lunes, 9 de junio de 2014

#14 Caminos Inesperados

Capítulo 14

Me mire en el espejo por mucho tiempo, viendo lo que este hombre era capaz de hacer. Como conseguía tenerme este nivel de odio. Llegar a tal nivel de golpearme cuando me había prometido ante Dios y ante mi familia quererme y cuidarme.
Estos años de matrimonio eran una mierda, un completo fracaso. Y ahora después de tantos golpes, tantos insultos ya no sabía cómo remediarlo.

      - ¿Por qué me haces hacerte esto? – dijo abrazándome por la espalda. – Yo no quería llegar a esto mi amor. Renata yo te amo. Eres la única mujer que he amado
      - Y si lo haces porque me pegas – no fue una pregunta, fue una afirmación
      - Tú me provocas, yo no quería
      - Llevas años repitiendo lo mismo. Cada vez que me dejas de esta manera me dices eso. Que me amas y que no querías. ¿Pero sabes? – alzo una ceja al ver que alzaba la voz – No te creo una mierda. Esto se acabó. Me importa poco lo que pase, quienes sepan. Yo te voy a denunciar
      - No lo harás. No puedes hacerlo – dijo empujándome contra su pecho. – Te lo prohíbo.
      - Se acabaron tus prohibiciones. Si mi familia me quiere aborrecer por todo lo que me has obligado a hacer que lo hagan ¡Pero me canse!
      - Cállate – dijo subiendo su mano por mi estómago desnudo – Ahora sabrás lo que además soy capaz de hacer. E sido prudente contigo pero se acabó.
      - ¡Suéltame!
      - Cállate – y me abofeteo una vez más, esta vez con fuerza inmedida haciéndome chocar la cabeza contra la muralla del baño. Haciendo que todo a mí alrededor fuera negro.


***


A lo lejos escuchaba la voz de Thiago, lo escuchaba suplicar que abriera los ojos. Que no lo hiciera esto. Y por más que intentara abrir mis ojos no me respondía y poco a poco me iba durmiendo nuevamente.
Fuertes punzadas en mi cabeza me hacían emitir sonidos, pero sonidos que nadie más los escuchaba. Por qué ahora no habían voces cercas. No escuchaba a Thiago.

      - Vamos Renata. Abre tus hermosos ojos mi amor. – pedía en mi oído y me depositaba tiernos besos en la mejilla
      - Hijo. – Esa inconfundible voz era de Victoria que estaba cerca – Deja que descanse lo necesita. Ella está bien, ya lo han dicho los médicos

Sentía como acariciaba mis manos, y se la apreté tan fuerte como pude. Él de inmediato correspondió con otro apretón.

      - ¿Me escuchas verdad? – nuevamente trate de abrir mis ojos o articular palabra pero era completamente inútil. Asique use un método que funcionaba y volví a presionar su mano. – Estoy aquí, todo va a estar bien. Tienen detenido a ese desgraciado.

Escuchar eso de la boca de Thiago en vez de tranquilizarme me puso aún más nerviosa. ¿Lo tenían detenido? ¿Quién me había sacado de la casa? ¿Quién les había avisado?

      - No amor, tranquila.- me pidió – Descansa mi amor. Iré a buscar al doctor.

Cuando trato de soltar mi agarre, lo afirme mucho más fuerte. Evitando que me dejara que me soltara. No quería sentirlo lejos, ahora que estaba cerca.

      - Abu, puedes llamar al doctor – le pidió a Victoria. – No me suelta.
      - Tranquilo. Yo voy –
      - Todo va a estar bien mi amor, ¡Dios! Que susto me lleve cuando llegue a España y me avisaron que estabas en este lugar.

A los minutos después no lo escuche, pero sabía que estaba conmigo, sentía el calor que me daba su cuerpo cerca del mío.

Cuando entro el doctor, lo sentía a mi lado pero no sabía lo que me hacía. Hablaba pero nuevamente me estaba yendo en un sueño profundo, apreté mucho más fuerte el agarre de su mano. Con temor a que me fuera a dejar.

***

Lentamente fue saliendo de la nube negra que me cubría, mis parpados estaban cansados. Pero necesitaba abrir los ojos. Sentía peso en la altura de mis muslos. Sabía que Thiago estaba aquí conmigo.

Aún estaba aquí.

      - Thiago – dije suavemente, aun en contra el dolor de mi garganta.

Fui abriendo lentamente mis ojos, aun en contra de todo, él estaba ahí con su cabeza apoyada en la cama, por las cortinas se dejaba ver el oscuro cielo, estaba de noche y la luz tenue de la habitación me dejaba abrir mucho más los ojos. Trate de sacar mi mano que aún estaba con la de Thiago pero él me tenía sumamente apretada.

      - Thiago – volví a susurrar.

Suavemente y con el cansancio arrastre mi otra mano hacia su cabeza, le comencé a acariciar lentamente sus cabellos.
A pesar del dolor físico que sentía estaba tranquila, porque me sentía segura. Estaba segura a su lado.

