lunes, 12 de enero de 2015

#32 Caminos Inesperados

Capítulo 32


Ser padre era simplemente lo mejor que me había pasado en mi vida, la mejor elección que había tomado. Adam Lackington me llenaba la vida, su sonrisa por las mañanas me hacía saber que todo iba a estar bien. Hoy ya cumplía un año.

Lo miraba mientras dormía plácidamente en nuestra cama y no me lo creía. Un año desde que supe lo que era el verdadero amor, él era mi amor verdadero y lo mejor que me había pasado en la vida.

Aun cerraba los ojos y recordaba esos momentos en que juntos pasamos, la celebración que la loca de mi hermana había preparado para los seis meses de nuestros hijos. La sonrisa de Ian cuando venía a echarme la mano, como gateaba por todo el departamento con la intención de que mi niño aprendiera. Le bastaron 3 semanas para que Adam anduviera por todos lados, sus rabietas cuando algo no le resultaba y como tiraba sus juguetes por todos lados. O por las mañanas cuando me despertaba con el sobre mi pecho o por las noches arrullarlo hasta que se durmiera. La idea de hacerlo dormir en su propia habitación tan solo servía para la hora de la siesta. Sus noches eran en mi cama, nuestra cama.

Solo para asegurarme que tan rápido habían pasado el año tome mi móvil de la mesa de noche suavemente para no despertar al niño, el sol aun no entraba completamente por la ventana así que con suerte eran las seis de la mañana. Encendí la pantalla de mi móvil y lo primero que veo en una cara sonriente de mi hijo, él era el dueño de mi sonrisa día a día, mi única alegría.

Salí de la cama, para aprovechar de ducharme antes que llegara mi Abuela, era quién se ocupaba de cuidar a mi niño mientras yo estaba trabajando, era quién día a día hacia 10 meses me ayudaba a criar de la mejor manera a mi hijo, ella era la mejor madre que le podría dar.

Hace esos mismos 10 meses que no sabía nada de la verdadera madre de Adam, recordar esa noche que se presentó en el departamento me deprimía. Aquella noche cuando mirándola a los ojos le dije que quería divorciarme de ella, que simplemente ya no la quería y que tampoco la quería cerca de mi hijo. Recordaba su llanto y sus suplicas de perdón, pero nada de eso me importo, al igual que no le había importado a ella nuestro bebé cuando lo dejo.

Mis padres me apoyaban en todo, mi hermana me echaba la mano le había dado su leche durante sus primeros seis meses de vida, le había cuidado cuando estuvo enfermo, se había desvelado cuando yo tuve que viajar y dejarle solo por trabajo. Era su hijo también, había sido más madre que la misma Renata.

Gabriel venia un vez por semana a verle, siempre y cuando yo no estuviera en casa. Era verlo y me recordaba que su hija sufría por no poder compartir con su hijo, y yo no quería saber eso. Había creado un muro contra ella y hasta ahora era irrompible.

Mi vida amorosa… Simplemente no tenía una vida amorosa. Durante este año había guardado luto de mi matrimonio fallido, no creía volver a ser capaz de creer nuevamente ni el amor ni en una mujer.

Voltee a mirar una vez más a Adam antes de meterme a la ducha, tenía cerca de 10 minutos antes de que se diera cuenta que no estaba en la cama con él. Era dependiente de mí.

Mientras me duchaba más imágenes de este año pasaron en mi cabeza, nuestras vacaciones, nuestros paseos en el parque, cuando por primera vez le vi su carita.

      - Hola bebé – dije cuando salí de la ducha - ¡Feliz Cumpleaños mi vida! – me lance en la cama y lo lance al aire mientras escuchaba sus risas que llenaban el alma. - ¿Quién está de cumpleaños hoy? ¿Quién abrirá muchos regalos?

Adam trataba de responderme en sus balbuceos, a veces yo juraba escuchar que me llamaba papá. Estaba ansioso por escuchar esas palabras, estaba ansioso por verle caminar, verle crecer y hacer de él un hombre de bien. Tenía la mejor escuela para que así fuera.

      - da-da-da-da-da-da – gritaba mi niño mientras miraba esos dibujos animados que eran sus favoritos. – pa-pa-pa-pa

Me vestí en tiempo record como ya era costumbre, no era propio de mí dejarlo mucho tiempo solo, ya se me había caído de la cama un par de veces por descuidos míos. Que habíamos terminado en la urgencia, era propio de los niños caer de cabeza dijo el doctor que lo atendió esa noche.

      - Ven acá campeón – le tendí los brazos – Debemos cambiar el pañal y tomar una ducha, ya llegara la Llalla y necesitamos estar listos. ¡Hoy es tu cumpleaños!
      - Llalla – me reí.

Mi Abu, era la Llalla, Adam la había bautizado de esa manera. Y resultaba que ahora todos le decíamos así incluyendo a Vale e Ian.

Media hora después ya estábamos listos, no eran ni las ocho de mañana. Mi madre fue la primera en llamar y cantarle el cumpleaños feliz a mi bebé. Poco entendía, pero reía y eso ya me hacía sonreír a mí.

      - ¿A qué hora llegaran? – pregunto mi madre
      - Tengo que pasar a la oficina, espero demorarme poco. Dejare a Adam con la Llalla y nos iremos todos a almorzar ustedes
      - El cumpleaños de los niños será espectacular
      - Lo sé, entre tú y Dani tienen todoooo listo
      - Si, será algo familiar.
      - Mamá te tengo que dejar, debó darle el desayuno a mi bebé.
      - Gabriel, Magda y Carol también van a venir – dijo con pesar – Y no quiero una mala cara hijo, son sus abuelos y tienen derecho
      - Mamá – la corte
      - No. No Thiago, ellos merecen estar aquí, no tienen culpa de lo que mi ahijada hizo. Le pedí de favor que no la trajeran y no le dijeran nada.
      - Te tengo que dejar
      - Los espero a comer mi vida, dale un besito al niño.

