lunes, 4 de agosto de 2014

#22 Caminos Inesperados


Capítulo 22


Nadie dijo que sería fácil, que se me darían las cosas en bandeja. Pero ya no podía posponer más en mi vida.

Al otro día esa conversación y luego de haber pasado la noche en vela dándole vueltas a la situación decidí irme con Thiago a las Vegas, yo… yo tenía el futuro de mi hermana en mis manos pero… Ella se había metido en eso sola, solo esperaba que algún día mi padre y Magda pudieran perdonarme

Por esta vez estaba yo y mi hijo primero, Thiago no esperaba mi respuesta, su cara de sorpresa y felicidad fue lo que más me emociono. No pregunto nada solo me tomo la mano y me guio a nuestra felicidad.

Dos días después ya estábamos de vuelta en España como el señor y la señora Lackington, estaba feliz, y esperaba con todas mis fuerzas que todos lo estuvieran de la misma manera. Por sobre todo mi padre cuando supiera las ultimas noticias.

      - ¿Quieres volver al hotel?
      - No, quiero ir a la casa y contarle a todo el mundo que ya soy la señor Lackington – le mostré el hermoso y simple anillo que me había regalado horas después de que nos uniéramos para siempre
      - Eso haremos entonces mi señora Lackington – me beso castamente en los labios – pero luego y sin reclamos se irán a descansar. Y no quiero reclamos
      - No haré ninguno solo si prometes que estarás a nuestro lado
      - Eres una tentación muy grande, en la que no debo caer amor. No puedo hacerte el amor.
      - Pero…
      - No, no hay peros, ya te lo dije. Amor no podemos.
      - Nada nos pasara
      - ¿Y si pasa? Como crees que me sentiré si algo les pasa
      - Eso no lo pensaste la noche en que llegaste al aeropuerto y tampoco después de darte el si
      - La primera fue para asegurarme que era cierto que estabas conmigo de nuevo y la segunda para… bueno para consumar nuestro matrimonio. Bueno el primero de dos más que nos quedan
      - ¿Dos más? Pero si ya soy tu mujer
      - Nos volveremos a casar cuando lleguemos a Chile. Quiero verte entrar con tu vestido blanco y nuestro hijo de tu mano. Aparte de por las leyes también. No me conformo con uno
      - ¿De blanco?
      - Claro, es el sueño de toda mujer, con nuestras familias presentes, con una iglesia llena de flores. Como en las películas.
      - Ya lo hicimos como en las películas.
      - Lo quiero de esa manera
      - Pero no de blanco Thiago.
      - Sí. Sera de blanco y ¿Sabes que porque?
      - No – le bese los labios. – De blanco es pureza y yo me case una vez de ese tono, no quiero hacerlo de nuevo
      - Lo harás mi vida, porque para mí eres la mujer más pura que hay. Olvida todo lo que paso antes de que yo llegara en tu vida. Antes de que me dieras el sí. Nada de eso importa
      - ¿Nada?
      - Bueno, este cosito – toco mi vientre – Se hizo antes de eso, pero podemos hacer que supimos recién qué se yo. Te quiero de blanco y entrando a la iglesia del brazo de tu padre
      - Como tú quieras será, solo si me prometes que estarás esperándome al otro lado del pasillo
      - Siempre

Sellamos ese nuevo pacto con un beso, me hacía ilusión todo lo que decía Thiago, entrar en la iglesia con mi bebé de la mano y con mi padre del brazo, era como todas lo soñamos alguna vez. Yo lo viví, pero ahora era si con mi verdadero amor.

La llegada a la casa estuvo llena de abrazos y besos, todos estaban felices por nuestro regreso, y por sobre todo de las novedades que traíamos con nosotros. Mi padre no dejaba de llorar cuando supo que nos habíamos casado de esa manera en Estados Unidos pero tampoco reclamo nada, lo único que le importaba era que estuviéramos juntos y felices. Me veía feliz, claro porque yo lo estaba, con Thiago siempre lo estaba.
Pero faltaba la peor parte

      - Papá me gustaría hablar contigo y con Magda – le dije sin más, no podía ocultárselo y mucho menos posponerlo.
      - ¿Qué pasa hija?
      - Tío Benja, Tía Renata me gustaría que fuera en privado
      - Si mi vida, no te compliques por nosotros. Vamos a buscar a Victoria y a Ian a la casa de María José.

Todos asintieron y nos dejaron solos en el salón, ahora me faltaba la parte más difícil que Thiago también accediera a dejarnos solos.

      - Thiago – me miro - ¿Puedes dejarnos solos?
      - Pero amor…
      - Necesito hacer esto sola – a regaña dientes asintió, me beso en los labios y nos dejó solos

Era el momento de decirles todo a mis padres y tenía que hacerlo sola, tenía que encontrar la fuerza para decirles que había decidido mi vida primero.

      - ¿Qué pasa Renata? ¿Todo bien con el bebé?
      - Sí. El bebé está bien
      - ¿Entonces qué es?
      - Papá, yo elegí casarme con Thiago a pesar de todo
      - Y estamos muy felices por eso, no tiene nada de malo que re hagas tu vida
      - Espero que sigas pensando eso cuando te cuente que lo elegí por sobre mi familia, por sobre mi hermana
      - ¿Qué quieres decir? Thiago es tu familia, él y tu hijo son tu familia, ellos son primero ahora y siempre
      - Ustedes, Cota y Carol también lo son. Pero fui egoísta, puse mi felicidad ante todo
      - Es lo correcto. – Acoto Magda – Tú felicidad y de tu familia es ante todo, nosotros desde el momento en que comenzaste tu relación con Thiago pasamos a ser familiares. Él es tu familia, el, tu hijo y los que vendrán. No te sientas mal por haberlos elegido.
      - ¿Aun cuando de eso dependiera la libertad de Cota? – solté sin mas
      - ¿Por qué dices eso? ¿La libertad de Cota? ¿Qué pasa con ella? – pregunto Magda poniéndose nerviosa.
      - Yo los amo, los quiero mucho, son mi vida. Pero… Ernesto tiene a Cota, mando a decir con su abogado que…
      - Hija por favor –
      - Él no va a dejar a Cota hasta que Thiago no esté lejos de mí, pero papá yo no puedo estar sin Thiago. Él es mi vida, con el soy feliz. Cota eligió irse con él. Nadie la obligo
      - Eso lo sabemos. – Dijo Magda comenzando a llorar – Yo hable con ella, ella me dijo que amaba a Ernesto que él era el hombre de su vida.
      - No sabe lo equivocada que esta
      - Renata no te podemos culpar ni de egoísta, ni de mala persona, tú tienes un hijo al que proteger.
      - Perdónenme, de verdad perdónenme. Yo estoy poniendo en peligro a mi hermana con mi matrimonio, con mi felicidad. Ernesto no nos dejara ser feliz nunca.
      - Hija – hablo mi papá – Hace algunos años, yo preferí proteger a mi familia de la mejor manera en que encontré en ese momento, no pensé en lo que pudiera pasar con el tiempo, solo en ese minuto y en lo mejor para ti. Creí que con separarte de nosotros podrías encontrar tu felicidad, tus abuelos no eran malas personas, ellos te adoraban y como no si eras la jovencita más linda del mundo, aun lo eres. Eras el sueño de todo padre. Tú madre te amaba, eras su vida, prometí siempre cuidarte y protegerte le falle, le falle a Carol cuando te deje irte, cuando tome la decisión de poder ver a mi otra hija crecer. Te deje ir por no dejar a Cota y a Magda. Te separe de los que te querían por ellas. No sé si sea el mejor momento para contarte esto… - suspiro y le tomo la mano a Magda – ¿Quieres escucharlo?
      - Gabriel, es bien momento, es importante que Renata sepa que no está siendo egoísta, que los egoístas fuimos nosotros con ella. Es ella la que tiene que perdonarnos muchas cosas.
      - ¿Qué quieren decir? – Pregunte intrigada – Papá ¿Pasa algo más?
      - Cuando tu madre murió eras una niña, eras una bebé. Tan pequeña y tan bonita. Yo te amaba, aun te amo. Eres lo mejor que me dejo Carol junto a nuestros buenos recuerdos, fui inmensamente feliz junto a ella.
      - Eso lo se siempre me lo dices