      - Gracias por estar aquí – le dije tratando de mantenerme despierta un poco más. Pero el cansancio era mayor y aun en contra de mi voluntad me volví a dormir


***
Abrí mis ojos de golpe, para encontrarme con la hermosa sonrisa de Thiago a mi lado.

      - Hola mi amor – me dijo besando mi frente - ¿Cómo te sientes?
      - Hola. – susurre
      - ¿Cómo te sientes?
      - Cansada –
      - Es normal. – Me acaricio los cabellos – Esta hermosa
      - ¡Mentiroso! – Le sonreí – Debo tener la cara hecha una mierda
      - Tienes un poco morado algunos lados, pero casi nada a como estabas el día que te trajeron acá, al día en que te vi
      - ¿Cómo llegue acá?
      - Luego amor. Ahora descansa
      - Quiero saber ¿Cómo llegue?
      - Ese maldito hijo de – se calló – Te volvió a golpear y para su mala suerte. Thomas el chofer acudió en tu ayuda. Te encontró inconsciente en el baño y llamo a mi Abu. Te trajeron y a penas puse un pie en este país puse la demanda en su contra. Amor se nos vienen momentos duros. Pero tienes que ser fuerte.
      - ¿Aun está detenido?
      - No amor. Esta libre, su abogado pago la fianza aludiendo a que te caíste en la ducha.
      - Él me golpeo – susurre conteniendo un sollozo – Yo pensé que esta vez podía hacer las cosas de otra manera
      - No llores. Por favor no lo hagas. – Me limpio las lágrimas que caían – Llevabas casi cuatro días inconsciente. Renata tengo algo importante que decirte.

Ancle mis ojos a su mirada, a sus hermosos ojos. Este era el momento donde me diría que ya no quería seguir conmigo que le daba asco y que no podía estar con una puta

      - ¿Cuándo pensabas decirme que estas… - y se calló en ese momento agachando la mirada
      - ¿Estoy qué? – pregunte asustada
      - Estas embarazada –

Las palabras de Thiago, me hicieron sentarme de golpe un dolor sobre humano se apodero de mi cuerpo ante el brusco movimiento

      - Yo no estoy… - no podía continuar con esas palabras hace poco más de 3 meses había perdido a un bebé. Era imposible
      - Si lo estas. Renata ¿Lo sabias? – Dijo buscando mi mirada - ¿Es… es… es mío?
      - Yo… yo no estoy embarazada
      - ¡Mierda! Si lo estas, los exámenes arrojaron eso.

Lleve mis manos al rostro en ese momento no sabía si era una buena o una mala noticia.

      - ¿Es mío? ¿Renata me harás padre? ¿Dime que ese bebé es mío? Hazme el hombre más feliz del mundo diciéndome que no tienes dudas que ese hijo que viene en camino es mío. Mi amor por favor, confirma que ese hijo es fruto del amor que ambos nos tenemos.

Las palabras de Thiago solo me hacían llorar aún más, era imposible que pudiera haber concebido tan rápido, aun cuando mi cuerpo estuviese en buenas condiciones. Después de la golpiza, después de todo.

      - ¿Se puede? – la voz de un hombre interrumpió el momento
      - Adelante doctor – dijo Thiago
      - Pero señora. Recuéstese – pidió – No es bueno que haga este esfuerzo
      - Disculpe – dije avergonzada por la situación
      - Bien, necesito revisar a la señora. Podría salir
      - Soy su pareja – dijo seguro Thiago
      - Ok

El doctor que resulta que se llama Felipe, me comenzó a revisar por todos lados. Primero mis ojos, para terminar revisando entre mis muslos. Lo que confirmo que si verdaderamente estaba embarazada.

      - Esta todo bien. – Dijo cubriendo mi cuerpo nuevamente con la sabana – El bebé está perfecto. Y usted igual
      - ¿Cómo puedo estar embarazada? –
      - Bueno. – Río – Cuando las personas tienen relaciones es muy probable que estas cosas pasen. A ustedes les paso
      - Thiago – lo llame, e inmediatamente dirigió su mirada hacia mí. - ¿Puedes salir?
      - ¡Claro que no! – camino hacia la cama – Cualquier cosa que quieras preguntar puedes hacerla delante de mí. Amor estoy contigo
      - ¿Por favor?
      - No. – Frunció el ceño – Y es mi última palabra
      - Yo tuve una pérdida hace poco más de tres meses. – dije muy a mi pesar
      - Estamos al tanto de eso. La señora Lackington nos comentó los hechos y el señor aquí presente tiene todas las recomendaciones para poder llevar a término esté. Pero lo más importante es que usted este tranquila y tome las precauciones.
      - No me entiende. Como es posible, el doctor que me atendió en ese entonces – agache la cabeza – Dijo que no podía tener un bebé hasta casi un año más.
      - Los milagros ocurren – dijo con una sonrisa que me molesto – No le dé más vueltas. Disfrute su nuevo estado junto a su pareja. Mañana podrán conocerlo o conocerla
      - ¿De verdad? – pregunto Thiago haciéndose presente
      - Así es, mañana  tienen su primera ecografía –
      - Que emoción – dijo verdaderamente emocionado – Mañana conoceremos a nuestro bebé amor. Por favor sonríe

Me estaba pidiendo algo imposible, verdaderamente estaba criando un bebé dentro de mí. ¿Estaba aun dentro de un sueño? ¡Estoy embarazada!
Como reflejo lleve mis manos hacia mi vientre, era real. Estaba en ese lugar

      - Los dejare solos – dijo el doctor – volveré dentro de un par de horas para saber cómo sigue

Thiago espero que el doctor saliera de la habitación para subirse a la cama y acomodarse de costado a mi lado.
Con una mano en mi cabello, y con la otra sobre la mía en mi vientre, nos veíamos como una pareja normal. Como unos enamorados esperando una ilusión.
A pesar que si me hacía ilusión tener un bebé, saber que todo lo que el maldito me había hecho, no estaba generando repercusiones en mi cuerpo.
Dios me estaba mandando nuevamente el milagro de dar vida, me estaba haciendo ese sueño posible, junto a un hombre que verdaderamente estaba feliz por ser padre, no me estaba juzgando, no estaba arrancando, ni estaba maldiciendo. Simplemente estaba feliz.