Sabía que esto podía pasar, sabía que deberíamos habernos ido a pasar su cumpleaños a otro lugar, ahora solo esperaba que ella llegara también. Claro que lo haría.

      - Adam ven – le llame – Hijo ven acá

Poco me tomo en cuenta estaba demasiado concentrado viendo sus dibujos que tuve que tomarlo en mis brazos y llevarlo a su silla para comer.


***

      - Llalla, a medio día estaré acá.
      - Ve tranquilo cariño – tomo a Adam y lo acuno en sus brazos – Si deseas podemos irnos antes con el niño
      - No, espérenme aquí. – le bese la cabeza a cada uno – Pórtate bien mi vida
      - Siempre lo hace – La Abu me beso la mejilla y salí del departamento,

Llevaba media hora de trayecto hacia la oficina cuando tuve que detener el coche para poder hablar tranquilamente con mi secretaria quien me pedía unos documentos específicos. Baje y revisé unas tres veces para confirmar que los había dejado.

      - ¡Mierda! – me agarre la cabeza – Carmen me demorare un poco más en llegar, tengo que volver con ellos. Mientras prepara todo lo que debo firmar de manera urgente, el resto agéndalo para mañana. Hoy es el cumpleaños de mi hijo y quiero pasar el día con él
      - Sí Thiago. Deberías haberme dicho ayer que hoy no querías trabajar y podía haberme hecho cargo yo, o en su defecto haber cancelado todo.
      - Solo lo urgente, Carmen
      - Tengo todo en orden. A demás tengo un pequeño presente para Adam
      - Gracias.
      - De nada, sabes que ese gordo hermoso me encanta
      - Te llamo cuando este en casa por si necesito llevar algo más
      - Ok, espero tu llamado

Dos calles más adelante tome el retorno para volver a casa, mientras viraba marque el número de Dani.

      - ¡Hola! – dijo muy contenta
      - Hola – salude yo también menos efusivo - ¿Cómo está la cumpleañera?
      - Llorona, hoy no es su día bueno – río – Pero creo que nunca lo es
      - Me recuerda a alguien
      - Tú también con eso – resoplo - ¿Y mi gordo?
      - Precioso. Pero eso ya lo sabes, es como yo. – Río – Te llamaba para saber si necesitas algo
      -  Nada, tengo todo listo. Quedará precioso el primer cumpleaños de mis bebés
      - No lo dude por ni un segundo. Hermana voy llegando a la casa, necesito que revises si necesitas algo. O si falta algo para la celebración
      - Te digo que no, pesadito. Entre Marcos y yo tenemos todo listo
      - ¿Paso por ustedes más tarde?
      - Thiago Lackington, nuestro padre me llamo hace menos de 10 minutos para decirme lo mismo que tú. No necesito nada, tenemos coche para poder irnos solos. Eres tan igual a papá.
      - Solo lo preguntaba

Aparque el coche en la entrada del edificio y entre casi corriendo mientras buscaba en mis bolsillos las llaves del coche, el conserje me saludo con la mano y cuando trato de meterme conversación lo deje con la palabra en la boca. No podía quedarme charlando cuando tenía el tiempo encima, eran casi las nueve de la mañana y no había resuelto ningún pendiente y lo único que quería era poder estar con mi hijo y entregarle todas esas cosas que le compré, poder jugar con él y verlo disfrutar junto a su prima.

Al abrir la puerta del departamento me sorprendió no ver ni a mi Abu ni a Adam en el salón, pero pase rápidamente al despacho que tenía en casa. Revise algunos de los documentos que tenía sobre el escritorio y al no dar con él me fui hasta la habitación. La noche anterior mientras Adam veía dibujos en la cama yo había aprovechado de leer, seguro después no lo traje hasta acá y como la señora Luz quien se encargaba de mantener tanto el departamento como la ropa limpia hoy no venía seguirían donde mismo.

Unos cuantos pasos más adelante abrí la puerta de mi habitación y la sorpresa que me lleve no me gustó nada. Estaba Adam recién bañado sobre la cama riendo a carcajada (como siempre lo hacía) pero quien lo secaba y hacía reír no era precisamente mi Abu.

      - ¿Qué haces aquí? – pregunte furioso cerrando la puerta de un solo golpe – Deja a mi hijo
      - Yo… - trato de hablar y rápidamente se apartó de Adam
      - Sal de mi casa – trate de ser frío y no demostrarle que mi cuerpo entero temblaba al verla después de tanto tiempo - ¿Quién te dejo entrar?
      - Thiago… - fue a tomar a Adam

Me interpuse entre ella y Adam, no quería verla tocarlo, no quería saber que esto había pasado antes. No la quería ver a ella

      - No digas nada Renata y sal de mi casa. No tienes nada que hacer aquí
      - Es su cumpleaños
      - ¿Lo recuerdas? – me burle – No lo puedo creer. Igual no tienes nada que hacer aquí con mi hijo
      - También es mi hijo Thiago. Por muy dolido que estés aún tengo derecho sobre él.
      - ¿Derecho sobre él? – me reí – Por favor, ¿Quién te dejo entrar? ¿Cuántas veces has estado aquí? ¿Dónde está mi Abu?
      - Necesitamos hablar Thiago
      - No tengo tiempo para hablar contigo
      - ¡Te lo haces! No puedo seguir viendo a mi hijo a escondidas
      - ¿Como que ha escondidas? ¡No es la primera vez!

Hecho una furia comencé a vestir a Adam que rodaba por la cama riendo, ajeno a la discusión que en estos momentos llevaba con su madre. Esa era la suerte de que aun fuera tan pequeño, no era consciente de las cosas que entre nosotros sucedían.