Recordar a mi madre siempre había sido muy doloroso, sobre todo porque era muy poco lo que me recordaba de ella, bueno casi nada. Todos mis recuerdos eran cosas que durante los años en los que fui creciendo mi padre, Magda o mis tíos me contaron. Yo amo a mi madre, Dios se la llevo de mi lado, pero me envió a Magda, ella fue como una madre. Estuvo conmigo en los momentos más importantes de mi vida, fue mi amiga, mi confidente y por sobre todo la figura a seguir.

      - Era la primera vez que veníamos a Chile luego de nuestro matrimonio y de tu nacimiento. Fue reencontrarme con Renata lo que nos incentivó a volver y en ese momento creímos que mi madre ya me había perdonado el haberme enamorado de una muchacha Española que no tenía la posición económica que ella esperaba. Tú abuela, mi madre no era un ejemplo de mujer, siendo una niña Renata sufrió mucho por su culpa, el motivo de que yo estudiara fuera del país fue ella, a toda costa quería evitar que nosotros pudiésemos enamorarnos. Éramos unos niños, un par de adolescentes, pero Renata no tenía nada sus padres habían muerto. ¿Te preguntaras porque te cuento esto? – Asentí – Ese año tú abuela te conoció, te amo en ese momento, pero no así a tu madre. Le hizo la vida imposible mientras estuvimos en su casa del sur. ¿La recuerdas? – me pregunto
      - Poco
      - Nunca volvimos a ese lugar después que tú cumpliste 12 años y tus abuelos vinieron desde España a verte, en ese momento ellos aún no se reponían de la muerte de su hija. ¿Cómo iban a hacerlo? Si salió de España una joven llena de vida y volvió dentro de un ataúd.
      - Papá – lo detuve, no sé si quería escuchar lo que tenía que decirme.
      - Calla hija – me ordeno – Una tarde salimos a montar, tu madre nunca lo había hecho. Pero se le veía feliz arriba del caballo contigo entre sus brazos. En un momento ella te paso a Renata, no lo recuerdo bien porque todo fue muy rápido. El caballo corrió, corrió… - se detuvo y las lágrimas no paraban de correr por los ojos de él. Le dolía hablar de esto, y me estaba doliendo a mi escucharlo – Se cayó del caballo, se golpeó la cabeza. Quedo muy grave.
      - Por favor… - suplique, quería que se callara, no quería saber más.
      - En el hospital solo quería estar con mis dos mujeres, Renata se quedó contigo mientras eso pasara. Creo que fuiste el motivo para que ellos decidieran tener a Thiago. – Sonrió – Le prometí tantas cosas en ese momento a Carol, sobre todo protegerte. Nos fuimos a España estuvimos un par de meses en ese lugar. Cuando decidí volver contigo tus abuelos hicieron la guerra, no querían perderte a ti también, fuimos a juicio. Pero yo era tu padre, volvimos. Comencé el restaurant que era el sueño de tu madre y mío. Pero al poco tiempo ya no tenía con quien dejarte, fue en ese momento que llego Magda a nuestras vidas, ella necesitaba un trabajo y yo alguien que te cuidara y se preocupara de ti, no podía seguir abusando de Renata. Ella tenía sus propios problemas con Benjamín como para darles más. Me enamore, volví a sonreír, Magda lleno ese espacio que tu madre dejo pero siempre fue consiente y tú lo sabes que tu madre si existió en nuestras vidas.
      - Gracias – dije porque fue lo único que me salió
      - Eso no es todo, tu abuela se molestó mucho cuando a los años decidimos casarnos, fue cuando quedo embarazada de Cota que ella volvía y estaba vez venía con una horrible noticia.

Por un momento no podía concentrarme en nada, era tan duro lo que mi padre me contaba, volver a recordar la muerte de mi madre, no era algo fácil.

      - La muerte de tu madre no fue un accidente, nada de lo que paso esa tarde lo fue. Bastaron 12 años para que saliera a la luz lo que había sucedido realmente.
      - ¿Cómo que no fue un accidente? ¿Qué me dices papá? Esto no puedo ser – me puse de pie y comencé a caminar por el salón.

No, no esto no era verdad. ¿Quién iba a querer matar a mi mamá? ¿Por qué alguien iba a querer hacerle tanto daño?

      - No lo fue, y eso fue lo que partió mi corazón. Esa noche cuando tu abuela entra en mi casa y me hace elegir entre tú o mi madre enferma, Creo que esa noche supe que te iba a perder. Fui egoísta, fui hasta un mal papá
      - Eso nunca – acote
      - Fue mi madre la que modifico la montura del animal para que alguien cayera, no era para tu madre. Era a Renata a la que quería matar. ¡Dios! Aun cuando han pasado tantos años no he tenido la valentía para decirle a Renata que mi madre la odiaba a tal punto que la quería matar.
      - ¡Pero fue mi madre la que murió! – dije fuera de si

Mi abuela, aquella persona que se mostraba tan dulce conmigo había querido matar a la que ahora es mi suegra. Sin embargo me había dejado huérfana de madre.

      - Fue mi esposa. Mi madre ya en ese entonces estaba enferma, no podía pasar ni un mes en la cárcel. No lo iba a resistir. A cambio de que nada de eso pasara, debía enviarte cuando cumplieras 16 años a España ¿Por qué esa edad? No lo sé. Ese fue el día más triste de mi vida, verte partir. Podía haberme ido contigo, pero ya tenía otra familia. Tú abuela lo sabía, ella quería que yo te perdiera a ti para que sufriera lo que era perder un hijo.
      - No… - me lleve las manos al cabello y escondí la cabeza entre mis piernas
      - Si, fue tu abuela la que mato a tu madre, fui yo quien los prefirió a ellos. Eres tú la que tiene todo el derecho a ser feliz.

Era horrible todo lo que había escuchado, no podía creer nada de todo esto. ¿Qué conseguía con esto? ¿Sentirme menos culpable? No, no me sentía menos culpable. Si no hubiera sido mi madre, hubiera sido tía Renata, pero mi madre estaría viva, conmigo. Pero no tendría al amor de mi vida, ni al fruto de este.

      - Se feliz mi vida, te lo mereces. – me dijo Magda tomando mi hombre.

Mi padre se agacho a mi lado mientras me susurraba palabras de aliente y de cariño. Era un momento agridulce.

