lunes, 14 de julio de 2014

#18 & #19 Caminos Inesperados

Capítulo 18


A las seis y treinta sonó la alarma del reloj avisándonos que teníamos un día largo y lleno de más complicaciones. Pero antes de poder procesar algo más, alguien se hizo notar y tuve que correr al baño.
El rápido salir de la casa hizo que Thiago saliera tras de mi inmediatamente, tan preocupado como la mañana anterior. Al decirle nuevamente que era normal, que todo se pasaría en un par de meses y no muy convencido me ayudo a darme un baño.
Mientras nos besábamos y mimábamos nuestros cuerpos el me profesaba el amor que me tenía así como yo lo hacía con él.

Al rato después ya estábamos sentados en el comedor desayunando en silencio con toda la familia.

      - ¿Volverán a salir? – pregunto Ian parándose a mi lado
      - Cariño te hacia durmiendo – le dijo dulcemente su mamá
      - ¿Cómo despertó mi sobrino? – y poso su mano sobre mi vientre
      - Muy bien – le sonreí y bese su cabeza. - ¿Vas a desayunar?
      - Si – dijo y se alejó a su puesto - ¿Esta vez podre ir?
      - No cariño – dijo Victoria – Nos quedamos aquí
      - Renata ¿por qué no te quedas tú también? – Pregunto mi padre – No tienes buena cara cariño
      - No puede faltar – gruño Thiago – Hoy a despertado con vómitos nuevamente
      - Ayer le comentaba a Renata que de ti e Ian fue igual – acoto mi madre
      - ¿Y de Dani? –
      - No – dijo Tío Benja – Mi princesa se portó muy bien estando dentro de su madre
      - Tú princesa – se burló Ian – Mamá quiero llamar a Dani para saber cómo está mi otro sobrino
      - Si, más tarde puedes hacerlo – colocándole un tazón con leche delante el niño hizo una mueca – Toda, toda o no hay llamada
      - Este bien – reclamo

Nos provocó una risotada en ese momento. Ian siempre tenía alguna salida graciosa, y nos hacía olvidar muchas cosas.

      - Ya que nadie me quiere en esta casa – todos nos volteamos a la voz de Cota que llegaba al comedor con la niña en sus brazos – Mi hija y yo nos vamos
      - ¿Dónde vas niña? – Se puso de pie rápidamente Magda – Dame a la niña
      - Que no se te olvide que Carol es mi hija. – Dijo mientras se alejaba de su lado – Ella va donde yo este. Mamá tú al igual que mi padre ya hicieron su elección – dedico su mirada de odio hacia mí – Como siempre lo hiciste, me separas de mis padres. Renata yo no te creo tus mierdas, Eras una puta y como tal he de tratarte.
      - ¡No comiences!  - grito Thiago, mientras yo le agarraba la mano para que se mantuviera al margen y en silencio
      - ¿Podemos hablar un momento? – le pregunte aun sabiendo que ella me odiaba.
      - ¿Para qué? – Le paso la niña a su madre – Nada de lo que digas me hará cambiar de opinión contigo.
      - No quiero que cambies de opinión. Lo que quiero es que no les hagas daño a nuestros padres
      - Nuestro padre – recalco – Mi madre. – Siseo – Tu madre está muerta
      - Cota – le advirtió Thiago
      - Sé que Magda no es mi madre, no necesito que me lo recalces
      - Constanza – llamo Victoria – Sal a dar un paseo, distráete. Yo me quedo con la niña
      - Oh no. – Se burló – Yo me llevo a mi hija, he dicho que nos vamos
      - ¿Y a donde te iras? – pregunto mi papá haciéndose presente
      - ¿Ahora les importa? Nos vamos y punto. Mamá dame a la niña
      - Hija – le pidió Magda
      - ¡Hija nada! Dame a mi hija – Dijo enfurecida. – Yo no pinto en esta familia feliz. Me ocultan cosas, hablan a mis espaldas y por sobre todo me ¡Critican! ¿Cómo pueden ser así conmigo y a Renata no reclamarle nada? ¿No les pesa la conciencia cuando ven lo injustos que son conmigo?
      - Constanza – Esta vez fue mi padre quien alzo la voz.

Cota como siempre lo descolocaba y no se daba cuenta de las cosas que habían hecho por ella en el pasado. Solo sabía hacer daño. No éramos en nada parecidas y fuimos criadas de la misma manera. Su vida, siempre fue mucho más fácil que la mía.

      - No me vengas con que ahora tú quieres hablar conmigo también. Me aburren, me enferman y nada de lo que digan me hará cambiar de opinión.
      - Si tanto quieres irte – dijo Magda – Pues ándate. No te vamos a detener. Pero a Carol me la dejas aquí. Soy yo la que se hace cargo de esa criatura, y no te la llevaras.
      - ¡Es mi hija! –
      - Ya escuchaste a tu madre. – Magda camino hacia su lado y le quito a Carol de los brazos. – Haz lo que quieras con tu vida. Pero a ella no la arrastras.
      - ¡Los odio! A todos, en especial a ti. ¿Qué más quieres quitarme maldita puta? – siseo llegando al frente mío. Thiago jalo mi mano hacia atrás. – Escucha bien Thiago, lo mismo que le hizo a Ernesto te lo puede hacer a ti. No sé qué le viste a esta estúpida.
      - Sal de mi casa – le dijo entre dientes. Thiago se estaba tratando de controlar, por mí. Por mis padres. – Te lo dije en varias oportunidades, no voy a dejar que hables mal de tu hermana. Es mi mujer y merece respeto.
      - ¡Ja! No me extraña que salgan más cosas a la luz del pasado de mi “hermanita” – se dio media vuelta. – Que sepas Pa-pá que no podrás tener mucho tiempo a esa bebé, es mía. Y te la voy a quitar.

Nadie en el comedor podía creer lo que acaba de pasar, todos se miraban y nadie decía nada. ¿Qué podías hacer? Cota estaba furiosa, había lanzado veneno sin mediar hacia mí. ¿Qué daño le había hecho a esa niña? En qué momento dejo de ser la dulce muchacha que me buscaba por la casa para jugar a las muñecas, en que momento dejo de ser mi hermana.

      - No te preocupes cariño. – Dijo al fin Victoria haciéndose presente como siempre – Si Carol está con nosotros que Cota haga lo que quiera.
      - Benjamín, Renata, Thiago y Victoria. – dijo Magda poniéndose de pie. – Renata hija. Perdonen la actitud de Constanza. Estoy muy avergonzada.
      - Magda, no te preocupes. – dijo Tía Nata.

Un ligero mareo me hizo cerrar los ojos y sujetar aún más fuerte la mano de Thiago. Al momento de abrirlos nuevamente ya me encontraba en la cama.
Desorientada y confundida fui a hablar cuando Thiago dulcemente acaricio mi cabello y susurro en mi oído.

      - Vuelve a dormir – rozo su nariz contra mi mejilla. – Lo necesitan, nuestro bebé lo pide a gritos.
      - ¿Qué paso? – pregunte aun confundida. - ¿Cómo llegue a la habitación?
      - Te desmayaste amor. – subió y bajo sus manos por sobre mis brazos, en modo de cariño - ¿Te sientes mejor? O quieres que llame a un médico.
      - Estoy mareada. Thiago – me miro directo a los ojos - ¿Qué paso con Cota?
      - ¿Sabías que te amo? – ronroneo contra mi cuello mientras asentía con la cabeza tanto como esta me lo permitía – Eso es lo único que debe importarte. Ahora duerme mi vida, aquí estoy para velar tus sueños. Los tuyos y los de esta cosita que está aquí.
      - ¿El juicio? ¿Qué paso con eso? – dijo haciendo el esfuerzo de levantar la cabeza.
      - Tranquila, es en una hora. Pero tú no iras. Amor no estás en condiciones. Y no quiero exponerte más.

El saber que el juicio continuaba aun sin poder asistir yo me provoco más nauseas. Sentía que en mi cabeza tenia piedras, pero las piedras más pesadas del mundo, ocupe todas las energías que me quedaban para lograr sentarme. Y no pude contener más la explosión de mi boca.

      - ¡Mierda! – dijo Thiago acudiendo rápidamente a buscar algo con que cubrir el piso de la habitación. - ¡Mamááááá! – grito abriendo la puerta.

No tardo ni cinco segundos en ir y volver a mi lado, este hombre estaba verdaderamente más preocupado que yo.

      - ¿Qué pasa Thiago? – pregunto Tía Nata abriendo la puerta y viendo el desastre que había dentro.
      - Llama de inmediato una ambulancia, un médico que se yo – dijo desesperado.
      - ¡Renata por dios! – Exclamo ella llegando a mi lado. – Ve a la cocina y trae agua cocida. Pero antes pásame algo para que Renata se cambie – le ordeno.