      - ¡Quien crees que le ayuda a Victoria con él! ¡Soy yo! Llevo meses viniendo cada vez que tú te vas a trabajar para pasar tiempo con él.
      - ¡No me lo puedo creer!
      - Enfádate todo lo que quieras. Pero es mi hijo también
      - Eso nunca, perdiste todos esos derechos cuando te fuiste. Te lo dije cuando viniste suplicando perdón.
      - ¿Qué es lo que quieres? Ya la cague, ya he sufrido bastante. Permíteme ver a Adam, solo te pido eso.
      - No. Es mi hijo, solo mío
      - Hablar contigo es imposible. ¿Qué quieres que haga? ¿Qué quieres que diga?
      - Quiero que te vayas de mi casa y olvides como lo hiciste hace tiempo que tenías un hijo. Que olvides que alguna vez intentamos ser familia. Fui el único que ame en esta relación, fui el único que dio todo para que funcionara. ¿Quieres que te recuerde todo lo que hice por ti? ¿Quieres que diga que te amé? Si lo hice, te amé como no había amado, deje todo por ti. Te seguí hasta España cuando te estaba chantajeando, pase contigo todo ese maldito juicio. Te apoye y creí siempre en ti, te amé incluso en ese momento. Cuando llegue al hospital y te vi inconsciente en esa cama creí morir. Luego cuando el doctor me confirma que estás embarazada, no temí, te amé más. Cuando supe que seríamos padres, ese día fue sin duda el mejor de mi vida, ame a ese ser que esperabas desde ese minuto y supe que daría mi vida por él. Jamás dude que Adam podía ser mío. Porque creía en ti y mi corazón me lo decía. Aun sabiendo todo eso tú elegiste a tu hermana. No te culpo por eso. Te culpo por eso te culpo por no haberme amado lo suficiente, por no haber pensado en Adam cuando más te necesitaba, dependía completa y absolutamente de ti. ¿Sabes cuantas noches espere verte entrando por esa puerta? Muchas, tantas que me duele reconocerlo.
      - ¿Crees que para mí fue fácil? No Thiago, no lo fue. Desperté en un maldito hospital. Eso no fue lo peor, lo peor fue saber que me había engañado mi propia hermana, a con engaños me hizo volver. El dolor de mi padre al saber eso, el dolor propio al tener que contarlo que clase de hija tiene. Pero eso fue solo una pincelada de todo lo que he pasado. ¿Sabes lo que sentí yo al no verte a mi lado? Cuando pregunto los motivos... - se lleva las manos a la cara - Lo único que son capaz de decirme es que te quieres divorciar de mí. Thiago siento que ya tuvimos la misma conversación y la tuvimos hace meses. No conseguimos nada... Esta vez espero de tu parte algo distinto. No vengo con la intensión de volver a estar contigo. Quiero seguir viendo a Adam, de la misma manera como lo he hecho estos meses. Mira a nuestro hijo, míralo y dime que nunca te habías dado cuenta
      - No quiero oírte más
      - Escucha a nuestro hijo. ¿Crees que él te perdonara haberlo separado de su madre?

Y en ese instante, solo en ese momento y con sus palabras fui consciente de lo que estaba haciendo ¿Adam podría perdonarme? ¿Yo mismo podría hacerlo? Siempre podría recurrir a contarle como habían sucedido las cosas, todo lo que había pasado verdaderamente. ¿Sería capaz de causarle tal sufrimiento? Me veía envuelto en una terrible tormenta. Por un lado estaba seguir causándole el mismo dolor que ella me había causado a mí, por otro hacerle daño a mi hijo con la tal verdad.

      - ¿Él te perdonaría haberlo abandonado?
      - ¿Serías capaz de causarle tal daño contándole eso?
      - No. Jamás haría sufrir a mi hijo de esa manera.
      - En eso estamos de acuerdo. Podemos decirle simplemente que nos dejamos de querer. Por mi parte sería una mentira. Yo aún te amo, si me dijeras que puedo volver a tu lado...
      - Eso no pasará -
      - Entonces déjame estar a su lado, ya veremos que le diremos a medida que crezca pero permíteme estar a su lado como lo he hecho hasta ahora
      - ¿Que pretendes hacer? Y créeme que todo esto lo hago por mi hijo, no por ti.
      - Lo mismo que todos estos meses, puedes seguir creyendo que no lo veo. De lunes a viernes llegare tal como estos meses.
      - Bien. Llegarás a las ocho de mañana cada día, te iras una vez que llegue. Te haré un contrato de trabajo y ganaras un salario.
      - No es necesario que me pagues por cuidar a mi hijo
      - Lo es desde el minuto en que necesitas pagar tus cosas y tu departamento
      - ¿Cómo sabes eso?
      - Me lo dijo tu padre, no creas que me interesa lo que tú hagas. Bien puedes vivir con lo que te pagare y así dedicarte a cuidarlo mientras yo no este.
      - Gracias, de verdad muchas gracias. Se lo que te cuesta hacer esto. Gracias por poner a Adam antes que a tú orgullo
      - Mi hijo es lo primero que lo sepas. -

Tome a mi hijo de sobre la cama y le bese la cabecita antes de encerrarme con él en el baño. Esa era la clara invitación a que se fuera. Pero no fue así, ella aún estaba en la habitación. Como si viviera con nosotros tendía la cama y ordenaba algunas prendas que quedaron anoche.

      - ma-ma-ma-ma - Adam al verla comenzó a aplaudir y mover sus bracitos. Él quería que lo cargará y yo no sabía si podía ver esa imagen sin flaquear ante mi propuesta.
      - ¿Qué quieres bebé? - le pregunto dulcemente sin acercarse - ¿Dónde dejo estos documentos? - me pregunto
      - Donde estaban, no es necesario que hagas el que hacer. Solo ocúpate de Adam
      - No me molesta. Pronto es la siesta de Adam y le gusta dormir aquí.
      - Siempre duerme en el mismo lugar
      - Mi lugar en la cama lo usa mi hijo - río - Ironías de la vida

No quería volver a tener una discusión con ella por lo avance a su lado le tendí al niño, cogí los documentos y salí del departamento. Ya había sido mucho por ese día. Y aun me quedaban unas horas de trabajo y una larga conversación con mi Abuela.


viernes, 2 de enero de 2015

#31 Caminos Inesperados

Capítulo 31

En mi mente las palabras Renata y hospital era lo único que resonaba, no escuchaba a mi Abuela lo que me decía, simplemente había quedado en blanco y no podía respirar correctamente.

