcto –
      - No lo hice y cargo con ellos en mi conciencia y Magda también
      - Cota era pequeña, papá era lo correcto
      - No lo voy a discutir contigo. No ahora. Solo quiero que te quede claro que de aquí tú no te vas.
      - Estoy cansada – dije luego de un momento de silencio - ¿Se supo algo de Thiago?
      - Nada. Anda a saber tu donde se metió – resoplo – Reacciono muy mal, y no comprendo él porque
      - Es su hermana y su mejor amigo. Exagero pero nadie mejor que él conoce a Marcos. Por eso reacciono así
      - Daniela está destrozada – confirmo papá – Reniega de ese bebé por su culpa –
      - Lo entera. Ya verás –
      - Espero que sea luego antes que esa niña haga algo terrible

Pensar lo que ella podría hacer me dio escalofríos, yo sabía lo que era estar ilusionada de un bebé y luego llorar su pérdida, las circunstancias eran muy diferentes, por lo mismo no podía permitir que ella hiciese alguna estupidez

Con un respingo me puse de pie y camine hacia el baño, mi padre no apartaba los ojos de mí, pero no decía nada. No hizo pregunta alguna.
Media hora después ya vestida tome mi móvil. Si mi vida era una mierda, pero podía ayudar a que otra no lo fuera.
Tal vez algún día tenía que contarle a mi padre la verdad y quién sabe si ese día era ahora.
      - ¿Dónde vas cariño? – pregunto amorosa como siempre Magda cuando me vio bajar las escaleras
      - A ver a Dani –
      - Hija ya es tarde, déjalo para mañana – me pidió muy amablemente – Haz tenido un día agotador también
      - Necesito hacerlo, ella puede hacer algo de lo que se va a arrepentir toda su vida
      - ¡NO! – se llevó las manos a la boca, entendió perfecto el mensaje
      - Si – aseguro – Y no puedo permitirlo

Antes de salir comprobé tener el móvil lo bastante cargado y el dinero suficiente para un taxi.

Salí de casa y sin suerte no encontré taxi alguno cerca. Decidí caminar un par de cuadras, pero esta noche la suerte no estaba conmigo.
Llevaba al menos diez minutos caminando y nada. Ya me daba por vencida y decidida a volver a casa, me volteé de golpe y vi como un hombre se escondía entre los arbustos

Mi corazón comenzó a latir mil veces más por segundo y apresure el paso, a lo lejos veía luces, esa era la calle principal. No podía devolverme solo camine en la dirección que iba lo más rápido posible.

Minutos más tarde volví a voltear y aquella sombra volvía a camuflarse entre la noche. Solo rogaba a dios que no fuese Ernesto, era al único que no podía hacerle frente, no dos veces en el mismo día.
Dispuesta a pedir ayuda rebusque entre mi bolsa el bendito móvil. Escarbaba sin dejar de caminar y no lo encontraba.

Decidí echarme a correr, pero con los tacones se me hacía difícil. ¡Dios! Estaba demasiado asustada en ese momento como para pensar en otra cosa.

¿Por qué no le hice caso a Magda? Debería haberme quedado en casa. Pero ese bebé me necesitaba, mi ayuda al igual que su madre.
Los pasos a mi espalda se hacían cada vez más fuertes. El corazón se me iba a salir por la boca. Cuando algo sujeto mi brazo.

¡MIERDA!

Rogué al cielo en silencio por mi vida.

      - ¡Ah! – grite lo más alto que pude cuando me freno de golpe y me atrajo consigo.
      - Shh -  me pidió aquella voz – No te asustes

Cuando sentí su pecho chocar contra mi espalda y su voz inundo mis oídos supe que estaba a salvo. A su lado nada malo podía pasarme

      - ¿Dime que eres tú? – pedí incrédula, aunque sabía que solo podía ser una persona
      - Soy yo. Estoy aquí. Quería verte –

Me volteé para quedar de frente y lo abrace tan fuerte como pude. Estaba aquí, estaba bien. Había vuelto.
Y así como una alegría me inundo en lo profundo de mi corazón también la rabia, por lo que nos había hecho pasar.