      - Cariño, tranquila.- susurro en mi oído – No llores mi vida, no le hace bien a nuestro bebé
      - Tengo miedo – dije por fin
      - No amor, no hay nada de que temer, estoy contigo. Estamos juntos en esto – beso mi cabello - ¡Vamos a ser padres!
      - ¿Y si no es tuyo? – Pregunte temerosa – Existe esa posibilidad.
      - No amor, no existe. Es mío y no tienen más alternativas que tenerme junto a ustedes siempre
      - Thiago… -
      - ¿Dime cariño? –
      - Hay muchas cosas que tú no sabes… -
      - No creo que sea necesario que me las digas en estos momentos
      - Si es necesario
      - Vamos a ver Renata si digo que no es necesario es porque no lo es, en estos momentos solo necesito saber que tú y mi hijo están bien. Eso es más que suficiente
      - Pero…
      - Pero nada. Ahora quiero que te relajes y descanses.

Asentí, como ya estaba acostumbrada a hacerlo cada vez que me daban una orden. Acomode mi cabeza en su pecho y me deje llevar por el momento, por sus caricias y palabras de amor, su dedicación.

Necesitaba sacarme este peso de encima, contarle todo acerca de mi pasado, de mi futuro. Necesitaba que esas cosas las supiera por mí. Aún estaba a tiempo de huir, de dejarme y maltratarme.

***

Durante el resto del día y noche estuvimos solos con Thiago conversando cosas sumamente irrelevantes, haciéndome reír, preocupado de que me sintiera bien.
Si algo tenia Thiago era la manera de hacerme sentir segura con solo estar a mi lado. Se negó completamente a mi petición que se fuera a dormir a casa de Victoria y se separó de mi un minuto para ir a buscar algo para comer, pero nunca dejándome sola. Se preocupó de que Victoria se quedara haciéndome compañía, en su cara estaba la ilusión de saber que sería Bisabuela, aunque también consciente del miedo que eso me daba a mí. Sobre todo porque ella sabía muchas cosas que todos los demás no.

Me aconsejo que antes del juicio se lo contara todo a Thiago, porque ella creía que eso sería usado en mi contra, que Ernesto lo usaría a su favor con tal de desprestigiarme. Al igual que le dijo a Thiago que lo mejor era ocultar lo del embarazo hasta saber las semanas de gestación y lo más importante que de estábamos a salvo.

A primera hora de la mañana mi médico ingreso empujando una silla de ruedas, la cara de Thiago al verla un poema. Y yo ya temblaba, nos íbamos a conocer a nuestro bebé.

      - ¿Están listos? – dijo con una sonrisa Felipe
      - Claro que lo estamos, estamos ansiosos – dijo Thiago con una enorme sonrisa
      - Me parece muy bien. Sera una criatura muy amada
      - Claro que lo será – confirmo Thiago ayudando a ponerme de pie para sentarme en la silla.

Thiago me empujo por los pasillos de la clínica, hasta que el doctor abrió la puerta de la sala donde me harían el examen.
Una enfermera que no le quitaba los ojos de encima a Thiago, me indico que me recostara en la camilla para ayudarme a prepararme, pero cuando mi hombre me iba a ayudar ella negó y dijo que sola yo podía. ¡Maldita bruja!
Pero nada de lo que dijo pudo hacer alejar a Thiago de mi lado quien ignorando completamente su coqueteo se empeñó en que yo no hiciera ningún movimiento sin sus brazos

      - Señor – hablo la enfermera – Debe dejar hacer mi trabajo y ponerse en un costado a la altura de la cabeza
      - Esta bien. – Dijo caminando hacia donde le habían indicado – Pero no me pida que no ayude a mi mujer si no se puede mover mucho.
      - Ella puede hacer eso sola. – dijo molestándose
      - No si yo estoy para ayudarla.
      - Iré a buscar al doctor – dijo aún más molesta ella.

Los minutos que tuvimos que esperar a que el doctor ingresara, no dejábamos de mirar embobados a todos lados. Los cuadros que decoraban el lugar, era completamente mágico este momento.

      - Bien, - una voz nos sacó de nuestra burbuja – Estamos listos – Asentí –Vamos a realizar la primera ecografía de vuestro bebé. Esta será endovaginal. Renata lo más importante es que estés tranquila y relajada debido a que insertare esta sonda por tu vagina y de esa manera ver el estado, a su vez sabremos cuantas semanas tienes. ¿Sabías que estabas embarazada? – Negué con la cabeza – Lo suponía debes tener poco tiempo, bueno es una suerte que podamos hacerle seguimiento desde pequeño.

No podía apartar la mirada de cómo iba preparando todos los instrumentos. A la sonda le coloco un condón y un poco de gel. Encendió los monitores, y me indico donde poner las piernas. Me sentía expuesta y Thiago no soltaba mi mano.
Una incomodidad me hacía querer pedirle a Thiago que saliera, pero tampoco lo quería privar este momento.
      - Relájate – indico el médico y lo vi perderse entre mis piernas.