      - Thiago no me asustes dime algo – pidió
      - Yo… - no sabía que decir, era mi orgullo y mi preocupación mezcladas
      - No sé bien lo que paso, solo lo que el taxista me dijo. Ella le dijo que la esperara que saliera de inmediato. Pero al paso de unos minutos el llamo a la puerta y al no salir nadie llamo a la policía, entonces dice que solo escucho un disparo y luego cogió la bolsa que le entregaron y me llamo. Estoy con ella en el hospital. Le dispararon hijo – me dijo entre sollozos.

Le había disparo, y simplemente no tenía nada claro en mi cabeza. Afirme el móvil entre la oreja y el hombro y tome a mi bebé apretándolo contra mí, sintiéndole más cerca que nunca. Lo necesitaba.

      - Hijo por favor dime algo – pidió mi Abu. - ¿Vendrás? ¿Qué hago? Esta grave mi vida
      - No puedo – dije simplemente – No puedo dejar a Adam. Ella busco eso. Yo… Simplemente cuídala y les avisare a sus padres
      - ¿Estas bien mi vida? –
      - No. – Fui sincero – Pero no voy a dejar a mi hijo solo por ir a buscarla, no lo abandonare.
      - Avísale a sus padres. Yo te mantendré informado
      - No es necesario Abu. Te dejo que Adam ha despertado

No podía seguir haciéndome el fuerte, no podía aguantar las lágrimas. Pero tampoco podía y debía dejar a mi hijo. Yo no era como ella, no lo sería tampoco. Tenía el corazón destrozado, pero ¡Dios! Ella se lo había buscado. Si se hubiera quedado con nosotros, nada de esto estaría pasando. Nada de esto habría pasado.

Adam comenzó a llorar y yo con él. Nos mecimos durante un rato por todo el departamento, sin ser consciente de que el móvil sonaba. Se alternaba con el teléfono de la casa. Pero simplemente nada me importaba, no quería nada, no quería saber de nadie.

      - Thiago abre puerta – la voz de mi madre provenía del otro lado de la puerta principal.

Pero no la quería aquí, camine con mi bebé hasta escondernos en su habitación donde me deje caer en aquella silla mecedora que tanto había querido Renata para él, para ayudarle a dormir.
Adam me miraba con sus ojos ya casi cerrándose por el esfuerzo de llanto y una mezcla de sueño. Yo solo podía acariciarle la carita y llorar, llorar por la manera que tendría que crecer, por la manera en que había perdido a su madre, en que solo me tenía mí.

      - Duerme pequeño mío, duerme que papá está contigo. Duerme y quédate a ajeno a todo este sufrimiento a la ausencia de tu madre. Siempre me tendrás a mi hijo. Cuando el doctor me diga que podemos salir lo primero que haremos será irnos lejos, solo tú y yo. Veremos el mar y disfrutaremos haciendo castillos con la arena. Te lo pasaras bomba conmigo hijo, nunca nada te faltara y eso te lo aseguro.

No había marcha atrás, y solo a Dios le pedía que Renata se pusiera bien y saliera de eso, que hiciera lo que creía que era mejor para ella. Pero mi decisión estaba tomada y en dos meses, cuando Adam estuviera fuerte no iríamos.


***

Me dolía muchísimo la cabeza, sentía voces a lo lejos pero no lograba identificar de quien eran, me dolía el cuerpo. No lograba poder moverme para sacar ese incomodo malestar en las piernas. Y tampoco podía abrir mis ojos, quería hacerlo.

Una punzada en el corazón me hizo recordar esa carita rosadita, con unos ojos preciosos y sin rastro de pelo que me miraban fijamente mientras se alimentaba de mi pecho. Junto a él la imagen de Thiago mirándonos fijamente con una sonrisa en la cara. Era mi familia, la misma que había dejado atrás por hacer algo que creí bien. Ya lo no lo creía.

Seguía en mi afán de abrir mis ojos, y verlos a ellos a mi lado. Era lo que Thiago haría apenas se enterara de lo que había pasado. En el forcejeo por no entrar en la habitación.

“Te he dicho que no te voy a seguir – cuando me sentí con el valor para negarme a hacer las cosas que Ernesto decía fue cuando lo peor paso. Yo baje tan rápido como pude hacia la puerta, sabía que al otro lado estaba la policía que venía por mí, Victoria me había dicho que lo haría y estaba agradecida de eso.
Camila que no se podía mantener al margen de nada fue contra mí y me provoco nuevamente una caída, esta vez aterrice con mis manos, evitando que mi cara tocara el suelo. Me di la vuelta y vi como bajaba Ernesto tan raído que me dio miedo. Pero no me iba a quedar así. No esta vez no.
Como pude y con fuerzas de donde yo no sabía llegue a la mesa de adornos que estaba a un costado derecho de la entrada tome lo primero que encontré y lo lance contra él. Por primera vez quería celebrar mi buena puntería y haberle dado fuertemente en la cabeza, haciéndole caer al suelo.
Me lleve las manos a la boca y me centre en el gritando de dolor, por primera vez me alegraba de ver sufrir a otra persona.
      - Ni se te ocurra moverte – me había dicho Camila apuntándome con el arma directo a la cara.
      - No hagas esto, no te metas en algo que no tienes nada que ver. Camila por favor. Tengo un hijo
      - Uno que no dudaste en dejar por venir por mi hombre. – reclamo
      - Yo vine por mi hermana, sabes que no me interesa él. Yo solo quiero salir de aquí.
      - ¿Tu hermana? Ella te vendió para hacerte venir, ella ya no está en el país. Yo misma la deje en el aeropuerto cuando confirmo que tú estabas acá
      - Eso no es verdad. Cota esta acá
      - No. Cuando llamaste ella estaba a punto de subir al avión. Ella negocio esto, ella te trajo a él para poder irse.
      - Mientes –
      - Eres tan estúpida Renata. Dejaste a tu marido y a tu hijo por volver a ser la puta de Ernesto. Pero esta vez no lo voy a permitir y la única manera de que eso pase es matándote.
      - No lo hagas, déjame ir. No me volverás a ver nunca más
      - Eso dijiste tantas veces y aquí estas de nuevo. No voy a fallar y seré la única mujer de Ernesto. Siempre he sido la única.