Pero Thiago no tenía intenciones de moverse de mi lado, no me soltaba la mano y me susurraba que todo estaría bien. Que me amaba.

      - ¡Thiago! – Le grito su madre – Reacciona
      - ¿Qué tienes mi amor? – me preguntaba ignorando a su madre. - ¿Quieres seguir vomitando? – Asentí con la cabeza - ¿Quieres que te lleve al baño? – volví a asentir.

Sin importar que lo pudiera manchar o que no alcanzara a llegar al baño, paso un brazo por debajo de mis piernas y automáticamente cuando me levanto yo enrolle los míos en su cuello al mismo tiempo que escondía mi cabeza entre su cuello y su hombro.

Una vez que llegamos al baño, con el pie arrojo el suelo la canasta donde dejábamos la ropa sucia, la hizo un montón y me bajo suavemente sobre ella. Lo más cerca del baño posible.

      - Magda ya llamo a un médico hijo – dijo Tía Nata entrando en el baño - ¿Te sientes mejor?
      - No – y en el momento que abrí mi boca, lagrimas comenzaron a brotar si descanso.
      - ¿Por qué lloras mi vida? – negué con la cabeza incapaz de decir los verdaderos motivos.

Tenía pánico, el miedo podía más. No quería que siguieran saliendo cosas de mi pasado a la luz, mucho menos que Thiago las escuchara, ya había sido bastante humillación el día anterior. Ya no quería nada más. ¿Por qué no se acaba ya esta pesadilla?

Dos horas más tarde ya tenía a todos en la casa revolucionados. No había rastro de que algo hubiera pasado en la habitación. Se habían encargado de limpiar absolutamente todo.
Thiago en ningún momento se apartó de mi lado, cuando el medico llego y les pidió salir a todos, él se negó a pesar de la orden del médico se quedó.

      - Estrés – dijo el médico después de tomarme los signos vitales, y constatar que mi pequeño gusanillo seguía en el mismo lugar sin daños aparentes. - ¿Has estado expuesta a mucha presión?
      - Estamos en medio de un juicio – aclaro Thiago. – Debe ser ese el motivo
      - Comprendo, pero la Señora no puede exponerse a nada que la altere. Su embarazo es mucho más importante en este momento.
      - Lo sé. – concreto Thiago. – Pero es importante que ella asista.
      - Dejare mi parte médico y os aseguro que ningún juez la pondrá en aprietos. Vuestro bebé debe ser prioridad. – volví a su bolso lleno de implementos y saco un bolígrafo – Os ruego que mañana a primera hora cuando ya se sienta mejor acudan a mi consulta para practicarle unos análisis más específicos. Pronostico unos meses de cama y tranquilidad. Tenéis que mantener a ese pequeño dentro de vosotros.
      - ¿Ya escuchaste amor? – asentí
      - Bien. Tomad esto y nos vemos mañana. Cualquier cosa me llamáis, y si encontráis que algo anormal. No dudéis en acudir a emergencias. Yo llegare lo antes posible
      - Muchas gracias doctor – dije mientras Thiago lo acompañaba a la puerta.

Los segundos que alcance a estar sola en la habitación me di cuenta de lo que esta situación estaba provocando, estaba siendo injusta conmigo, con Thiago y por sobre todo con mi bebé. Necesitaba salir luego de todo esto. Accedería a todo lo que Ernesto quisiera con tal de poder estar en paz. De poder mantener a mi bebé.

      - Señorita. – recrimino Thiago cuando se recostó a mi lado – Nada de lágrimas, amor el bebé siente todo. Lo debe estar pasando fatal ahí dentro.
      - Quiero estar sola – susurre mirando hacia el techo.
      - Te dejare descansar – me beso castamente los labios y lo último que escuche fue él cerrando la puerta.

Cuando estuve segura que podría respirar, de la mesita de noche tome mi móvil. Tenía que hacer algo.
Al segundo timbre me contesto y de solo escuchar su voz las náuseas volvieron

      - No me lo puedo creer – dijo claramente sonriendo. Lo conocía, y sabía que esperaba mi llamada.
      - Créelo porque es verdad – trate de ser fría – Necesito hablar contigo
      - Te escucho –
      - ¿Qué es lo que quieren para dejarme tranquila?
      - Por ahora… - se detuvo un momento para pensar - ¿Qué te parece levantar la demanda?
      - ¿Si lo hago me dejan en paz?
      - Puede – río
      - ¡Si o no! Maldita sea. Dime si o no y lo hago de inmediato
      - Este bien. Está bien. – volvió a reír. – Levanta la demanda, que Ernesto salga libre y no volveréis a saber de nosotros.
      - Es un trato. – Dije firme – Si lo rompéis, volveremos a lo mismo, yo no tengo nada que perder.
      - ¿Ni tu bebé? –
      - ¿Cómo sabes eso?
      - Cariño, me admira. Nos conocemos desde hace mucho, lo pase muy bien contigo y tu cuerpo. Aún recuerdo como me... –
      - Cállate – gruño. – El imbécil de Ernesto saldrá esta misma tarde y no quiero volver a saber de ustedes.
      - Enhorabuena por el bebé. Que sea un putita igual a la madre y cuando esté lista…

Le corte la llamada, el desgraciado de su abogado podía llegar a ser más asqueroso que el propio Ernesto. Muchas veces pensé que él era el genio detrás de todo. Y lo sigo pensando.
Ahora debía averiguar cómo salir de la casa sin ser vista, como lograr sin que Thiago se enterara lo que iba a ser. Necesitaba confiar en su palabra. Era eso o bien tomar una decisión que cambiara nuestras vidas para siempre.




Capítulo 19


Me sentía una adolescente en este instante y no sabía por cuando me iba a durar, ni siquiera creía alcanzar a llegar a las escaleras la casa estaba llena de gente imposible que nadie me viera.

      - ¿Dónde vas Renata? – la voz de pequeño Ian me hizo saltar del susto
      - Al jardín. Quiero tomar aire – mentí
      - ¿Puedes salir? – me pregunto alzando una ceja.

Estaba claro que tratar de engañar a un niño de seis años era fácil, pero tratar de engañar a Ian no lo era.

      - No – susurre – Pero es que estoy aburrida en la habitación
      - Dile a Thiago – alzo la voz. – Lo iré a buscar
      - Ian por favor – trate de agacharme a su altura pero me era imposible. – Sabes que Thiago me jalara hasta la habitación nuevamente. ¿Puedes guardarme el secreto por un momento mientras voy a tomar aire?
      - No – me corto y camino hacia las escaleras – Si Thiago se entera yo no te he visto. No quiero que me regañe a mí también.

En ese momento comenzó a descender rápido pero al llegar a la mitad se detuvo y me miro.

      - Pero si vienes por este lugar no llegaras ni al primer peldaño. Usa la escalera de la terraza frente a la piscina.  – Dicho eso termino de bajar.

Mi pequeño me había dado la información necesaria para poder salir a tomar aire, de ahí necesitaba ver como salía de la casa. Y sobre todo como llegaba a los tribunales.
Cada escalón lo sentía eterno, me paraba a cada segundo, el mareo había vuelto, por lo que bajar la escalera era aún más complicado.

      - Hijo por favor – susurre tocando mi vientre – Solo mantente en tu lugar.

Tuve que esconderme por unos minutos dentro de los camarines mientras Thiago hablaba con alguien por el móvil, no podía escuchar lo que decía, pero si podía distinguir lo nervioso que estaba por cómo se tocaba el pelo. Mi amor estaba ofuscado con quien quiera que sea su interlocutor.
Tardo más de lo que yo esperaba en volver a entrar al hogar, en ese momento otra punzada en el vientre me hizo estremecer, mi bebé estaba reclamando mi falta de conciencia, de sensatez.

Lentamente salí de donde estaba y me fui a hacia la puerta que me separaba de mi libertad. Pero todo lo que hacía era en vano con cada paso lo sentía más lejano.

      - ¡Renata! – escuche gritar tras de mí.

¡Mierda! Volteé en ese instante y Thiago corría hacia mí. Escondí mi cara con mis manos mientras lágrimas de frustración derramaba.

      - ¿Dónde mierda crees que vas? – grito cuando me alcanzo. - ¿Te has vuelto loca? ¿Cómo puedes exponer al bebé a esto? ¿A ti?

Thiago estaba completamente fuera de sí. Me gritaba cada vez más fuerte mientras me sujetaba por los codos.

      - ¡Mírame! – exigió.

Cuando nuestras miradas se cruzaron pude notar el temor que estaba sintiendo, la angustia de esta situación.