      - Ahora que sabes toda la verdad no debes sentirte culpable por lo que mi hija ha decidido – hablo Magda – Ella tuvo a tu padre, tuvo felicidad y todo para ser feliz, decidió mal una vez. No la juzgamos nos dio una gran alegría al traer a Carol al mundo, bien lo sabes que esa pequeña es parte de nuestra vida. Vamos a sacarla de donde ella se metió pero sin poner en riesgo tu felicidad. Tanto tú como Thiago ya nada tiene que hacer en este país. Váyanse, formen su hogar, termina tu embarazo en un lugar donde sean felices.
      - No puedo –
      - Si, si puedes, si pueden. Y lo harán – dijo mi padre muy decidido. – Yo quiero que tú y tú marido se vayan.
      - Papá –
      - Tú padre tiene razón mi amor – levante la cabeza ante las palabras de Thiago quien entraba al salón – Mañana arreglare todo para poder irnos.
      - Yo no me voy sin mi hermana, no la puedo dejar con ese animal.
      - Y yo no te voy a poner en peligro a ti, mucho menos a mi hijo. Renata no vamos a discutir esto, ya es una decisión tomada, nos iremos.

Cuando iba a debatir la decisión de Thiago la puerta se abrió y entro Ian corriendo hacia nosotros, quien al verme llorar se detuvo frente a mí.

      - ¡Que le hiciste Thiago! – Grito enojadísimo a su hermano - ¡Siempre la haces llorar!
      - Ian – lo regaño Thiago
      - ¡Deja de hacer llorar a Renata!
      - Ian – le volvió a decir
      - ¡Déjala sola! ¡Sal!

Mi pequeño cuñado me defendía ante su hermano con mucha fuerza, le reclamaba mis lágrimas y mi hombre solo lo miraba. Mis padres estaban con la boca abierta y mis suegros muertos de la risa ante la reacción del pequeño
Estire mis brazos hasta que lo alcance y lo abrace tan fuerte contra mi pecho

      - Gracia – le susurre.

Thiago se agacho hasta estar a su altura y le revolvió los cabellos, luego me guiño un ojo y se fue a abrazar a su abuela.

      - Felicidades mi bebé – dijo Victoria a Thiago cuando le susurro sobre nuestro matrimonio. – Ian – le llamo y el niño lo miro – Serás un gran hombre y un muy buen compañero cuando elijas a la mujer de tu vida, pero a esa que abrazas es la esposa de tu hermano
      - ¿Esposa? – Alzo una ceja y me miro - ¿Te casaste con este?
      - Si – dijo Thiago desde atrás – Es mi esposa
      - ¿Por qué no me invitaste a la boda?
      - Ya lo haremos enano cuando nazca tu sobrino
      - ¿Entonces?
      - Solo por las leyes, ya lo haremos en una iglesia como tú dices.
      - ¿Por qué haces llorar a tu esposa? – Le pregunto alzándole una ceja – Eso no está bien
      - No es de tristeza cuñado – dije interviniendo por mi esposo – Son de felicidad, le estaba contando a mi papá que ya me case

El pequeño sonrió y fue a abrazar a su hermano.


***

Cuando Thiago dijo que nos iríamos de vuelta a Chile, nunca pensé que lo haríamos tan rápido esa misma tarde hablo con Florencia para que tuviéramos una última reunión y dejar todo tal y como estaba, mi amor me había prometido una vida de felicidad y sabíamos que seguir en Barcelona no lo íbamos a conseguir. Mis padres ya habían contactado a Cota para comunicarles que también se irían y que la dejarían seguir con su vida tal como ella lo quisiera pero la niña se iba con ellos. Por lo que necesitaban que ella les firmara un permiso para sacarla del país. Se había negado, obvio la quería con ella. Pero había accedido a juntase a conversar. Una cena a la cual yo no estaba invitada.

Los primeros en partir y lo harían al día siguiente eran mis suegros, ya las vacaciones de Ian en el colegio habían terminado y no podía seguir sin estudiar podía perder el año y también extrañaban a su hija. Dani estaba sola.

Mi cuñada al otro lado de la pantalla gritaba eufórica cuando le comunicamos de nuestra boda y le enseñamos los anillos. Y le decía a Marcos que se apresurara en poner la piedra en sus dedos.

Victoria por fin después de tantos años había decidido marcharse con nosotros, no quería perderse el nacimiento de sus dos bisnietos, aun no creía que fuera a tener dos. Aquellas pequeñas cosas que crecían dentro de nuestros vientres habían conseguido lo que sus nietos no. Sacarla de su querida España.

Para poder viajar nosotros a parte de la cita con Florencia nos faltaba el permiso médico, esperábamos que fuera tan rápido como estaba siendo todo en nuestra vida.

Esa noche mientras descansaba mi cabeza en el pecho de Thiago no podía creer todas las cosas que habían pasado en tan pocos días, mi madre asesinada, yo con un nuevo esposo, mi abuela una asesina. Gracias al cielo la señora estaba muerta porque si no viajaba hasta su querida casa a decirle lo mucho que la despreciaba.

      - Mi amor – me llamo Thiago.
      - Dime –
      - En unos días estaremos en nuestro departamento, solos y tranquilos
      - Aun no lo creo, no quiero estar feliz hasta estar arriba de ese avión
      - Mañana en la reunión con Florencia le diremos que pare la demanda que ya nos vamos, que no queremos seguir las acciones. No hemos conseguido nada.
      - Si mi amor.

No era mentira, no habíamos conseguido nada, el maldito no había estado nada en prisión y…

      - Hey – me llamo – No le des más vueltas
      - Perdón, es que tengo muchas cosas en la cabeza
      - Solo debo estar yo dentro de esa cabeza – me dijo colocándome bajo su cuerpo. – En esa cabeza, en ese cuerpo y en tu vida. Solo yo
      - Solo tú.

Abrazados y dándonos mimos nos quedamos dormidos. Eran nuestros últimos días en este país. En esta cama, en esta casa.
Pero como le había dicho a Thiago no quería estar feliz hasta ir volando a mil pies de altura con destino Chile. Tampoco podía hacer como si nada pasara, necesitaba ayudar a mi hermana de alguna manera, no sabía el daño que se estaba haciendo quedándose con ese desgraciado.

      - Despierta mi amor –

No había mejor manera de despertar en este mundo que con un beso del hombre que uno más ama, mi Thiago me despertaba con sus labios sobre los míos, con sus manos sobre mi cuerpo, con su amor, simplemente con él a mi lado.

      - Vamos mi vida, tenemos cosas que hacer – me susurro en el oído mientras le dedicaba amor a nuestro hijo.
      - Tengo sueño – le dije en respuesta afirmando sus cabellos para hacerlo subir hacia mi boca. - ¿Puedo dormir unos minutos más?
      - No perezosa, son nuestros últimos días y debemos dejar todo en orden
      - ¿Medio minuto? – pedí juguetonamente
      - Ni dos segundos, vamos que mis padres quieren desayunar con todos antes de irse
      - Va a ser extraño no tenerlos aquí
      - Serán unos pocos días y volveremos a estar todos juntos. Pero no vamos a vivir con ellos
      - Lo sé.
      - ¡Hey! – Me regaño - ¿No quieres vivir conmigo?
      - Claro que si amor. – Le mostré mi mano – Soy tu esposa, donde tú estés yo estaré.
      - ¿Preferirías quedarte en casa de mis padres? – alzo una ceja mientras con sus hábiles manos encontraba el elástico de mi pantalón de pijama. – Si quieres eso – comenzó a bajarlos lentamente – Podemos hacerlo. Pero… -

Cuando los tuvo a la altura de los tobillos comenzó a subir lentamente con suaves besos por mis piernas hasta llegar al cruce de mis muslos, donde se encontraba albergado todo mi deseo por él.