Y no lo dudó ni un segundo más, eso fue lo último que recuerdo.

Volví a mi intento por abrir mis ojos, pero inútil. Una nube se iba cerniendo sobre mi cada vez se hacía más espesa hasta caer en un sueño. Era un sueño y lo sabía.

Thiago y Adam estaban sentados en el césped jugando con unos coches, riendo mientras yo arrullaba a una bebe en mis brazos, era tan parecida a Thiago, en sus ojos, en el color de su pelo. No como Adam mi pequeño precioso de ya 3 años tenía el pelo aún más rubio que el mío, brillaba al sol haciéndose casi blanco.

      - Mami, mami. – me llamo mi hijo. – Mi papi está haciendo tampa – reclamaba porque Thiago llevaba más coches que él – Mami, mami dile que no lo haga

Mire a Thiago y él se alzó de hombre y reía abiertamente mientras sacaba otro coche de los que Adam tenia, esto provoco que mi pequeño llorará desconsoladamente y se viniera a mi lado.

      - No llores mi amor – le dije acariciando la cabecita – Es solo un juego todos los coches son tuyos
      - No quedo juga con mi papi – su pequeña boquita hacia pucheros y se veía tan adorable
      - Ven acá bebé – lo llamo Thiago – Ven acá que te como a besos
      - No – Adam se apretó aún más a mí provocando que la niña se pusiera a llorar – Mami no quedo
      - Thiago – lo llame – Ven por tu hija que yo veo a Adam
      - No – rio acostándose en el césped con las manos detrás de la nuca de manera relajado
      - Thiago – volví a decir, necesitaba su ayuda. Cuando Victoria lloraba, lo hacía de verdad y llegaba el punto en que ponía nerviosa.
      - Adam ven con papá – lo llamo Thiago – ¿Jugamos a volar?

Aquel juego era el favorito de mi pequeño y corrió hasta su padre, solo en ese momento pude sacar mi pecho y hacer que la niña se callara, tenía un serio problema con ella. No había otra manera, o era el pecho o su padre. Veía nuevamente a mis chicos reír y disfrutarse.

Cuando intente ponerme de pie para ir con ellos, todo comenzó a ser borroso. Las risas se hacían lejanas y yo no quería eso, quería seguir ahí con ellos.

      - Doctor – una voz demasiado conocida para mí se escuchó cada vez más cercana, podía sentir como tomaban mi mano y yo no quería. En ese momento estar en aquel sueño lo era todo. – Está reaccionando, sus ojos se mueven

      - ¿Papá? – el dolor en mi garganta se hizo fuerte cuando dije esa palabra, sí en que en verdad lo dije.
      - Hija, mi vida, mi niña, estoy aquí. No hables, pero no vuelvas a irte. Quédate conmigo mi cielo

De ese momento en adelante y hasta que fui consciente nuevamente de todo lo que a mí alrededor pasaba, me revisaron un par de veces la herida. Mientras el doctor me contaba que me habían operado para extraer la bala que había estado alojada en alguna parte de mi estómago.

      - Está todo bien. – dijo el médico pasado un rato mirando a mi padre – Nada de qué preocuparse por el momento, la herida está sana y no tiene ningún problema la señora. Esperemos que siga evolucionando de esa manera y en cosa de unos días ya podrá ir a casa. Claro que manteniendo reposo.
      - Doctor – le llamo mi padre – Nosotros no somos de acá. ¿Me la puedo llevar a nuestra casa?
      - ¿De dónde son?
      - Chile.
      - ¡Hala! Compatriotas de Claudio Bravo el portero de Barcelona
      - Si – reí – Y Alexis Sánchez también. Tengo un hijo recién nacido
      - Ya me lo dijo tú papá y enhorabuena. Tú esposo es un afortunado eres muy guapa. Pero lamento decirte que aún no puedes volar. Es demasiado pronto para tu recuperación
      - Tranquila hija que pronto estarás en casa con tu bebé – mi padre fue tan poco convincente para decirme eso que ni siquiera me miro a la cara. Es más lo dijo mirando al doctor

Al rato que se fue el doctor nos quedamos con mi padre, el me comenzó a contar las cosas que habían sucedido durante la semana que estuve inconsciente. ¡Una semana! Me había perdido siete días de mi vida, siete nuevos días de la vida de mi pequeño. Al preguntarle por Thiago, por el verdadero amor de mi vida no dijo nada, solo se quedó en silencio pensativo.

      - No está aquí – le afirme a mi padre
      - No mi vida – dijo con lamento – Esta con Adam
      - Mi pequeño – no pude controlar mi sollozó - ¿Esta bien él?
      - Precioso – sonrió – Estuve con él antes de viajar.
      - Muero de ganas de tenerlo en mis brazos –
      - Tengo que decirte algo hija – me tomo la mano – Pero para eso necesito que me prometes que estarás tranquila
      - ¿Algo anda mal con Adam? ¿Están bien Thiago y mi hijo? –
      - Si no te calmas no podré decirte nada. El médico me dijo que no puedes alterarte
      - ¡Dime de una vez!
      - Thiago comenzará los trámites de divorcio apenas salgas de aquí – suspiro – Se irán de la ciudad con Adam y comenzaran una nueva vida
      - No me puede hacer eso

Thiago no me podía hacer eso, no podía decidir llevarse a nuestro hijo lejos de mí. Soy su madre, soy su mujer. Yo lo amaba, el me ama. Podía entender que estaba dolido conmigo por lo que había hecho pero su decisión no era más que una manera de vengarse de mí, de hacerme pagar por haberlos dejado.

