lunes, 2 de junio de 2014

#13 Caminos Inesperados

Capítulo 13


      - Renata que alegría verte querida. ¿Cómo estuvieron las vacaciones? Ernesto nos comentó que fuiste a Chile a ver a tu padre ¿Todo bien?
      - Bien – me encogí de hombros – Todo está bien en mi casa
      - Mamá Renata está cansada por el viaje, te importaría si te vas en un taxi en este momento – dijo el idiota de mi marido, hasta para hablarle a su madre es un maldito
      - Claro que no mi vida – me beso en la mejilla – Ya nos veremos para tomar el té.

Solo asentí, que más podía decirle. Si ni siquiera prestaba atención a lo que decía. Mi mente y mi corazón estaban al otro lado del océano, con Thiago, con mi familia y esa estúpida nota.
La noche anterior había sido magnifica, mi amor lo había hecho todo fantástico para mí, lo había hecho con cariño y la muy perra le pagaba así.
Volver con Ernesto no era una opción era una realidad, aquella noche donde todos pensaron que estaba con un hombre, había sido el quien me tenía a su lado, a la fuerza. Fue el quien a punta de amenaza me tenía aquí otra vez fingiendo ser una soñara.
Mis condiciones fueron claras esta vez, tenía que proteger esa semilla dentro de mí. La semilla de la esperanza.

En silencio subí a la habitación y cerré con pestillo, era lo más seguro en estos momentos si quería y necesitaba una ducha, un espacio para mí. Quería botar todas esas lágrimas contenidas.

Añoraba escuchar la voz de Thiago, pero no podía comunicar con él, si lo hacia todos mis planes se iban a la mierda esperaba que a lo menos dentro de una semana pudiera escaparme para ir a la casa de Victoria, era mi salvación. Era el medio para que todos supieran que estaba bien, que dentro de poco volvería.

      - Abre – grito Ernesto.

Desde el otro lado de la puerta podía sentir su impaciencia por entrar a mi espacio. Automáticamente mi cuerpo comenzó a temblar. Sabía lo que me esperaba si no lo hacía y ya no sabía que sería peor.
Con las manos sudorosas lo deje pasar y me senté en la cama esperando su orden de desnudarme o hacerle una mamada. Nada más podía querer.

      - En esta casa no se cierran las puertas. ¿Entendido? – grito enojado. Asentí – Mañana te quiero elegante y guapa. Tenemos una cena con Dorcel – volví asentir – Y luego de eso veremos, si te portas bien, recibes un premio o en su defecto un castigo. Tú decides – volví asentir – Ahora dúchate y ven a la cama. A mi cama. Nuestra maldita cama.

Por más que pedí tener un dormitorio para mí se negó. Era su mujer por lo tanto debía dormir y hacer lo que él pidiera.

Esa noche sentí como volvía a ser violada, a ser forzada a algo que no quería. Pero debía aguantar solo un poco y evitar que me golpease.
Necesitaba hacer esto desde acá y si todo funcionaba podía ser libre. Y eso era lo que más deseaba.

Una semana, una maldita semana y me sentía la por mujer del mundo. Extrañaba a mi padre, a los chicos de la cocina, mis conversaciones con Dani. Pero por sobre todo a mi Thiago.
Durante esta primera semana no había tenido la oportunidad de acercarme aun ordenador, mucho menos tomar el teléfono, ya que el maldito había mandado a sacar la línea. No tenía medio de cómo comunicarme.
Lleva toda la semana soportando su asqueroso rostro día y noche, todo el tiempo cerca de mío, tocándome, provocándome.

Entre malditas cenas con gente que creía en este matrimonio feliz inexistente, con hombres que solo deseaban estar entre mis piernas y que al final de la noche siempre lo conseguían.

       - Amor -  dijo entrando a la cocina dándome un susto
      - Dime Ernesto –
      - Tengo que ir al trabajo – río – Esta semana ha sido fascinante, extrañaba tenerte en casa mi vida.
      - Ajá
      - No puedes salir, ni tratar de hacer llamadas. Compórtate como una señora, aunque sea una vez – Asentí – Esta noche tenemos visita. Ya sabes cómo debes estar
      - Pero yo… -
      - Tú nada. E perdido mucho dinero por tú culpa –
      - Por favor – suplique al borde de las lágrimas
      - No comiences. Ya estas avisada Renata.
      - Ernesto. No quiero – dije una vez más
      - Me vale
      - Por favor – suplique una vez más
      - ¡Dije que no!

Camino de manera desafiante hasta quedar a mi lado tomando mi cara para obligarme a mirarlo

      - Eres mi esposa. Esta noche te quiero dispuesta y como buena puta que eres, harás bien tu trabajo –

Me beso castamente en los labios, seguidos de una sonora cachetada

      - ¡Me vale si quieres o no! Esta noche ya sabes lo que tienes que hacer ¿Entendiste? – Asentí lentamente - ¿Entendiste?
      - Si -  dije casi inaudible
      - No te oí – grito levantando nuevamente la mano con la intensión de abofetearme
      - ¡Sí! – Grite - ¡Si, si, si!
      - Así me gusta amor. A las ocho quiero todo listo – asentí
Lo vi salir de la cocina, seguí sus pasos hasta comprobar que se había ido. Debía encontrar la manera de salir, de no ser el juguete sexual de algún idiota degenerado. No de nuevo

Miles de posibles ideas pasaron por mi cabeza, corrí hasta la habitación topándome en seco con el ama de llaves, criada y amante de mi marido.

      - Señora – dijo antes de que cerrara la puerta de la habitación
      - Si –
      - El señor dijo…-
      - Ya lo sé – dije segura y demostrando que yo tenía el poder.
      - Sobre su cama le deje la vestimenta
      - Gracias – fingiendo una sonrisa
      - De nada.
      - ¿Algo más? – pregunte al verla sin intención de irse
      - No – cuando iba a cerrar ella afirmo la puerta – Nada de puertas cerradas. Son órdenes del señor
      - ¡Sal de aquí! – Grite enojada – Ni una criada me dirá lo que puedo o no hacer en mi casa
      - Señora – dijo con desprecio – Don Ernesto me dijo que si no había caso lo llamara
      - Y tú para tenerlo entre tus piernas eres capaz de eso y más. Pues me vale, ¡Yo soy la señora de la casa!
      - Entonces compórtese como tal –
      - No me vas a dar órdenes tú. Como debo o no comportarme no es tu jodido problema. Ahora ¡Sal de mi maldita habitación! Y ten por seguro que Ernesto, ¡Mi marido! Sabrá de esto.
      - Claro que lo sabrá. – dijo con desprecio
      - ¡Fuera!
      - ¡No cierre la maldita puerta! – grito
      - ¡Cállate zorra! – grite

Luego de mi última palabra la idiota salió, cerré de un solo portazo. Tratando de controlarme y mantener la calma.
No iba a perder el poco de paciencia, no con ella. Tenía cosas más importantes en ese minuto.

Rápidamente fui al fondo de mi armario en busca de mi agenda, una de las pocas cosas que Ernesto no me había arrebatado, cuando llegue con las manos temblorosas arranque un trozo de papel que contenía un número de teléfono que en estos momentos era muy importante.