      - ¿Dónde ibas a esta hora? – pregunto alzando mi cara con sus dedos.
      - A ver a Daniela –
      - Ya – dijo frio como si eso no le importase
      - Vamos a tu casa – no le pedí, le ordene
      - Yo no tengo casa –
      - Eres un idiota – sise enojada
      - Gracias por eso –
      - ¿Sabes lo angustiado que hemos estado todos? –
      - ¿Hemos? –
      - Si – afirme – Tú familia, mi familia. Yo
      - ¿Tú? –
      - Que si imbécil –
      - Gracias otra vez – sonrió
      - Déjate de dar las gracias. Tú hermana está destrozada
      - No me importa – dijo frio
      - Debería hacerlo cuando quiere abortar por tu culpa –
      - No quiero saber nada de ella –
      - Entonces suéltame y vuelve a tu escondite –
      - No quiero – dijo serio
      - Lo tendrás que hacer – dije firme – Te he necesitado como amigo, como abogado y no estabas. Y ahora te reúsas a hablar con tu hermana por tu idiotez
      - ¿Qué te ha pasado en la mejilla? – dijo cambiando de tema
      - No te importa 
      - Si me importa y si no quieres que te lleve conmigo a la fuerza me lo dirás –
      - Idiota – le grite
      - ¿Qué te paso? – dijo esta vez mas brusco
      - Si hablas con Dani te lo diré
      - Entonces me vale –
      - A mí también

Me solté de sus brazos y decidí volver a mi camino, tenía que llegar a hablar con Daniela. Por mucho que anhelara estar con él, debía entender y comprender que estaba haciendo mal, haciéndoles daño a las personas que lo querían. Eso era mucho más importante que un nuevo bofetón de Ernesto

¡Mierda! ¡Ernesto! ¿Podía estarme vigilando? ¿Sería capaz de eso? Claro que lo sería. Al no querer arriesgarme a nada con él y mucho menos que me viese con Thiago. Pero me daba miedo encontrármelo sola otra vez.

      - ¿Me puedes llevar a casa de tus padres? – dije con pesar, era el único que podía sacarme de aquí ahora mismo.
      - Vamos  - dijo en un tono seco
      - Gracias –

Luego de retroceder un par de cuadras en el más absoluto silencio, llegamos hasta su coche. No se molestó si quiera en abrirme la puerta.

      - De verdad muchas gracias por llevarme – dije después de un par de kilómetros
      - No es nada
      - Si es mucho para mí – suspire – Me gustaría que entraras conmigo y dejaras tu rabieta
      - ¿Rabieta?
      - Haz actuado como un niño por tres días ¿Puedes dejar de pensar en ti y ver lo que tu madre está sufriendo?
      - ¿Puedes dejar de pensar en los demás y ver lo que yo sufro? – contraataco
      - ¿Tú sufrir? Es tu hermana la que va a ser mamá – suspire –Solo necesita tu apoyo. No tus recriminaciones. Es un amor enfermizo el que tienes por ella. Es una mujer. Se enamoró y quiere ser feliz. Pero sin ti le cuesta. Vi la ilusión en su cara cuando me dio la noticia. La desesperación por no saber cómo contártelo y la decisión en querer matar a su hijo. ¡Por tu culpa!
      - El aborto no es legal – dijo como si eso fuese solo un detalle
      - ¿Y eso que? Sabes que lo puede hacer. Podrías tú…
      - Llegamos – me cortó
      - Escúchame por última vez – asintió – Yo sé lo que es perder tu gran ilusión. Sufro por ello todos los días. ¿Podrías cargar la muerte de tu sobrino en la conciencia? Solo piénsalo

Dicho eso me baje del coche lo más tranquila posible, esperando que él me detuviera. Cosa que no sucedió. Subí los tres escalones hacia la puerta y pude ver su cara de dolor, de confusión ¿Cómo podía plantearme vivir con alguien así? ¿Reaccionaria igual con un bebé propio?

Tía Renata, me abrazo tan calurosamente cuando abrió la puerta, fijándose en aquel auto que se alejaba.

      - ¿Esta bien? – pregunto y en ese momento confirme que ella mejor que nadie lo reconocería siempre
      - Dolido. Espero que se le pase luego y recapacite –
      - No es la única que debe recapacitar – presumiendo lo que quería decir solo asentí
      - Lo sé – confirme – A eso he venido
      - Estos hijos míos me mataran – dijo con pesar
      - ¿Daniela? –
      - Arriba con Marcos. El chico está mal por todo esto. Todos lo estamos. Naty vino esta tarde y ya no sé qué hacer. Es una locura matar a esa criatura
      - No lo hará. Queda de mí que no lo haga – dije convencida
      - Eso espero hija. Benjamín está furioso con Thiago por provocar todo esto.
      - Yo también lo estoy. Y se lo he dicho. Está actuando como un niño
      - ¿Te ha dicho algo?
      - Nada. Como apareció se fue –
      - Si se vuelve a comunicar contigo dile que lo amo con todo mi corazón
      - Así lo hare –

Necesitaba darle también la noticia así que sin más preámbulos y aun paradas en la entrada de la casa solté.
 
      - Cuando esto se solucione – respire profundo – Debo volver con mi marido
      - ¿¡Que!? – pregunto asombrada
      - Es una decisión tomada. Vuelvo en una semana o dos a mi casa con mi marido a continuar con mi vida.