      - Papá – dije entre lágrimas, era lo único que podía hacer – No… No puede hacerme eso
      - Lo sé, está dolido. Sé que no cumplirá su palabra, te amaba demasiado como para dejarte ir. Pero lo que tú les hiciste a ellos.
      - ¿Has hablado con Cota? – pregunte pasando a otro tema, hablar de Thiago me dolía demasiado
      - No, cuando Thiago me ha llamado tome el primer vuelo. Se por Magda que esta con ella y está bien. Gracias por salvar a tu hermana
      - Yo solo caí en su trampa papá. – me miró fijamente a los ojos y supe que era el momento de contarle toda la verdad – Me llamo la noche antes de que Adam saliera del hospital, estaba tan nerviosa por el examen de mi hijo que no podía conciliar el sueño. Me dijo que Ernesto la estaba maltratando y abusando de ella, tal y como lo hacía conmigo.
      - No – se llevó las manos a la cara y se las froto para que no pudiera ver esas lágrimas que aguantaba
      - Le creí, me costó mucho tomar la decisión más difícil de mi vida. Papá deje a mi hijo solo por ayudarla y sacarla de la mierda en que ella se había metido. Llame a Victoria, ella me recibió pero más no me ayudo, no le gusto saber que había dejado a Thiago. Claro es su nieto. No me lo perdonara nunca.
      - Tiempo al tiempo  - me interrumpió
      - No papá, me lo merezco, Cota me había vendido. A penas entre en esa casa supe que ella ya estaba en un vuelo de 12 horas rumbo a casa. Todo lo planeo junto con Ernesto para terminar conmigo, para tenerme aquí. Para que volviera a ser su puta y todo lo que había sido antes.
      - Eso no puede ser posible
      - Me negaba yo también a aceptarlo, pero es la verdad. La culpa de que esto pasara es de ella.
      - ¡No Renata! Es tu hermana, no puede tener la culpa de que esto pasará. Ella no tomo la decisión por ti
      - ¡Pero me hizo venir creyendo que estaba padeciendo todo eso!
      - Es tu hermana. Renata, sabemos que Cota es totalmente distinta a ti, pero no es mala y tampoco te haría poner tu vida en peligro por que sí.
      - Es lo que hizo. Y lo siento por ti y por Magda, pero esa hija vuestra es horrible. Todo es su culpa, yo… yo la odio por lo que me hizo


Mi padre no aguanto mucho más y salió de la habitación dejándome sola con mis pensamientos, era duro para él saber que su hija, que la que era mi hermana me había mandado a la boca del lobo.

martes, 30 de diciembre de 2014

#30 Caminos Inesperados

Capítulo 30

Escuchaba una y mil veces los mensajes que Thiago me había dejado en el móvil, y se me partía el corazón. Estaba en el aeropuerto, estaba esperando un taxi que me llevara a casa de
Victoria. Era la única en quien podía confiar, era la única que me podía ayudar. Dejar a mi hijo y a mi marido solos era un golpe duro. Mis amores me iban a necesitar, mi bebe estaba en casa, estaba bien. Le habían dado el alta y yo, y yo no estaba con él. ¿Quién le iba a dar de comer? ¿Quién se iba a preocupar de que todo estuviera bien?

Confiaba en Thiago, pero no sería completamente capaz de cuidarlo, el necesitaba ser cuidado también. Dios me debía perdonar por esta locura que estaba haciendo. Dios debía perdonar a mi hermana por ponerme en este lugar, esta situación tan difícil.

      - Llegue - fue lo único que dije cuando Cota me contesto el móvil después de muchas insistencias
      - Gracias hermana. Por favor ven por mí. Tengo miedo - lloraba
      - Dejare mis cosas en un hotel y voy - mentí - Cota necesito que estés lista, debo volver de inmediato. Tengo un hijo y un marido esperando por mí
      - Lo sé, yo también quiero ver a mi hija, la extraño mucho
      - Ya estarás con ella pronto. No prepares ni siquiera una maleta, nos vamos así. Cota quiero irme ya
      - Yo también, ven pronto

Corte la llamada y espere otros quince minutos más, hasta que por fin llego el taxi y casi una hora después entraba en casa de Victoria. Quien con una cara de no poder creerlo que me encontraba aquí

      - Cuando me llamaste no podía creer que fuera verdad - dijo asombrada - ¿Qué haces aquí? ¿Dónde está Thiago y Adam?
      - En casa. Vine por Cota
      - ¿Tu hermana loca?
      - Él la está golpeando, está haciendo lo mismo que conmigo. No lo puedo permitir
      - Fue su elección, Renata por el amor de Dios, Dejaste a tu recién nacido hijo solo por venir por ella.
      - ¿Que querías que hiciera? - grite y no controle más las lágrimas - Si le pasa algo no me lo podre perdonar nunca
      - ¿Thiago sabe que estas acá? ¿Te dejo venir así sin más?
      - No lo sabe, solo los deje. Espero que cuando vuelva me perdone por haberle hecho esto.
      - Renata yo le tengo que avisar. Mi nieto debe estar sufriendo
      - ¡No! Necesito que él este allá, aunque me odie, necesito que se haga cargo de nuestro hijo. Si sabe que estoy acá, vendrá por mí. Lo sabes
      - Vamos a ir por tu hermana, yo te voy a acompañar, no lo haremos solas. Llevaremos a los policías. Este hombre está loco y obsesionado contigo
      - Lo haremos como tú quieras.
      - Entonces lo primero que haremos será poner sobre aviso a tus padres, ellos necesitan saberlo. Me gustaría avisarle a Thiago, se lo merece. Y también y más importante es ir con la policía. No lo haremos sola hija y eso que te quede claro.

Asentí, ella estaba poniendo sus condiciones. No iba a ir en contra de eso. Paciente espere sentada en aquel lindo sofá mientras ella se comunicaba con mi casa en Chile. Cuando le contestaron pacientemente les explico a quién deduzco yo era mi padre la situación en la que estaba Cota en estos momentos.

      - No, no es necesario. De verdad que podemos hacer las cosas nosotras… Si vienes se complicara todo aún más… Yo también estoy furiosa por lo que Renata hizo, mira que dejar a su hijo recién nacido… Eso es una buena noticia. Se lo diré. Estamos en contacto.