Me volví a buscar mi cartera que estaba sobre la cama cuando la puerta se abrió de golpe.

      - Don Ernesto quiere hablar con usted. Señora – dijo lo último muy sínicamente, entregándome un móvil.
      - Gracias – dije cogiéndoselo – Ahora retírate

Con una sonrisa mucho más fingida se dio media vuelta, dejando la puerta abierta
      - ¿Hola? – susurre
      - ¿Por qué no cumples mis órdenes en silencio? – dijo amenazante
      - Dile a la perra de tu amante que me respete
      - Te daré la oportunidad que me cuentes que sucedió antes que piense como hacértelo pagar.
      - ¡Yo soy la señora de la casa! – Dije furiosa – Merezco respeto de tu amante o quien sea
      - ¿Te comportas como tal? – dijo sarcástico
      - Siempre lo he hecho. Ernesto esto es el colmo que una criada me insulte y me dé ordenes
      - Lo siento mi amor, tomare cartas en el asunto
      - Gracias – fingí estar de acuerdo, seguro estaba con alguien cerca y debía fingir – Iré a comprar lo necesario para la cena
      - No puedes salir – gruño – Amor sabes lo que dijo el doctor
      - Llevare al chofer para que estés tranquilo. Prometí quedarme contigo
      - No tenías mucho donde elegir – río – Esta bien mi amor. Lleva a Camila también
      - Claro que no – dije seria – Tienes que confiar en mí, no me puedes tener encerrada. Iré con el chofer, aprovechare de comprarme un vestido
      - Ya elegí uno para ti
      - No me gusta
      - Te lo pondrás y se acabó el asunto. Tienes una maldita hora para conseguir todo. Renata no hagas ninguna estupidez no quiero que tengas esas preciosas marcas hoy en la noche. No hoy
      - Si señor ¿Algo más?
      - No cierres la puerta ¡Es una orden!
      - Te odio – susurre y corte

No pasaron ni dos segundos cuando la zorra volvía a mi habitación, con una enorme sonrisa de satisfacción

      - Voy a salir – le dije dejándola atrás – Quiero esta casa reluciente cuando llegue ¡Es una orden!
    
Río y desapareció de mi vista.
Corrí escaleras abajo hasta donde estaba el chofer, y le indique la dirección del mercado

      - No tardo – dije cuando se detuvo.

Sin darle tiempo de reaccionar baje casi corriendo del coche, adentrándome en el tumulto de gente, no pensaba escapar, tenía un mejor plan.

      - Señora Renata, hace meses que no venía por estos lados

Comento Úrsula, una señora de avanzada edad. Amiga de mi abuela a la que conocía desde hace muchos años.

      - Señora Úrsula. Que alegría encontrarme con usted. – Dije sinceramente – Necesito pedirle un enorme favor – mire a todos lados
      - Claro que sí. Dígame en que la puedo ayudar
      - Gracias. De verdad muchas gracias. Necesito un móvil
      - Vamos al local,  mi nieta tiene una de esas cosas.

La seguí por algunos locales de verduras hasta llegar al suyo, esperaba que el tiempo estuviera a mi favor esta vez.

      - Hija – le dijo a su nieta – Necesito que me prestes tu móvil para la señora
      - Señora Renata. Buenos días pase acá lo tengo
      - Gracias. Ursulita necesito también un par de cosas de esta lista

Le entregue la lista de compras y algo de dinero. Tome el móvil y busque entre mis cosas el papel arrugado, donde tenía el número de la única persona que podía ayudarme en estos momentos.
Con la vista en todos lados comencé a marcar su número, sonó hasta enviarme al buzón de voz. No estando segura de dejarle algún mensaje desconecte la llamada.

      - No contestan – le sonreí nerviosa a Úrsula

Para un segundo intento me decidí por Victoria, estaba segura que ella me ayudaría.
Al segundo tono contesto

      - ¿Bueno?
      - Victoria. Hola soy Renata
      - ¡Hija por el amor de Dios! ¿Dónde estás? ¿Estáis bien?
      - Solo tengo un minuto, ve a mi casa en unas horas, no le digas a nadie que has hablado conmigo y consígueme un móvil
      - ¿En qué lio estas metida cariño?
      - Te explicare luego solo haz lo que te pido
      - Por supuesto, a las seis estaré
      - Gracias y no le digas a nadie
      - ¿Ni a tú padre? -  de solo escuchar su nombre se me hizo un nudo en el estómago y el corazón se me apretó
      - Ni a él. Aún no
      - Esta bien

No la deje decir más y le corte la llamada a lo lejos entre la gente vi venir al chofer con Ernesto y se me tensaron todos los músculos.

      - Gracias – susurre dejando el móvil y cogiendo las bolsas en mis manos tratando de calmarme

Comencé a caminar hacia otros locales lentamente acercándome a mi marido, debía disimular el miedo que siento y a su vez lo que acababa de hacer.

      - ¿Qué haces aquí? – pregunte cuando llegue a su lado
      - Sorpresa – dijo con una sonrisa en la cara el muy idiota, depositando un casto beso en mis labios – Thomas lleva las bolsas al coche

El chofer cumplió la orden y aprovechando mi mano libre. Ernesto la cogió con fuerza, como si la gente necesitara saber que era suya.

      - ¿Tienes algo más que comprar? – pregunto mordiendo el ovulo de mi oreja. Provocando repulsión automática
      - No. Creo que tengo todo –
      - Bien, nos vamos a casa –
      - Ok – asentí y lo seguí en silencio

Al entrar en la casa hui de inmediato a la habitación. Ignorando sus reiterados llamados.

Ya en mi habitación me descalce inmediatamente y busque una cinta para armarme una coleta. Cuando mi puerta fue abierta y cerrada de inmediato

      - ¿Qué necesitas? – le susurre a Ernesto

Cuando lo vi acercarse a mí, tomo mi mano y me obligo a ponerme de pie

      - Te deseo

Mis peores temores volvieron en ese momento, sabía que cuando lo decía, cumplía con su propósito.

Mi cuerpo no reaccionaba a sus caricias, a sus besos o a la pasión que pudiera poner. Simplemente me daba una sola cosa Repulsión. Tan solo sentir como sus manos jugaban con mis pechos me daban ganas de vomitar
Sentir sus labios en los míos, en mi cuello o en donde los pusiera era solo para generar más lágrimas, debía acabar con esta tortura.

      - Copera maldita sea – gruño al verme estática en el lugar donde me había lanzado en la cama

Al momento que desabrochaba el botón de mis jeans ya esperaba lo peor.
Unos golpes en la puerta lo interrumpieron y sin importar que estuviera con los pechos a la vista ordeno que pasaran

      - Buscan a la señora – dijo Camila sin apartar los ojos de mi marido que estaba sobre mí con sus manos entre mis piernas
      - Dile que está ocupada – gruño y continúo con sus lametazos en mis pechos.
      - Lo he hecho pero dice que es urgente –
      - ¿Quién coño es? – dijo saliendo de sobre mi cuerpo
      - La señora Victoria Lackington –
      - ¿Quién mierda es esa mujer? – pregunto mirándome a los ojos
      - La mamá de tío Benja. Es amiga de mi padre – asegure
      - Seguro mi suegro la envió para saber de ti – miro a Camila – Dile que va de inmediato la señora
      - Si señor
      - Camila – dijo Ernesto antes que saliera completamente de la habitación y esta volteo – Luego sube. Te voy a necesitar – Ella asintió y con una enorme sonrisa me miro
      - Mi amor, cuidado con lo que dices y haces – Un beso casto en mis labios y me lanzo mi camiseta – Ahora ve. Otra se encargara de esto

Con las manos temblorosas me coloque el sosten, y la camiseta y casi corrí escaleras abajo en busca de Victoria. Gracias a ella hoy no tendría que soportar a Ernesto, ya que la puta de Camila se encargaría de él. ¡Gracias a Dios! Y eso me daría unos minutos para poder hablar a solas.

