jueves, 5 de febrero de 2015

#36 Caminos Inesperados

Capítulo 36


El calor era insoportable para seguir durmiendo, cuando trate de desemperezarme me encontré con una larga pierna sobre la mía. Gire mi cabeza tan rápido hacia la derecha que me encontré de frente con Thiago y sus preciosos ojos abiertos.

      - Buenos días – susurro besando mi nariz
      - Buenos días – respondí media perdida en el tiempo y en el momento.

¿Qué había pasado? Trate de mover mi cuerpo, pero la pequeña mano de Adam estaba en medio de mi camisa sujetando firmemente uno de mis pechos.

      - ¿Cómo dormiste? – volvió a decir olvidando a Adam
      - Bien – no sabía que decirle, tenía una gran laguna en mi cabeza.

Lo último que recuerdo es que vine a comprobar a Adam y este me abrazo y me tire en su lado. Al estar todo oscuro me dio sueño y me permití dormir un momento esperando a que Thiago llegara.
Ahora estaba aquí, sin polera y con una pierna sobre las mías. Era tal y como hacía un año atrás dormíamos. Era tan grande mi barriga en ese tiempo que no era otra opción.

      - Me recuerda a alguien durmiendo así – dije sin pensar
      - A mí también. –

Dicho eso se salió de la cama, no le aparte la vista de su cuerpo en ningún momento, era tan guapo, tan deseable, y había sido tan mío.

      - Ve a ducharte, desayunamos y te llevamos a casa
      - Gracias – dije con vergüenza que no sentía. – No despiertes a Adam aún.
      - ¿Por qué? – alzo una ceja
      - Porque anoche no quiso nada en la noche, lo último que comió fue a eso de ocho. Despertara muerto de hambre
      - ¿Dio mucha guerra?
      - Para nada, ame pasar todo el día con él. En casa de mis padres se portó como un rey, lo hubieses visto jugando con lodo
      - ¿Con lodo? – Abrió mucho los ojos - ¿Lo dejaste jugar con lodo?
      - Carol lo estaba haciendo – mi tono de voz era de disculpa, no debería haberlo dejado o tal vez haberle dicho – Lo siento
      - No tienes porque Renata, solo que no lo había hecho nunca.
      - Lo paso fenomenal. Luego te muestro las fotos que le hice. Lo hubieras visto reír.
      - Me lo imagino – acaricio su cabeza – Anoche te saque los jeans para que estuvieras cómoda, en el baño hay toallas y todo lo que necesites.
      - Gracias

Salí de la cama siendo consciente de que no apartaba la mirada de mí y de mi desnudes de la cintura para abajo, llevaba bragas pero ahora mismo me sentía desnuda. Acomode y baje más mi camisa, pero era imposible se me veía todo el trasero de igual modo. ¡Que incomoda por dios!

Luego de una re confortable ducha y volver a ponerme los jeans sin bragas ¡Sin bragas! Me sentía más cerca de Thiago, olía a su gel de baño. Deje el baño para adentrarme a la habitación cuando oí murmullos.

      - ¿Te lo pasaste bien con mami? Eres un pequeño con mucha suerte, te das cuenta mi amor que no puede estar lejos de ti. Eso la hace estar más cerca de mí. Gracias por haber llegado a nuestras vidas Adam, eres lo que aún nos une.

No pude contener las lágrimas que se me escaparon en ese momento, Adam era lo único que nos unía, el mismo lo dijo. Ya no me quería, ya no me necesitaba, ya no era su mujer. No era tan solo el hecho de estar divorciados, era simplemente que ya no sentía nada por mí.
Quería salir del departamento rápidamente, quería irme y tener mi espacio, pensar que haría a continuación. Thiago había dado vuelta la página y yo seguía pegada a la misma historia. Cuando desperté sentí que nada había pasado, que aun seguíamos siendo familia. Pero no, fue solo parte de mi imaginación, mi corazón y  mi mente quisieron creer eso. Quisieron creer que había posibilidades.

Abrí suavemente la puerta y evite a toda costa ver su rostro. Adam seguía dormido. No esperaría hasta que despertara, si eso pasaba iba a ser incapaz de dejarlo.
Me acerque a la cama e incline mi cuerpo para besar su cabeza.

      - Te veo el lunes mi amor – susurre en su pelo aspirando el olor de mi bebé.

Thiago no dijo nada y me dejo salir de la habitación, al llegar al comedor vi que estaba todo preparado para una cena, la mesa puesta muy románticamente.
Le había estropeado la salida a él quedándome dormida, estaba segura que no había vuelto solo en la noche y yo… y yo estaba aquí, si hubiese estado despierta hubiera visto la cara de la maldita que lo había apartado de mí.

No, no era culpa de ninguna mujer que no estuviera conmigo, era mi culpa por haberlos dejado. Si Cota no hubiera hecho eso, si yo no hubiera preferido a mi hermana antes que a mi hijo, antes que a Thiago, todo sería tan distinto ahora mismo.
No estaría huyendo del que fue mi hogar. Tome mi bolso de sobre el sillón cuando Thiago me tomo por el brazo fuertemente

      - ¿Dónde vas? – gruño

En su cara podía ver el desconcierto que tenía.

      - Suéltame – dije entre furiosa y asombrada por su actitud
      - No – espeto – Hasta que me digas donde ibas
      - A mi casa, o que se yo. – Respondí a gritos – ¿Qué más da?
      - Ese no era el plan – dijo un poco más tranquilo – Te íbamos a llevar nosotros
      - Suéltame – volví a gritar – Suéltame
      - ¿Qué te pasa Renata? ¿Por qué reaccionas así?
      - Me haces daño – dije ya sin poder contener las lágrimas – Me duele. Suéltame
      - Perdón – dejo de ejercer fuerza pero aun así no me soltó - ¿Por qué? ¿Por qué siento que estas huyendo nuevamente?
      - No estoy huyendo – jale mi brazo con más fuerza de la necesaria para soltarme de su agarre – Dije que volvería el lunes. Tengo que ir a trabajar
      - Ambos sabemos que eso es mentira. – se pasó las manos por el pelo, era su manera de pensar y relajarse. - ¿Por qué?
      - Thiago no compliquemos las cosas, estamos bien de esta manera…
      - No. Tú estás bien de esta manera. Yo estoy hecho una mierda.
      - No lo parece – conteste mirando hacia la mesa perfecta – Me doy cuenta de las cosas
      - ¿De qué das cuenta? Si te dieras cuenta de las cosas como dices no te estarías yendo y…
      - Y…  ¿Qué Thiago? Ni siquiera eres capaz de mírame a la cara
      - No puedo. No puedo con esto Renata. Es demasiado tenerte cerca
      - ¿No sabes cómo decirme que no quieres que vuelva a cuidar a Adam? ¿Es eso? ¡Dime por Dios!
      - Es más que eso.

