lunes, 20 de enero de 2014

"Algo llamado amor" Cap XLVIII

Día tres en Barcelona y nada es fácil, Benjamín no me pone nada fácil. Después que llegamos de la cena la segunda noche me dejo en la puerta de la habitación, de su maldita habitación, con ganas de más besos. La manera en que me dio las buenas noches solo me dejo encendida y sola. Mi juego se estaba volviendo en mi contra. En la mañana siguiente llego con una bandeja de desayuno y una rosa azul. Luego de besarme y cuando los besos se estaban poniendo interesantes se fue, maldita sea se fue. Mi cuerpo le demuestra a cada instante que lo necesita, que añora sus caricias, aunque me hago la fuerte, la fría, no me está resultando mucho.

Mi bebé cada vez que lo siente cerca me hace saber que le gusta su contacto, aun sus patadas no son perceptibles para aquel que toque mi vientre. Como si Benja supiera que al bebé le gusta su contacto cada vez que está cerca me pone su mano o besa mi vientre. Lo dije nada fácil. Se tomó muy enserio sus propias palabras de que era suyo y lo tocaría cada vez que quisiera.

La tarde del día dos Victoria (quien estoy segura está en complicidad con él) Me invito al centro comercial. Aproveche de comprarme un abrigo y un par de botas, ya que mi ropa no estaba muy apropiada para el clima. Cuando llegamos al departamento Benjamín tenía una perfecta cena romántica en la terraza, había pensado en todo, incluso tenía un calefactor para exteriores.
Esa noche, espero a que estuviera dentro de la cama para besarme y luego arroparme.
Las malditas hormonas ya no me producían llanto, me estaban produciendo otra cosa.


Hoy cuando me desperté él estaba sentado al lado de la cama con una hermosa sonrisa, me cabree de solo verlo ahí. Cuando intentó besarme, hice un movimiento de cabeza para evitarlo y funciono. Su sonrisa cambio por un ceño fruncido y abandono la habitación.
Me duche y me vestí, llegue a la cocina y Victoria me saludo con una hermosa sonrisa mientras estiraba su mano para acariciar mi vientre.

      - ¿Quieres desayunar? – me pregunto sirviendo un café. Que no era para mí
      - Gracias. – Le dije – Pero voy de salida
      - Con mayor razón desayuna primero – me dijo subiendo el tono, para que Benja la pudiera escuchar. – Te preparo algo ligero
      - No. – Le sonreí – Quede con alguien para desayunar

Frunció su ceño al mismo tiempo que Benja entraba a la cocina con cara de mala leche.

      - Bueno días – le sonreí y pase por su lado
      - Renata – me llamo cuando yo tomaba mi bolso del sofá. Lo ignore

Hice el intento de abrir la puerta del apartamento, y digo intento por qué tan rápido como lo ignore el llego a poner su mano para impedírmelo

      - Bueno días – me dijo tratando de sonar relajado
      - Permíteme – le acaricie su mano para luego apartarla de la puerta
      - ¿Dónde van? – me miro hacia abajo. - ¿Dónde llevas a mi bebé?
      - Por ahí – le indique
      - ¿Por ahí? – me miro con cara de mala leche
      - Sí. He quedado para desayunar. – Le sonreí – A demás ya estoy un poco aburrida de estar encerrada.
      - Podrías habérmelo dicho y te llevo a recorrer la ciudad – me dijo cargando su cuerpo sobre la puerta y con sus manos acariciando mi vientre
      - No. Gracias. No quiero interrumpir tu día. – le sonreí
      - Estas muy feliz esta mañana ¿Algo especial? – me pregunto aún más cabreado
      - Apártate por favor que llego tarde –
      - No vas a salir de este apartamento sin mí – me dijo con mucha seguridad.
      - ¡Que va! Soy una persona libre y soltera para hacer lo que se me venga en gana
      - ¿Libre y soltera? – pregunto
      - Aja. –
      - Lo dudo – dijo sarcásticamente
      - No porque cargue a tu hijo quiere decir que te pertenezco – me burle – Ya no.
      - Para tu juego. No puedes salir porque quiero llevarte a un sitio. –
      - Mañana tal vez – le dije ya cabreándome
      - Es hoy. – Me dijo furioso – Ve a desayunar mientras me arreglo para que nos vamos
      - ¿Perdón? – Alce una ceja – Yo he dicho que no.
      - Bieeeeeen – se rindió – Como quieras