Al llegar escaleras abajo, me arregle una vez más el cabello y la ropa

      - Renata que alegría – dijo Vicky cuando llegue a su lado, luego de un significativo abrazo
      - Victoria – dije tratando de contener las lágrimas
      - Hija. Hable con Benjamín y me comento que habías estado allá, y no dude en venir a que me cuentes como están todos.
      - Si llegue hace una semana – sonreí ante la capacidad de fingir
      - Vamos cuéntame ¿Cómo están todo?
      - Bien. Te enviaron muchos cariños y que pronto vayas a verlos – mentí
      - Claro. Tú me tendrás que acompañar luego, quiero ver a mis nietos y conocer la barriga donde crece mi primer bisnieto. ¿Qué tal si vamos a cenar fuera?
      - ¡Ay! No puedo tenemos visitas a cenar. – Hice una mueca de desagrado – Pero quédate a cenar
      - Muchas gracias
      - Camila. – La mire – Ernesto necesita que lo subas ayudar
      - SI señora. – y subió.

Una vez que la perdí de vista, tome la mano de Victoria para que me acompañara fuera, necesitaba decirle muchas cosas y ella hacerme muchas preguntas.

      - ¿Trago lo que le pedí? – pregunte mirando hacia todos lados.
      - Si cariño. – hurgo entre su cartera y saco un aparato móvil. - ¿Por qué regresaste?
      - Fue por mí a Chile. Me amenazo y tuve que volver –
      - Pero cariño. ¿Qué paso con el divorcio?
      - Thiago estaba a cargo de eso. Pero me lie con él y todo quedó en nada. Desde Chile es muy difícil poder divorciarme. –
      - ¿Tuviste una relación con Thiago? ¿Mi Thiago?
      - Si – me sonroje – Pero no habían pruebas suficientes.
      - ¿Cómo qué no? Hija a mí no me puedes engañar. Ese mal nacido te golpeo, te provoco el aborto, te encerró. ¿Esas no son pruebas suficientes? Sin mencionar las veces que te obligo a acostarte con otros hombres por dinero.
      - Pero tú eres la única que sabe todas esas cosas. No fui capaz de contarle a mi padre, mucho menos a Thiago
      - Tanto tú padre como mi nieto lo entenderán. Tú no lo querías hacer. Aun no quieres hacerlo.
      - Y nunca querré hacer nada de eso. Pero tengo miedo ¿Qué quieres que haga?
      - ¿Qué pretender hacer?
      - Estoy un poco confundida. Pero necesito un abogado que tome mi caso y haga todo en secreto…
      - Mandemos a buscar a Thiago
      - No. Él no.
      - ¿Por qué?
      - Porque lo quiero, y temo lo que Ernesto pueda hacerle.
      - Nada le va a hacer. Es peligroso que estés aquí. Necesito que sepas que yo me encargare de todo. Tú solo. Tú solo mantente con vida
      - Lo sé. Muchas gracias por eso sabía que debía hablar con usted.
      - Te lo dije una vez y te lo repito. Siempre, siempre estaré para ti. Eres como una nieta más para mí. Mucho más ahora que sé que tuviste algo con mi Thiago
      - Nos queremos – susurre
      - ¡En serio! – Dijo sonriendo - ¡Que alegría! Vamos a hacer las cosas rápidas y bien
      - Eso es lo que más quiero. Necesito tú ayuda
      - Lo sé, lo sé. Vamos cambia esa carita y sonríeme. ¿Quieres hablar con mi nieto?
      - Lo que más he querido esta semana
      - Vamos yo lo llamo.

Saco su móvil y nos acercamos más a la orilla de la piscina, nos fuimos a sentar a la terraza donde podía apreciar la habitación principal y constatar como Ernesto se cogía a la criada. Eso me daba un par de minutos más para poder hablar con Thiago

      - Vamos cariño aparta tú vista de eso -  dijo cuándo observo lo mismo que yo – Sé que no lo amas a ese hombre y está claro que el tampoco a ti, pero no tiene el mayor cuidado de que no te des cuenta
      - Llegaste en el mejor momento. Estaba a punto de ser yo esa mujer –
      - Y me tendrás cada vez que lo necesites. Ahora no pierdas tiempo y llámalo

Dudaba si recibir su móvil o no. Ante mi duda ella marco su número y en sonrió

      - Hola cariño – le dijo muy feliz – Si… claro que estoy bien… No mi vida no me pasa nada… De verdad. Hijo tranquilo. Si luego iré a verlos. Yo también te quiero mucho mi niño… Luego, primero necesito que saludes a alguien… Ya solo saluda

Separo el móvil del oído y me lo tendió. Mis manos temblaban en ese momento y las lágrimas no las podía controlar, con la vista en la habitación. Esperaba que este momento durara un poco

      - ¿Hola? ¿Abu? ¿Estás bien? – Escuche la voz preocupada de Thiago al otro lado de la línea
      - Sí. – Susurre – Victoria está bien.
      - ¿Renata?
      - Perdóname – dije ya sin poder contener las lágrimas, sin poder contener ese dolor al dejarlo nuevamente
      - No mi amor, no llores. Te perdono todo mi vida. Por favor no llores – su voz, su manera de tratarme a pensar que lo había dejado de la peor forma – Te entiendo mi vida. ¿Estás bien?
      - Sí. – Susurre – Yo no quería dejarte así
      - Lo se mi amor. Créeme que lo sé. Estaba preocupado por ti. ¿Por qué no me cogías el móvil?
      - No tengo ese móvil. Se me rompió. Thiago necesito que le avises a mi papá que estoy bien que me tuve que volver. Que lo lamento mucho y que me perdone
      - Mi amor… - dijo con dulzura – Nadie tiene nada que perdonarte. Mientras estés bien estaremos todos tranquilos yo hablare con Gabriel y mañana mismo me voy para poder estar cerca de ti
      - No.  – Dije alarmada – No vengas.
      - No señora. No me puede prohibir que vaya tras de usted. Yo te dije que te quería así tenga que irme a España detrás de ti. No te voy a dejar
      - No te merezco – en ese momento mis ojos volvieron hacia la habitación y vi como Camila se bajaba de Ernesto y se comenzaba a vestir. Este tiempo ya llegaba a su fin. Sin ser consciente comencé a temblar y Victoria de inmediato se dio cuenta. Cogió el teléfono de mi oído.
      - Hijo… No. Está bien. Si de verdad está bien. Ella lo hará. Hazle caso. Luego hablamos. Te quiero hijo un beso. – Me tomo las manos y me miro a los ojos. – Deja de llorar hija, está claro que se quieren. Ambos lo hacen pero vamos tienes que ser fuerte, y sabes que no lo podrás detener.
      - No quiero que venga. Eso hará todo muy complicado.
      - Ya buscaremos la manera hija de que todo salga bien

Nos quedamos unos minutos en silencio, no sabía que decirle para convencerla de que con Thiago nada saldría bien. Solo empeoraría las cosas. Ernesto lo reconocería y sería capaz de matarlo, con solo pensarlo me puse a temblar aún más.