Cuando corto la llamada se sentó a mi lado y tomando mis manos vi como sus ojos me miraban con tristeza. Sentí el mayor miedo en ese minuto. Esperaba que lanzara alguna maldita información acerca de mi bebé.

      - Era tú padre. – Asentí – Está furioso también contigo.
      - Lo sé – susurre - ¿Adam está bien?
      - Esta en casa con Thiago, lo han dado de alta y te necesita.
      - Yo también a él
      - Puedes volver. Gabriel dijo que te fueras y él venía a resolver esto.
      - No puedo – dije por fin dejando caer esas lágrimas al saber que mi bebé estaba bien y en casa con su padre – Ernesto me quiere a mí.
      - Eres tan cabeza dura, no piensas en nada. – dijo furiosa y poniéndose de pie – Eres egoísta Renata, siento decirte, pero es la verdad.
      - Si lo fuera estaría en mi casa con mi hijo – me defendí – Sin embargo estoy aquí, tratando de salvar a mi hermana
      - Esa es otra mierda egoísta, nadie le dijo que se metiera donde sabía que solo tendría problemas pero en su afán de cagarle la vida a todo el mundo se quedó. Y ahora te está llevando justo donde Ernesto, ese maldito mal nacido te quiere. Renata piensa por un segundo. Detente y mira a tu alrededor.
      - Es lo que hago, mi sobrina la necesita. Ella no sabe lo que hace
      - Claro que lo sabe – grito enojada – Quiero que la llames y la hagas venir aquí
      - Me espera Victoria – me puse de pie – Voy a ir por ella y volveré a mi casa
      - Que Dios y mi nieto te perdonen por esto. Yo no voy a ayudarte esta vez.
      - Gracias –

Fue lo único que pude decirle antes de tomar mi bolsa y caminar a la salida, nadie me podía entender.

      - Que sepas que apenas salgas por esa puerta llamare a la policía y a mi nieto. No me voy a prestar para esto.
      - No llames a Thiago.

Negó con la cabeza y supe que tenía todo perdido en ese momento. Salí y camine hasta que pasara un taxi. Al subirme a este estaba demasiado nerviosa por lo que iba a hacer.
Una mezcla de nervios y miedo que no había sentido ni en las horas de vuelo. Lo sentía ahora que el minuto se acercaba. Tenía miedo de la reacción de Thiago, en cuanto supiera volaría para venir por mí, lo sabía. Sabía que su amor era tan grande para eso y mucho más.

Me sentí egoísta, me sentí una mala madre. Me deje sentir todo eso que me había negado horas atrás, me lo merecía. No necesitaba que nadie me dijera lo contrario. Mi móvil sonó cuando el taxi entraba en la calle de la casa de Ernesto.
Era Thiago

      - ¿Hola? – dude al contestar, pero si me llamaba era porque ya lo sabia
      - No puedo creer que estés salvando a tu hermana, que antepusieras a esa perra loca antes que a tu propio hijo. – grito con rabia, y sabía que también lloraba de esta misma
      - Yo… – le interrumpí, no quería escuchar sus quejas conmigo, su rabia
      - Tú nada Renata. Esto que le hiciste a Adam no te lo voy a perdonar nunca. Me rompe el corazón decirte esto, de verdad. Me lo rompe porque te amaba, para mi primero siempre estuviste tú y… - sollozo – No puedo creer que para ti no fuéramos los primeros y me duele mucho más saber que Adam no fue el primero.
      - Déjame hablar – dije entre lágrimas
      - ¿Qué me vas a decir? ¿Qué lo sientes?  Pues no te creo una mierda. Quédate en España o donde te haga falta. A mi hijo no le faltara nada nunca – grito - ¡Para mí él es primero!

Quería decirle tantas cosas, quería huir de ese lugar, quería estar a su lado. ¡Maldita seas Cota!

      - Te amo – logre articular cuando Thiago se mantuvo en silencio
      - Esas cosas no basta con expresarla, debes demostrarlas. Renata me demuestras lo contrario.
      - Me necesita – volví a decir
      - ¿Y tu hijo no? Él te necesita más que cualquier otra cosa, incluso yo.
      - No me digas eso. Me duele
      - Bien, eso es lo mínimo que deberías sentir.
      - Thiago –
      - No. No me digas nada. Solo cuídate y se feliz.

Eso fue lo último que escuche de él. El taxi se había detenido frente a la fachada. Le pedí que me esperara en el mismo lugar, tan solo iba a entrar y volver a salir. No me quedaría ni medio segundo más. Si ella no salía conmigo no la esperaría y no le rogaría. No. Ya había perdido al amor de mi vida, a mi hijo.

No tuve necesidad de golpear la puerta para ingresar, Camila ya esperaba por mí.

      - El señor te espera en su habitación – me dijo sin un rastro de buen humor
      - ¿Dónde está Constanza?
      - En un avión rumbo a su casa. – se burlo

¿En un avión rumbo a casa? No. Cota no me podía haber hecho eso, no, no. Camila me estaba mintiendo.

      - Ya oíste – me empujó hacia dentro de la casa y cerró la puerta tras ella – El señor te espera en la habitación
      - ¡No voy a subir! – le dije tan alto como para el imbécil escuchara en su habitación
      - ¿Para qué vienes si no quieres hacer lo que te mandan? – espeto Camila. – Eres una maldita tú y la perra de tu hermana, joden todas las cosas. ¿Qué tienen ustedes que lo hacen ponerse de esa manera?
      - Esta tan enferma como él – dije volteándome hacia la puerta de salida.
      - Ni se te ocurra abrir esa puerta – la voz de Ernesto llego tras de mí.

Y como lo había hecho hacía tiempo me puse a temblar inmediatamente y el miedo calo mis huesos, aun a pesar de los meses le seguía temiendo.