      - Thiago – gemí ante el deseo que me había creado
      - Silencio amor – me pidió, y con su hábil boca hurgo entre mis piernas – Tengo planes para cuando estemos solos en nuestro departamento. Quiero que vivamos solos tú y yo. Podría hacer esto todo el día, podría hacer mucho más amor, solos tú y yo.

No había y no hay mejor manera en la que me podía demostrar cuanto le importaba que estuviéramos solos en una casa, donde podíamos declararnos nuestro amor en cada segundo, en cada momento del día.

Toc. Toc. Unos golpes en la puerta nos trajeron de vuelta de nuestro momento de placer.

      - Sr Thiago, Sra. Renata – la voz de Marion al otro lado de la puerta nos hizo saber que ya estamos retrasando el desayuno aun más.
      - Ya bajamos Marion – informó Thiago aguantando una carcajada. – Por eso y más quiero que estemos solo los dos

Reí mientras salía de la cama de la mano de mi hombre en dirección al baño.
Cuando bajamos ya estaban todos sentados esperándonos, por sus caras claramente sabían que nos había detenido en nuestra habitación. Éramos insaciables aunque no debíamos.

El desayuno paso entre risas y buenos momentos, mi querida suegra, me dijo que lo primero que haría llegando a Chile sería mandar a redecorar nuestro departamento. Que necesitaba ser un lugar más acogedor y familiar.
Thiago gruñía ante todas las cosas que le decían, él no quería que se moviera nada y en realidad a mí no me importaba. Mientras se cambiara su cama todo lo demás no me importaba. Y ante ese pensamiento sacudí rápidamente la cabeza, no, no debía pensar en cuantas mujeres habían estado en la cama de Thiago, no lo debía porque yo era la única y la definitiva.

      - Cielo – me llamo mi padre - ¿Ya sacaron sus boletos?
      - No, estamos esperando el parte médico y luego de eso lo haremos – le dije con sinceridad - ¿Y ustedes?
      - Esperamos que hoy nos vaya bien con Cota y luego de eso directo al aeropuerto
      - Les ira bien – dijo mi suegro – Ya sabes lo que tienes que hacer Gabriel y sabes también que cuentas con todo nuestro apoyo, aterrizando inmediatamente me pongo en contacto para que me digas como salió todo
      - Yo también espero que todo salga bien – acoto Magda – Solo quiero que nos deje llevar a la niña con nosotros.
      - Dejemos el tema por favor – pidió Thiago – No le hace bien a Renata
      - Me da igual – mentí para que Thiago no comenzara a pasar un mal rato como era costumbre para él – Papá cuando estemos allá quiero llevarme a Carol unos días a la casa antes de retomar mi trabajo en el restaurant
      - ¿Trabajo? – pregunto Thiago
      - Sí. – Le sonreí – Quiero volver a la cocina antes que nazca tu hijo, luego me dedicare a él o ella, y cuando ya esté en edad volver
      - Pero amor debes cuidarte
      - Y lo haré, claro que lo haré. Pero quiero trabajar
      - Si tú quieres estará tu trabajo en el restaurant – acoto mi padre – Pero primero debes cuidarte y si el medico te dice que no puedes hacerlo, no lo haces.
      - Ya, ya. No quiero discutir con ustedes – sonreí – Pero quiero trabajar
      - Yo también dije lo mismo – dijo mi suegra – Quería seguir trabajando estaba feliz con eso, pero luego, cuando tuve a Benja conmigo – le sonrió a su marido – Quería estar con el todo el día – río – Pero cuando tuve a Thiago en mis brazos nada más importo. Quería estar con mi bebé todo el día, era el niño más lindo del mundo. Aún lo es, me dedique a solo ser mamá.
      - Que mentirosa – se mofo Benja – Siempre seguiste ligada a la empresa. Ibas con Thiago a la oficina
      - Eso era porque no podía dejar el negocio así sin más, Naty se hacía cargo de muchas cosas pero era yo la presidenta y dueña.
      - Ves entonces no te desligaste completamente
      - Bueno fui madre y seguí con la empresa, pero cuando quede embarazada de Dani
      - Eso da igual, Renata no va a trabajar estando embarazada – intervino Thiago y cuando yo pensaba rebatirle entonces el agrego – Luego que nazca el bebé puede elegir. Sabes que te apoyare siempre mi amor.
      - Gracias – me reí porque sabía que no era del todo honesto conmigo.

Pero ya habría momento y lugar de hablar de eso. Era algo que retomaríamos en otro momento.


***

Mientras Thiago conducía hacia la oficina de Florencia miles de ideas fueron pasando en mi mente, era la primera vez que la vería y si a eso le sumábamos que había demostrado que tenía celos de ella, si la verdad la sangre me hervía solo quería conocerla y saber si encontraba algo raro en su actitud

      - ¿Qué pasa, amor? – pregunto Thiago apretando mi mano que llevaba sobre su regazo
      - Nada – mentí
      - Te conozco vida y sé que te pasa algo
      - Tengo curiosidad – le dije al final, no sacaba nada con ocultarle las cosas, siempre terminaba enterándose de todo
      - ¿De qué? – Me miro con el ceño fruncido - ¿De lo que puede pasar? ¿De Florencia?
      - Un poco de las dos cosas
      - De Florencia no tienes que preocuparte, ella es una mujer normal y tu abogada. De lo que pueda pasar – me beso la mano – Mucho menos, en cualquier caso nos vamos dentro de a lo mucho dos o tres días
      - Mañana es la cita con el médico – le dije cambiando de tema
      - Estoy ansioso porque llegue ese momento. Quiero volver a ver al poroto
      - Yo también, si yo también


Hablar de muestro hijo siempre lograba arreglar mi humor, siempre, siempre. Y eso era lo mejor del mundo. Y con esa buena chispa que se había creado seguimos el recorrido hasta el despacho.

lunes, 28 de julio de 2014

#21 Caminos Inesperados

Capítulo 21


Porque simplemente Thiago no entraba en razón y me dejaba sola un momento, quería separarme de él me tenía harta con sus malditas mentiras y ahora para finalizar la historia salía esa tal Florencia que resultaba que era mi abogada a la cual ni siquiera yo conocía. ¿Por qué todo tenía que seguir tan mal? Simplemente en mi tormenta no quería salir el sol

      - Ya dije que no Victoria no insistas no quiero dormir en la misma cama que él –
      - Renata comprende que todo fue pensado para tú bienestar y el de este bebé – puso su mano sobre mi vientre y me estremecí

Todos últimamente pensaban en el bebé y no en mí, estaba siendo egoísta, lo sé. Pero no nadie se detenía a pensar en cómo me sentía. No claro que no todos pensaban en el bebé.

      - Estoy desilusionada, de todos. – aclare. – Por favor déjame sola
      - A no señorita, a mí no me hablas así – reclamo – A mí no me echas, estamos de acuerdo que mi nieto actuó mal. Pero lo hizo pensando en su bienestar
      - Yo no quiero que velen mi bienestar

Me apresure a salir de la cama lo más rápido posible y saque una bolsa de viaje, estaba claro que no tendría ni un segundo de paz tampoco en la casa.
Eche un par de prendas y pretendí salir de la casa cuando el brazo de Thiago tiro de mí.