      - ¿Mi amor que pasa? – Escuche la voz de Ernesto llegar a mi lado, fingiendo estar preocupado - ¿Qué paso mi amor?
      - Gabriel se puso mal y está en el hospital – mintió Victoria
      - ¿Qué le paso? – dijo acunando mi cara entre sus manos. - ¿Quieres ir a ver a tu padre?
      - Su corazón está fallando. Pero no es el mejor momento para que Renata viaje. –
      - ¿Mi vida? – Pregunto ignorando a Victoria – Si quieres ir yo mismo te llevo mañana
      - No es necesario – susurre – Sé que estará bien. Quiero hablar con él
      - Y lo harás amor, luego nos comunicaremos con él. ¿Quieres que suspenda la cena?
      - Por favor –
      - Está bien. ¿Necesita algo más? – le pregunto a Victoria. – Me gustaría que se fuera a descansar Renata. Como puede ver no está bien
      - Si claro, Hija. Me llamas cualquier cosa. Y yo haré lo mismo. Si se algo más te avisare. Mañana te pasare a visitar y podemos salir a tomar té.
      - No creo que sea lo más prudente – dijo Ernesto ayudándome a ponerme de pie – Yo me hare cargo de mi mujer.
      - Claro. Confió en que la cuidaras muy bien. – Asintió – Tranquila que Gabriel estará bien ya lo veras. Y tal vez la semana que viene te puedes ir conmigo a Chile. Voy por tres días. – Asentí – Bien, ahora me voy. Buenas noches
      - Buenas noches

***

Gracias a Victoria me encontraba descansando en mi cama, sin el temor que viniera y me hiciera algo. Ernesto era un ser despreciable pero comprendía que no estaba bien. Y para evitar que me fuera nuevamente a Chile. Aun que todo era una gran mentira cosa que él no sabía.

      - ¿Te sientes mejor? – pregunto relajado cuando entro en la habitación ya preparándose para dormir.
      - No. Me gustaría llamar a mi casa. –
      - Sabes que eso no es posible. Lo siento mi vida. Pero no puedo permitir eso y que te den ganas de volver. No lo harás. No todavía.
      - Eres un maldito insensible
      - No. – Me tomo la cara entre sus manos – Si lo fuera, esta noche estarías pagando algunas deudas. Así que no lo soy
      - Me das asco
      - No comiences Renata. No comiences y mejor que te duermas
      - ¡Es mi padre! – le grite levantándome de la cama
      - ¡Y el maldito te quiere separar de mí! Me vale si se muere – dijo sujetándome por el codo. – Ahora que te veo tan bien tendrás que hacer algo
      - ¡NO! – grite y me solté – ¡No quiero que me toques! ¡Eres un maldito insensible! ¡Dormiré en otra habitación!
      - Abres esa puerta y te arrepientes
      - ¿Me vas a golpear? ¡No me importa! ¡Prefiero morirme que vivir a tu lado!
      - Si eso es lo que quieres –

Camino amenazante para alcanzarme y cuando me tenía acorralada contra la muralla, preparado para darme una golpiza

      - ¿Esto es lo que quieres? ¿Quieres que te dé una buena golpiza?
      - Hazlo – lo incentive, era el anzuelo.


Si conseguía que me diera un golpe, que me dejara una marca. Mañana pasaría la noche en prisión. 

lunes, 26 de mayo de 2014

#12 Caminos Inesperados

Capítulo 12


Como me había pedido a la media noche luego de hablar con mis padres y quedar que lo mejor era reasignar un nuevo abogado al caso, que dejaría mi vida hacer que ella se quedase. Hablar con Alexa por teléfono y decirle que no nos veríamos más, sin darle más explicaciones. Estaba fuera de su casa, como un romeo cualquiera. La diferencia es que este Romeo estaba sobre un taxi, y con un esquincé en el tobillo por la osadía de saltar rejas.

Ninguna señal, ninguna llamada. ¿Cómo se suponía que sabría que la estaba esperando?
Tome el móvil con la intensión de llamarla, pero en lo que buscaba su número me entro un mensaje

“Ya bajo”

Ni un beso, ni una palabra cariñosa, nadan. Ya no estaba esa Renata cariñosa de hace semanas.
Quince minutos después de quebrarme la cabeza buscando una respuesta a lo sucedido durante la noche y madrugada, un golpe en vidrio me saco de mis pensamientos.
Había algo vestido completamente de negro. Lentamente subió sus manos hasta la capucha de su poleron y nos cabellos rubios se asomaron.

      - Retire el seguro por favor – le pedí al taxista amablemente. Quien me obedeció de inmediato, abrí la puerta para que pudiera ingresar.
      - ¿Y tu coche? – pregunto si quiera antes de saludarme
      - En el departamento – aclare - ¿Vamos a mi departamento?
      - Ajá –

Le indique la nueva dirección al taxista, durante el camino hacia mi departamento, hablamos de cosas triviales, nada que nos fuera a comprometer mucho. La hacía reír con mis ocurrencias, ella me contaba de sus cosas en el restaurant y como los echaría de menos a todos.
Cuando trate de preguntarle sobre lo que había hecho toda la noche anterior y durante algunas horas de la mañana, desvió el tema y me beso.
Una hora más tarde ya estábamos en el ascensor de mi edificio, entre besos y caricias. La conversación no tenía cabida.

Nuestra primera parada fue el sofá donde nos saciamos el uno del otro, no dedicamos suaves caricias y nos hicimos el amor tan lento. Como si temiéramos que el día se nos acababa. Luego de una ducha, y una nueva dosis de sexo. Terminamos desnudos sobre mi cama. Nuestra cama.

      - ¡Me haces cosquillas! – Río Renata cuando intentaba darle un masaje en los pies - ¡Para! ¡Thiago!
      - Vale. Pero que quede constancia que pretendía extender el masaje –
      - ¿Podemos hablar? – dijo cubriendo su desnudes con una almohada
      - Todo lo que quieras cariño –
      - Ayer… Bueno en la mañana… Tú dijiste… Ya sabes lo que dijiste –
      - ¿Qué te dije? – pregunte extrañado ¿Qué dije?
      - Ya sabes – dijo sonrojándose completamente
      - Créeme que no lo sé amor – le tome la mano - ¿Qué paso anoche?
      - ¿Amor? – Alzo una ceja – Ves eso me dijiste. ¡Que me quieres!
      - Y mucho – aclare, tire  su mano para atraerla a mi cuerpo – Renata te hice una pregunta

Necesitaba saber que era lo que la hizo no llegar a su hogar la noche anterior, donde había estado y ella simplemente evadía mis preguntas

      - ¿Cómo es posible? ¿Desde cuándo? – pregunto apoyando su cabeza en mi pecho, con una mano acariciaba su cabello y con la otra entrelazaba sus dedos con los míos.
      - Te lo diré si me respondes lo que he preguntado
      - Ya te lo dije necesitaba estar sola, y por favor no me preguntes más – dijo poniéndose a la defensiva.