      - ¿Te ibas a ir sin decírmelo? – Negué con la cabeza - ¿Estas dejándome otra vez? – Volví a negar - ¿Dónde ibas?

No podía enlazar palabras, todo era confuso sentía que mis piernas dejaban de responder. Cubrió con sus brazos mi cuerpo y apoye la cabeza en su pecho.

      - Te llevare dentro – dijo más tranquilo.

Cuando me dejo sobre la cama en silencio me dejo sola en la habitación. ¿Qué iba a hacer ahora? Necesitaba sacar a Ernesto de la cárcel lo antes posible y acabar con esta pesadilla. Volver a sonreír y sentirme libre.

Cogí mi móvil y remarque el último número. El número de Max

      - Renatita – dijo con una melodiosa y odiosa voz.
      - Estoy internada en una clínica – mentí – No puedo ir a tribunales y hacer lo que necesitas
      - Ese no es mi problema, ya sabes las reglas. –
      - Pero Max, no estas escuchando. ¡Estoy en cama!
      - Emm… - río – Eso me trae muy buenos recuerdos.
      - Eres un idiota – grite enojada
      - Y tu una rica puta. Si no has hecho lo que te he pedido no hay trato ¿Lo sabes verdad?
      - ¡No puedo hacer nada! – comencé a llorar
      - Solo porque estoy generoso – se tomó un minuto – Tienes hasta medio día de mañana
      - ¿Medio día?
      - ¿Medio día para qué? – La voz de Thiago me hizo arrojar el móvil al suelo.

Sus ojos furiosos no dejaban los míos. Acorto la distancia para tomar el móvil y al ponerlo en su oído cerró los ojos y con furia lo lanzo contra la muralla
Me tomo por los hombros y me volvió a recostar.

      - No quiero sacar conclusiones apresuradas – dijo de pronto tomando mi mano – No quiero pensar mal de la situación y quiero que seas tú quien me aclare las cosas. Porque lo más importante para mí es el amor que siento por ti, la felicidad de saber que tendremos un hijo fruto de nuestro amor. Hoy… - se calló y bajo la mirada hasta nuestros dedos entrelazados – Está siendo todo esto una mierda y tú no estás ayudando. ¿Qué es lo que pensabas hacer?

Con sus dulces palabras, y con cada segundo recalcarme lo mucho que me amaba ya no podía seguir ocultándole cosas.

      - Necesitaba ir a los tribunales – Fue lo que salió de mi boca cuando tuve el valor. Se lo merecía
      - ¿Para qué? – Thiago estaba tratando de mostrarse tranquilo
      - Para que todo esto acabara de una vez por todas –
      - Esto acabara cuando el idiota que hozo tocarte pague lo que hizo. No lo voy a dejar libre y riéndose de todo. No amor. Preso o muerto
      - ¡Tú no entiendes nada! No quiero que se digan más cosas que no son –
      - ¿Qué más puede salir?
      - Nada – agache la cabeza.
      - Renata ¿Qué más se puede decir?
      - Thiago, la verdad es ya sabes todo lo que pase, pero tengo miedo, miedo a que trate de vengarse de mí y me dé donde más me duele. Tu o mi bebé – lleve ambas manos al vientre y baje mi mirada – Ernesto es un hombre malo mi amor, buscara la manera de cobrarse todo esto. Lo sé su abogado me lo dijo. Yo… Yo también me acosté con Max.
      - Amor, nada nos va a pasar. A penas el juicio termine nos iremos a casa. –
      - ¡Porque no me entiendes!
      - Comprendo que tengas miedo, yo también lo tengo. Él sabe de la existencia de nuestro hijo –
      - Lo sé, y eso me aterra. Sabes que puede hacerlo público y eso alargaría la situación
      - Claro que lo sé. Pero ya estoy ocupándome de eso. Nada te pasara
      - Siento que hablar contigo es hablar con una muralla invencible.
      - Por nuestro amor seré lo que quieras. Ahora dime si hay algo más que deba saber
      - Me obligaba a tener relaciones con todo el mundo, pero eso ya lo sabes, me golpeaba y me hizo abortar. No necesitas más detalles ¿Qué tal si tiene pruebas?
      - Renata, por el amor de Dios, no importa las pruebas que tenga amor. No importa nada, no ganara nada. No puede obligarte a volver con él. Tú divorcio ya es un echo
      - ¿Eso es verdad? – pregunte asombrada
      - Claro mi vida. Falta que firmes los documentos y todo estará terminado ¿Era Max con quien hablabas? – Asentí - ¿Qué quería?
      - Que levantara la demanda
      - ¿Qué te prometió?
      - Dejarme en paz
      - ¿Es lo que quieres hacer?
      - Si – susurre – Quiero que nos larguemos todos de aquí. Quiero ser feliz
      - ¿No eres feliz a mi lado? – pregunto encarándome
      - Claro que lo soy, te lo dije. He sido muy feliz a tu lado este tiempo. Ahora mismo lo soy, no tengo secretos contigo. Ahora no. No tengo dudas de tu amor, no tengo dudas que a tu lado es donde quiero estar siempre
      - Oh mi amor –

Suavemente nuestros labios se conectaron, fueron donde solo estando juntos podíamos llegar. A la gloria. A nuestro propio paraíso.
No merecía el amor de Thiago, no después de todo lo que se decía de mí. No después de saber las cosas horribles que hecho.

Los días fueron pasando y todas las mañanas Thiago se iba a los tribunales, cuando llegaba a casa no me comentaba nada de cómo iban las cosas. Me había prometido que buscaría la manera de dejar el juicio hasta hay. Que no tendría que volver a pisar tribunales.
Max no se había puesto en contacto conmigo nuevamente, bueno tampoco tenía móvil para que lo hiciera. Thiago me había dado uno nuevo, que solo tenía mi familia.

El día lunes teníamos que acudir a la nueva cita con el doctor para saber cómo iba nuestro pequeño gusanillo, moría de ganas de volver a verlo. Algunas mañanas cuando no despertaba con vómitos podía notar un pequeño bulto en mi vientre que se asomaba. Ese era mi hijo o mi hija. Ian seguía hablándole todos los días, ya no nos quedaban películas de dibujos animados que ver. Hablábamos con Dani por Skype todos los días y veníamos como su niña crecía, ya le habían confirmado que tendría una mujer, y ya nos habíamos enterado que vivía con Marcos. Estaban completamente felices.
En la casa todos aparentaban estar bien, mi padre y Magda estaban muy atentos, me mimaban mucho y no hacían preguntas, todo lo del juicio quedo en el pasado.
Mis suegros andaban vueltos locos por las tiendas comprando cosas para bebes, tanto para Dani como para mí.
En momentos me sentía feliz.

Hoy era Domingo, Thiago había insistido en ir a dar un paseo todos juntos pero desistimos y a cambio hicimos una barbacoa en el jardín. Aprovecharíamos el buen día para darnos un baño en la piscina

      - No pienso sacarme la playera – le gruñí a Thiago quien desde la cama me observaba
      - Renata te he dicho miles de veces que estas preciosa
      - Mis caderas crecieron – le dije miraba en el espejo los cambios que producía el embarazo en mi cuerpo – Mis senos también
      - Simplemente me encantas
      - ¿Cómo se te ocurrió comprarme un bikini tan pequeño?
      - Amor basta – se puso de pie y camino a mi lado – Tienes un cuerpo estupendo, apetecible y completamente mío
      - ¡Lo dices solo porque tengo los senos grandes!
      - Veamos – Poso su mano sobre uno de mis pechos – Fantástico
      - Thiago – lo reprendí – Aparta tus manos de mi cuerpo
      - Tienes un imán – dijo con coquetería – Eres adictiva
      - Nos esperan abajo
      - Lo sé. Solo por eso me estoy controlando.

Apretó la parte delantera de su cuerpo contra mi espalda y pude sentir toda su virilidad de hombre como creía ante el contacto.
Tenerlo cerca provocaba olas de calor en mi cuerpo, era también una adicción para mí.
Unos golpes en la puerta nos hicieron separarnos y a él huir al baño. Lo que me provoco un ataque de risa

      - Renata – Ian abrió suavemente la puerta.

El pequeño siempre nos sorprendía en algún momento de intimidad, teníamos que comenzar a pensar en ponerle seguro a la puerta.