Verdaderamente podía sentir como iba ingresando esa cosa en mí, no dolía. De pronto la pantalla dejo de ser negra. Lagrimas involuntarias comenzaron a salir por mis ojos, me los aguaba de tal manera que ya no podía ver nítidamente lo que había.
No podía apartar mi nublada vista de esa imagen era simplemente maravilloso.

      - Ahora ya está muy confirmado y saluden a su bebé. –

Thiago agacho la cabeza hasta mis labios y me dio un suave beso. Pude ver sus ojos llenos de lágrimas, las mismas lágrimas que tenía yo


      - Hasta el momento está todo en el lugar que corresponde. Es un luchador y los daños de tú cuerpo no le han afectado en nada. El embrión mide cinco milímetros. Esta dentro de lo normal. Y tiene una anchura de 1.3 milímetros. Para tener cinco semanas está perfecto. Ese bulto que se ve – nos indicó con en la pantalla – Es su corazón. Aún es muy pronto para poder escucharlo pero en el próximo ultrasonido ya será factible.

lunes, 2 de junio de 2014

#13 Caminos Inesperados

Capítulo 13


      - Renata que alegría verte querida. ¿Cómo estuvieron las vacaciones? Ernesto nos comentó que fuiste a Chile a ver a tu padre ¿Todo bien?
      - Bien – me encogí de hombros – Todo está bien en mi casa
      - Mamá Renata está cansada por el viaje, te importaría si te vas en un taxi en este momento – dijo el idiota de mi marido, hasta para hablarle a su madre es un maldito
      - Claro que no mi vida – me beso en la mejilla – Ya nos veremos para tomar el té.

Solo asentí, que más podía decirle. Si ni siquiera prestaba atención a lo que decía. Mi mente y mi corazón estaban al otro lado del océano, con Thiago, con mi familia y esa estúpida nota.
La noche anterior había sido magnifica, mi amor lo había hecho todo fantástico para mí, lo había hecho con cariño y la muy perra le pagaba así.
Volver con Ernesto no era una opción era una realidad, aquella noche donde todos pensaron que estaba con un hombre, había sido el quien me tenía a su lado, a la fuerza. Fue el quien a punta de amenaza me tenía aquí otra vez fingiendo ser una soñara.
Mis condiciones fueron claras esta vez, tenía que proteger esa semilla dentro de mí. La semilla de la esperanza.

En silencio subí a la habitación y cerré con pestillo, era lo más seguro en estos momentos si quería y necesitaba una ducha, un espacio para mí. Quería botar todas esas lágrimas contenidas.

Añoraba escuchar la voz de Thiago, pero no podía comunicar con él, si lo hacia todos mis planes se iban a la mierda esperaba que a lo menos dentro de una semana pudiera escaparme para ir a la casa de Victoria, era mi salvación. Era el medio para que todos supieran que estaba bien, que dentro de poco volvería.

      - Abre – grito Ernesto.

Desde el otro lado de la puerta podía sentir su impaciencia por entrar a mi espacio. Automáticamente mi cuerpo comenzó a temblar. Sabía lo que me esperaba si no lo hacía y ya no sabía que sería peor.
Con las manos sudorosas lo deje pasar y me senté en la cama esperando su orden de desnudarme o hacerle una mamada. Nada más podía querer.

      - En esta casa no se cierran las puertas. ¿Entendido? – grito enojado. Asentí – Mañana te quiero elegante y guapa. Tenemos una cena con Dorcel – volví asentir – Y luego de eso veremos, si te portas bien, recibes un premio o en su defecto un castigo. Tú decides – volví asentir – Ahora dúchate y ven a la cama. A mi cama. Nuestra maldita cama.

Por más que pedí tener un dormitorio para mí se negó. Era su mujer por lo tanto debía dormir y hacer lo que él pidiera.

Esa noche sentí como volvía a ser violada, a ser forzada a algo que no quería. Pero debía aguantar solo un poco y evitar que me golpease.
Necesitaba hacer esto desde acá y si todo funcionaba podía ser libre. Y eso era lo que más deseaba.

Una semana, una maldita semana y me sentía la por mujer del mundo. Extrañaba a mi padre, a los chicos de la cocina, mis conversaciones con Dani. Pero por sobre todo a mi Thiago.
Durante esta primera semana no había tenido la oportunidad de acercarme aun ordenador, mucho menos tomar el teléfono, ya que el maldito había mandado a sacar la línea. No tenía medio de cómo comunicarme.
Lleva toda la semana soportando su asqueroso rostro día y noche, todo el tiempo cerca de mío, tocándome, provocándome.

Entre malditas cenas con gente que creía en este matrimonio feliz inexistente, con hombres que solo deseaban estar entre mis piernas y que al final de la noche siempre lo conseguían.

       - Amor -  dijo entrando a la cocina dándome un susto
      - Dime Ernesto –
      - Tengo que ir al trabajo – río – Esta semana ha sido fascinante, extrañaba tenerte en casa mi vida.
      - Ajá
      - No puedes salir, ni tratar de hacer llamadas. Compórtate como una señora, aunque sea una vez – Asentí – Esta noche tenemos visita. Ya sabes cómo debes estar
      - Pero yo… -
      - Tú nada. E perdido mucho dinero por tú culpa –
      - Por favor – suplique al borde de las lágrimas
      - No comiences. Ya estas avisada Renata.
      - Ernesto. No quiero – dije una vez más
      - Me vale
      - Por favor – suplique una vez más
      - ¡Dije que no!