Estaba más que claro que evadía mis preguntas.

      - Dime desde cuando crees que me quieres
      - Uf! – Bese su cabeza – Mírame – cuando lo hizo deposite un casto beso sobre sus labios dándome la fortaleza para confesarle todo – No sé de cuando, solo sé que sucedió, que un día ya no pude dejar de pensar en ti. Que mi mundo eras tú. No hice las cosas bien, jugué contigo durante nuestro primer mes. Me arrepiento por ello. Creo que no solo te quiero si no que estoy enamorado de ti desde que te conocí hace años en España.
      - Ya me conocías – río en mi pecho
      - En ese momento conocí a la mujer – bese sus labios – Y ella fue quien me enamoro
      - Hablas tan lindo –
      - Esperaba un yo también te quiero – reí
      - mmm… - dijo quitándole importancia – Yo también
      - Vale, mejor no lo digas si no lo sientes.
      - Haber cómo te lo explico – se giró hasta quedar de frente a mí y acuno mi cara entre sus manos.

Besándome lentamente, lleno de sentimientos era su manera de expresar todo.

      - Thiago contigo he sentido cosas inexplicables, tienes el poder de con solo una mirada detener mi corazón. Aumentar mis pulsaciones y descontrolarme. Ni te cuento lo que pasa cuando me tocas o me hablas dulce. Mucho menos con tus besos.
      - Oh, son muchas cosas cariño –

Y sin más preámbulos me acomode entre sus piernas, sin pre eliminares, mis caricias en su rostro la hacían estremecer, el ímpetu al besarme, la manera como se arqueaba su espalda en respuesta a mí.

Nos hicimos el amor lento, pausado y lo más importante con amor, ambos acabábamos de desnudar nuestra alma. De decirnos lo que sentíamos.

Entre arrumacos y besos nos quedamos dormidos con nuestros cuerpos entrelazados, tocándonos, sintiéndonos.

      - Te quiero – fue lo último que le dije besando sus cabellos

Esta noche después de algunas semanas podía decir que era un hombre feliz, tenerla así entre mis brazos. Sentirla y poder decirle que la quería me hacía feliz. Como nunca pensé poder serlo.
Quería velar sus sueños, contener sus miedos. Ayudar a construir sus esperanzas, verla brillar. Ser su hombre, y ella ser mi mujer.

      - Buenos días – susurro entre besos mi ángel, abrí lentamente mis ojos y la vi a mi lado.
      - Buenos días cariño – acune su cara entre mis manos y la bese lentamente. – Que hermoso despertar me he llevado
      - No mejor que el mío entre tú cuerpo –
      - Oh Renata si dices esas cosas será imposible salir de la cama en todo el día
      - Tendrás que hacerlo, creo que hoy nos merecemos un día solo nuestro
      - ¿Solo nuestro?
      - Ajá – me beso dulcemente - ¿Día de campo?
      - Me encanta la idea, pero no puedo conducir – dije apuntando mi pie lesionado
      - Pero si me puedes indicar como hacerlo, vamos no quiero quedarme encerrada
      - Ven acá –

La tire bajo mi cuerpo y lentamente comencé a besar cada parte de su cuerpo, no me saciaría nunca de su cuerpo. De ella, tenerla así tan receptiva, tan mía.

Casi tres horas después íbamos camino algún lugar donde poder pasar la tarde, llevábamos con nosotros una canasta con comida preparada por ella misma.

      - Es tú padre – le indique tomando su móvil.
      - ¡Mierda! Me olvide de él. Eso provocas que me olvide de todo – río.
      - ¿Tomó la llamada? - 
      - No, yo lo haré. – Me arranco el móvil y contesto – Hola, si papá, lo siento… Bien, estoy con Thiago. Si, si todo bien. Papá pasaremos la tarde fuera. Si jajajajaja. Claro que lo sé, un beso y nos vemos en la noche. Si claro que en la noche. Vale.

Una vez que corto la llamada directamente apago el móvil y lo lanzo al piso del auto.

***


Pasamos toda la tarde tirados sobre una manta mirando el mar, con Renata a mi lado todo era aún más hermoso que antes.

      - No sabes cómo me calma el sonido del mar – le dije volteando para mirarla a los ojos
      - Sabes que este lugar es más hermoso en tu compañía, hacía años que no venía.
      - Si quieres nos podemos quedar –
      - No – dijo mirando el horizonte – Me encantaría pero no, nos volvemos
      - Como tú quieras mi amor –

Sin ser consiente de mis palabras acababa de llamarla amor, bueno eso es lo que era. Era mi amor, pero no estaba seguro si era el momento de decírselo, no por como reacciono
Vi como su semblante se endureció, cambio.

      - ¿Qué paso? – pregunte acariciando su mejilla
      - Nada – dijo tratando de ponerse de pie
      - Renata – dije impidiendo que se alejara de mi - ¿Qué paso? ¿Te molesto que te dijera amor? ¿Es eso?
     
Se mantuvo en silencio apreciando el horizonte, sin decir ninguna palabra. Soltó mi agarre, camino hasta la orilla del mar donde lentamente fue caminando hacia las aguas.
En ese momento donde la vi alejarse, algo en mi pecho se recogió y supe que no la podía dejar así, no la podía dejar hundirse en nada. Si mis palabras le habían hecho daño debía saber el porqué.

      - ¡Renata! – grite corriendo hacia ella, cuando el agua ya le llegaba hasta los hombros.

Ella no se detenía y seguía su camino.

      - ¡Renata! – volví a gritar cuando estaba más cerca.

La primera reacción que tuve fue arrastrarla un par de metros más a fuera, y abrazarla tan fuerte como pude. Sentía como su cuerpo temblaba bajo mis brazos, como sollozaba, me partía el corazón verla de esa manera.

Lentamente la voltee para quedar de frente y vi sus lágrimas caer por sus mejillas

      - ¿Qué pensabas hacer? – pregunte una vez que la recosté nuevamente en la manta
      - Lo siento –
      - ¿Por qué? ¿Qué paso Renata? – Negó con la cabeza suavemente, y escondió su rostro en mi cuello

***

      - ¿Estarás bien? – pregunte cuando estacionaba el coche en la entrada de su casa
      - Si –
      - ¿Me llamas luego?
      - No – me beso la mejilla y bajo del auto dejándome completamente desconcertado.