Se apartó de la puerta y me vio salir, con una sonrisa enormeeeeee. Me tomo más de quince minutos conseguir un taxi, pero me tomo más de media hora decidir dónde ir. Claro yo no conozco la ciudad y no conozco a nadie tampoco. Bueno salvo Mariano. Si, si lo llamaría a él. Marque por lo menos cuatro veces y no me cogía la llamada. Le envié un texto


“Hola. Estoy por Barcelona, te marque pero
No me pude comunicar. Llámame. R”


Espere unos diez minutos y nada, al final le dije al taxista que parara cerca de alguna cafetería.
Desayune en un local y luego camine un par de calles hasta que mi bebé se pronunció y me detuve por una fuerte punzada en el vientre. En ese momento me di cuenta que había sido una mala decisión salir.


Me sentí sola en medio de la ciudad sin conocer calles ni nadie. Otra punzada llego y me decidí en llamar a Benjamín. Lo primero que hice fue fijarme en los nombres de las calles o algún punto de referencia para indicarle.

Al segundo pitazo contesto

      - Renata – me dijo muy cortante
      - Ahh – exclame cuando otra punzada un más fuerte que las anteriores llego
      - ¿Dónde estás? – me gruño de inmediato
      - Afuera del metro Fontana. – Le indique – Me duele el vientre
      - Quédate ahí – me indico – Voy enseguida

Corto la llamada sin más, busque un asiento cercano y lo espere. Lo espere. Cuando las punzadas se hacían aún más fuertes, una señora se acercó a mí.

      - ¿Se siente bien señorita? – me pregunto muy amable
      - No. – le indique frotando mi barriga
      - El hospital está aquí cerca. – Me indico – La acompaño hasta allí
      - Espero a… - y no supe que decir, a quien esperaba. A Benjamín. Pero no era ni mi novio, ni mi prometido. No era nada.
      - ¿Su esposo viene por usted? – me pregunto examinando mi cara
      - Sí. – le indique para evitar más preguntas – El venia para acá
      - El tráfico a esta hora puede ser horrible. Vamos la acompaño son solo un par de avenidas. Lo llamamos y le indicamos –
      - Gracias. – nos pusimos de pie y emprendimos camino hacia el hospital, según ella estaba cerca, a mi cada paso se me hacía más eterno. Mi teléfono pito al tiempo que otra punzada venia. Como pude saque el móvil del bolsillo y conteste
      - ¿Dónde estás? – me gruño Benjamín solo al contestar
      - Voy camino al hospital – le indique
      - Te pedí que me esperaras. ¡Mierda! Renata puedes ser tan irresponsable a veces – me gruño - ¿Qué hospital?

Mire la cara de la señora quien por alguna extraña razón me sonreía.

      - No lo sé. – le indique en un susurro - ¿A qué hospital vamos? – le pregunte a la señora.
      - Hospital de Sant Pau – dijo fuerte y claro.
      - Lo tengo. – Me dijo antes de que pudiera repetirle el nombre - ¡Dios! Mi amor llego en menos de cinco minutos. ¿Te sientes mejor?
      - No. Estos dolores cada vez son más fuertes –

No dejamos de hablar hasta que le dije que estaba entrando al hospital por el sector de urgencias. Me dijo que él ya estaba aparcado y nos encontrábamos dentro.
Me acerque calmadamente seguida por la señora al mesón.

      - La señorita no se siente bien – Le dijo la señora. – Viene con punzadas o posibles contracciones
      - La ingresaremos enseguida. Su nombre por favor –
      - Renata Blavi’s – la voz de Benjamín llego por mi espalda al momento que pasaba su mano por mi vientre – Ya estoy aquí mi amor. – dijo besando mi cabello.