No quería seguirlo escuchando, no quería oír cuando me dijera que ya no había más. Que el tiempo que llevábamos haciendo esto estaba mal. Que tenía una nueva pareja, que ella se ocuparía de él. No sé, lo que fuese no quería oírlo.
Con las lágrimas corriendo por mi cara me fui hacia la puerta, a paso decidido y sin intensión de volver atrás. Que Dios me ayudara pero ya no podría ser capaz de pasar mucho tiempo separada de Adam, teníamos una conexión mi hijo estaba feliz cuando yo estaba cerca. Me iba a necesitar y yo a él mucho más.

      - ¡Por eso termino nuestro matrimonio! – grito Thiago cuando abrí la puerta principal del apartamento – No me dejas hablar y tú tampoco dices nada.

Cerré de un portazo y me voltee para enfrentarlo.

      - ¡Que quieres decirme! – Le grite - ¡Anda dime!
      - Anoche cuando salí…
      - No quiero escuchar como arruine tu noche – lo interrumpí – Está muy claro que no salió como esperabas. ¡No lo hice con intensión!
      - ¡He dicho eso! Por una puta vez puedes dejarme hablar.
      - Anda, se rápido –
      - Claro que no salió como yo quería – gruño y apunto la mesa – Eso lo había preparado para nosotros. Pero tú estabas dormida. Te desperté. – Sonrió – Incluso hablamos
      - ¿Hablamos? –
      - No me digas que no te acuerdas. No estabas precisamente tan dormida. Te dije que había traído comida. Adam despertó y lo volviste a recostar, vine a preparar todo. Cuando volví estaban ambos dormidos nuevamente.
      - ¿La comida era para mí? – pregunte incrédula, pero no me dejaría envolver. El ya no me quería y nada podía hacer. Tenía que esperar lo peor, era eso lo que pasaría.
      - Te acabo de decir que no puedo tenerte cerca ¡Y no es que quiera que te vayas! – Dijo antes de que lo fuera a interrumpir – Pensé que te había olvidado, que ya no sentía nada por ti.
      - No digas nada de lo que puedas arrepentirte – le aclaré
      - Me arrepiento de tantas cosas en esta vida, una de ellas es de no haber estado a tu lado en el momento en que decidiste hacer esa estupidez.
      - Nada podías hacer
      - No estés tan segura, te habría hecho ver que nada era más importante que Adam, siempre estaré dolido por eso. Pero te amo, maldita sea, te amo. Ayer termine de darme cuenta que es la puta y simple verdad. Entre nosotros nada comenzó bien. Ambos metimos la pata desde un principio. Pero tenemos un hijo maravilloso que te necesita, que nos necesita a ambos. Verte con Adam, es eso lo que más me mortifica, no pude dar vuelta la página en un año sin saber de ti. Mucho menos poder hacerlo ahora, teniéndote en mi casa, en mi espacio, sobre mi cama, con mi hijo todos los días.
      - ¿Por qué me dices esto? – no, no, no.

Era precisamente lo que yo quería escuchar, pero aun así estaba aterrada de que fuera a despertar, comencé a caminar suavemente hasta estar frente a él. Tan cerca que sentía el calor que su cuerpo emanaba, era mi oportunidad de hacer un movimiento y si tenía que despertar lo haría pero antes sentiría sus labios nuevamente en los míos.

      - No creo que necesites un porque muy elaborado.
      - Dijiste que lo único que nos unía era Adam
      - Yo no te dije eso
      - Se lo dijiste a Adam mientras me duchaba
      - ¿Nos espiabas? – Alzo una ceja y levanto su mano suavemente hasta posarla en mi mejilla – La señorita nos estaba espiando, le dije eso, creo. No sé, pero a ti me unen muchas cosas – susurro – Ahora mismo me une una ternura, una pasión y unas ganas aterradoras de hacer el amor. Pero te juro que trato de ignorar ese llanto que proviene de la habitación
      - Despertó – deje descansar mi cara en la mano de Thiago, sin dejar de perderme en sus hermosos ojos. – Iré a verlo
      - ¿Quieres salir a cenar conmigo esta noche? Tú y yo solos
      - ¿Cenar?
      - Ya te dije, comenzamos mal, esta vez sí vamos a darnos una nueva oportunidad que sea como tiene que ser. Vamos a ir a citas, al cine, al parque. Puedes quedarte aquí con nosotros las veces que quieras, hasta que te sientas preparada para volver a vivir y a compartir todo conmigo ¿Te gusta esa idea? ¿Quieres empezar de cero conmigo?
      - Creo que empezaremos en 1 – me reí – Y ese punto necesita mi atención

Me puse en puntillas y roce un beso en los labios de Thiago, camine con las piernas temblantes hacia la habitación. Tenía mucho que pensar… Antes de poder abrir la puerta de la habitación Thiago volvió a tomarme por el brazo, me volteo hasta estar de frente a él.

      - Así se dan los besos – me empujo contra la pared y me beso.

Al más puro instinto lleve ambas manos a su cabeza y lo jale por los pelos, haciendo más profundo nuestro beso. Su lengua arrasaba todo dentro de mi boca, me saboreaba, me consumía por completo en ese beso. En nuestro beso.
Un grito de Adam nos hizo volver a los dos de ese momento de pasión, de nuestra entrega y con la respiración entre cortada abrimos la puerta.
Thiago se lanzó sobre la cama sin tener ni un cuidado tomando en volada al niño y dejándolo al aire sobre su pecho.
Verlo de esa manera y con esa sonrisa hizo que mi corazón diera un brinco emocionado, de felicidad. Me quede en el umbral de la puerta observando como lo había hecho pasar del llanto a la risa en cosa de unos minutos. Mis chicos.

      - Mira a quien tenemos aquí campeón – le dijo Thiago cuando lo dejo sentado sobre su estómago apoyado en sus piernas. – Es mami.
      - mamamama – llamo Adam riendo
      - Ven – dijo Thiago palmeando la cama a su lado – Tenemos algo que contarle a nuestro hijo.

Me encogí de hombros y puse mi mejor sonrisa. Me senté a la altura de Adam y le bese sus pequeñas mejillas.

      - Hola mi amor – el bribón de mi hijo tiro sus brazos a mi cuello pidiéndome que lo cargara. – Ven con mamá

Cuando iba a poner mis manos en él, Thiago tiro de mí y caí acostada a su lado.