Baje rápidamente del coche, bueno dentro de lo que me dejaba mi lesión del pie, que gritaba de dolor

      - ¡No te atrevas a cerrar esa reja si no quieres que vuelva a saltar! – le dije intuyendo lo que haría
      - Esta bien –
      - ¿Por qué no puedo llamarte, ni tu llamarme a mí? – pregunte llegando hacia ella
      - Thiago, hace las cosas como yo lo digo por favor y ahora vete. –
      - Después de la maravillosa noche, del mejor día de mi vida. Solo me dices que me largué ¿Cómo puedo entenderte?
      - No puedes, solo necesito que sea así.
      - ¿Por qué?
      - ¿Yo te pregunte los por que cuando estabas con Andrea? No. No lo hice. Ahora espero lo mismo de tu parte
      - Si lo hubieras hecho, te lo hubiera dicho
      - No me interesan los motivos que tuviste para que las cosas fueran así. Solo hazme caso y no me llames al móvil, no hasta que yo lo haga. No me busques hasta que yo lo haga. Solo respeta mis reglas.

Sin saber que responder a sus cosas, la atraje hasta mí y la bese.

      - ¡No suéltame! – Dijo mirando hacia todos lados – No lo vuelvas a hacer, ahora vete por favor – suplico
      - Está bien. Quiero verte mañana, y pasado. Todos los días. Quiero que te vayas a vivir conmigo
      - No puedo – dijo agachando la mirada
      - Claro que puedes ¿No quieres?
      - Nada me gustaría más. – Suspiro y me miro a los ojos – Solo no puedo y sabes las razones. No compliques mi vida. Solo eso te pido
      - No quiero complicarte la vida. Quiero hacerte feliz.
      - Solo con saber que me quieres ya me haces feliz.

Me dio un casto roce de labios y huyo dentro.


lunes, 19 de mayo de 2014

#11 Caminos Inesperados

Capitulo 11

      - No quiero volver a discutir lo mismo mamá. ¡Yo no le hice nada a Daniela! Ella comenzó a insultarme y gritarme muchas cosas. Además ya es tarde y estoy ocupando.
      - Para mí nunca estás ocupado ¡Me oíste! Tienes media hora para estar aquí y si no lo haces iré a tu casa y te acordaras quien es tu madre
      - Mamá basta. No le pienso pedir disculpa
      - ¿Por qué se supone que tu hermana te ataco de esa manera?
      - Ya te lo dije ¡No lo sé!
      - Algo me ocultan y que sepas que lo averiguare
      - Vale mamá, lo entiendo ¿Podemos hablarlo mañana?
      - ¡Que no! Media hora Thiago Lackington

¿Algo más para esta noche? Soy un completo idiota nunca debí acceder ir a ese maldito bar, sabía lo que hacían y quienes estaban. Pero mi idiotez fue mayor y no solo al ir sino también al haber invitado a Alexa, “Mi amiga con beneficio” Si hasta yo no podía creer que se auto proclamara de esa manera.
Luego me quejaría de no poder sacar a Alexa de mi vida. Pero con ella no sentía tanta la necesidad de Renata. ¡No te mientas a ti mismo! Si siempre tenía a Renata presente.
Mañana se iba y la volvería a perder, no había parado los trámites como ella me lo exigió, tenía la esperanza en que recapacitara. Aunque yo la había arrojado a ir mas allá. Quería que sintiera la necesidad de buscarme, al igual que lo había hecho yo. Pero en dos malditas semanas nunca lo hizo, mi idea de darle celos nada había sacado y ya estaba más que desesperado. O iba yo o me caía al acantilado por idiota. ¿Por qué le habré hecho caso a Joe? ¿Por qué necesitaba buscar algún culpable que no fuera yo? Solo para poder sentirme bien, cosa que en estos minutos era imposible.

      - Cariño – llamo Alexa desde el cuarto de baño
      - Voy – dije frustrado por toda esta situación

Cuando llegue al cuarto, verla desnuda con el agua que cubría su vientre y me daba una buena vista de ese par de siliconas que tenía. Mi polla reacciono de inmediato, no podía negar que esta mujer me calentaba, pero solo era sexo. Solo sexo. A que hombre no lo calentaría una mujer como ella.

Tenía cuerpo de modelo, pero no cerebro, tenía culo y tetas pagadas, pero no corazón y sentimientos como mi Renata, mi pequeño ángel rubio era perfecta.

Mi ángel que furiosa se fue del local, moría de ganas por salir tras ella y secuestrarla. Llevarla lejos de aquí, estar ella y yo solos. Malditas mis neuronas que funcionaron en ese momento y me lo impidieron.

      - Ven necesitas un masaje – dijo seductoramente, invitándome a entrar en la bañera con ella.
      - Lo siento, tengo que salir –

Y no era una excusa para no acostarme con ella, era porque sabía que si no vendría mi madre y Arde Troya si la encuentra aquí. Esa Renata sí que estaba furiosa, y yo sí que conocía el carácter de mi madre.

      - ¿Cómo? – pregunto asombrada
      - Debo ir donde mis padres – explique, aunque no debía – Dani se puso mal y…
      - Vale, lo entiendo – sonrió – Te esperare aquí mismo solo no tardes
      - Preferiría llevarte a tu casa –
      - Oh – exclamo – No Thiago, te espero aquí mismo.
      - Enserio pasare la noche allí –
      - Vale pues cojo un taxi
      - ¿Segura?
      - Termino de darme el baño y me voy ¿Te veo mañana?
      - Te llamo
      - La esperare ¿Sabes eso?
      - Lo sé. – Le guiñe un ojo y salí del baño.

***

Al entrar en casa de mis padres al primero que vi fue a Tío Gabriel y Magda. Quien solo al verme se puso a llorar desconsoladamente en el hombro de su marido.
Mi padre camino hacia mí sujetándome firmemente el hombre como si lamentara algo.

      - ¿Qué pasa? – Pregunte algo extrañado - ¿Dani está bien? – ya más angustiado

En ese instante bajo mi madre ayudando a Dani y sentí algo de alivio al verla bien. Nadie decía nada, todos se miraban y eso me estaba cabreando

      - ¿Qué pasa? – volví a preguntar, esta vez Cota quien salía de la cocina con Carol entre sus brazos se dignó a hablar.
      - Renata no ha llegado a casa, no coge el móvil y vez como los tiene a todos – dijo despreocupada.
      - ¿Cómo no ha llegado? – Pregunte mirando a Daniela – Estaba contigo
      - Lo que oyes, ya les he dicho a todos que tal vez este con algún hombre en un hotel pero nadie quiere tomarme en cuenta – se adelantó en decir Cota
      - Tú hermana no es como tú – le reclamo su madre – Dani dice que se fue del local en que estaban, dice que se fue sola hace ya más de dos horas y tres cuartos. Thiago no aparece.

Mi mundo se paralizo en ese segundo, tuve que afirmarme bien en el sofá para no caerme, para poder asimilar lo que me estaban diciendo ¿Cómo que no aparecía? ¿Cómo nadie sabía nada?