      - Adelante – le dije con una sonrisa tomando el pañuelo para cubrir un poco mi cuerpo
      - ¿Estas lista? – me pregunto con una sonrisa enorme. – Vamos que tengo una pelota que me trajo mi papá para jugar con ella en el agua
      - Un minuto – le dije y abrí la puerta del baño. La cerré tan rápido como entre para ver a mi hermoso hombre sentado en el baño con cara de pocos amigos – Me iré con Ian
      - ¿Y qué hago con esto? – pregunto apuntando su pene
      - Apáñatelas solo – me burle y me acerque hasta él y se lo roce por encima del pantalón, estaba igual como me gustaba – Aun que podría hacer algo
      - Desaste de mi hermano – gruño. Asentí y volví a salir del baño
      - Ian, amor ve mientras. Yo voy de inmediato

De malas ganas asintió y salió de la habitación, camine de vuelta al baño, al momento de cerrar la puerta y ponerle seguro Thiago supo que teníamos unos minutos antes que Ian volviera a la carga

      - Prométeme que nuestro hijo no será igual que él –
      - Sera peor – dije y me encamine a su lado. Cuando hizo el amago de ponerse de pie lo detuve. – Dije me qué haría cargo…

Asiento y me regalo una hermosa sonrisa

***

Me desperté sobre las nueve de la mañana, sin Thiago a mi lado. Ya se estaba haciendo costumbre, abrí la puerta de la habitación y la casa estaba en completo silencio. Algo extraño para un lunes en la mañana.
Sin más me fui hacia el baño a darme una ducha, hoy era lunes y vería nuevamente a mi gusanillo.

      - Hola – le conteste alegremente a Thiago cuando llamo al número de la casa
      - Hola mi amor –
      - ¿Cómo estas hoy?
      - Bien, contenta, nerviosa y extrañándote
      - Estamos igual. ¿Paso por ti en dos horas para que nos vayamos a ver a mi bebé?
      - Si – sonríe – Te estaré esperando
      - ¿Mamá esta por ahí? Necesito hablar con ella
      - No amor, no hay nadie en la casa
      - ¿Cómo que no hay nadie?
      - Tranquilo amor. Estoy bien
      - No me gusta que estén solos en la casa
      - Lo sé, pero deben estar por volver. Thiago te dejo que me muero de hambre
      - Me llamas cualquier cosa, llamare a mi madre o a mi Abu para que vayan a estar contigo. ¡Dios! Como te dejan sola si no estás del todo bien
      - Ya tranquilo, que nada nos va a pasar.
      - Prométeme que me llamaras dentro de media hora
      - Que no es para tanto
      - Renata promételo
      - Esta bien – resople – Te llamo en media hora. Te amo.
      - Y yo a ustedes mi vida. Y yo a ustedes

Thiago era un exagerado, nada nos iba a pasar por estar un rato solo en casa. Victoria debería estar por llegar, y tanto mis padres como los de él necesitaban salir y aprovechar el tiempo. Tío Benja tenía asuntos que atender. Aprovecharía este tiempo a solas para hablar con Dani.
Mire la hora y saque el cálculo mental de la diferencia con Chile. 11 de la mañana España. 4 de la tarde Chile.
Me fui hasta el despacho y encendí la computadora de Thiago que estaba allí, no creo que le moleste que la tome, solo voy a abrir el Skype.
Mientras esperaba que encendiera la llame por teléfono al móvil

      - Cuñada – me dijo alegremente
      - ¿Cómo estas gordita?
      - Gordita tú – gruño – Mi princesa se porta de maravilla. Pero si sigo comiendo en estas cantidades y mi querida suegra no deja de hacer dulces me volveré una bola antes de cumplir los 8 meses
      - Exagerada – reí - ¿Cómo está todo por allá?
      - Todo bien cuñada, ¿Mi sobrina? ¿Mi hermano? ¿Mi familia?
      - ¡Ay! Dani –

Antes de que pudiera añadir algo a nuestra pequeña conversación me llamo la atención una carpeta dentro del escritorio.

      - Dani conéctate al Skype, necesitamos hablar –
      - Dame 10 minutos. Un beso.

Corte la llamada e indague un poco más en la carpeta. No podía creer lo que mis ojos veían, Thiago tenía en su poder muchas fotografías mías con otros hombres, también audios y los correos electrónicos que me había enviado Ernesto.
Unos golpes en la puerta me hicieron saltar del asiento

      - Señora – me dijo la asesora domestica
      - ¿Si?
      - La busca una señorita en la puerta –
      - Voy de inmediato
      - ¿La hago pasar a la sala?
      - Si por favor. – le dije mientras cerraba de un manotazo la computadora, luego volvería a ver todo lo que poseía Thiago de mi pasado.

Mientras iba a hacia donde me esperaban pensé en llamarlo e informarle pero no valía la pena.
Al llegar a la sala me encontré con alguien que jamás pensé ver en mi vida.

      - Señora – me saludo sarcástica - ¿Cómo se encuentra?
      - Camila – gruñí - ¿Qué haces aquí?
      - Traigo algo para usted y su… ¿Qué es? ¿Abogado? ¿Novio?
      - Nada de lo que puedas traer me interesa –
      - Claro que sí. Es un mensaje especial de parte de Ernesto
      - ¿Ernesto?
      - Si, el además de mandarle cariños y un presente para vuestro hijo – me extendió una bolsa – Le manda esto

Dejo sobre la mesa un sobre amarillo. Rápidamente lo cogí y vacié el contenido sobre la mesa.
Eran fotografías de él paseándose por la ciudad con Cota. ¿Estaba libre? ¿Qué hacía con Cota?

      - Veo que te sorprende – dijo con una sonrisa en la cara – Ya sabía yo que te habían ocultado esto. La perra de tu hermana se está metiendo donde nadie la llama. Sácala de inmediato de mi casa.
      - Yo…
      - Mira que te quede claro que a ti te aguantaba porque sabía que no podía hacer nada más, y tú no intervenías en mis encuentros sexuales con él. Pero la perra de tu hermana es lo contrario. Mira que creerse la señora de la casa y no es más que una arrimada. ¡Sácala de mi casa!
      - ¿Qué hace Cota con Ernesto?
      - Coger como conejos

No podía creer lo que mis oídos escuchaban, lo que mis ojos veían en esas imágenes. Ahora comprendía muchas cosas, si Cota actuaba de esa manera era porque estaba siendo incentivada por él. No paraba de hacerme daño, y había encontrado una carnada fácil, con todo el dinero y poder con eso la había convencido. ¿Cómo puede ser tan tonta mi hermana? ¿Cómo después de todo lo que había escuchado hacia eso?


      - Mira zorra de cuarta, Quiero que saques a esa perra de la casa lo antes posible. No es una advertencia, es una orden. Yo no te voy a amenazar, yo simplemente voy a cumplir. – dijo caminado hacia la salida. – Por cierto, muy guapa tu nueva abogada, no dudaría que se está liando con tu amante.







Estamos a 3 días de cumplir nuestro primer año... Para eso les tenemos sorpresas y cosas nuevas. 
Una de ellas es el comienzo de la nueva historia ALEXANDRA hoy a partir de las 15 hrs. Chile estará disponible el "PRÓLOGO" en 

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lunes, 30 de junio de 2014

#17 Caminos Inesperados

Capítulo 17


Mis peores temores salieron a la luz. Todos se enteraron que hacía antes de casarme, y mucho más a lo que me obligaba el maldito desgraciado, yo… yo nunca quise acostarme con ellos, mucho menos recibir dinero a cambio.

Thiago salió de la audiencia en completo silencio, en ningún momento se acercó a mi lado y eso era lo que más quería necesitaba sentirlo cerca. Que me demostrara que nada de lo que habían dicho cambiaba lo nuestro que seguía siendo su mujer, que seguía a nuestro lado. Que nuestro bebé si tendría futuro.
Pero todo eso lo veía cada vez más alejado, cada vez más difícil. Buscaba su mirada y la esquivaba.
Al momento de salir de los tribunales, ni siquiera hablo, se subió al coche de Victoria y se fue dejando a todo el mundo con la misma incertidumbre.

      - Ya verás cómo se le pasa – dijo Tía Renata tocando mi hombro. Con una sonrisa fingida le agradecí y me subí al coche rentado que nos llevaría a casa.

El camino se me hizo aún más eterno. Al llegar a la casa su coche no estaba, y no pude hacer nada más que llorar. Ya sabía que Thiago haría eso cuando se enterara, lo mismo que paso con Dani, estaba vez también desaparecería. Pero no sería a mí a quien llegara primero.

Sin decirle nada a nadie subí hasta la que anoche fue nuestra habitación, hasta donde anoche nos habíamos profesado amor. Me saque toda la ropa y me metí entre las cobijas abrazando su almohada. Por lo menos esto me mantendría cerca de él.

Las horas avanzaban y todos ya habían venido a tratar de convencerme de pasar bocado, pero tenía el estómago cerrado.