      - Eso está mejor – río – Amigo tenemos algo que decirte – repitió Thiago mientras Adam forcejeaba por venir a mi lado.
      - mamamama – reclamaba casi a punto de ponerse a llorar nuevamente.
      - Ok, comprendo – lo dejo con cuidado en medio de los dos – Estate quieto un momento – lo regaño cuando vio que comenzaba a hurgar en mis pechos – Ni modo. Me voy a la ducha
      - Te dije que despertaría con hambre – me burle
      - ¿Pero tiene que ser de tus pechos? – Pregunto – No es que lo culpe – río – Luego le digo, igual para él no es tan importante como llevarse un pecho tuyo a la boca
      - ¿Te molesta? Nunca me habías dicho nada al respecto
      - Claro que no, me encanta que lo haga. – Nos besó la cabeza – Dale lo que pide, luego desayunamos los dos.
      - Ok, después de eso me iré – desabotone mi blusa en para darle acceso a Adam a mi pecho
      - Pensé que pasaríamos el día
      - No puedo. Ya te lo había dicho
      - Quédate, hagamos algo en familia. Vámonos a pasar el fin de semana a la playa
      - Dijiste que iríamos lento – le recordé
      - Verdad. Piénsalo

Dijo eso y se perdió dentro del baño. Negué con la cabeza y sonreí sola. Mire a mi niño que no me apartaba la vista de encima y bese cada uno de sus deditos. Hoy era una mañana diferente, llena de emociones. Pero aun así debíamos ir despacio, con ellos me iría al fin del mundo sin siquiera pensarlo. Pero todo era demasiado lindo y perfecto para ser verdad.

      - Pronto, pronto mi amor estaremos juntos para siempre. Con tu papi ya somos novios nuevamente.


***

Irme del departamento me resulto más difícil de lo que pensé, Thiago intento convencerme. Me beso una y otra vez esperando que cambiara de opinión y estuve a punto de ceder, fue la llamada de Nacho la que lo impidió. Ellos tenían un compromiso y yo claramente no estaba en sus planes en esos momentos, Thiago insistió que los acompañara que era un comienzo demasiado perfecto. Solo le recordé que en la noche teníamos una cita y que esperaba que me llamara para darme la hora y el lugar.

Cuando llegue a mi casa, lo primero que hice fue poner la ropa sucia a lavar. Ponerme algo cómodo y  comenzar a limpiar por todas partes. Con eso dejaba de pensar y darles tantas vueltas a las cosas. Tenía que decirme a mí misma, que nada malo iba a pasar. Que estaríamos juntos hasta… o tal vez era nuestro felices por siempre… no lo podía saber. Pero estaba dispuesta a dar una vez más la pelea. Ya no había un Ernesto que se interpusiera entre nosotros, ya nada podía salir peor de lo que salió la última vez. Nuestra más grande dificultad éramos nosotros mismos, nuestras inseguridades y miedos. Nada más.
Por dentro sabía que no sería fácil, su familia ya no confiaba en mí, su madre ya no me quería.
¿Cuánto estaría dispuesto a perder Thiago para volver conmigo?

Cerca de las tres de la tarde llamo mi padre para que fuera a su casa, me negué. No sería capaz de estar cerca y no se diera cuenta de la alegría que me embargaba. Y también el miedo.

“A las 9 paso por ti ¿Es buena hora? T.”

“¿No es muy tarde para Adam? R.”

“Es una cita. Solos tú y yo”

“¿Dónde lo dejaras? Thiago, prefiero que cenemos en tu casa
O en la mía así nos encargamos nosotros mismos del niño.”

“Es un cita. Por Adam esta noche no te preocupes que Dani
Y marcos se hacen cargo. Ponte hermosa.
TA”

Prefería mil veces cocinar algo yo misma, o pedir a un delivery, que dejar a Adam en otro lugar. No me sentiría tranquila. No quería que eso pasara. A pesar que me moría de ganas por tener mí cita con Thiago, nuestra primera cita, pero teníamos un hijo. Debiamos adaptarnos a ello. Busque su número en mis contactos a pesar que ya me lo había aprendido. Al segundo tono respondió

      - Hola preciosa – dijo con una voz sumamente alegre.
      - Hola – susurre - ¿Cómo están?
      - Estaríamos mejor – susurro – Pero bien, nos la hemos pasado de lujo, vieras a Adam, fue ver un charco de lodo y no lo he podido sacar de ahí
      - Lo siento – reí
      - Soy feliz viéndolo feliz. No tienes que sentir nada. Te enviare una foto más tarde.
      - La estaré esperando. Thiago con respecto a esta noche
      - No me digas que ya no quieres ir. Renata de verdad muero de ganas de que estemos a solas.
      - No es eso Thiago. Yo también quiero nuestra cita. Pero podemos hacerla con Adam, es parte de todo
      - Sé que sí, pero en verdad a mi hermana no le molesta quedarse con él. Ella misma se ofreció.
      - Pero es que yo no quiero…
      - ¿Qué sugieres? – dijo con un tono un poco molesto
      - Que cenemos en mi casa, yo prepare algo igual de delicioso. Ni recordaras haber pensado ir a un restaurant, pero así nos ocupamos nosotros de Adam, una vez dormido ya podremos pasar tiempo a solas
      - No dudo lo de la comida, sé que te quedara muchísimo mejor. Pero de verdad que tenía intensiones de que fueramos a bailar o algo así. No solo conversar. Quería acción
      - Yo también quiero…
      - ¿Qué quieres Renata? – dijo seductor
      - Por favor, podemos tener una cita entre los tres.
      - Entonces que sea en mi departamento. Si se queda dormido no tendremos el problema de sacarlo después.
      - Bien pensado. Yo cocino. ¿A que hora llegaran?
      - Llegaremos a las 8.
      - Ok. Entonces tendré todo preparado para cuando lleguen. Bañamos a Adam y luego cenamos. Ya verás que no te arrepentirás.
      - Eso espero.

Corte la llamada y lance el móvil sobre el sofá, rápidamente me puse a terminar el que hacer. Mientras terminaba y me iba a dar una ducha no dejaba de pensar en que iba a preparar, que me iba a poner. Estaba demasiado nerviosa era como si fuera mi primera cita. Aun cuando fue la primera no estaba tan ansiosa. Tal vez fue porque no estaba enamorada, no realmente. No falto mucho tiempo para darme cuenta de eso, solo falto que viera por primera vez a Thiago y quedará pegada con sus miradas, sus caricias, sus besos. Su amor.

A las seis y media de la tarde entraba al departamento llevando conmigo un hermoso vestido que aún no había estrenado, y que esta era la mejor oportunidad. Lo deje en la habitación de Adam. Thiago no entraría por nada a ese lugar. Sobre la cama de Thiago deje la pijama limpia para Adam y la cama esperando por él.

A las ocho cuando la comida ya estaba lista y la mesa puesta románticamente de la mejor manera que pude, ingresaron al departamento cargados de cosas.

      - Ya estamos en casa – saludo alegremente.
      - ¿Cómo lo pasaron? – Pregunté animada recibiendo a mi bebé en mis brazos – Mamá te dará un baño y te hará dormir. – bese su cabecita – Tengo todo preparado
      - Así veo. – dejo caer en la entrada todo lo adicional que traía en sus brazos. - ¿No hay un beso para mí?
      - Luego, luego. Voy a ir a bañar a Adam, luego de duchas tú.
      - ¿Qué hago mientras? – pregunto.
      - Ayudame. Anda.