      - Thiago – habló mi papá
      - Yo no la he visto – confirme – Estaba en mi casa, yo no tengo nada que ver con esto
      - Eso lo sabemos – dijo Daniela enojada – Todo esto es tú culpa idiota
      - No lo es hija – dijo mi mamá tratando de calmarla
      - Claro que si – gruño – Si el idiota de tú hijo no hubiera llegado con esa perra, ella no se hubiese ido de esa manera
      - ¿Qué tienes que ver Thiago? – pregunto mi padre
      - Nata – dijo tío Gabriel – Nuestros hijos estaban saliendo
      - ¡Que! ¿Thiago?
      - Si mamá – confirme – Lo dejamos hace más de dos semanas, pero si estábamos juntos. Prefirió al idiota de su marido
      - ¿Por qué no me lo dijiste?
      - ¿Sabes que todo esto es tú culpa verdad? – ataco mi papá
      - ¿Hablaron con todos los que estaba en el local? ¿Daniela constataste que no estuviera con esos imbéciles con los que trabajaba? – pregunte obviando la pregunta de Dani, ya que tenía razón en lo que decía. Todo esto era mi culpa
      - Si, no soy tan estúpida como tú. Nadie sabe nada.
      - Que esta con un chico – volvió a insistir Cota quien era la única tranquila de toda la casa – O buen es su manera de llamar la atención de Thiago nuevamente. Ya saben que le gusta que todos estén pendientes de ella
      - ¡Hija por dios! – Dijo mi madre asombrada de todas las estupideces que salían de su boca - ¡Me doy cuenta que no conoces en nada a tú hermana!
      - ¿Puede ser eso verdad? – le pregunte directo a Dani, quien últimamente era su mejor amiga
      - Cállate si no vas a decir algo importante, con el único que Renata se arrancaría sería contigo, como eres tan idiota para siquiera pensar en eso

¿Verdaderamente lo había pensado? No claro que no, mi Renata no era así

      - Yo apoyo a Thiago con lo que piensa – ataco Cota – Mamá no me mires con esa cara, que bien puede ser verdad
      - No lo es, yo la críe.
      - A mí también – río Cota
      - ¡Dios! – Volvía a intervenir mi madre – No puedo creer que pienses eso Constanza
      - Perdón – dijo sin pesar – Lo siento por bajar del pedestal a la señora. Pero es una posibilidad. Pero me doy cuenta que aquí está lleno de fans de ella.
      - ¡Ya Basta! – Grito tío Gabriel – Mejor ve a hacer dormir a tú hija. Y déjate de hablar mal de tú hermana

Salió del salón hecha una furia, estaba claro que nadie creía en su teoría y solo lo decía para dejar por el suelo la reputación de Renata, como estaba la de ella.

      - Papá por favor – pidió Dani – Déjame ir a buscarla, en algún lugar debe estar
      - Yo me hare cargo – dijo poniéndome de pie
      - Cagandola mas – susurro Dani
      - Quiero que la cortéis ustedes también. Daniela si no vas aportar algo importante te pediría que te fueras a tu cuarto. Ya basta con las agresiones. Necesitamos encontrar a Renata.  – aclaro mi padre con su voz de mando.
      - No harán nada hasta 48 horas Benjamín, los llame antes de venir para acá – dijo Magda
      - Si, eso es verdad. – Dije confirmando – Incluso es difícil que hagan algo. Dentro de 48 horas. Papá – me miro - ¿Tienes contactos en el aeropuerto?
      - Tengo que hacer un par de llamadas –
      - Hazlas, es lo primero. Si acaso adelanto su viaje… - mi voz se fue apagando
      - Están todas las cosas en la casa Thiago. No se iba a ir sin despedirse de mí
      - Es una opción. Nada perdemos

O por lo menos eso esperaba, esperaba que en el aeropuerto nos dijeran que esta había tomado un vuelo, solo con eso por el momento me conformaba. Con eso estaba seguro que ella estaría bien.
Los minutos mientras mi padre se comunicaba se me hacían eternos, había llamado más de mil veces a su móvil y nada. Buzón de voz. No me podía quedar más aquí, tenía que salir a buscarla a algún lugar.

Sin saber, ni esperar nada tome las llaves de mi coche y salí escuchando las suplicas de mi madre que no hiciera nada estúpido. Pero que más estúpido que haberla herido y ahora saber que la puedo perder. Eso era el colmo de la estupidez. í escuchando las suplicas de mi madre que no hiciera nada estúpido. Pero que más estúpido que haberla herido y ahora saber que la puedo perder. Eso era el colmo de la estupidez.

Tenía que encontrarla, como diera lugar

Luego de más de dos horas recorriendo las calles de Santiago y no dar con ella, entrar en algunos bares, recepciones de hotel y nada. Decidí que era momento de marcar nuevamente su número.

Primer intento fallido.
Segundo intento fallido.

Antes de llamar por tercera vez me entro una llamada de mi padre.

      - Thiago, nada. No ha salido del país –
      - ¡Mierda! – Exclame - ¿Qué hacemos?
      - ¿Dónde estás?
      - Estoy recorriendo la ciudad papá. Pero nada.
      - Vuelve a la casa, necesitas descansar. –
      - No puedo papá, no sin ella.
      - Son casi las cinco de la mañana, necesitas descansar.
      - Sabes que no lo podré hacer hasta saber dónde está. Papá cualquier cosa me llamas.

Como mierda todo esto nos estaba pasando, como mierda las cosas llegaron al punto de no saber dónde estaba. Mi reloj ya marcaba las siete de la mañana, estaba hace media hora haciendo guardia en la entrada de su casa. Nada. Ni una maldita llamada de nadie. La angustia podía conmigo y deje escapar esas lagrimas que se reusaban a salir. Esas lágrimas que me decían que la necesitaba más que nunca.
Apoye mi cabeza contra el volante y le pedí a Dios que donde sea que estuviera se encontrara bien, que nada malo le haya pasado.
Cerré mis ojos por un momento, necesitaba descansar como mi padre me había dicho hace unas horas, pero nada era posible sin saber dónde estaba. Estaba perdido en mis pensamientos hasta que me tocaron la ventana del coche.

      - vamos cariño – llamaba Renata quien con su pequeña barriga donde cargaba a mi bebé, no quería darse un baño en el amor.
      - No amor, que estamos bien aquí – respondió
      - Vamos no seas floja, que mi bebé esta dormidita ahí dentro. Además le hará bien
      - Si claro, el abogado con especialidad en pediatría – río. Oh su risa, como amaba escucharla reír a diario.

Camine hacia donde ella, tenía que lograr meterla al mar o de que valía haber elegido este hermoso lugar como luna de miel.

      - Sra. Renata Lackington – dije arrodillándome a la altura de su barriga y depositando unos suaves besos sobre mi hija. – Te amo pequeña  – le susurre. Subí lentamente hasta llegar a sus labios y también se los bese profundamente, dándole mi alma en aquel beso como siempre lo hacía –Te amo amor mío
      - Y yo a ti mi vida, pero no quiero mojarme – alce una ceja y ella río. Estaba claro que no lo había hecho con la doble intensión pero así quise escucharlo yo en ese momento – Con agua amor, eso quería decir.
      - ¿Por qué? – hice un puchero
      - Estoy gorda y tú… y tú me quieres de pie, ya me hiciste poner este bikini. Ya te di en gusto con eso. Ahora déjame tomar sol y leer.
      - Uno – dije haciendo énfasis con los dedos – No estas gorda, estas preciosamente embarazada. Dos – levante un nuevo dedo – No puedes tomar mucho sol y tres…

La levante entre mis brazos haciéndola chillas y reír al mismo tiempo ganándonos las miradas de todos los que estaban en la orilla de la playa…

Era ella, ella estaba aquí. Pero en ese momento pensé que nuevamente estaba soñando con ella. No era algo extraño verla en mis sueños, siempre encontraba la manera de colarse en ellos.