      - Querida sube a la habitación – me dijo un poco más calmado. En ese momento alce mi mirada para encontrarme su cuerpo desnudo en lo alto y su mano se masajeaba el pene.
      - Si quieres voy yo – dijo Camila pasando su mano por sobre su ropa de manera asquerosa.
      - No, es Renata la que me va a abrir las piernas en este momento para que me la goce como llevo meses deseando.
      - ¿Qué es lo que quieres? – logre articular con la voz más firme que pude - ¿Para qué me hiciste venir?
      - Eres mi maldita mujer. Es donde tienes que estar – mientras hablaba comenzó a bajar algunos escalones
      - ¡No! – grite cuando lo vi acercarse más
      - ¿No? – dijo poniendo casi delante mío y apartando de un manotazo a Camila – respuesta incorrecta cariño ¡Sube!
      - ¿Dónde está mi hermana? – pregunte en un hilo de voz
      - Sube y lo sabrás – dijo tomando a la fuerza mi mano y llevándola a su pene - ¡AHORA! – grito
      - Thiago está afuera esperando por mi – mentí – si no salgo en unos minutos entrara junto a la policía y todo estará acabado
      - Sube – dijo jalándome la mano y haciendo caso omiso a mis palabras - ¡AHORA!

Comencé a seguirle en contra de mi voluntad escaleras arriba cuando la puerta sonó. Inmediatamente Ernesto me arrastro más rápido escaleras arriba y tropecé cayendo unos escalones de culo. La puerta volvió a sonar esta vez con más fuerza e impaciencia.

      - No abras la maldita puerta – le gruño a Camila mientras baja por mí. – Sube maldita perra, quiero que subas a la habitación y te quedes en silencio o tu hermana será historia


***

No le encontraba justificación alguna a lo que había hecho, por mucho que su hermana estuviera en peligro. Por mucho que Gabriel me suplicara que la comprendiera no podía. Llevaba más de dos horas escuchando a mi suegro suplicando que comprendiera a su hija, pero simplemente no podía.
¿Por qué Renata no podía haber comentado conmigo lo que estaba pasando? Simplemente se marchó y nos dejó. Ese era el fin de mi matrimonio, ya no quería volver a saber nada de ella, me llevaría a Adam tan lejos como pudiera, no permitiría que a mi hijo le hicieran daño aunque fuera su propia madre. La misma que lo dejo abandonado en la sala de un hospital cuando más lo necesitaba.

      - Thiago por favor – decía Gabriel con el niño en sus brazos – Es su hermana
      - Y este su hijo – camine hacia su lado y se lo arranque de los brazos - ¿Qué tiene más importancia?
      - Espera a que llegue a tu lado y te cuente como son las cosas, mi vuelo sale dentro de dos horas. Iré por mis hijas. Te la traeré de vuelta
      - No. – camine hacia la cocina y saque un biberón de la nevera.

Gracias a mi hermana a mi hijo no le faltaba alimento, alternaba la leche materna que ella me dejaba en la nevera con el suplemento que había comprado. Era la única manera de cuidarlo. No pensaba en volver a trabajar, en dejarlo a cargo de nadie. Simplemente yo me hacía cargo de él las 24 horas del día. No sería como su madre. No. Era mi hijo y lo cuidaría como tal. Seríamos él y yo. Así lo había decidido Renata.

      - Habla con ella antes de tomar una decisión – volvió a pedir
      - Gabriel. – Le corte – La decisión la tomó ella, el día que nos dejó.
      - Estaba desesperada – paso sus manos por el pelo en señal de desesperación – Sabes de primera mano lo que ese hombre es capaz de hacer
      - Por lo mismo, tenía que haber hecho las cosas de otra manera. Ella decidió, yo también. La diferencia es que yo lo hago pensando en mi hijo.
      - También es su hijo, no puedes llevártelo y negárselo
      - Que me demande para poder verlo, tengo todas las de ganar. Ella lo abandono. No te pongas de su parte
      - No me pongo de ninguna. Solo no encuentro justo lo que haces.
      - ¿Justo? ¿Y fue justo que se fuera? Cuando quieras ver a Adam llama primero
      - ¿Me estas corriendo? – pregunto asombrado
      - Tengo que darle de comer.

Camine con el hasta la habitación que compartíamos, porque no me iba a separar de él ni para dormir. Lo acosté sobre la cama y me puse a su lado.
Gabriel no nos siguió y lo siguiente que oí fue como cerraban la puerta principal del departamento.
Mi hijo miro el biberón y comprendí que ya tenía hambre, hacía poco más de 20 horas que estábamos solos en esto y nos entendíamos a la perfección

      - ¿Tienes hambre? – Adam me miro – Papá te dará de comer y luego dormirás un momento, yo también lo necesito mi vida. Recuerdas que te dije que estábamos solos en esto. Debemos acompañarnos y entendernos.

Como si me entendiera empezó a cerrar los ojos a medida que sesionaba la leche. Mi bebé simplemente era brillante. O yo su papá que todo lo que hiciera lo encontraba simplemente perfecto.

      - Así es mi vida - le acaricie la cabecita – Duerme que papá estará siempre a tu lado. Siempre.

Al decir esas palabras se me abrieron un nudo en el pecho, lo había estado reteniendo por mucho rato, pero ahora verle así tranquilito y dormido. No pude controlar las lágrimas.
No pude controlar tampoco el echarla en falta en ese momento a nuestro lado, mirando a Adam, mirándome.
Nada de eso volvería a pasar, ya lo había decidido en el momento en que me llamo mi Abu no solo para felicitarme por su nacimiento si no para decirme que su madre estaba allá. Ayudando a su hermana, la misma que tiempo atrás le había causado daño. La misma que no había pensado por un segundo en su pequeña hija y se había marchado con un enfermo.

El móvil comenzó a sonar y me desperré por coger a llamada.

      - Hijo – mi abuela al otro lado de la línea - ¿Cómo estás?
      - Bien Abu, aquí mirando como mi angelito duerme
      - Bien – dijo y se quedó un momento en silencio. Pensando si decirme lo que no sabía si quería escuchar
      - ¿Qué pasa Abu? – pregunte de igual modo.
      - Renata está en el hospital –