Lo seguido fue todo muy rápido, me ingresaron en silla de ruedas hacia un box, donde pasado unos minutos vino una doctora a verme. Preguntas de rutina. ¿De cuantos meses? ¿Qué tipo de dolores? ¿Su médico tratante?
Me hizo sacarme todo de la cintura para abajo, al momento de sacar mis bragas una pequeña mancha roja asomaba, mis piernas comenzaron a flaquear en ese mismo instante.
Cuando la doctora estaba por comenzar a chequearme las cortinas del box se corrieron y la cara de susto de Benjamín me llego al corazón

      - No puede estar aquí – le indico muy tranquila la doctora
      - No voy a ir a ningún lado hasta saber que mi bebé está bien – le gruño llegando a mi lado y tomando mi mano, lo cual agradecí. Tenía miedo nuevamente
      - Ya lo llamaremos y lo haremos pasar una vez que la revisemos – le volvió a indicar la doctora.
      - Le ahorro ese trabajo. Por qué no voy a salir – le volvió a gruñir.

La doctora me miro, Benjamín me miro y asentí con la cabeza.

      - Sera una excepción  – le dijo sonriente la doctora.

Metió sus manos entre mis piernas y me reviso. Todo ese tiempo tenía los ojos pegados a los de Benja, quien me acariciaba el cabello en señal de tranquilidad.
No sé cuánto tiempo después, la doctora me indico que estaba todo perfecto pero tenía que guardar reposo, Benjamín asintió y le dijo que se haría todo como ella nos dijera. A su vez pregunto que si era apropiado viajar ya que nuestros boletos estaba listos para cuatro días más.
Luego de una charla de seguridad acerca de los viajes la doctora accedió.

      - Renata, no es muy normal que a tu avanzado embarazo hallas tenido sangramiento. Puede ser debido algún estrés o presión. Te sugiero que estos días no hagas ningún movimiento brusco y camines lo menos posible, si vuelves a notar sangre en tus bragas, te vienes de inmediato. Terminaste el 1er trimestre de tu embarazo, pero lo importante es que tu bebe no se adelante en nada, él está creciendo y necesita seguir allí por unos meses más. Aun no estás en la mitad. Reposo absoluto y nada de sexo. – miro a Benjamín. Quien asintió – No veo necesario ingresarte para que pases la noche. Pueden ir a casa y descansar. Renata reposo absoluto – volvió a decir.

Rato después salimos de nuevo a la sala de espero, yo sentada sobre una silla de ruedas. Mire por todos lados para ver si podía ver a aquella señora y de ella nada. Me encogí de hombros y nos fuimos sin más.

Todo el camino de regreso tuve que aguantar los reclamos de Benjamín, estaba que le decía unas cuantas frases bien hechas, pero me arrepentí, si había sido culpa mía esta situación. Solo esta situación.
En el departamento una angustiada Victoria nos estaba esperando, que al vernos llegar me abrazo y me dio unos cuantos besos en las mejillas.

      - Me alegro mucho que estén bien – me dijo
      - Solo fue un susto – le dije tratando de quitarle importancia. Ahora pequeña mentirosa y hace unas horas estabas aterrada.
      - A la cama – me dijo Benja, tomando mi mano y arrastrándome hacia la habitación
      - Quiero quedarme en el salón – le dije zafando mi mano de la de él.
      - ¿Qué? – me pregunto con cara de confundido
      - Quiero quedarme en el salón – le repetí
      - ¡Dios! – Dijo mirando el cielo - ¿Qué parte de… Tienes que guardar reposo no has comprendido? – me dijo un tanto frustrado.
      - Hare el reposo. – Le dije sentándome en el sofá – Pero no pienso estar aburrida en la habitación. – dije cruzándome de brazos. Victoria al no querer intervenir, salió rápido del salón y nos dejó solos.
      - ¿Qué voy a hacer contigo? – Dijo sentándose a mi lado – Quiero que te vayas a la habitación, te recuestes y descanses – dijo ya un tanto más calmado, o por lo menos aparentándolo
      - Mira que me recuesto acá. – Le dije arrastrando mi cuerpo por el sofá – Si sales puedo incluso estirar los pies – le sonreí
      - Cama – dijo serio, pero llevo mis piernas a su regazo
      - Me pasas el mando de la televisión – le pedí sonriendo