      - ¿Thiago estas bien? – su suave voz a través del cristal me hizo frotarme los ojos para estar seguro que no era un sueño. - ¿Estas bien? – volvió a preguntar.

Le hice señas para que se apartara de la entrada y baje, sin pensarlo dos veces me abalance sobre su pequeño cuerpo tembloroso y la abrace, no necesite palabras en ese momento, nada. Con solo verla a mi lado y sana era la alegría que necesitaba mi corazón.

      - ¿Dónde estabas? – pregunte pasado unos minutos cuando pude separarme de ella
      - ¿Qué haces aquí? – rebatió
      - Por favor… ¿Dónde estabas?  -
      - Por ahí – dijo agachando la cabeza
      - Renata por el amor de Dios responde a mi pregunta
      - Thiago no me molestes y dime ¿Qué haces aquí?
      - Te estaba esperando mi amor
      - ¿Por qué? –
      - Renata, como me preguntas eso. No cogiste el móvil en toda la noche, nadie sabía nada de ti. Y tú quieres saber ¿qué hago aquí? Estaba preocupado por ti mi amor, todos lo estamos.
      - Estoy bien, solo necesitaba estar sola –
      - Mírame por favor
      - ¿Para qué? Thiago por favor no hagas más difícil esto
      - ¿Esto? ¿Qué es esto? – susurre
      - Esto, tú y yo. Tú sales con alguien y yo… yo me voy. ¿Es necesaria más explicación?
      - ¡¿Quiero saber dónde mierda estabas Renata?! – dije haciendo evidente mi molestia
      - ¡No te lo voy a decir! ¡No a ti! –
      - ¡No a mí! – Grite separándome de ella - ¿Y a quién? Nos tuviste toda la maldita noche en vela, preocupados por ti y tú no me piensas decir ¡Donde mierda estabas!

Se dio media vuelta evitando mi contacto, físico y visual. Como mierda era posible que no fuera capaz de decirme donde mierda había estado. Necesitaba avisarles a todos que estaba bien. Sin importarme que volviera al interior de la casa abrí mi coche y saque el móvil, al primer tono mi padre contesto

      - Papá, Buenos días. Renata está entrando en casa de Tío Gabriel, los espero acá.

Tan solo esas palabras eran suficientes para que ellos se vinieran enseguida. Si no me quería decir a mí, se lo tendría que decir a su padre.

Fui abrir la verga de la casa y se encontraba cerrada, comencé a tocar el timbre y nada.
      - Maldita seas Renata – gruñí – Si esperas que me quede con los brazos cruzados estás loca.

Apreté el mando a distancia del coche, y me volví a la reja. Mire todas las opciones que tenía en este momento y la más importante era entrar a como diera lugar.
Un bloque de cemento era el primer lugar donde debía llegar. Luego de eso lograr pasar los barrotes de metal sin lastimarme para por ultimo buscar la manera de entrar a la casa.

El primer pie arriba y todo estaba dicho, ingresaría como un vulgar ladrón a la casa de esa mujer. Al estar sobre el bloque busque donde hacer el peso de mis brazos para poder cruzar al otro lado.

Al saltar dentro del jardín delantero el cálculo me fallo y termine revolcado en el suelo con tobillo doblado. En ese momento que me trate de poner de pie el dolor fue tan fuerte que no pude aguantar el grito que salió de mi garganta

      - ¡Que haces! – Grito Renata abriendo la puerta de entrada y corriendo a mi lado - ¡Estas completamente loco!

Al llegar a mi lado paso mi brazo por su cuello para ayudar a sostener mi peso, incruste mi cabeza en sus cabellos absorbiendo su olor, su maravilloso olor.

      - ¡Estás loco! Pudiste haber caído peor
      - Necesito respuestas Renata
      - Y yo terminar mi maleta
      - No te vas a ir, no lo harás
      - No quiero discutir contigo. Por qué no me dejas tranquilo y te vas donde la chica con la que estabas anoche
      - Lo siento por eso – dije con pesar, cosa que si era verdad, de verdad lo sentía
      - Ya es tarde, el daño ya está hecho, y el dolor que me causaste también
      - ¿Y el que tú me causaste a mí? ¿Ese no vale?
      - ¿De qué dolor me hablas? Eso solo se siente si me quisieras de verdad, y cosa que no lo es. Para ti soy un simple polvo, un polvo que te duro más de una noche nada más
      - ¡No hables cosas que no sabes! Nunca pienses que fuiste un polvo de una noche, Renata lo que siento por ti es muy fuerte. Yo creo que te quiero
      - ¡No! – dijo horrorizada como si mis palabras fueran las más terribles del mundo - ¡No me puedes querer! ¡No sabes nada!
      - ¡Dímelo! – Exigí – Dime lo que ocultas, las cosas que te hacen huir, lo que te hace volver a él
      - No puedo. No puedo decirte.
      - ¿Por qué? Dime el maldito motivo
      - Porque…

Y en el momento en que iba a hablar, que se iba a abrir conmigo hicieron entrada sus padres. Corrieron hacia ella, quien se levantó y se dejó abrazar.
Miles de lágrimas corrieron por sus ojos.

      - Thiago vamos a la casa. Necesitas descansar tú también. – dijo mi padre ayudándome a ponerme de pie.
      - Papá necesito hablar con Renata -  le dijo mirando la escena de ella con sus padres
      - Ya lo harás luego. Ahora vamos

Renata se separó de su padre, para abrazar a Magda. Ese abrazo fue más corto que el anterior. Cuando se separó completamente de ellos, camino hacia mí.

      - Ve a descansar luego hablamos – susurro
      - ¿No pretendes decirme dónde estabas? –

Se empino para llegar a mi altura y beso mi mejilla rosando suavemente mi oído dijo Te llamo más tarde, No trates de comunicarte tú conmigo.

Sus palabras retumbaron en mi cabeza por unos segundos y supe que no me tenía que ir así, no de esa manera. Le extendía la mano para acercarla aún más a mí, y sin importar quién nos estuviera mirando.
Acune su cara entre mis manos, y me acerque lentamente a sus labios. Primero mordisque el inferior y luego introduje mi lengua sin ningún decoro, como llevaba días añorando hacerlo. Fui pausando aquel contacto hasta pequeños roces de nuestros labios.

      - Te veo más tarde Thiago – río ella
      - Creo que no hay otra opción. Te llamo vale
      - No – dijo angustiada – Pasa a la casa cerca de la media noche. Y trata que nadie te vea – susurro en mi oído.
      - Pero…
      - Por favor y no me llames
      - Vale. Como tú lo quieras ¿Te puedo besar?
      - Lo acabas de hacer – rio – El último
      - Nunca habrá un último – le guiñe un ojo
      - Thiago te tienes que ir, tus padres te esperan

La bese esta vez lentamente, saboreando su boca.

Ahora toca esperar la media noche para poder estar con ella nuevamente, esta vez sí sería un para siempre. Iba a ser lo posible por que todos esos sueños que tenía con ella se hicieran realidad. Estaba seguro que ella también sentía algo por mí, que se abriría para mí, que me contaría que es eso que la hace querer volver.