      - ¿Vas a algún lado? – dijo irónico
      - Pregúntale a Florencia – sise
      - Renata ya no tengo paciencia deja de ser tan cabezota y deja esa bolsa –
      - Mira Thiago, tú no tienes por qué darme órdenes, yo tampoco tengo paciencia. Ya no. No quiero que nadie más se meta en mi vida, me tienes aburrida con tus mentiras. Me voy, no estoy huyendo te lo estoy diciendo. Me voy
      - ¿Me estas dejando?
      - Si – dije al borde de las lágrimas, pero debía ser fuerte, no me podía ver llorar – Te estoy dejando, estoy dando todo esto por terminado
      - ¿Dónde vas princesa? – intervino mi padre
      - Gabriel has entrar en razón a tu hija
      - Papá, me voy. Ya no tengo nada que hacer aquí
      - Hija, pero donde vas a ir. Aquí está tu familia, está tu pareja.
      - Ex pareja – aclare – Yo no puedo estar otra vez en mi vida con un hombre que no me respeta, que me miente constantemente y se escusa con tonteras. No papá.
      - Que dices mi niña, si ustedes se aman
      - No. Yo no puedo amar a un hombre así. – me acerque y le bese una mejilla – Luego te llamo
      - Renata mi amor no te vayas  - pidió Thiago – Hablemos, pero no me dejes
      - Déjame decirte Thiago – respire profundamente para que me salieran las palabras correctas, quería herirlo tanto como él me había herido a mí – El momento de hablar ya fue, preferiste al camino fácil, ahora yo hago lo mismo. Y lo más fácil es dejar todo esto hasta aquí.
      - Amor tendremos un hijo
      - ¡Y es la única mierda que te importa! Todo el tiempo me dices ¡Que no le hace bien al bebé! ¡Qué piensa en el bebé! Y ¿Quién piensa en mí? Está claro que ni tú lo haces, no Thiago ya me aburrí, te mantendré informado, y por ahora lo tengo bajo control
      - ¡Es mi hijo también!

No le conteste nada más y salí de la casa sin mirar atrás, ya no quería seguir con esa absurda lucha, esta era mi manera de vengarme de él. De hacerle entender que no podía pasar por encima de mí, no lo harían nuevamente, ahora ya no tenía miedo. Ya había vivido tanto que esto era una discusión leve comparado con todo lo del pasado.

Thiago no me siguió, pero yo no sabía dónde ir, irónico verdad. Pelee por salir de la casa y ahora que estaba fuera no tenía donde ir. No tenía amigas, no tenía nada.
Pero quería un descanso, quería respirar profundo. Pare un taxi y le pedí que me llevara hasta el aeropuerto. Si todo estaba aclarado podría salir del país tranquilamente y si no, iría a un hotel y mañana temprano sacaría esa demanda para poder largarme de aquí. Poder irme lejos con mi hijo, a buscar la tranquilidad que ambos necesitamos.

Al llegar al mostrador de informaciones y preguntar por algún boleto de regreso a Chile, si era ese lugar el que quería volver, iba marcar un nuevo inicio para mí.

      - Lamento informarle señorita que no hay boletos para hoy. – me dijo con pesar
      - ¿Y con escalas? – indague
      - Tampoco, ¿Mañana?
      - El más temprano posible –
      - A las 9 de la mañana – afirmo - ¿Primera clase?

Y en ese momento me di cuenta que ni siquiera sabía si tenía dinero para poder viajar. Lo había olvidado por completo, siempre había dependido de Ernesto y luego cuando estuve en casa de mis padres fueron ellos lo que corrieron con todos los gastos. ¡Mierda!

      - Espere un momento por favor – dije a la recepcionista

Asintió con la cabeza y me miro con pena, estaba dando pena. Necesitaba un abrazo, una palabra de alivio, necesitaba al que era el amor de mi vida, él hombre que a pesar de sus mentiras me llenaba día a día.

Me fui directo al cajero automático para revisar el saldo de mi tarjeta y ver qué era lo que podía hacer de ahora en adelante. La enorme sorpresa que me lleve me llevo de inmediato a Thiago y como si lo convocara con mis pensamientos mi móvil comenzó a pitar dentro del bolso.
Era él. Dude en contestar, pero lo necesitaba

      - ¿Bueno? – susurre
      - Renata, mi amor. ¿Dónde estás? Te necesito – su voz era una mezcla entre preocupación y temor
      - Estoy bien si eso es lo que te preocupa – suspire – Necesito irme lejos
      - No sin mí, te llevare donde quieras, al fin del mundo si es necesario. Pero no te vayas sin mí
      - Te necesito mi amor – no pude contener las lágrimas y esas palabras que querían salir de mi.
      - ¿Dónde estás? Dime el lugar y me tendrás junto a ustedes en un segundo
      - Estoy en el aeropuerto – dije con mucho pesar.
      - No vayas a cometer una locura, espérame.

Corto la llamada y me quede mirando el vacío, le pedí que me dejara, le pedí que viniera por mí. Estaba con una horrible bipolaridad a causa del embarazo. No bien no era el embarazo eran mis absurdos sentimientos que de la manera que lo extrañaba lo echaba de mi lado.

Estuve por más de dos horas esperando a que llegara a mi lado, en ese transcurso de tiempo pase por todos los estados de emoción. Llore, sonreí y me maldije por pedirle que viniera. No dude más y me volví al mesón, esta vez sí con la decisión de comprar un boleto. No solo compre uno, sino dos.

      - ¿Qué haces? – la voz preocupada de Thiago llego por mi espalda. – No te vayas mi amor
      - No lo hare, no sin ti –

Me volteé y lo enfrente a los ojos, mis brazos se fueron contra él. Lo abrace, y me acurruque en su pecho, era lo que necesitaba sentirme segura, sentirme con él.

      - No, no llores por favor – me pedía mientras acariciaba mi pelo – Nos vamos a ir juntos los tres, lejos de todo el mundo. Donde nadie más pueda dañarte amor, pero por favor no llores más

Sus palabras me hacían que mis lágrimas no cesaran, no paraban de caer por mis mejillas. Tal vez era lo que quería escuchar, tal vez…
Me estaba comportando como una bruja, como una mierda de persona. No merecía a Thiago, no era lo suficientemente valiosa para él, él me amaba y hacia todo por mi yo, yo le pagaba huyendo y tratándolo mal

      - Quiero irme – le pedí besando suavemente sus labios – Llévame lejos mi vida.
      - Donde quieras, pero no podemos irnos ahora mismo. Vamos a la casa
      - No – le contradije – No quiero volver a la casa
      - ¿Dónde vamos a pasar la noche? – Alzo una ceja - ¿Un hotel?
      - En el fin del mundo, quiero que estemos solos.
      - ¿Quién te entiende? – pregunto apretándome contra el – Eres una mujer muy cambiante, amor estas hormonas están jugando con tus emociones y volviéndome completamente loco – alzo mi cara para que quedara a la altura de sus ojos – Siento haberte mentido, siento haber ocultado esas cosas. Necesito tu perdón, eres, son – acaricio mi vientre – Mi razón de vivir.

Si, está claro no merezco a este hombre, como puede ser posible que me diga cosas como esas si yo lo trato de una manera tan mala.