Camino de manera desafiante hasta quedar a mi lado tomando mi cara para obligarme a mirarlo

      - Eres mi esposa. Esta noche te quiero dispuesta y como buena puta que eres, harás bien tu trabajo –

Me beso castamente en los labios, seguidos de una sonora cachetada

      - ¡Me vale si quieres o no! Esta noche ya sabes lo que tienes que hacer ¿Entendiste? – Asentí lentamente - ¿Entendiste?
      - Si -  dije casi inaudible
      - No te oí – grito levantando nuevamente la mano con la intensión de abofetearme
      - ¡Sí! – Grite - ¡Si, si, si!
      - Así me gusta amor. A las ocho quiero todo listo – asentí
Lo vi salir de la cocina, seguí sus pasos hasta comprobar que se había ido. Debía encontrar la manera de salir, de no ser el juguete sexual de algún idiota degenerado. No de nuevo

Miles de posibles ideas pasaron por mi cabeza, corrí hasta la habitación topándome en seco con el ama de llaves, criada y amante de mi marido.

      - Señora – dijo antes de que cerrara la puerta de la habitación
      - Si –
      - El señor dijo…-
      - Ya lo sé – dije segura y demostrando que yo tenía el poder.
      - Sobre su cama le deje la vestimenta
      - Gracias – fingiendo una sonrisa
      - De nada.
      - ¿Algo más? – pregunte al verla sin intención de irse
      - No – cuando iba a cerrar ella afirmo la puerta – Nada de puertas cerradas. Son órdenes del señor
      - ¡Sal de aquí! – Grite enojada – Ni una criada me dirá lo que puedo o no hacer en mi casa
      - Señora – dijo con desprecio – Don Ernesto me dijo que si no había caso lo llamara
      - Y tú para tenerlo entre tus piernas eres capaz de eso y más. Pues me vale, ¡Yo soy la señora de la casa!
      - Entonces compórtese como tal –
      - No me vas a dar órdenes tú. Como debo o no comportarme no es tu jodido problema. Ahora ¡Sal de mi maldita habitación! Y ten por seguro que Ernesto, ¡Mi marido! Sabrá de esto.
      - Claro que lo sabrá. – dijo con desprecio
      - ¡Fuera!
      - ¡No cierre la maldita puerta! – grito
      - ¡Cállate zorra! – grite

Luego de mi última palabra la idiota salió, cerré de un solo portazo. Tratando de controlarme y mantener la calma.
No iba a perder el poco de paciencia, no con ella. Tenía cosas más importantes en ese minuto.

Rápidamente fui al fondo de mi armario en busca de mi agenda, una de las pocas cosas que Ernesto no me había arrebatado, cuando llegue con las manos temblorosas arranque un trozo de papel que contenía un número de teléfono que en estos momentos era muy importante.

Me volví a buscar mi cartera que estaba sobre la cama cuando la puerta se abrió de golpe.

      - Don Ernesto quiere hablar con usted. Señora – dijo lo último muy sínicamente, entregándome un móvil.
      - Gracias – dije cogiéndoselo – Ahora retírate

Con una sonrisa mucho más fingida se dio media vuelta, dejando la puerta abierta
      - ¿Hola? – susurre
      - ¿Por qué no cumples mis órdenes en silencio? – dijo amenazante
      - Dile a la perra de tu amante que me respete
      - Te daré la oportunidad que me cuentes que sucedió antes que piense como hacértelo pagar.
      - ¡Yo soy la señora de la casa! – Dije furiosa – Merezco respeto de tu amante o quien sea
      - ¿Te comportas como tal? – dijo sarcástico
      - Siempre lo he hecho. Ernesto esto es el colmo que una criada me insulte y me dé ordenes
      - Lo siento mi amor, tomare cartas en el asunto
      - Gracias – fingí estar de acuerdo, seguro estaba con alguien cerca y debía fingir – Iré a comprar lo necesario para la cena
      - No puedes salir – gruño – Amor sabes lo que dijo el doctor
      - Llevare al chofer para que estés tranquilo. Prometí quedarme contigo
      - No tenías mucho donde elegir – río – Esta bien mi amor. Lleva a Camila también
      - Claro que no – dije seria – Tienes que confiar en mí, no me puedes tener encerrada. Iré con el chofer, aprovechare de comprarme un vestido
      - Ya elegí uno para ti
      - No me gusta
      - Te lo pondrás y se acabó el asunto. Tienes una maldita hora para conseguir todo. Renata no hagas ninguna estupidez no quiero que tengas esas preciosas marcas hoy en la noche. No hoy
      - Si señor ¿Algo más?
      - No cierres la puerta ¡Es una orden!
      - Te odio – susurre y corte

No pasaron ni dos segundos cuando la zorra volvía a mi habitación, con una enorme sonrisa de satisfacción

      - Voy a salir – le dije dejándola atrás – Quiero esta casa reluciente cuando llegue ¡Es una orden!
    
Río y desapareció de mi vista.
Corrí escaleras abajo hasta donde estaba el chofer, y le indique la dirección del mercado

      - No tardo – dije cuando se detuvo.