      - A mí no me vas a echar de la habitación – dijo Victoria cerrando con un portazo – Vamos a ver. ¿Quieres que le pase algo a mi bisnieto? – Negué con la cabeza – Como lo suponía. Vas ahora mismo a comer algo, aunque no quieras, ese bebé tiene que alimentarse. No te preocupes por nada, no en estos momentos.
      - Pero… -
      - Pero nada hija. Nadie te va a juzgar ni a preguntar nada hasta que tú no estés lista. Ahora come
      - ¿Ha llamado Thiago? – susurre llevándome la primera cucharada de sopa a la boca
      - No – me corto – No, cuando digo no te preocupes por nada quiero decir nadie también. Ese nieto mío ya me escuchara
      - Yo… Yo lo perdí
      - Sería bien estúpido si lo hiciera. Pero vamos, come mujer, que quiero un bebé sano y fuerte
      - Tengo miedo – le confesé y sabía que era con la única que podía conversar de todo sin miedo. Ella ya lo sabía – Thiago no me va a perdonar que se lo ocultara
      - Y si no lo hace lo agarro a cabezazos contra la muralla hasta que entre en razón –  no pude no reír con sus ocurrencias, no todo era tan malo. Aún tenía a mi familia. – No quiero que te preocupes por eso mi niña, quiero que descanses. Esto no ha terminado y lo sabes
      - Ya no quiero seguir. – confesé
      - Tienes que llegar a las últimas consecuencias, ya todo salió a la luz. Y vez que no fue tan terrible.
      - ¿Y si muestra pruebas? –
      - Que importa eso. Hija escuchaste al juez, que trabajaras en una cafetería no quiere decir que eras una zorra. Tú reputación no está siendo puesta en tela de juicio. Vamos cariño sonríe.
      - ¿Qué dijo mi padre? –
      - Nada mi amor, que iba a decir. Está un poco confundido, lo normal, tiene preguntas. Pero eso no hará que te quiera menos o que piense lo peor. Es tú padre y siempre te va a querer
      - No puedo comer más – dije alejando la bandeja de mi regazo – Quiero dormir
      - Por lo menos comiste un poco y eso me deja más tranquila. – Me beso la cabeza y acaricio mis cabellos – Todo va a estar bien mi niña, ahora duerme un poco ambos lo necesitan.
      - Si llega Thiago… -
      - Lo se lo enviamos de inmediato para que este contigo –
      - No – le corte – Solo no lo dejes que me vea, no estoy preparada para hablar con él, no sé cómo explicarle las cosas
      - Con el corazón, explícale con el corazón, el amor siempre es mucho más fuerte.

Tras lo último que dijo se retiró dejándome sola con mis pensamientos. Como le podía hablar con el corazón si ahora mismo estaba destrozado, nunca hubiera querido que mis padres se enteraran de esa manera de las cosas. Me hubiera gustado tener la fuerza y la valentía para contárselos con mis palabras y como realmente fueron. No así, no de esa manera.
Como le podía explicar a Thiago las cosas con el corazón ni siquiera sabía que estaba pensando el en estos momentos de mí.
Con el corazón destrozado y con un nudo de emociones me hice un ovillo para tratar de dormir en estos momentos y más que nunca tenía que ser fuerte por mi bebé. Era lo único que tenía. Lo tenía a él y con ello el recuerdo de que en algún momento fui feliz junto a su padre, junto al hombre que amo y que voy a amar siempre.

Las horas iban pasando y yo no podía dormir, mis piernas no me respondían y lo único que podía hacer era llorar en la oscuridad de la habitación a simple vista parecía que dormir, o por lo menos eso creyeron todas las veces que abrieron la puerta.

Mire en la mesita de noche el reloj este ya marcaba las 4:25 de la madrugada obligue a mis ojos a cerrarse, obligue a mi angustia parar por un momento necesitaba descansar.

No sé cuánto tiempo paso, no sé en qué momento me dormir. La luz ya entraba por las grandes ventanas de mi habitación, estire mis piernas y cuando iba a salir de la cama un brazo me cruzo por la cintura.

      - No te levantes aun – ese susurro me hizo voltear la cabeza rápidamente para encontrarme con el cuerpo de mi amor a mi lado.

¿En qué momento llego? Sentí una punzada en el pecho en ese mismo instante y las ganas de vomitar se apoderaron de mí. Rápidamente saque el brazo de Thiago y salí de la cama haciéndolo sentarse y salir tras de mí.

      - Creo que mi hijo ya se hace presente – dijo acariciando mi espalda y sujetando mi cabello.

Cuando ya no quedaba nada más que expulsar de mi cuerpo, él me alcanzo una toalla humedecida y me ayudo a levantarme.

      - A la cama – me ordeno luego de que cepillara mis dientes para sacar el mal sabor de mi boca.

En completo silencio lo deje guiarme de vuelta a la cama, no me dijo nada. Solo se recostó a mi lado y me llevo hasta su pecho.
No era la actitud que debía tomar, tendría que estarme reclamando las cosas, preguntando porque se lo había ocultado. No esto, no mimándome.
Un sonido proveniente de mi estómago lo hizo carcajearse

      - ¿Tienes hambre? – Solo pude asentir contra su pecho, tenía temor de hablar, de mirarlo a la cara - ¿Quieres que vaya por algo de comer? – esta vez negué con la cabeza, no quería separarme de él. - ¿Cenaste anoche? – volví a asentir.

Trato de apartarme de su lado en ese momento, pero cruce mi brazo por su cintura para impedirlo.

      - No me voy a ir a ningún lado amor – me dijo besando mi cabello – Estoy contigo, pero debemos alimentar a nuestro hijo.

Escucharlo hablar de esa manera y que siguiera pensando que el bebé era de él, me hizo soltar un gran suspiro y ver que no todo estaba perdido. Tome la fuerza necesaria para soltarlo y mirarlo a los ojos.

      - Te he dicho lo hermosa y radiante que te vez desde que estas embarazada. – Negué mirándolo a los ojos y unas lágrimas se escaparon de mis ojos – Saber que tienes algo mío dentro de ti ha incrementado tu belleza.

Trate de sonreír pero no podía, había llegado el momento de hablar, el me daba la fuerza y valentía que necesitaba en ese momento

      - Thiago… - desvié mi mirada hacia sus labios – Yo… - poso un dedo sobre mis labios impidiendo que siguiera hablando.
      - Si no vas a decir que me amas mejor no digas nada. Necesitas descansar y estar tranquila, eso es lo único que importa en estos momentos. Tú y el bebé son lo más importante por lo tanto…
      - Pero… - trate de rebatirle para ser por primera vez honesta con él
      - Pero nada amor. Eso es lo que importa para mí. Y para ti debería ser exactamente lo mismo. Nada más.
      - Te amo – susurre
      - No tanto como yo lo hago –

Como si fuera en cámara lenta acerco sus labios a los míos, dándome un beso dulce y tierno. Cargado de sentimientos, los sentimientos que yo necesitaba en este momento. Era verdad, nada más importaba en este momento, pero sabía que no todo podía ser tan hermoso como él lo proponía. Esta vez necesitaba ser clara.

Salió de la cama y se puso los pantalones de pijama y una polera, me guiño un ojo y salió por la puerta. La sensación de vacío volvió a mí. Era algo que ahora se hacía más fuerte cada vez que no lo sentía cerca. Me estaba haciendo dependiente de tenerlo conmigo todo el tiempo. Lo necesitaba, lo amaba.

Durante la mañana nos mantuvimos encerrados en nuestra habitación recostados en la cama sin que nadie nos molestara. Él lo quería así. No hablamos de donde estuvo, ni mucho menos quiso que le explicara lo sucedido. Decía que ya habría tiempo.

      - Vamos a dar un paseo los dos solos – me dijo una vez que había terminado la película que veíamos. – No puedes estar encerrada todo el día aquí, por muy rico que sea sentir tu cuerpo junto al mío. Debemos salir y enfrentar al mundo.
      - Me siento fatal – susurre, haciéndolo sentarse rápidamente
      - ¿Qué sientes? ¿Vamos al médico? – dijo preocupado
      - No es necesario. Solo malestares del embarazo – lo bese – Como tu dijiste, ya se hace presente

Tome su mano y la pose sobre mi vientre. Me sonrió y busco una vez más mis labios. Lentamente comenzó a subir su mano desde mi vientre hasta encontrarse con uno de mis pechos, el que masajeo y mimo por un momento.
Cuando nuevamente buscaba su boca y la cosa prometía
¡Sexo!
La puerta de la habitación fue abierta de golpe y Thiago bajo rápidamente su mano nuevamente a mi vientre mirando con cara de pocos amigos al intruso

      - ¿Qué haces aquí? – le gruño al pequeño Ian que se tiraba con toda la caballería sobre la cama.
      - Vine a ver a mi sobrino – le dijo el pequeño mirando donde estaba puesta la mano de Thiago. - ¿Puedo? – pregunto estirando su manito
      - Claro que si – le dije.