Con la mano libre tome la de Thiago, quien rápidamente me tomo por la cintura. Sin importarle que estuviera Adam en medio, me beso. Fue tierno y tal vez solo un toque de labios. Pero eso basto para ponerme aún más nerviosa de lo que ya estaba.

Entre risas, más besos y juegos bañamos juntos a Adam, simplemente él era el más feliz de todos. Chapoteaba y nos empapaba al mismo tiempo. Luego de sacarlo, lo seque por todos lados y me lo lleve habitación, siempre seguidos de cerca de Thiago.

      - ¿Segura que lo harás dormir? – pregunto Thiago a mi espalda.
      - Que sí
      - ¿No te quedaras dormida tú?
      - Que no.
      - Bien, es estupendo oírte decir eso. – me abrazo por la espalda y me beso la mejilla, su bulto quedo a la altura de donde comienza mi trasero -  Besame
      - Ve a ducharte Thiago. – le bese castamente en los labios - ¿A que hora comio Adam?
      - Hace un rato. ¿Tiene hambre?
      - Así parece -  reí, al verlo buscar mis pechos con su boca.

Me recosté a su lado y le facilite la tarea. Mientras le acariciaba el cabello y la espalda, lo mecia en mis brazos. No tardo más de diez minutos en quedarse dormido, pero aun así no quería dejarlo en la cama hasta estar completamente segura de que ya no se despertaría. Aún nos faltaba nuestra cita.

      - Buen trabajo mami – susurro Thiago saliendo de la ducha con la toalla anudada a la cintura
      - Dudabas que lo conseguiría – trate de hacerme la ofendida
      - Jugaste sucio – se acerco a nosotros y beso la cabeza de nuestro niño – Yo también me quedaría dormido de esa manera. – río bajito – Acuestalo en su habitación, hoy Adam dormirá en la cuna.
      - ¿Así? – alce una ceja
      - Sí




martes, 3 de febrero de 2015

#35 Caminos Inesperados

Capítulo 35


      - Hola –

Era una mañana muy linda, además de ser día viernes y tener muchos planes con mi niño. Thiago se estaba duchando cuando entre en la habitación y Adam esperaba por mi sentado en la cama viendo los dibujos.

      - Hola bebé – le dije dejándome caer en la cama a su lado.

Adam sonrió y se tiró a mis brazos, comenzó como todos los días con sus balbuceos. ¡Lo amaba! Le subí la camisa de dormir que llevaba para hacerle cosquillas y era la mejor melodía. Mi niño reía y eso ya me hacía sentir feliz.

      - Buenos días Renata –

Thiago salió de la ducha con la toalla anudada en la cintura mostrando lo guapo que estaba y lo buen trabajado que tenía el cuerpo.
Dios. Como me moría por volver a besar esa pecho y pasar mis manos por su espalda. Era un maldito pecado. Pasó besando mi cabeza y se volvió a la ducha con la ropa que usaría para su trabajo.

Me lleve a mi niño a desayunar mientras esperábamos a su padre. Hoy quería salir y llevarlo a donde sus abuelos. Poder pasar tiempo con él en mi espacio. Pero por sobre todo estar con él.

      - ¿Ya comió? – pregunto Thiago
      - Sí. ¿Quieres café? –
      - Gracias – asintió – Renata necesito hacerte una pregunta
      - Dime Thiago – susurre con miedo.

¡Mierda! Hoy era el día que me decía que no me quería más cerca de ellos. ¡Pero que había dicho o hecho!

      - No te molestaría ir a dejar a Adam a casa de mis padres
      - Claro que no – resople aliviada – Puedo preguntar ¿porque?
      - La verdad es que voy a llegar más tarde…
      - Yo puedo quedarme hasta más tarde
      - Sé que podrías – tomo el último sorbo de su café – Pero no sé a qué hora voy a llegar
      - No tengo problema, de verdad que no lo tengo. Pero si quieres lo llevo
      - Gracias. Si no te molesta quedarte
      - Claro que no. – Sonreí y tome al niño – Yo feliz de poder estar más tiempo con mi bebé. Además, tendrías que sacarlo tarde y se puede enfermar. Te quería preguntar si puedo sacarlo hoy
      - ¿Dónde? – Alzo la ceja – Perdón. Sí. Claro que puedes sacarlo
      - Solo iremos a la casa de mis padres, al parque. Nada de otro mundo
      - Te dejo dinero por si lo necesitas – dejo sobre la mesa un par de billetes – Me llamas por si necesitas cualquier cosa.
      - Estaremos bien Thiago. – Le devolví los billetes – No los necesito

Salí de la cocina casi arrancando de Thiago, no quería escuchar nada más de su cita y si yo podía quedarme con Adam nada más me importaba.

¡Era un maldito!

Necesitaba ahorrarse los motivos de su llegada tarde. ¿Por qué tenía que preguntar?

      - Renata – me llamo siguiéndonos al salón

Lo ignore, puse a Adam en el sofá y me senté a su lado mientras le con el control de la televisión buscaba el canal de los dibujos animados que veía él

      - ¡Hey! Te estoy hablando
      - Dime  - dije indiferente
      - No quería ofenderte con lo del dinero, si es que fue eso lo que te molesto
      - No estoy molesta – mentí
      - Te conozco – toco mi nariz – ¿Me llamas?
      - ¿Para qué?
      - Si necesitan algo. ¿Me llamaras verdad?
      - Si – mentí
      - Me voy. Te amo hijo – y beso a Adam en la cabeza y seguido me beso a mí en la cabeza – Nos vemos en la noche

Fue cerrar la puerta y mis lágrimas comenzaron a salir, no quería pensar en que estaría compartiendo noche con otra mujer, tal vez no era la primera vez. Adam tomo mi cara entre sus manos, y me empezó a dar besitos.

      - mamamama – repetía
      - ¿Qué paso mi amor? Mamá está bien – lo mecí en mis brazos – Eres el verdadero amor de mi vida, papá en algún momento tenía que salir con otras mujeres. Este momento tenía que llegar. No estaba preparada para que fuera tan rápido. Pensé que podíamos volver a ser una familia mi amor. Pero la mamá siempre, siempre seré yo. Y sobre todo siempre estaré a tu lado.
      - mamamamamamama –
      - Si mi amor, la mamá


***


Mi papá había llamado al taxi para que nos llevara nuevamente a la casa de Thiago, ya eran las ocho de la noche. Habíamos pasado un día espectacular, después de las lágrimas de la mañana.
No, no quería volver a pensar en eso, sobre todo cuando por la hora ya debería estar con ella.