Sin darle tiempo de reaccionar baje casi corriendo del coche, adentrándome en el tumulto de gente, no pensaba escapar, tenía un mejor plan.

      - Señora Renata, hace meses que no venía por estos lados

Comento Úrsula, una señora de avanzada edad. Amiga de mi abuela a la que conocía desde hace muchos años.

      - Señora Úrsula. Que alegría encontrarme con usted. – Dije sinceramente – Necesito pedirle un enorme favor – mire a todos lados
      - Claro que sí. Dígame en que la puedo ayudar
      - Gracias. De verdad muchas gracias. Necesito un móvil
      - Vamos al local,  mi nieta tiene una de esas cosas.

La seguí por algunos locales de verduras hasta llegar al suyo, esperaba que el tiempo estuviera a mi favor esta vez.

      - Hija – le dijo a su nieta – Necesito que me prestes tu móvil para la señora
      - Señora Renata. Buenos días pase acá lo tengo
      - Gracias. Ursulita necesito también un par de cosas de esta lista

Le entregue la lista de compras y algo de dinero. Tome el móvil y busque entre mis cosas el papel arrugado, donde tenía el número de la única persona que podía ayudarme en estos momentos.
Con la vista en todos lados comencé a marcar su número, sonó hasta enviarme al buzón de voz. No estando segura de dejarle algún mensaje desconecte la llamada.

      - No contestan – le sonreí nerviosa a Úrsula

Para un segundo intento me decidí por Victoria, estaba segura que ella me ayudaría.
Al segundo tono contesto

      - ¿Bueno?
      - Victoria. Hola soy Renata
      - ¡Hija por el amor de Dios! ¿Dónde estás? ¿Estáis bien?
      - Solo tengo un minuto, ve a mi casa en unas horas, no le digas a nadie que has hablado conmigo y consígueme un móvil
      - ¿En qué lio estas metida cariño?
      - Te explicare luego solo haz lo que te pido
      - Por supuesto, a las seis estaré
      - Gracias y no le digas a nadie
      - ¿Ni a tú padre? -  de solo escuchar su nombre se me hizo un nudo en el estómago y el corazón se me apretó
      - Ni a él. Aún no
      - Esta bien

No la deje decir más y le corte la llamada a lo lejos entre la gente vi venir al chofer con Ernesto y se me tensaron todos los músculos.

      - Gracias – susurre dejando el móvil y cogiendo las bolsas en mis manos tratando de calmarme

Comencé a caminar hacia otros locales lentamente acercándome a mi marido, debía disimular el miedo que siento y a su vez lo que acababa de hacer.

      - ¿Qué haces aquí? – pregunte cuando llegue a su lado
      - Sorpresa – dijo con una sonrisa en la cara el muy idiota, depositando un casto beso en mis labios – Thomas lleva las bolsas al coche

El chofer cumplió la orden y aprovechando mi mano libre. Ernesto la cogió con fuerza, como si la gente necesitara saber que era suya.

      - ¿Tienes algo más que comprar? – pregunto mordiendo el ovulo de mi oreja. Provocando repulsión automática
      - No. Creo que tengo todo –
      - Bien, nos vamos a casa –
      - Ok – asentí y lo seguí en silencio

Al entrar en la casa hui de inmediato a la habitación. Ignorando sus reiterados llamados.

Ya en mi habitación me descalce inmediatamente y busque una cinta para armarme una coleta. Cuando mi puerta fue abierta y cerrada de inmediato

      - ¿Qué necesitas? – le susurre a Ernesto

Cuando lo vi acercarse a mí, tomo mi mano y me obligo a ponerme de pie

      - Te deseo

Mis peores temores volvieron en ese momento, sabía que cuando lo decía, cumplía con su propósito.

Mi cuerpo no reaccionaba a sus caricias, a sus besos o a la pasión que pudiera poner. Simplemente me daba una sola cosa Repulsión. Tan solo sentir como sus manos jugaban con mis pechos me daban ganas de vomitar
Sentir sus labios en los míos, en mi cuello o en donde los pusiera era solo para generar más lágrimas, debía acabar con esta tortura.

      - Copera maldita sea – gruño al verme estática en el lugar donde me había lanzado en la cama

Al momento que desabrochaba el botón de mis jeans ya esperaba lo peor.
Unos golpes en la puerta lo interrumpieron y sin importar que estuviera con los pechos a la vista ordeno que pasaran

      - Buscan a la señora – dijo Camila sin apartar los ojos de mi marido que estaba sobre mí con sus manos entre mis piernas
      - Dile que está ocupada – gruño y continúo con sus lametazos en mis pechos.
      - Lo he hecho pero dice que es urgente –
      - ¿Quién coño es? – dijo saliendo de sobre mi cuerpo
      - La señora Victoria Lackington –
      - ¿Quién mierda es esa mujer? – pregunto mirándome a los ojos
      - La mamá de tío Benja. Es amiga de mi padre – asegure
      - Seguro mi suegro la envió para saber de ti – miro a Camila – Dile que va de inmediato la señora
      - Si señor
      - Camila – dijo Ernesto antes que saliera completamente de la habitación y esta volteo – Luego sube. Te voy a necesitar – Ella asintió y con una enorme sonrisa me miro
      - Mi amor, cuidado con lo que dices y haces – Un beso casto en mis labios y me lanzo mi camiseta – Ahora ve. Otra se encargara de esto

Con las manos temblorosas me coloque el sosten, y la camiseta y casi corrí escaleras abajo en busca de Victoria. Gracias a ella hoy no tendría que soportar a Ernesto, ya que la puta de Camila se encargaría de él. ¡Gracias a Dios! Y eso me daría unos minutos para poder hablar a solas.