Tome una posición más cómoda en la cama y pose su pequeña manito sobre el vientre, no era para nada abultado y se lo explique. Le dije a Ian que aún era muuuy pequeño para sentirlo moverse dentro de mí, pero que si ya reconocía las voces del exterior, lo anime a que le hablara, y mirándome con sus hermosos ojitos.

      - ¿Por dónde me escucha? – pregunto Ian
      - Ombligo – añadió Thiago quien estaba abrazado a mí.
      - ¿Ombligo? – dijo Ian. Asentí.

Puso su boquita en mi ombligo y con una enorme sonrisa comenzó a susurrarle cosas

      - Soy tu tío Ian. Sabes, tendrás con quien jugar cuando salgas de ahí. Pero Dani, tu otra tía dice que su bebé será una niña. Eso no importa porque tu si serás un chico y con mi amigo jugaremos mucho, ya lo veras.
      - ¿Y si es una chica también? – le pregunto
      - Emm… - se queda pensativo un momento antes de contestar – Pero es un chico ¿Verdad Thiago?

Desvié mi mirada hacia mi chico quien le guiño un ojo, ¿También pensaba que sería un niño?

      - Preciosa mía – le dije acariciando mi barriga – No escuches a tu tío. De seguro jugara igual con las muñecas por ti
      - ¿Qué tal si son dos? – Dijo Ian – Un chico y una chica
      - Me temo que es solo uno – dijo Thiago, cuando le golpee el brazo añadió – o una
      - Serás un niño – dijo depositando un beso en mi vientre.
      - Ya – dijo Thiago - ¿Qué necesitabas enano?
      - Vine a ver a mi sobrino, ya te dije – gruño el enano.

Thiago al ver que el niño no se movía de nuestro lado decidió por ir a darse una ducha. Al quedar sola en la habitación con Ian nos pusimos a ver una película de dibujos animados que el mismo eligió.
Pasado un rato mire de reojos a mi pequeño compañero y estaba profundamente dormido con su cabeza apoyada en mi pecho.
En ese momento la puerta de la habitación se abrió y Tía Renata ingreso con una hermosa sonrisa.

      - Aquí estaba  - dijo cuando miro a Ian
      - Vino a ver a su sobrino – le susurre
      - ¿Cómo te sientes querida? – me pregunto sentándose a mi lado en la cama y posando su mano en mi vientre
      - Bien – le dije con sinceridad – Solo mareos matutinos
      - Normal. – Resoplo – Yo los pase con los Ian y Thiago. Horribles
      - Entonces puede ser niño –
      - Puede – dijo en el momento que la puerta del baño se abrió y salió Thiago con solo una toalla en la cintura que tapaba su mejor parte.
      - Mamá – le dijo Thiago aguantando la risa al ver que mis ojos no se apartaban de su cuerpo
      - Ok, ok. – Dijo poniéndose de pie – Me iré – Río. – Ambos van a bajar a comer ¿Entendido?

Ambos asentimos.

      - Iré a darme una ducha – le dije a Thiago pasando por su lado.
      - Te ayudo – dijo sujetando mi cintura – Te puedo sujetar la toalla
      - No es necesario – reí y lo bese – Tú…
      - Nada es más importante que tú – repitió y me volvió a besar.


***

Esa tarde cuando bajamos a cenar, fue como si nada hubiera pasado. Todos me trataban de la misma manera que siempre lo habían hecho y nadie pregunto nada. Excepto mi querida hermana que paso toda la comida tratando de hacer preguntas, ganando miradas de enojo de todos los presentes.

      - Mira Constanza – dijo Thiago ya muy molesto – Eres mi cuñada y mereces respeto. Pero vuelves a insinuar algo más y tendremos problemas. – Desvió la mirada hacia mi padre en ese momento – Lo siento Gabriel pero no voy a tolerar que le falte el respeto a mi mujer y mucho menos a mi hijo
      - Te entiendo hijo – dijo Magda mirando a su hija – Cota retírate por favor – le pidió
      - Yo no comprendo como la siguen venerando y tratándola como una princesa, todos escucharon lo mismo que yo en ese juicio. – Dijo lanzando la servilleta sobre la mesa – Pero claro nadie le dice nada y todos siguen pensando que Ernesto es lo peor del mundo. Dense cuenta que esta embustera les miente en su cara
      - Cállate de una maldita vez – le dijo Thiago ya furioso – Tú no tienes por qué opinar y decir esas cosas ¡No son tú jodido problema!
      - ¡No lo es! – Grito – Pero…
      - ¡Pero nada! – Le grito mi padre - ¡Retírate ahora mismo!
      - ¡Era una prostituta!

Sus últimas palabras llegaron a lo más profundo de mi corazón y antes de que ella se retirara salí yo de la mesa, camine sin mirar atrás hasta llegar a la cocina y hay salí hacia el jardín. Escuchaba los gritos de Thiago detrás de mí pidiéndome que me detuviera.

      - ¡Tú también piensas lo mismo! – Le grite de vuelta - ¡No me sigas maldita sea!
      - ¡¿He dicho que pienso eso?! – Me sujeto por el brazo – Yo no pienso eso.
      - Si lo haces – solloce
      - Mi amor, no lo hago. – Trato de abrazarme pero se lo impedí - ¿Quieres que hable de eso?
      - Ya te habías tardado en reclamarlo –
      - No te estoy reclamando nada – dijo con los dientes apretados – Solo te hice una maldita pregunta
      - Era una cafetería 24 horas donde trabajaba, no era un prostíbulo como lo dice Cota, yo no sé de dónde saca eso
      - Sé que no eres, ni serás nunca una prostituta amor. Porque te amo y me lo dice mi corazón
      - Nada de lo que se dijo es verdad. – Negué con la cabeza – En parte si hay cosas que son verdad. Pero yo te juro…
      - No es necesario que me jures las cosas. – Trato de abrazarme nuevamente pero se lo volví a impedir – Vamos adentro, conversemos esto dentro de nuestra habitación
      - Thiago yo… -
      - Adentro y te voy a escuchar –
      - ¡Déjame hablar! – Le grite dejándome caer sentada sobre la hierba – Quiero ser sincera contigo, siempre lo he querido ser. Pero no podía, me daba miedo, aun me da.
      - No tienes nada que temer -  se sentó a mi lado y me tomo la mano – No te voy a soltar, voy a estar siempre, siempre conmigo.
      - La primera vez que me obligo a estar con otro hombre… - comencé conteniendo las lágrimas – Yo no era consciente, tengo algunos recuerdos, y entre esos él siempre estuvo en esa habitación. No sé si lo disfrute, o si llore, no lo recuerdo.
      - No sigas amor. – Me pidió secando las lágrimas de mis mejillas – No es necesario
      - Si lo es, si después de esto quieres seguir conmigo… -
      - Estaría con ustedes aunque me echaras a patadas. Son mi vida, son mi familia –
      - Recuerdo que a los días de aquella vez yo no lograba armar completamente la historia, me arriesgue y le pregunte. Solo me dijo que lo había hecho muy bien pero que la próxima vez tendría que estar consiente. No comprendí en ese momento. No hasta una semana después cuando él que era el director del hospital en ese año fue a una cena a nuestra casa, bueno perdón, la que era mi casa. Esa vez nos sentamos a la mesa y él… - mi voz se quebró en ese momento pero debía continuar era el momento y el lugar – Sin mi consentimiento metió las manos bajo mi vestido, me comenzó a tocar y bueno… me resistí, me negué pero me golpearon y… esa fue la primera vez. La primera que yo recuerdo. Por lo menos unos una vez a la semana pasaban esas cosas en la casa, si no accedía o me drogaban o me golpeaban. Cualquiera de las dos era terrible, las cosas las llevo a ligas mayores. Cobraba para que sus amigos o quien quisiera se acostara conmigo. Puedes creer ¡Cobraba!

No pude seguir con el relato y mi cabeza callo sobre su pecho, el cual deje inundado de lágrimas, no las podía parar. Todo era negativo en mi vida, mi hermana me odiaba, hablaba mal de mí.

      - Shh… - me susurraba mi amor – Deja de llorar mi vida.

Thiago con una paciencia infinita aguanto durante mucho tiempo que lloraba y susurra más de mis experiencias.

      - Cálmate y vamos adentro – me pidió haciendo el intento de ponerse de pie – Cariño el frio y la humedad les hace mal. – pero me negaba a volver a entrar por esa puerta, nuevamente no quería ver a nadie, solo quería tenerlo a mi lado. Así como en este momento. – Futura señora Lackington – abrí mucho mis ojos al escuchar esas palabras
      - Suena bien – susurre con media sonrisa

      - Suena precioso como tú – me beso los cabellos. – Es hora de ir a descansar. Mañana tenemos que volver al tribunal 

lunes, 23 de junio de 2014

#16 Caminos Inesperados

Capítulo 16

El día había llegado, ya estaba todo listo y solo faltaba que nosotros ingresáramos a la sala de la audiencia.
La cara de Renata me daba a pensar el miedo que sentía, por más que la mime en la noche y la sostuve en mis brazos, no logre que se mantuviera tranquila ni que conciliara mucho tiempo el sueño.