Resoplo, resoplo y suspiro. Pero termino accediendo. Me entrego el mando y yo encendí la televisión. Cambiaba de canal cada cinco segundos nada llamando mi atención, bueno si algo la llamaba. Él. Suavemente arrastraba sus manos por sus piernas hasta que las apoyo en las mías. Aun a través de los vaqueros podía sentir como mi piel quemaba por su contacto.

      - Vamos a la cama – me susurro presionando suavemente mis piernas- Te daré un masaje para que te relajes – me guiño un ojo.

Deje caer el mando al suelo, me tomo unos segundos recuperar la respiración después de sus palabras. Si claro que quería un masaje. No aún mejor que eso lo que quería era su contacto con mi piel.
Me miro esperando mi respuesta pero al ver que me estaba debatiendo conmigo misma se puso de pie. Ante mi mirada confusa se agacho un poco y me cogía por la cintura hasta que quede nuevamente sentada.
Su boca a centímetros de la mía, me sonrió. Me relamí el labio inferior esperando aquel contacto pero este solo me miro y dijo.

      - Una vez que te coja – me sonrió coquetamente – Cruza tus piernas en mi cintura. – Me guiño un ojo – Eso me facilitara caminar contigo hasta la habitación

Hice lo que me pido, pero para quedar más segura cruce mis brazos por su cuello y recosté mi cabeza en su hombro.
El no encontró nada mejor que sujetarme del culo. Sus manos sobre mi culo. Yo embarazada y con las hormonas revolucionadas y el sujetándome de esa manera.
Me embriague de su olor, de su contacto.

Suavemente me recostó en la cama, dejando su cuerpo sobre el mío por un momento.

      - ¿Quieres algo de comer? – me pregunto rozando su boca en mi oído. Me era casi imposible formular respuesta. - ¿Beber? – volvió a preguntar. - ¿Una película? – Ronroneo - ¿Masaje?

Al ver mi falta de respuesta, se levantó un poco más y mirándome fijo a los ojos.

      - Me asuste como la mierda cuando me llamaste – se lanzó hacia el lado para apoyar su cabeza en su brazo y seguir mirándome dijo – Pensar poder perder este bebé. – coloco su mano sobre mi vientre y estiro sus dedos para poder abarcar aún más espacio. – No puedo permitir volver a pasar este susto

Me perdí en su mirada en su forma de acariciar mi vientre, necesitaba su contacto. Su olor me estaba matando, su cercanía y su manera de conquistarme.
Hice el intento de sentarme en la cama, pero el tomo mi brazo para impedírmelo

      - ¿Dónde vas? –
      - Baño – apunte hacia la puerta. – Y quiero ponerme algo más cómodo.
      - ¿Te preparo la bañera? – me pregunto sentándose de un brinco. Negué con la cabeza. – ¿Me dirás a todo que no? – le sonreí. – Bien como quieras.

Se puso de pie y salió de la habitación. Era él quien estaba en plan de reconquistarme y tenía que jugarse su perdón, aun que a estas alturas yo ya lo había perdonado y solo lo estaba haciendo sufrir un poquito.

Luego de salir del baño él, no había vuelto a la habitación. Urge en mi maleta y no encontré nada cómodo. Me fui al armario de esté, y saque unos pantalones de pijama. Con él pequeñin dentro no era muy grande lo que me quedaba.

Lejos la mejor parte del día era el momento donde me sacaba el sosten. Si era la mejor parte, con lo mucho que me habían crecido. Era un relajo.
Me pare frente al espejo desnuda de la cintura, o bueno de donde se suponía que estaba la cintura. 
Mis pechos con una caída perfecta para las rodillas. ¡Puff! Pero mi barriga, mi barriga tan lisa, tan linda.