      - Me encanta verte así de feliz hija.
      - Es que lo estoy papá. Tengo a mi hijo, y míralo, esta grande y hermoso y tan inteligente.
      - Trata de venir más seguido
      - Lo haré. Ahora nos vamos porque este campeón tiene que llegar a bañarse y dormir.
      - ¿Mañana que harás?
      - ¡Uf! No lo sé, tal vez Thiago necesite que me quede con Adam un rato. O tal vez no.
      - Vente a comer. Luego pensamos que hacer en la tarde. Pero no te quedes encerrada en tu departamento
      - Ni me digas, que tengo que hacer un aseo general. Paso tan poco tiempo en ese lugar.
      - Hija, el taxi llego – nos interrumpió Magda – Te traje esto de Carol por si se queda dormido en el camino
      - Gracias. Ya está más fresco y seguro llegara dormido.
      - Me llamas cuando llegues
      - A penas llegue te llamo. – Tomé a Adam – Besos a los abuelos. Diles Adiós mi amor.

Tras unos balbuceos más de Adam, nos subimos en el taxi con el mejor de los ánimos. No iba a volver a pensar en Thiago y al igual que él volvería a hacer mi vida. También tenía derecho.

Llegamos hasta el departamento con Adam dormido en mis brazos, el conserje me acompaño hasta el departamento y abrió la puerta para mí.

      - Gracias – le sonreí.
      - De nada Señora. – me sonrió

A besos desperté al pequeño señor Lackington para que despertara con buen genio, en este poco tiempo ya lo iba conociendo, necesitaba darle un baño y alimentarlo. Había jugado en el jardín con Carol y hasta con lodo. No tuve corazón para decirle que no. Se reía de una manera demasiado hermosa.
No sabía a qué hora llegaría Thiago, pero debía estar preparada también para cuando eso pasara, a penas lo hiciese me iría. No le preguntaría nada, no le comentaría nada. Solo tomaría mi bolso y me marcharía.


***

Si Adam tenía un año, llevaba mucho más que eso sin irme de copas con mis amigos. Había logrado juntar por lo menos a Mau, Nacho y Marcos esta noche, sin mencionar a las chicas. Carmen y Rebeca, tanto Nacho como Marcos andaban solos. Ambas chicas estaban en casa con sus hijas.

      - Nunca se me habría imaginado que tenías una ahijada.
      - Si, bueno tengo dos en realidad. Mi hermano Ian y la pequeña Triny.
      - Ósea te gustan los niños – afirmo Carmen
      - Se podría decir que sí.
      - Thiago – me llamo Nacho – Creo que fue una excelente idea salir, entre tantos pañales y esas cosas ya estaba ¡Harto!
      - ¿Tú también cuidas a tu hija? – pregunto Carmen
      - No, de eso se encarga mi novia. Pero es lo mismo – río
      - Thiago se encarga todo el tiempo de Adam, no es lo mismo – defendió Carmen
      - Dejemos de hablar de pañales y biberones. Por más que amo a mi Valentina, creo que salimos a que nuestro amigo y cuñado se distraiga.
      - Siiii – grito Carmen – Thiago se merece descansar unos días.
      - Gracias. Pero ya son cerca de las nueve y debería irme
      - No seas aburrida, la noche recién comienza – ronroneo Carmen en mi hombro – Falta ir a bailar un poco
      - Yo no me sumo – Dijo Nacho – Lo siento amigo, pero yo si debo irme
      - Si, yo te llevo Nacho. Dani me mata si llego demasiado tarde
      - Si no lo hace mi hermana lo hago yo cuñado.
      - Sera que nos vamos los dos solamente a bailar

Marcos y Nacho me miraron al mismo tiempo sin entender que era lo que pretendía, y no era nada. Solo pasarlo bien. Aunque fuera un momento desconectarme de todo y pensar en mí y en el hombre que era. Pero eso no era posible al 100%, mi Adam siempre estaba en mi cabeza y en mi corazón, esa parte de mi vida no la cambiaría por nada del mundo.

      - ¿Nos vamos? – pregunto Carmen y todos asintieron

A la salida del bar cada uno tomo el rumbo por el que había venido quedando para el día siguiente con Nacho y Marcos a juntarnos con nuestros niños en la piscina de la casa de los papas de Nacho.

      - Me cayeron muy bien tus amigos – dijo coqueta Carmen.

Debía ser el alcohol que la hacía estar de esa manera. Yo también había bebido, pero nada que me fuera a perjudicar o a impedir manejar más tarde.

      - Nos conocemos de toda la vida, más que amigos ya ves somos como hermanos
      - Uno es el novio de tu hermana ¿Verdad?
      - Marcos – respondí – Se van a casar muy pronto.
      - Deben hacer una muy linda pareja, he visto las fotos de tu hermana en tu oficina y es una chica muy guapa. Al igual que la bebé
      - Dani y Valentina. Mi hermana y mi sobrina. Son preciosas. Claro que eso lo saco mi sobrina de mi hermana.
      - Marcos es un chico guapo, Thiago
      - Si tú lo dices – reí
      - Pero no más guapo que tu
      - Oye…
      - No. Vamos quiero bailar

Caballerosamente le abrí la puerta del coche, estaba consciente de sus intenciones pero no la dejaría avanzar, no sabiendo que me estaba esperando en casa Renata con mi hijo. ¿Qué estarán haciendo? ¿Me extrañara mi bebé?

Al subir al coche le pedí con la mano que mantuviera silencio, no aguantaba más sin saber de ellos y tal vez escuchar su voz. Le había pedido que me llamara y no lo había hecho.
Al tercer tono contesto

      - Hola – susurro ella
      - Hola – dije con la alegría que sentía en ese momento. – ¿Cómo están?
      - Adam está dormido – dijo bajito - ¿Ya te vienes?
      - No. – Lo lamente – Voy a un bar con los chicos. Me llamas si pasa algo
      - Estaremos bien. Diviértete – dijo con pesar – Hasta más tarde
      - Hasta más tarde – corte y mire a Carmen que me tenía la mirada fija
      - ¿Era Renata? – Alcé una ceja – Era ella no digas nada. ¿Por qué le dijiste que iban los chicos? No los veo en ningún lado
      - Yo… -
      - Pensé que era una buena idea salir contigo, no tengo que decirte con muchas palabras que me gustas Thiago.
      - Carmen, yo… -
      - No, no me digas nada. Sabía que tendría que lidiar con el fantasma de Renata. Ahora ya no es el fantasma es ella. ¿Por qué no intentas volver con ella?
      - Yo no he dicho que quiero volver con ella
      - Pero si tus actitudes. Llamaste a casa porque te mueres por estar con ellos.
      - Quería saber cómo está mi hijo. No había salido desde hace mucho. – Suspire – No sé ni siquiera porque tenemos esta conversación.
      - Disculpa, pero no me andaré con rodeos. Me gustas. Me gustas mucho y desde hace tiempo. ¿Tengo alguna posibilidad contigo? Tú dices que no quieres volver con ella. Tus actitudes dicen lo contrario. Pero si me dieras la oportunidad…
      - Calla, calla por favor.
      - ¿Por qué no quieres? ¿No te gusto? ¿Es por eso?
      - Eres una mujer muy guapa, una muy buena empleada
      - Pero no me vez de otra manera. Es simple Thiago dilo y dejamos esto de una vez
      - ¿Quieres que te lleve a casa?
      - Anda llévame. No te quiero tener obligado a mi lado. Ya dejaremos esta conversación para otro momento.
     