Me ponía nervioso verla de esa manera, sobre todo en su estado. Había hablado esta mañana con el informático y me dijo que mañana tendría los mail, que había hecho lo posible para tenerlos antes pero no le fue fácil decodificarlos.

Mis padres y mis suegros trataban de darle el mayor apoyo a Renata pero Cota no ayudaba y la mortificaba aún más.

Ian y la Abu se habían quedado en la casa, tanto ella como mis padres no habían querido exponer al niño a esto y aprovecharía de salir a disfrutar con él. Cota se rehusó y aun cuando ni yo la quería cerca aquí estaba.

      - Mi amor tienes que estar tranquila. Por ti, por nuestro bebe. – Renata solo asintió.

Quería abrazarla y besarla y demostrarle que nada de lo que dijeran me harían cambiar el amor que sentía. La ilusión que tenía con formar nuestra familia que cada vez estaba más cerca. Pero no se podía, tenía que contenerme

      - Abogado – me llamo uno de los dos abogados que habíamos contratado para la asesoría – Es hora – Asentí

Al abrir la puerta de la sala, y comenzar a ingresar a tomar nuestros lugares nos encontramos de frente con Ernesto y su abogado quien al darle una mirada furiosa a Renata y luego a mi avanzaron a su lugar al lado derecho de la sala.

Antes de que Renata tomara asiento se paró frente a mí y con sus ojos tristes me sonrió.

      - Solo te pido una cosa – susurro – Siempre ten en cuenta que te amo. Y que este tiempo he sido muy feliz a tu lado

Unas lágrimas rodaron por sus ojos y tomo asiento. Me quede estático en el lugar dando vueltas sus palabras, me sabían a despedida.  

El juez hizo ingreso y con ello todo el protocolo previo a pasar al punto en discusión. Cuando llamo a los abogados hacia adelante para el previo juramento, el abogado de Ernesto dirigió una vez más la mirada hacia donde ella estaba y negó con la cabeza, ella solo agacho la cabeza y más lágrimas vi por sus ojos.

El juez nos dio la palabra.

      - Para comenzar me gustaría que usted su majestad viera las pruebas médicas que se le realizaron a la Señora Renata Omalei hace unas semanas atrás luego de la última agresión que recibió por parte del Señor aquí presente. En esta queda estipulado los múltiples golpes recibidos y los días que ella estuvo inconsciente.

El juez los recibió y analizo en silencio, mientras yo seguía con la defensa. No podía dejar nada suelto para eso me remonte años atrás cuando su matrimonio comenzó y así también su tortura. Una a una iba repasando todo el dolor que ella había recibido durante años, llegando a un punto donde era el más duro para ella y no hace mucho tiempo atrás. Cuando perdió a su bebé.
Gracias a mi Abu teníamos también la prueba de aquella golpiza y los partes médicos donde quedaba estipulado que la muerte de ese bebe fue completamente culpa del idiota.
Su posterior ida a Chile huyendo de él y sus malos tratos.

      - El Señor Omalei se enteró por medio del documento de divorcio que la Señora se había ido a refugiar a casa de su padre. Fue hasta Chile con la finalidad de ir a pedir una terapia de familia, al negarse ella la agredió nuevamente dejando marcas en su rostro.

Al terminar de relatar toda la historia. Observe a Renata que no dejaba de llorar, mi madre le tenía su mano sobre el hombro para darle a saber que ellos estaban con ella. Que no la abandonarían. Y era el momento de que pasara adelante y le hiciéramos las preguntas.

      - Señora Renata. – Dije buscando su mirada para darle mi fortaleza – Puede relatarnos como y porque fue la primera vez que su marido la golpeo
      - Si – se secó las lágrimas y anclo su mirada a la mía – Estábamos recién casados, veníamos de una cena con sus amigos y cuando llegamos a la casa se puso furioso reclamando y gritando que yo le estaba coqueteando a su amigo. ¡Eso no fue así lo juro su señoría! – Dijo mirando al juez – Yo solo estaba tratando de ser la esposa que él quería. Esa noche dejo caer por primera unos golpes en mí. – Agacho la cabeza – Dejo mi cara morada y tuve que esconderme durante días para que nadie me viera ni me menos me preguntara. Cuando le conté a mi abuela no me creyó, nadie podía creer que un médico tan prestigioso y de buena familia hiciera esas cosas. ¡Pero si lo hizo!
      - ¿Cuánto tiempo paso hasta que lo volvió a hacer? – pregunte aun sabiendo el dolor que le provocaba pero tenía que hacerlo
      - Esa vez me prometió que nunca más. ¡Me juro que nunca más!
      - ¿Pero lo volvió a hacer?
      - Así fue. Paso un tiempo, recuerdo que fue luego de unos días después de que mi abuela muriera. Esta vez yo reaccione y me fui a vivir con mi abuelo.
      - ¿Por qué volvió? –
      - Porque mi abuelo influyo y él – lo apunto – Volvió a ser como fue cuando fuimos novios, no quería decepcionar a mi abuelo y lo recibí nuevamente. Duramos dos meses separados
      - ¿Lo amaba? –
      - Creía que lo hacia
      - Luego de eso ¿Qué detono nuevamente que la golpeara?
      - Cualquier cosa. Si no quería acostarme con él me golpeaba y terminaba siendo forzada por él. Durante cuatro años aguante lo mismo. Día y noche. No hacía nada porque estaba sola, por su culpa perdí a mis amigas. Mi familia estaba en otro país y las pocas veces que podía hablar con ellos. A escondidas se los ocultaba. Mi padre nunca supo hasta hace poco tiempo todo lo que pase al lado de ese hombre.
      - ¿Puede contarnos lo que sucedió la última vez que la golpeo?
      - No fue la última vez – aclaro dándole una mirada de odio a Ernesto quien no creía que mi Renata fuera capaz y tuviera la valentía de contar estas cosas – Habíamos llegado hacia unas semanas de viaje. Yo me sentía mal y no me había bajado el periodo. Fui a la farmacia y me compre una prueba de embarazo que resulto ser positiva. Pasaron dos días hasta que me decidí a contarle, recuerdo que esa noche cuando el llego de la clínica yo tenía una cena preparada. El día anterior había ido al médico y tenía la primera ecografía de bebe. Tenía dos meses de embarazo. Cuando llego y cenamos le entregue un sobre, en ese sobre estaba todo mi ilusión. Aun cuando era un mal marido y me golpeaba yo estaba feliz por ser madre. Iba a tener un hijo, era un sueño. Esperaba compartir mi alegría con él.
      - ¿Y qué paso? –
      - Abrió el sobre y se puso a gritar arrojo la ecografía sobre la mesa y me jalo por el cabello y me dijo que ese niño no era de él. Que me había acostado con alguien más y todo termino en una nueva golpiza. Esta vez no se midió y no solo me golpeo la cara como de costumbre si no que dejo caer su furia sobre mi vientre, provocándome de inmediato un aborto. Esa misma noche perdí a mi hijo. No le basto con eso y me encerró en el cuarto estuve siete días de la misma manera, sangrando y sin atención médica.
      - ¿Cómo salió de ese lugar?
      - Al séptimo día tuve la fuerza para poder levantarme, en cosa de segundos y sin mirar atrás hui. Y por primera vez sentía el apoyo de alguien.
      - ¿El apoyo de quién?
      - Thomas, el chofer de la casa fue quien me saco de ese lugar. Me llevo a casa de Victoria Lackington, quien me llevo a un centro de salud, donde estuve internada por cinco días y luego me dio el dinero para poder reencontrarme con mi familia. Sin la ayuda de esas dos personas no sé qué hubiera hecho. Fueron mi salvación, en ese momento y luego por segunda vez.
      - Nos quiere explicar porque por segunda vez dice que el Señor Thomas y la Sra. Victoria la ayudaron
      - Yo estaba en Chile, fui a ver a mi familia. Me fui a refugiar en ellos. Estando allá comencé los trámites de divorcio, usted mismo me ayudo en eso – asentí con la cabeza desviando la vista de mi querida mujer para mirar al juez – Ernesto recibió la notificación y viajo, en esa oportunidad yo me sentí con la valentía de enfrentarlo pero todo termino en que me diera un par de bofetadas nuevas. Me amenazo con volver y aquí estoy. A los días de haber llegado a la casa todo comenzó de nuevo y sus golpes volvieron esta vez fue más astuto porque se preocupó de no dejar evidencia en mi cuerpo. – un nuevo sollozo se le salió – Pero la después de una visita de Victoria se enfureció tanto porque yo quería comunicarme con mi familia que…

Ya no era capaz de seguir hablando Renata estaba completamente nerviosa. Las lágrimas y los sollozos ya no la dejaban continuar con su relato.