Al llegar escaleras abajo, me arregle una vez más el cabello y la ropa

      - Renata que alegría – dijo Vicky cuando llegue a su lado, luego de un significativo abrazo
      - Victoria – dije tratando de contener las lágrimas
      - Hija. Hable con Benjamín y me comento que habías estado allá, y no dude en venir a que me cuentes como están todos.
      - Si llegue hace una semana – sonreí ante la capacidad de fingir
      - Vamos cuéntame ¿Cómo están todo?
      - Bien. Te enviaron muchos cariños y que pronto vayas a verlos – mentí
      - Claro. Tú me tendrás que acompañar luego, quiero ver a mis nietos y conocer la barriga donde crece mi primer bisnieto. ¿Qué tal si vamos a cenar fuera?
      - ¡Ay! No puedo tenemos visitas a cenar. – Hice una mueca de desagrado – Pero quédate a cenar
      - Muchas gracias
      - Camila. – La mire – Ernesto necesita que lo subas ayudar
      - SI señora. – y subió.

Una vez que la perdí de vista, tome la mano de Victoria para que me acompañara fuera, necesitaba decirle muchas cosas y ella hacerme muchas preguntas.

      - ¿Trago lo que le pedí? – pregunte mirando hacia todos lados.
      - Si cariño. – hurgo entre su cartera y saco un aparato móvil. - ¿Por qué regresaste?
      - Fue por mí a Chile. Me amenazo y tuve que volver –
      - Pero cariño. ¿Qué paso con el divorcio?
      - Thiago estaba a cargo de eso. Pero me lie con él y todo quedó en nada. Desde Chile es muy difícil poder divorciarme. –
      - ¿Tuviste una relación con Thiago? ¿Mi Thiago?
      - Si – me sonroje – Pero no habían pruebas suficientes.
      - ¿Cómo qué no? Hija a mí no me puedes engañar. Ese mal nacido te golpeo, te provoco el aborto, te encerró. ¿Esas no son pruebas suficientes? Sin mencionar las veces que te obligo a acostarte con otros hombres por dinero.
      - Pero tú eres la única que sabe todas esas cosas. No fui capaz de contarle a mi padre, mucho menos a Thiago
      - Tanto tú padre como mi nieto lo entenderán. Tú no lo querías hacer. Aun no quieres hacerlo.
      - Y nunca querré hacer nada de eso. Pero tengo miedo ¿Qué quieres que haga?
      - ¿Qué pretender hacer?
      - Estoy un poco confundida. Pero necesito un abogado que tome mi caso y haga todo en secreto…
      - Mandemos a buscar a Thiago
      - No. Él no.
      - ¿Por qué?
      - Porque lo quiero, y temo lo que Ernesto pueda hacerle.
      - Nada le va a hacer. Es peligroso que estés aquí. Necesito que sepas que yo me encargare de todo. Tú solo. Tú solo mantente con vida
      - Lo sé. Muchas gracias por eso sabía que debía hablar con usted.
      - Te lo dije una vez y te lo repito. Siempre, siempre estaré para ti. Eres como una nieta más para mí. Mucho más ahora que sé que tuviste algo con mi Thiago
      - Nos queremos – susurre
      - ¡En serio! – Dijo sonriendo - ¡Que alegría! Vamos a hacer las cosas rápidas y bien
      - Eso es lo que más quiero. Necesito tú ayuda
      - Lo sé, lo sé. Vamos cambia esa carita y sonríeme. ¿Quieres hablar con mi nieto?
      - Lo que más he querido esta semana
      - Vamos yo lo llamo.

Saco su móvil y nos acercamos más a la orilla de la piscina, nos fuimos a sentar a la terraza donde podía apreciar la habitación principal y constatar como Ernesto se cogía a la criada. Eso me daba un par de minutos más para poder hablar con Thiago

      - Vamos cariño aparta tú vista de eso -  dijo cuándo observo lo mismo que yo – Sé que no lo amas a ese hombre y está claro que el tampoco a ti, pero no tiene el mayor cuidado de que no te des cuenta
      - Llegaste en el mejor momento. Estaba a punto de ser yo esa mujer –
      - Y me tendrás cada vez que lo necesites. Ahora no pierdas tiempo y llámalo

Dudaba si recibir su móvil o no. Ante mi duda ella marco su número y en sonrió

      - Hola cariño – le dijo muy feliz – Si… claro que estoy bien… No mi vida no me pasa nada… De verdad. Hijo tranquilo. Si luego iré a verlos. Yo también te quiero mucho mi niño… Luego, primero necesito que saludes a alguien… Ya solo saluda

Separo el móvil del oído y me lo tendió. Mis manos temblaban en ese momento y las lágrimas no las podía controlar, con la vista en la habitación. Esperaba que este momento durara un poco