      - No te merezco, soy yo la que no se merece tener a un hombre como tú
      - No digas eso – me corto – El que no te merece soy yo, pero el destino nos juntó Vamos a descansar, vamos a donde pueda besarte y demostrarte mucho más nuestro amor.


***


Después de ese arranque de locura, de hacer aun cuando el medico nos lo prohibió el amor con Thiago, lo sentí nuevamente conmigo, sentí nuevamente su amor. Era el lazo que necesitaba, era lo que me confirmaba que aún estaba conmigo, que nada nos podría separar, ni si quiera mi testarudez, el amor era más fuerte que todo.

Volvía a ver la luz a través de sus ojos, volvía a sentir lo que siempre estuvo pero a veces escondía, que olvidaba.

Le daría la oportunidad, lucharía contra mis instintos y mi cabezonería volvería con él, porque sin el mi vida no tendría el mismo sentido.

      - Te amo tanto Renata – dijo mientras besaba mi cabeza – Que sería mi vida si tú no te hubieras cruzado aquella noche. Haz hecho que todo tenga sentido, me ha enseñado lo que es el amor. Son mi vida ¿Te lo había dicho?
      - Miles de veces
      - Espero y nunca se te olvide…

Nuestro momento de amor fue interrumpido por el sonido de su móvil. Alzo una ceja y miro la pantalla, mi curiosidad gano y mire la pantalla. Ponía el nombre de Florencia automáticamente me trate de zafar de sus brazos pero él me retuvo.

      - Te acabo de decir que son mi vida Renata y no lo dije porque era lo que querías oír, es la verdad. Confía en mí
      - Pero…
      - Yo no te he mentido, si te oculte lo de Florencia, lo de la relación de tu hermana, pero era por tu bien. No seas celosa.
      - No soy celosa – rebatí
      - Eres tú la que está entre mis brazos, eres tú a la que quiero amar el resto de mis días ¿Qué puedo hacer para que me creas que lo que digo es verdad? ¿Qué tengo que hacer para que volvamos a ser la pareja de antes? ¿Quieres hablar tú con ella? Dime y lo que quieras hare.

Que podía rebatir ante esas palabras, pero como no confiar cuando me hablaba de esa manera. Era una maraña de sentimientos, lo amaba pero lo odiaba ¡Dios!

      - Dame tiempo. – Suspire – Déjame asimilar todo lo que ha pasado hoy. Hace unas horas te estaba echando de mi vida, luego te pedí que te quedaras. Dame tiempo por favor
      - No vuelvas a echarme de tu lado, no lo podría soportar. Lo que me recuerda que Florencia me estaba llamando y que debo informar a mi suegro que estás conmigo. Omitiremos la parte que hicimos el amor para reconciliarnos. ¿Está bien nuestro hijo?
      - Perfectamente. Feliz como su mamá
      - Me encanta saber que yo provoco esa hermosa sonrisa, no quiero que desaparezca nunca. Mañana nos vamos a Las Vegas nos casaremos de inmediato. Me importa una mierda la fiesta y los invitados. Necesito hacerte mi esposa
      - Pero…
      - Pero nada. Solo tú, nuestro hijo y yo. Eso es lo único que necesito
      - Lo que quieras mi amor.
      - Te amo, voy a llamar a Florencia. Llama a tu padre
      - Lo hare

Me dio un sonoro beso en los labios y salió de la cama. Me guiño un ojo me derritió nuevamente, por más que trate de escuchar la conversación que llevaban Thiago lo hacía aún más despacio.

      - Papá – dije a penas contesto el móvil
      - Princesa, mi princesa ¿Dónde estás?
      - En un hotel, estoy bien. Estoy con Thiago
      - Me alegra mucho saber eso. Arreglen sus cosas, hija no dejes pasar el amor por unos simples celos, recuerda que estas esperando un hijo de él.
      - Lo sé. Estamos bien. Papá te llamaba para decirte que mañana saldremos del país, nos iremos un par de días
      - ¿Está todo bien?
      - Que sí, solo queremos estar lejos de todo. Pero no te preocupes. Lo siento
      - Siempre me vas a preocupar, tanto tu como tu hermana son lo mejor que me ha pasado en la vida. Mis niñas me han dado guerra pero he sido muy feliz con ustedes.
      - Te amo
      - No más que yo a ti, hija se feliz. Hace feliz a ese hombre que tanto te ama y que tienes a tu lado, disfruta de tu embarazo y por sobre todo disfruta a Thiago. Serán una hermosa familia.
      - Lo sé. Papá te tengo que dejar, te llamare mañana antes de irnos.
      - Vale, cuídense mucho. Cuida a mi nieto
      - O nieta – reí – Que idea la suya de pensar que es un niño
      - Lo que sea lo amaremos igual. Un beso mi amor iré a ayudar a Magda con Carol
      - Dale un beso a mi niña.

Corte la llamada mucho más tranquila, necesitaba llamar a Victoria y pedirle disculpas por cómo me había comportado con ella. No se merecía eso de mi parte, no cuando siempre había estado a mi lado apoyándome desinteresadamente. Pero cuando estaba a punto de marcar mi joven hombre volvió a la cama.

      - Amor Florencia me dijo que… - se acallo y se llevó las manos a la cabeza. – Ernesto me saco del caso argumentando que tenía intereses personales relacionados. Sin mencionar con que mando a decirme que si no me apartaba de ti le haría daño a nuestro hijo. Por eso Florencia tomo el caso sobre el maltrato que habías sufrido, no tenemos nada más que un trato profesional y laboral. Tienes que estar tranquila porque no se me pasaría por la cabeza serte infiel cuando me da todo y más de lo que algún día pensé.
      - ¿Qué te dijo? –
      - Que era una mala idea que nos casáramos tan pronto, si Ernesto quiere puede pedir una prueba de paternidad debido a que el bebé fue concebido cuando aún eras su esposa
      - No fue así
      - Claro que no fue así, tú estabas en Chile cuando hicimos este hijo
      - Si
      - Me recomendó que nos esperáramos unas semanas para cuando esto estuviera solucionado, pero mi amor yo no quiero esperar
      - Pero…
      - No hay peros, mira Renata mañana nos iremos y nos casaremos. Nada de lo que diga me importa, si quiere ese examen se lo damos, pero sin que haya nacido. No lo pondré en riesgo y eso tienes que tenerlo claro. Bueno volviendo al tema, va a utilizar a Cota en nuestra contra
      - ¿Cómo lo sabes?
      - Se lo hizo saber a Florencia, a mí me vale mierda lo que le pase a Cota, ella sabiendo cómo es ese miserable se fue tras él.
      - Es mi hermana
      - Lo sé. Por lo mismo te lo he comentado. ¿Qué quieres hacer?
      - ¿Tengo que elegir? ¿Tú o mi hermana? Eso es lo que me tratas de decir
      - ¡Mierda!
      - ¿Es eso o no?
      - Si Renata. Es eso, tienes que decidir qué quieres hacer, o somos nosotros como familia, como pareja. O es seguir con esto y sacar a tu hermana de la mierda que ella misma se metió.

No lo podía creer cada vez que la luz se acercaba a mí, cada vez que podía pensar en ser feliz algo llegaba y lo mandaba todo a la mierda.