Conduje en silencio hasta su casa en el otro extremo de la ciudad, ella llevaba el mando del radio. Con eso no volvimos a tener que conversar nuevamente. Aunque sinceramente Carmen me parecía muy atractiva y en otro tiempo no hubiera dudado ni un nanosegundo meterme entre sus piernas. Ahora era distinto, yo era distinto. Sabía lo era estar enamorado, sabía lo que era hacer el amor y no solo tener sexo. Tenía un hijo, y si quería meter a una nueva mujer en mi vida ¡Dios que estoy pensando! No me había planteado si quiera tener a otra mujer, está bien un hombre tienen necesidades, y no es nada parecido con masturbarse en la ducha, nada es lo mismo que estar con tu mujer, con mi Renata. Me faltaban las caricias, los besos y sus palabras. Mi mano a veces no era suficiente y…
Aparte todos esos pensamientos de mi cabeza, no quería cagarla, no quería hacer algo con Carmen de lo que después me arrepentiría. No con ella.

      - Te veo el lunes ¿Verdad? ¿Aún tengo un trabajo?
      - Claro que si Carmen. Nos vemos el lunes.

Un par de besos en la mejilla y entro en su casa. Por un momento me quede observándola y pensar como sería estar con ella. ¿Ella quería a Adam? Eso parecía, por lo menos en este tiempo no le era indiferente ¿Mis padres la aprobarían? ¿Dani estaría de acuerdo? ¿Por qué me importaba? ¿Por qué me hacía estas estúpidas preguntas?

Llegue al departamento pasado las diez de la noche, traía conmigo sushi y una botella de vino blanco helada, esperaba poder compartirla con ella mantener una conversación sana y así poder definirme.

      - Llegue – dije cuando entre en la cocina y todo estaba a oscuras. La televisión del salón estaba encendida, pero no había rastro de Renata. Las opciones no eran muchas, en el baño o comprobando a Adam.

Suavemente abrí la puerta de la habitación, estaba completamente a oscuras, pero tanto Renata como Adam estaban allí, ambos profundamente dormidos. Me acerque lentamente a su lado.

      - Llegue – le susurre.

Ella en respuesta hizo eso que tan loco me volvía antes, asintió lentamente con la cabeza pegada a la almohada, sin abrir los ojos. ¡Preciosa!
Era como si nada hubiera pasado, estaba en mi cama, con nuestro hijo, dormida. Mi Renata y mi Adam, mis amores.

Encendí la luz de la mesita de noche y me senté a su lado en la cama. Adam dio un par de patadas y ella se incorporó de golpe.

      - Llegue – volví a decir al sentirme pillado de haberlos estado observando mientras dormían.
      - ¿Cómo te fue? – susurro acariciando la cabecita del niño
      - Bien – me encogí de hombros – Traje comida
      - Creo que me tengo que ir – se sentó suavemente en la cama

No quería que se fuera, yo quería compartir la comida con ella, quería que estuviera en la habitación como ahora.

      - Vamos a comer y luego te llevo – volví a insistir
      - Es tarde – debatió Renata
      - Entonces quédate – dije seguro
      - Thiago debo irme

Paso sobre mí para salir de la cama sin ningún cuidado provocando el roce de mi cuerpo. Despertando algunas partes de mi cuerpo. Pero principalmente despertando a nuestro hijo.

      - Shh -  lo recostó Renata nuevamente y ella se recostó también, - Sigue durmiendo, mi amor. Sigue durmiendo

Los deje solos, mientras me iba a preparar la mesa para que comiéramos, iba a hacer una cena especial esta noche, romántica y hasta soñadora. Puse las velas, copas y todo lo necesario, estaba contento conmigo mismo por haber dejado todo tan lindo. Solo ella sacaba este lado de mí.

Paso medía hora y ella no salía ¿Tanto se tardaba en volverse a dormir Adam? Cuando volví a entrar a la habitación estaban nuevamente los dos profundamente dormidos.
Negué con la cabeza y me provoco unas ganas terribles de reír, eran iguales para dormir.

Me acerque a la cama, acomode a Adam más al centro de la cama para evitar alguna caída imdeciada. Con mucho cuidado le desabroche el jean y le baje el cierre. Esperaba alguna reacción de su parte pero nada. Renata parecía como estar dentro de un coma. Tal maniobra no fue buena para mi salud, quedo solo en bragas y unas muy lindas.
Tome su cuerpo y la puse dentro de las sabanas, cubrí su cuerpo y me di media vuelta hacia mi lado.

Sentía el calor que emanaban ambos cuerpos, nos separaba un niño de un año de edad. Nuestro niño. Aquel que habíamos hecho en esta misma cama.
Podía sentirme un hombre pleno, un hombre feliz. Tenía a mi mujer, a mi hijo en medio nuestro. Era tan fácil como estirar el brazo y tocarla, acariciarle sus cabellos rubios que tanto me gustaba.

















jueves, 29 de enero de 2015

#34 Caminos Inesperados

Capítulo 34

Dar mi brazo a torcer para que Renata viera a Adam con mi consentimiento no fue nada fácil, a pesar de decir que si lo dudaba cada vez que la veía rondar por mi departamento, cada vez que la veía acostada al lado de mi hijo en la que había sido nuestra cama.
Despertar y verla, llegar del trabajo y verla. No eso no era nada bueno para mi salud. Me había dado cuenta que por mucho que dijera que no la amaba lo seguía haciendo. Pero no estaba dispuesto a perdonarla. No aun.

Adam estaba muy encariñado con ella y cada vez que la veía cerca quería estar en sus brazos o que le diera pecho. Ver esa sonrisa en mi hijo era por lo que no la echaba de mi casa. Solo por esa sonrisa. La que mañana a mañana iluminaba mis días. Gracias al cielo la enfermedad de Adam duro muy poco, eso y los cuidados de Renata. Llevábamos un mes enredados en este juego y por las tardes cuando yo llegaba Adam lloraba para que ella no se fuera. Habíamos acordado que se quedaría hasta hacerle dormir, y eso si funcionaba.

Mi madre no comprendía lo que hacía, Daniela estaba furiosa por haberle permitido entrar de nuevo a nuestra vida. Ambas me habían dicho que en cualquier momento ella se volvería a marchar, que se daría cuenta que estaba mejor antes de nosotros y nos dejaría. A veces lo dudaba, podía pasar eso. Pero la veía con él y sabía que esta vez no sería capaz. O por lo menos yo quería creer en eso.

Nuestra relación… no había una relación, simplemente cruzábamos palabras con referencia a Adam. Nada fuera de eso hablábamos.