      - ¿Hola? ¿Abu? ¿Estás bien? – Escuche la voz preocupada de Thiago al otro lado de la línea
      - Sí. – Susurre – Victoria está bien.
      - ¿Renata?
      - Perdóname – dije ya sin poder contener las lágrimas, sin poder contener ese dolor al dejarlo nuevamente
      - No mi amor, no llores. Te perdono todo mi vida. Por favor no llores – su voz, su manera de tratarme a pensar que lo había dejado de la peor forma – Te entiendo mi vida. ¿Estás bien?
      - Sí. – Susurre – Yo no quería dejarte así
      - Lo se mi amor. Créeme que lo sé. Estaba preocupado por ti. ¿Por qué no me cogías el móvil?
      - No tengo ese móvil. Se me rompió. Thiago necesito que le avises a mi papá que estoy bien que me tuve que volver. Que lo lamento mucho y que me perdone
      - Mi amor… - dijo con dulzura – Nadie tiene nada que perdonarte. Mientras estés bien estaremos todos tranquilos yo hablare con Gabriel y mañana mismo me voy para poder estar cerca de ti
      - No.  – Dije alarmada – No vengas.
      - No señora. No me puede prohibir que vaya tras de usted. Yo te dije que te quería así tenga que irme a España detrás de ti. No te voy a dejar
      - No te merezco – en ese momento mis ojos volvieron hacia la habitación y vi como Camila se bajaba de Ernesto y se comenzaba a vestir. Este tiempo ya llegaba a su fin. Sin ser consciente comencé a temblar y Victoria de inmediato se dio cuenta. Cogió el teléfono de mi oído.
      - Hijo… No. Está bien. Si de verdad está bien. Ella lo hará. Hazle caso. Luego hablamos. Te quiero hijo un beso. – Me tomo las manos y me miro a los ojos. – Deja de llorar hija, está claro que se quieren. Ambos lo hacen pero vamos tienes que ser fuerte, y sabes que no lo podrás detener.
      - No quiero que venga. Eso hará todo muy complicado.
      - Ya buscaremos la manera hija de que todo salga bien

Nos quedamos unos minutos en silencio, no sabía que decirle para convencerla de que con Thiago nada saldría bien. Solo empeoraría las cosas. Ernesto lo reconocería y sería capaz de matarlo, con solo pensarlo me puse a temblar aún más.

      - ¿Mi amor que pasa? – Escuche la voz de Ernesto llegar a mi lado, fingiendo estar preocupado - ¿Qué paso mi amor?
      - Gabriel se puso mal y está en el hospital – mintió Victoria
      - ¿Qué le paso? – dijo acunando mi cara entre sus manos. - ¿Quieres ir a ver a tu padre?
      - Su corazón está fallando. Pero no es el mejor momento para que Renata viaje. –
      - ¿Mi vida? – Pregunto ignorando a Victoria – Si quieres ir yo mismo te llevo mañana
      - No es necesario – susurre – Sé que estará bien. Quiero hablar con él
      - Y lo harás amor, luego nos comunicaremos con él. ¿Quieres que suspenda la cena?
      - Por favor –
      - Está bien. ¿Necesita algo más? – le pregunto a Victoria. – Me gustaría que se fuera a descansar Renata. Como puede ver no está bien
      - Si claro, Hija. Me llamas cualquier cosa. Y yo haré lo mismo. Si se algo más te avisare. Mañana te pasare a visitar y podemos salir a tomar té.
      - No creo que sea lo más prudente – dijo Ernesto ayudándome a ponerme de pie – Yo me hare cargo de mi mujer.
      - Claro. Confió en que la cuidaras muy bien. – Asintió – Tranquila que Gabriel estará bien ya lo veras. Y tal vez la semana que viene te puedes ir conmigo a Chile. Voy por tres días. – Asentí – Bien, ahora me voy. Buenas noches
      - Buenas noches

***

Gracias a Victoria me encontraba descansando en mi cama, sin el temor que viniera y me hiciera algo. Ernesto era un ser despreciable pero comprendía que no estaba bien. Y para evitar que me fuera nuevamente a Chile. Aun que todo era una gran mentira cosa que él no sabía.

      - ¿Te sientes mejor? – pregunto relajado cuando entro en la habitación ya preparándose para dormir.
      - No. Me gustaría llamar a mi casa. –
      - Sabes que eso no es posible. Lo siento mi vida. Pero no puedo permitir eso y que te den ganas de volver. No lo harás. No todavía.
      - Eres un maldito insensible
      - No. – Me tomo la cara entre sus manos – Si lo fuera, esta noche estarías pagando algunas deudas. Así que no lo soy
      - Me das asco
      - No comiences Renata. No comiences y mejor que te duermas
      - ¡Es mi padre! – le grite levantándome de la cama
      - ¡Y el maldito te quiere separar de mí! Me vale si se muere – dijo sujetándome por el codo. – Ahora que te veo tan bien tendrás que hacer algo
      - ¡NO! – grite y me solté – ¡No quiero que me toques! ¡Eres un maldito insensible! ¡Dormiré en otra habitación!
      - Abres esa puerta y te arrepientes
      - ¿Me vas a golpear? ¡No me importa! ¡Prefiero morirme que vivir a tu lado!
      - Si eso es lo que quieres –

Camino amenazante para alcanzarme y cuando me tenía acorralada contra la muralla, preparado para darme una golpiza

      - ¿Esto es lo que quieres? ¿Quieres que te dé una buena golpiza?
      - Hazlo – lo incentive, era el anzuelo.


Si conseguía que me diera un golpe, que me dejara una marca. Mañana pasaría la noche en prisión.