      - ¿Puede continuar? – pregunto el juez. Ella asintió, bebió un poco de agua y se secó las lágrimas.
      - Perdón – se disculpó – Esa noche desato toda su furia conmigo, me golpeo como nunca antes lo había hecho. Al ver que yo luchaba contra él me lanzo contra una muralla… Eso es lo último que recuerdo hasta despertar en un hospital.

Busque su mirada nuevamente para infundirle un poco más de valentía, de fuerza. Era poco lo que quedaba para que este maldito pagara lo que había hecho. Todos sus años de sufrimiento terminarían y podría conocer lo que era la felicidad, la felicidad a mi lado.

Al terminar de relatar el juez nos dio un receso de quince minutos para que a continuación tomara la palabra el abogado defensor de lo indefendible.

Pasamos a una sala conjunta donde solo yo podía estar a su lado, como su abogado. Trate de acercarme a ella pero me lo impidió. Y me suplico guardar silencio. Quería que la dejara sola en esos momentos, pero no era lo que yo quería.

      - Tienes que estar tranquila, con las pruebas y tu relato pagara lo que te hizo.- le dije parado desde el otro extremo de la sala.
      - Ya no quiero seguir con esto. – susurro agachando la cabeza. – No quiero que esto siga
      - No me pidas imposibles. Esto va a continuar hasta las últimas consecuencias. –
      - Pero yo ya no lo quiero. – Replico - ¿Cómo crees que me siento? ¿Sabes el temor que me da que vuelva a acercarse a mí?
      - No lo hará. Lo prometo.
      - Tú no sabes el poder que tiene, lo hará, si es posible no pasara ni una hora en prisión. Thiago ya no quiero seguir. No quiero que nadie más escuche todo lo que pase, no quiero revivir nuevamente todo eso. Su abogado me hará preguntas y el dolor seguirá
      - Solo resiste un poco más. Por nosotros –
      - ¿Habrá un nosotros? –

Cuando iba a responder la puerta se abrió, era un oficial para informarnos que todo estaba listo para comenzar nuevamente.

Al pasar de nuevo a la sala, Gabriel me llamo a su lado para preguntar cómo estaba ella. Al informarle a grandes rasgos que tenía mucho miedo y que no quería continuar con esto, él se tensó. Sabía al igual que yo que no era la mejor idea.

Renata había subido nuevamente al estrado. Su mirada estaba perdida en algún lugar.
Sentado estaba aún más intranquilo. Sabía que el abogado sería implacable para sacarle lo que él quería y dejarla mal parada solo esperaba que no fuera a un punto donde no hubiera retorno.

      - Todos escuchamos su tan dramático relato acerca de cómo vivió con el Don Ernesto. Pero me quedan algunas interrogantes. Dice que la primera vez venían de una cena donde se le acusó de estar “coqueteando” con alguno de los presentes. ¿Debido a que su hasta ahora marido pensó o le dio esa impresión?
      - Yo no lo sé. –
      - No lo sabe – replico el – Para que un marido recién casado piense o imagine eso tienen que haber motivos de por medio. ¿Qué motivo le dio usted a su marido?
      - Le repito que no lo sé. –
      - Señora. ¿Coqueteo con alguno de esos asistentes?
      - Le he dicho que no.
      - Objeción – dije poniéndome de pie – La señora le ha dicho en tres oportunidades que no sabe a qué se debió eso
      - A lugar abogado – dijo el juez. – Continúe
      - ¿Por qué si esa noche la golpeo decidió volver con él?
      - Porque me prometió que no lo volvería a hacer, confiaba en él. Creía que estaba enamorada. ¿No se supone que eso hacen las personas enamoradas? Perdonan
      - No será que lo perdono por el simple hecho de que el señor ayudaba económicamente a su familia, y si lo dejaba. Si se divorciaba su familia perdería todo.
      - ¡No estaba con él por dinero! – replico Renata con su cara roja de rabia. – Yo tengo una carrera universitaria y tenía trabajo, el cual deje por petición de él.
      - Claro que lo dejo porque así se lo pidió. ¿En que se desempeñaba?
      - En una empresa multinacional de comunicaciones. En lo que estudie
      - Tengo documentos que acreditan que usted no trabajaba en eso.
      - Yo… yo… Trabajaba en eso antes de que contrajéramos matrimonio
      - ¿Y previo a eso?
      - Eso no tiene nada que ver en la demanda – volví a intervenir al ver lo nerviosa que se ponía Renata cada vez que el abogado le hacia esas preguntas.
      - Tengo un punto – le aclaro al juez.
      - Llegue rápido a su punto, abogado. –
      - La señora Renata antes de casarse trabajaba en un bar. Debido a eso y a que nunca se desligo del todo de esa vida, mi cliente y no es por justificar el golpeo aquella noche, debido a que se encontró con uno de los que fue su cliente.

No podía creer lo que mis oídos escuchaban. ¿Renata en un bar? Eso no tenía nada de malo, lo que si lo tenía todo era lo que ese imbécil insinuaba.

      -¡Yo no era una puta! – grito fuera de sí. – No trabajaba en un bar era una cafetería de 24 horas. Lo hacía para costear en parte mis estudios
      - Yo no he dicho que lo fuera. –
      - Su señoría, el abogado está levantando falsos a mi clienta – logre juntar las palabras y armar una oración para ayudarla.
      - Tengo pruebas – dijo entregando a uno de los guardias unos documentos – En esas dice bien claro en lo que ella trabajaba.
      - Que allá trabajado en una cafetería no quiere decir nada. Tampoco justifica que su marido la golpeara – replique sintiéndome impotente
      - Donde trabajaba no quiere decir nada abogado – aclaro el juez. – Es un caso de agresión, no para saber la reputación de alguna persona.
      - Su señoría – dijo el abogado – La señora Renata ejerció el comercio sexual estando casada con mi cliente. Tenía sexo con amigos, compañeros de trabajo e incluso jefes del señor por dinero
      - ¡Eso no es cierto! – Grito furioso - ¡El me obligaba! Yo… Lo siento – miro a Gabriel y más lagrimas salieron por sus ojos – Durante cinco años Ernesto me obligo a mantener relaciones sexuales en contra de mi voluntad con muchas personas. Me drogaba si no accedía de buena manera.

En la sala se hizo un silencio rotundo, nadie dijo nada y todas las miradas iban en dirección a Renata quien con su cabeza entre las piernas no dejaba de llorar.

      - La señora no está en condiciones de seguir – me pare aun con la incertidumbre que cernía sobre mi – Rogaría que se re agendara la audiencia
      - ¿Puede continuar? – le pregunto el juez directo a Renata.

Ella no levanto la cabeza, no negó ni afirmo nada. Aun en contra de todo me puse de pie y me fui a su lado. Cariñosamente le toque su cabeza y ella se estremeció.

      - No me toques por favor – suplico en voz baja casi inaudible.

Mis emociones estaban al límite, no sabía que era lo que tenía que hacer. Necesitaba explicaciones, necesitaba saber muchas cosas. De pronto algo en mí se encendió y las ganas de ir y golpear yo mismo al maldito fueron más grandes. En ese momento todo se nublo en mi mundo.
Mi mujer lloraba el maldito reía y todos murmuraban en la sala.

      - Debido al estado de la Señora Renata la sesión es suspendida y se dará sentencia con los datos aportados por ambas partes. Claramente nada justifica la agresión a una mujer, y mucho menos hasta los límites que fue llevaba a cabo. Si fue o no obligada a ser abusada sexualmente por otros hombres con el consentimiento del que era su marido lo veremos en una nueva audiencia. Por ahora se tomara en prisión preventiva al Señor Ernesto Omalei. Se levanta la sesión.

El juez se pone de pie al igual que todos los presentes. En ese momento dos oficiales se ponen a cada lado del maldito de Ernesto y yo camino a su lado. Sin mediar consecuencia  me pongo delante, su sonrisa aun en este momento era de triunfo

      - No te llevas a una mujer si no a una perra – sisea frente a mí.
      - Te voy a hundir – le digo con los dientes apretados. – Vas a pagar todo el daño que le hiciste

      - Esto está recién comenzando. Solo cuida bien a esa perra y a tu hijo – dice sonriendo y mirando a Renata quien estaba en brazos de Gabriel – Si es que es tuyo.