Era mi hermana o yo, era mi felicidad o la vida a la que ella se estaba arrastrando. ¡Dios! ¡Mierda! 

lunes, 21 de julio de 2014

#20 Caminos Inesperados

Capítulo 20


No puedo creer lo desconsiderados que eran todos en esa casa, mira que dejar sola a mi mujer estando tan mal.
Maldito también ese juez que me había sacado del caso, maldito el que le había informado de mi relación personal con Renata, que más si éramos en la actualidad pareja. Solo quería sacarla de toda esta mierda y que pudiera respirar con tranquilidad ella y mi bebé.

Dios en menos de dos horas lo estaría viendo de nuevo y ya las ganas también me consumían. Mi bebé, mi hermosa bebé Quería que fuera una princesa, una niña tan linda como su madre, aunque me gustaba hacerla rabiar diciéndole que era un niño. El sexo me daba igual, lo que fuese lo amaría de la misma intensidad.

Ya había pasado la media hora que le había dado a Renata para llamarme y no lo hacía. Me estaba desesperando. ¿Y si se ha sentido mal?

Marque primero a su móvil tres veces y nada, me decidí por marcar a la casa.

      - Buenos días – contesto amablemente Marion la asistenta de mi Abu
      - Hola Marion, buenos días. Esta la señora Renata
      - Joven Thiago, está en el salón con una visita
      - ¿Quién fue a visitarla? ¿Ha llegado alguien de mi familia?
      - Una señorita que pidió hablar con ella -  suspiro – Y no ha llegado nadie de su familia.
      - Marion llévale el teléfono a Renata de inmediato. Es urgente

Mientras esperaba en línea que le llevaran el teléfono a mi mujer, comencé a caminar por el pasillo en dirección a la salida. No me iba a quedar esperando nada más, luego llamaría a Florencia para saber cómo iba todo.
Florencia, que alegría me había dado re encontrarla, ahora más madura y confiada en sus capacidades, fue una casualidad de la vida llegar hasta su prestigioso despacho.

      - Señor – dijo Marion
      - Aquí estoy
      - La señora dice que se comunica luego con usted. Está ocupada
      - No la pierdas de vista por favor
      - No lo hare

Mierda, una vez y doblemente también. ¿Por qué se negaba a hablar conmigo? Ya me escucharía cuando llegara a la casa. Solo me importaba encontrarla bien. Eso era lo que más quería.

El camino de regreso se me estaba haciendo cada vez más eterno. ¿Cómo puede ser que aun veinticinco minutos después no se haya desocupado?
No quería volver a insistir a la casa, Marion no tenía culpa alguna.

Aparque afuera de la casa y vi que estaba el coche de alquiler de mi casa, eso me hizo respirar un poco más. Pero no del todo, eso lo haría cuando tuviera frente a mí a Renata.

      - ¿Dónde está Renata? – pregunte tan rápido como entre.
      - En el despacho hijo, está hablando con Dani...

No espere que fuera a decir algo más cuando salí corriendo en esa dirección. Al abrir la puerta de golpe me miro con el ceño fruncido.

      - Dani, te contacto luego vale – dijo cuando comencé a andar hacia ella.
      - Cuídate y que te vaya muy bien hoy en el control, mándame una foto del bebé
      - Así lo hare, Adiós –

Cerró la computadora de golpe cuando dijo la última palabra e hizo el gesto con la mano para que me sentara frente  a ella.

      - Hola mi amor – dije cuando me senté frente a ella sin perder ninguno de sus movimientos
      - Hola – dijo seca y tajante - ¿Cómo estuvo tu día y que haces tan temprano en casa?
      - No accediste a hablar conmigo, me preocupe
      - ¿Qué está pasando?
      - No sé de qué hablas – la mire directamente a los ojos
      - No lo sabes – se puso de pie y cogió una carpeta más unos papeles que están a su lado. Camino en mi dirección - ¿Estás seguro que no lo sabes Thiago?
      - Habla claro Renata, ¿Qué es lo que pasa?
      - ¡Que hable claro! ¿Tú me has hablado claro?
      - ¡Claro que sí! – dije ofuscado por la situación
      - ¡Mentiroso!  - grito y lanzo los papeles sobre mí – Me has estado mintiendo todos estos días. ¿Por qué Thiago?

Tome los documentos que me había lanzado y los ordene rápidamente, en ellos estaban todas las pruebas que Ernesto tenía en su contra, fotografías de ella y toda esa mierda que tuvo que pasar

      - ¿De dónde sacaste todo esto? – pregunte intrigado
      - Eso no importa, ¿Por qué no me lo habías dicho? ¿Por qué mierda no sabía nada de esto?
      - ¡¿De dónde sacaste esto Renata?!
      - Mierda Thiago, confié en ti…
      - Mi amor tranquilízate, no le hace bien al bebé.
      - Es la única mierda que te importa, que tu hijo este bien. Claro a la estúpida ocultémosle las cosas. Sigamos haciéndola pasar el papel de idiota
      - Renata por el amor de dios cálmate. –
      - ¡No quiero calmarme! Eres un mentiroso, todos me ocultan las cosas. Es de mi vida de la que se habla
      - ¡Ya basta! – le grite. No podía dejar que se alterara aún más – Por esto no te dije las cosas quería evitar que te pusieras mal. Amor es tu salud lo que más me importa
      - ¿Cuándo pensabas decirme que mi hermana está acostándose con Ernesto?
      - ¿Y eso a ti que te importa?
      - Claro que me importa, es mi ¡Hermana!

En ese momento la puerta del despacho se abrió e ingreso mi madre. Estaba claro que los gritos se escuchaban hasta afuera.

      - ¿Qué está pasando? – pregunto mirando directamente a Renata
      - Tú hijo me miente, todos me mienten

Esta vez grito eso y salió del despacho. Dejándonos a mi madre y a mi tiesos en nuestro lugar

      - ¿Se enteró verdad?
      - Si mamá, está furiosa porque le he ocultado las cosas.
      - Dios – dijo y me tomo del brazo – No la vayas a buscar, deja que se calme
      - Mamá. Le hace daño al bebé
      - Ella lo sabe, déjala un momento. Yo iré

Mi madre salió tras de Renata mientras yo observaba una vez más todo lo que me había lanzado encima, al leer los papeles me di cuenta que eran los que tenía en mi ordenador. Ella estuvo revisando mis cosas. Esto iba de mal en peor.

Media hora después ya trepaba por las paredes, quería saber cómo estaba, quería estar con ella y arreglar las cosas. En un poco tiempo más tendríamos que ir saliendo a ver a nuestro bebé y yo hasta dudaba que quisiera que la llevase.

      - ¿Me vas a acompañar al médico? – pregunto desde la puerta del despacho.

Me quede observándola un momento, para ver si algo había cambiado en ella, tal vez mi madre le había explicado las cosas y todo estaba solucionado. O tal vez solo era para no quitarme el derecho.

      - ¿Quieres que lo haga? – le pregunte a la defensiva
      - Me da igual. – dijo eso y la perdí de vista.

No tarde ni medio segundo en saber que era lo que tenía que hacer. Ir tras ella.
Al llegar al salón estaban todos ahí. Me miraron y mi madre me guiño un ojo, mi padre asintió con la cabeza y Gabriel me sonrío

      - ¿Estas lista? – le pregunte buscando su mano con la mía
      - Si – dijo seca – Nos vemos en un rato

Comenzó a caminar hacia el coche lo más rápido que pudo para dejarme atrás, de solo mirar lo guapa que se ponía día a día con el embarazo y ver lo que este hacía en su cuerpo me excitaba, no podía pasar mucho lejos de ella.