      - Thiago – me llamo Carmen por el intercomunicador de la oficina. Descolgué de inmediato
      - Dime Carme
      - ¿Vamos a comer?
      - ¿Ya es la hora? – estaba sumergido entre papeles y mis propios pensamientos que me había olvidado incluso de la hora de comida
      - Claro. ¿O prefieres que lo pida acá en la oficina?
      - No. Vamos. Necesito salir

A los cinco minutos abrió la puerta del despacho con una enorme sonrisa. Carmen era mi secretaría hacia poco tiempo, menos de seis meses en eso transcurso de tiempo había hecho un excelente trabajo, además de ser una persona esplendida y muy simpática. No me molestaba para nada que me llamara por mi nombre.

      - ¿Dónde quieres ir? – le pregunte abriéndole la puerta del coche
      - No me importa mucho, de verdad que con la compañía me parece suficiente
      - Me alagas con tus palabras – me reí y puse en marcha el coche. – Antes debemos pasar por una farmacia y luego me acompañas a casa.
      - ¿Esta bien tu hijo? – me pregunto
      - Perfectamente – sonreí al recordar su carita de esta mañana – Solo que necesita pañales
      - Ah ok. Comprendo – río
Carmen se apodero del radio del coche y eso nos dejó en completo silencio, tampoco sabía de qué más hablarle que no fueran cosas con referencia al despacho. Nuestra relación a pesar de ser muy buena solo era laboral.

Al llegar al departamento la invite a pasar, y nos encontramos de frente con Renata y Adam que estaban sentados en la alfombra de la sala jugando con los cubos. El niño fue solo verme y comenzar a balbucear y pedir mi atención. Renata volteo para mirarme, no sin antes percatarse de la hora.

      - Hola – dije pasando por su lado para tomar a mi bebé - ¿Cómo te has portado esta mañana?
      - Muy bien papi – me respondió Renata – Ya está almorzado ¿Quieres almorzar?
      - No, solo pasaba a dejaros los pañales – le apunte el paquete que estaba en el sofá, y solo entonces vio a Carmen que había estado al margen – Carmen ella es Renata, Renata ella es Carmen
      - Buenas Tardes Renata – le dijo Carmen muy profesional y le tendió la mano
      - Hola – contesto Renata.

Renata se puso de pie, y comenzó a recoger los juguetes de la sala, su cara ya no era la misma, ya no estaba sonriente como cuando llegue.

      - Pero que guapo esta este niño, se parece muchísimo a su padre –

Carmen se puso a hacerle gracias al niño y este feliz de tener más atención que la de su madre se puso a reír. Tal acto no gusto a Renata, lo pude notar en sus ojos en sus acciones. En su manera de desaparecer del salón de inmediato.

      - Pero mira si está jugando con los cubos que le mande por su cumpleaños –
      - Le encantan – afirme – Se llevan horas jugando con Renata. Las torres son sus favoritas. – Sonrió – Pero si no le resultan…
      - Los tira – termino la oración Renata – Le toca su siesta
      - Claro, claro – respondió Carmen – Thiago vamos. Aún nos queda mucho trabajo y un almuerzo por delante
      - Que les entre en provecho
      - Nosotros ya nos vamos, pueden seguir jugando. – intervine mirando la mala cara de Renata.
      - Vale – respondió Renata y me estiro los brazos para que le devolviera a nuestro hijo
      - Un gusto Renata. Adiós pequeño Adam

A penas le entregue a Adam se fue con el hacia mi habitación sin decir nada, sin siquiera responder. Algo le pasaba y no me podía ir y dejarla así. Con la mirada le pedí un momento a Carmen y los seguí.
Estaba sentada a mi lado de la cama dando la espalda a la puerta, deduje de inmediato que le estaba dando pecho al niño. Ya era una costumbre de ambos. Mi asombro fue mayor cuando al llegar al frente de ella le vi esas lágrimas.

      - ¿Estas bien? – susurre. No sabía si estaba bien meterme en su vida privada. Pero me preocupaba dejarla mal con el niño - ¿Te sientes bien?
      - Si – sollozo – Adam me mordió

Esa era una vil escusa, estaba seguro que el motivo de sus lágrimas no era ese. Había cambiado cuando vio a Carmen, tal vez solo eran sus celos. Me había dejado claro que aún estaba enamorada de mí.

      - ¿Qué le hiciste a mamá? – me arrodille a su lado y bese la cabeza de Adam.

Eran uno de los mayores acercamientos que habíamos tenido en meses, en casi un año. Tenía su pecho tan cerca de mí, me removí incómodo. No podía pensar de esa manera. Sacudí la cabeza y la mire, ella observaba cada uno de mis movimientos.

      - ¿Necesitas algo? – volví a preguntar sacando de mi mente todas y cada una de las imágenes que me pasaban por la cabeza.

Podía imaginar besando ese pezón, tocando sus grandes pechos, besándolos, lamiéndolos. Haciéndole el amor por cada rincón de este lugar. En cada espacio donde me la he imaginado, entre las sabanas, en la ducha.

      - No – susurro entre sollozos – Ya pasare yo a comprar algo
      - Si quieres te lo traigo. De verdad no me molesta.
      - Gracias. Pero no. Ve tu amiga te espera – aparto bruscamente a Adam del pecho y acomodo la ropa privándome de la vista.
      - Carmen – susurre

La deje sola con el niño, nada podía hacer para que dejara de llorar. Ella misma se estaba provocando los malestares, a pesar de que me la imaginaba desnuda no la tendría y ella debería pensar lo mismo y sacarme de su corazón. Era lo mejor para ella y para todos.


***


      - Quedaste muy callado –

Ya íbamos de vuelta de un almuerzo que ni siquiera había podido disfrutar, no dejaba de pensar en Renata y sus lágrimas. La conversación con Carmen había sido sin ningún sentido o con monosílabos. Cuando quiso saber quién era la guapa mujer que cuidaba a mi hijo… lo de guapa fueron palabras de ella… Le comente sin ningún problema que era Renata la madre de mi hijo, en ese mismo momento me comento que hace algunos días había llamado a la oficina.
  