No dijo nada, no dije nada. El viaje a la consulta fue completamente en silencio cada vez que le baja el volumen al radio para hablarle ella lo subía aún más dejando claro que no quería cruzar palabra conmigo. Esto estaba siendo duro. Aún más cuando a reojos miraba sus piernas desnudas y cruzadas.
Sabía lo que hacía, esta mujer me estaba castigando. Pero cuanto la amo.

      - Señorita Renata – la saludo la secretaria del médico.
      - Hola – le sonrió  - El doctor Felipe me está esperando
      - Adelante –

No sabía si debía quedarme o pasar, ósea con la rabia que traía me hacía dudar que me negara estar en ese momento.
Saque esos pensamientos y camine tras ella.

      - Renata, Thiago. – nos saludó el doctor. - ¿Cómo va vuestro embarazo?
      - Fatal – dijo dejándose caer en la silla – Vómitos, mareos, mal genio, horrible

No podían estar más de acuerdo con ella, esos síntomas las tenías cada mañana y cada segundo del día estaba de buen humor

      - Muchacha – río – Es normal.
      - Pero doctor es horrible todo esto
      - Ya cuando tengan a vuestro hijo en sus brazos lo olvidareis, y os aseguro que querrán volver a repetir el proceso. ¿No piensas en tener más hijos?
      - No lo sé – suspiro Renata
      - ¿Qué opina el papá? – me pregunto alzando una ceja. Solo me encoja de hombros. ¿Qué más se supone que podía decir? – Le dejas la decisión a la mujer, te aseguro que tendrás como mínimo tres hijos dando guerra.  – sonreí y Renata resoplo

Mientras le hacia una encuesta y tomaba apunte de todo lo que Renata le relataba yo estaba con la mirada en los cuadros de decoración, que no decoraban si no que horrorizaban. No había pensado nunca pasar por esto, pero ahora que lo estaba no lo cambiaría por nada. Pero pensar en el parto me aterraba y eso era exagerado ya que apenas tenía 10 semanas. Me faltaban unas 28 como dijo mi padre, era un Lackington y no pasaría mucho dentro de su madre.

La pasaron a la sala contigua donde le practicarían los análisis respectivos, de sangre, orina y la esperada ecografía. Mientras ella se preparaba Felipe me contaba que ahora si lo podríamos ver más claro, y que lo más espectacular sería escuchar su corazón.

Desde que me indicaron donde ubicarme puse mi mente en blanco y no separe de vista la pantalla donde se trasmitía el mejor canal de la vida.
Si había algo digno de admirar era mi hijo con sus pequeños 3 centímetros, era tan diminuto, pero era mío.
Tanto el cómo Renata estaban en perfectas condiciones y escuchar su corazón galopar fue una experiencia que me encantaría repetir una y mil veces. Todo ese tiempo tuve su mano firme a la suya y no lo negó.

El medico nos dijo que dado los antecedentes de ella era mejor suspender las relaciones sexuales con penetración hasta ya entrado los 4 meses así nos asegurábamos que el bebé se mantuviera. A regañadientes accedí ya encontraría la manera de estar de igual manera en contacto, no todo era la penetración habían mil maneras de sentirla mía.

Salió con una hermosa sonrisa y aproveche su buen estado de ánimo para llevarla a comer fuera, pero se negó me dijo que estaba cansada y quería volver cuanto antes a la casa.
No me pude negar. Primero ella y mi hijo.

      - ¿Cómo les fue? – pregunto Ian cuando entramos a la casa
      - Bien – contesto buscando en la carpeta las fotografías que nos habían dado. – Aquí lo tienes. Es del porte de una aceituna – y le hizo la seña con la mano – Muy pequeño pero su corazón late muy rápido
      - Que bien – la tomo de la mano y la llevo hacia el salón. Este niño estaba llevándose toda la atención de mi mujer
      - ¿Renata? – la llame antes de que desapareciera y se volteo a mirarme, me guiño un ojo y me dedico una hermosa sonrisa

No me quedo más que resoplar y seguirlos.
Todos estaban emocionadísimos viendo las imágenes y haciéndole todo tipo de preguntas.


***


      - ¡No me pienso ir a dormir a ningún otro lado! –

Hacia media hora que Renata me reclamaba que no quería dormir a mi lado porque estaba muy enojada conmigo. Pero tampoco quería que habláramos las cosas, solo estaba negándose a lo innegable.

      - Si no te vas tú lo hare yo –
      - No pienso permitirte tamaña idiotez
      - Deja de llamarme idiota – me reclamo - ¿Te acuestas con mi nueva abogada? ¿Por qué yo no sabía que te habían sacado del caso? ¿Me vas a seguir mintiendo?
      - Por millonésima vez, que no me acuesto con Florencia
      - Pero la llamas por su nombre
      - Claro que sí, Renata ¿Todo son celos?
      - Deja de decir eso Thiago, tú y tus mentiras me están cansando
      - Y a mí tus peleas sin fundamente. Revisaste mi computadora y yo no te he reclamado, estuviste con alguien que te trajo esas fotos y yo no he opinado en nada. Si no te dije que me habían sacado del caso fue para no preocuparte y si no te dije que Ernesto estaba libre era para que no te estresaras más. ¿Tanto te cuesta entenderlo?
      - ¿Tanto te costaba decirme eso?
      - Pero Renata…
      - Renata nada. Thiago estoy dolida, estoy sumamente dolida contigo y con todos. No he querido decir nada porque a mi hijo…
      - Nuestro – intervine
      - Nuestro – corrigió – le hace daño, pero no quiero dormir contigo
      - Lo lamento, pero no me iré y tú tampoco

La puerta de la habitación se abrió de golpe. Victoria estaba aquí. Mi Abu estaba furiosa lo podía notar en su cara.

      - Ya basta – dijo cerrando la puerta tras ella – Thiago y Renata van a dejar de estar discutiendo, que ninguno de los dos piensa en mi pobre bisnieto que esta absorbiendo todo esto. – Me miro con disgusto – Tú le ocultaste cosas – me apunto – Yo te lo dije, ella se va a enterar y se va a enojar, no me tomaste en cuenta – ahora la apunto a ella – Tú estuviste revisando sus cosas. Los dos hicieron cosas malas, pero ya dejen de pelear. ¿Qué familia le darán a ese bebé si ninguno de los dos da su brazo a torcer?
      - Victoria no puede ser que tú también lo supieras – dijo Renata dolida
      - Claro que si, en parte fui yo la que dije que no se te mencionara que Cota estaba viviendo con ese infeliz. Ella es grande mi vida, sabe lo que hace o al menos eso creemos. No podemos ir y sacarla a la fuerza. La niña está con nosotros y es lo que importa
      - Pero…
      - Pero nada. Thiago vete al cuarto de Ian
      - No – me negué no me iba a ir a dormir a ningún lado.
      - Entonces me iré yo – dijo Renata poniéndose de pie – ¡Tanto te cuesta aceptar que no quiero compartir mi cama contigo!
      - Si – grite ofuscado
      - Thiago no grites – dijo mi Abu
      - Entonces habla con ella. Abu hazla entrar en razón

Dije eso y salí del cuarto ya no podía más.