      - Lo siento Thiago, no te pase la llamada. Era lo que habíamos acordado
      - Sí – afirme – No te había dicho nada acerca de que era ella quien cuidaba al niño.
      - Es tu vida privada. Y lo entiendo
      - Llamo porque Adam estaba enfermo – dije con pesar – La verdad es que no se si lo estoy haciendo bien teniéndola en mi casa todos los días, verla a penas despierto. Carmen no lo he hablado con nadie más que mis amigos y ellos aun así no lo comprenden. No puedo permitir que en algunos años mi hijo me recrimine por haberlo apartado de su madre, sé que nuestra separación fue algo que tal vez estaba predestinados. Comenzamos mal nuestra relación desde un comienzo fue complicada, Renata estaba casada cuando empezamos a salir, estaba casada cuando quedo embarazada de Adam
      - Wow – dijo sorprendida - ¿Aun estás enamorado de ella?
      - Para serte completamente honesto no estoy seguro lo que siento por ella en estos momentos. Todo es muy confuso, la veo y siento ganas de besarla, pero no puedo olvidar que nos dejó cuando Adam más la necesitaba.
       - Eso te acompañara el resto de tu vida, siempre. Siempre le recriminaras que haya hecho eso.
      - Le he dicho que le he perdonado.
      - ¿Pero aun así no están juntos?
      - No. No quiero volver a entregarle mi corazón y me lo devuelva pisoteado. Es todo muy complicado
      - Yo sé lo que tú necesitas – alce las cejas – Si, no me mires así Thiago. Que nos conocemos. Poco pero llegue en un momento complicado de tu vida. Te ayude a cargar tu bebé mientras solucionabas cosas importantes. Te recordaba las citas médicas y he estado al tanto de cada cosa de tu hijo desde que nació
      - Gracias por eso
      - No me las des porque es mi trabajo – río – Mañana es viernes, terminamos de trabajar temprano. Te propongo que luego de la oficina nos vamos a algún bar. Aprovechamos de conversar, tal vez conocernos más
      - Sería estupendo. – fui sincero – Pero no puedo. Renata no se queda por las noches.
      - ¡Vamos Thiago! – me animo – No tendrá problema por quedarse unas horas más. Que no te estoy proponiendo pasar la noche afuera
      - Esta bien –
      - ¡Genial! – aplaudio – Eso es lo que necesitas, salir. Tienes que retomar tu vida, que ser padre no te corte. ¿Hace cuando que no sales con una mujer?

Bien, hace más de un año. Pero no se lo diría eso ya era ir demasiado lejos. No quería salir con otras mujeres. Ya me lo habían sugerido los chicos pero aun no estaba preparado para eso.

      - Disculpa, creo que me pase con mi pregunta
      - No está bien. Mañana iremos a ese bar.


***

Llevaba media hora escuchando como Marcos le había pedido la mano a mi hermana, como ella contaba lo que quería en su boda. Y todos sus hermosos planes. Estaba feliz por ella, por verla así de feliz. Me alegraba que alguien además de Ian sonriera en casa de mis padres. Había esquivado quedarme a solas con mi madre, no estaba en condiciones de escuchar sus preguntas indiscretas. Mi Abu como siempre lo hacía un día estaba y otro día no. Había decidido que era nuevamente buen momento para volver a España, mi padre no estaba de acuerdo. Sabía que algún día no muy lejano nos llamarían para informar que ya no estaba en el mundo con nosotros. ¿Pero quién hacía que la Señora Victoria Lackington entrara en razón?

      - ¿Adam ya está mejor? – pregunto Tía Naty.
      - Sí. Ya da guerra como siempre
      - Cuando Marcos me dijo que el niño estaba enfermo quise ir a verte. Pero luego…
      - Tía no se preocupe. El campeón ya está bien.
      - Renata – llamo a mi madre que estaba con Vale en brazos – Estaba pensando que para que los chicos se vayan de luna de miel un par de días – tomo un sorbo de agua - ¿Qué te parece que nos vamos a la casa de campo que tienes unos días con los niños?
      - Sería estupendo, Vale y Adam no conocen los caballos, a Ian y David les encantará la idea.
      - Mamá – tome su atención – Yo creo que Adam no ira contigo
      - Claro que sí. Thiago el niño pasa todos los días dentro del departamento. Casi ni lo traes y ya dije me lo llevare
      - Renata lo lleva casi todos los días la parque. Y tengo que preguntarle a ella antes de tomar una decisión
      - No debes preguntarle nada – me miro furiosa – Eres tu quien está a cargo de él.
      - Es su madre
      - Debió pensarlo antes – alzo la voz – Es mi ahijada y la quiero, quiero a Gabriel y Magda, a la pequeña Carol. Amo a mi nieto. Pero no voy a consentir que me aparte del niño.
      - Mamá – la cortó Dani
      - ¡Ni mamá ni leches! – Grito furiosa poniendo a la niña en brazos de la otra abuela – Desde que apareció lo único que ha hecho es… es… ¡Molestar! Thiago estabas tan bien sin ella.
      - Me voy –

No quería comenzar una discusión sin sentido con mi madre, mucho menos por defender a Renata de algo que tal vez tuviera razón. ¿Qué estaba haciendo?
Tome a Adam de los brazos de Ian y le bese la cabeza a mi hermano

      - Beso al tío Ian – le dije a Adam quien baboseo la mejilla – Te quiero Enano
      - ¿Ya se van? ¿Tan pronto?
      - Si, mañana tengo que ir a trabajar y Adam está cansado

Volví al comedor para despedirme del resto de la familia, besando la mejilla de todos y cada uno de ellos. Cuando era el turno de mi madre, lo hice. No podía no hacerlo

      - Adiós mamá – puse al niño por delante – Dile adiós a la abuela

Recalque la palabra abuela, para que se diera cuenta que era el único que tenía derecho sobre mi hijo, era yo quien decidía si el niño se quedaba o no en otro lugar. Igual y nunca me había separado de él, solo para ir a trabajar. Tampoco era fácil para mí dejarlo irse con ella una o dos semanas lejos. Donde lo podría acunar en mis brazos a la hora de dormir.
      - Lo siento – le dije a Dani besando su cabello – Te llamo mañana
      - Me llamas ¿Vale? – Asentí – Besos pequeño mío

Al llegar al departamento me fui directo a la habitación para ponerle el pijama a Adam y hacerlo dormir. Yo necesitaba lo mismo. Necesitaba dejar de pensar en Renata, en como lo haríamos ahora. En poco más de un mes era Nochebuena y tal vez ella quería estar con él, teníamos que conversar algunas cosas. La manera en la que estábamos haciendo las cosas no funcionaba, o ya no estaban funcionando para mí.

      - Adam, ven con papá – el enano gateaba a toda velocidad por la habitación evitando que lo cargara – Es hora de dormir – le volví a decir.

Mientras el reía y huía de mí, deje sobre la cama todo lo necesario para cambiarle ropa. Su pañal limpio, su pijama con la pelota en el frente, su biberón con leche caliente y el chupete para una vez que estuviera listo para dormir. La mayoría de los días era Renata la que se preocupaba de esto, era ella quien durante la semana se recostaba a su lado hasta que se dormía.

      - Mira que tengo – le mostré el biberón. Pero fue inútil, para él era la hora de jugar – Juguemos sobre la cama – volví a insistir – Adam, campeón. Ven con papá
      - papapapapapapa -  aplaudía – mamamama

El pequeño bribón sabio como tenerme comiendo de su mano, era mi alegría verlo así. Pero yo debía trabajar mañana y ya eran cerca de las once la noche. Adam jamás se dormía tan tarde. Aun en contra de su voluntad lo tome en mis brazos y lo lleve a la cama. Mientras lo dejaba sobre la cama movía sus piernas en forma de enojo. Era su manera de mostrarme que no era lo que él quería hacer. Mi Adam y su carácter Lackington