      - ¡Guapisima! – exclamo Benjamín cerrando la puerta de la habitación sin apartar la vista de mis pechos desnudos. - ¡Preciosa! – volvió a decir, mientras caminaba hacia mi. - ¡Perfecta! – dijo cuando poso sus manos sobre mi vientre. Llegando por detrás.

Nuestro reflejo en el espejo, era perfecto. Se agacho hasta quedar con su cara al lado de la mia.

      - Te ves tan hermosa. – me beso la mejilla – Aun no tenemos en nuestros brazos a esta pequeña y ya quiero tenerte embarazada de nuevo – susurro en mi oído.

Voltee la cabeza para poder mirarlo, pero este se alejo de mi y saco rápidamente su sueter y polera. Los lanzo sobre la cama y saco su móvil del pantalón

      - Pon tus manos aquí – me dijo posándolas sobre mi vientre. – Yo cubriré tus pechos con mi brazo. –

Hice lo que el me pidió. Y el con una mano cogio su móvil y nos arrastro hasta quedar mas de frente al espejo. Deslizo su brazo izquierdo suavemente sobre la barriga, para poder cubrir mis pechos. Al rozar su piel desnuda contra mis pezones estos reaccionaron de inmediato y se endurecieron. Al ver mi gesto en el espejo, lo dejo caer nuevamente. Y volvió a rozar mis pezones. Esta vez gemi al contacto.

Con su brazo derecho, puso la aplicación de la cámara y nos fotografio en esa posición.

Fueron varias tomas, una besando mi cabeza, otra mirándonos a los ojos, otra sonriendo a la cámara.  Pero la ultima y mas hermosa fue cuando este me puso frente a su pecho, me pego tanto a el que solo se venia su torso recto y las curvas de mis pechos y estomago. Levanto con su mano libre mi barbilla hasta que quedo su boca a centímetros de la mia.

Suspiro. Suspire. Gemi. Gruño y estampo sus labios con los mios. Mientras sonaban las tomas que hacía.

No tardo mas de 1 minuto en sacar fotografías, pero nuestros labios se quedaron esa posición hasta que reaccione y arrastre mis manos por su pecho, hasta llegar a su pelo donde las enganche.
Abrí mi boca y como reflejo el hizo lo mismo.

Lentamente nuestras lenguas se encontraron en una danza lenta y pausada. Nuestras manos fijas, ancladas a nuestros cuerpos. Lento, suave y con mucho amor. Así fue nuestro beso.
Ya en ese momento mis fuerzas estaban completamente perdidas, lo deseaba. Lo quería entre mis piernas y con su pecho junto al mio sudados.
Lo volví a besar, esta vez fui yo quien guio aquel beso. Mas salvaje, mas necesitado.

      - No debemos  - me dijo separando su boca de la mía.

Mis ojos cayeron, en ese momento lo solté y camine firme a la cama, toma la polera que antes había sacado y al ver como la ponía por mi cabeza sonrió.
Enojada y por sobre todo frustrada me recosté sobre la cama. Quería gritarle y enfadarme, pero a mi misma, yo debería haber dicho esas palabras no él.

Se recostó a mi lado en la cama y al ver que me moví para darle la espalda él llego a mi y me atrajo hasta su pecho. Me beso la cabeza al tiempo que con sus manos me subia la polera para dejar mi vientre al descubierto. 

jueves, 16 de enero de 2014

"Algo llamado amor" Cap XLVII

Mi suerte estaba echada, ahora solo tenía que jugar muy bien mis piezas, Renata estaba dolida aun. Y era de lo más compresible.Ver las imágenes de mi hijo. Mi maldito hijo, me hizo pensar y replantear todo lo que había hecho con mi vida hasta ahora. Mierda que si valía la pena. Ella era la mujer de mi vida, y estaba escrito en algún maldito lugar que era así. Por eso no pude tener hijos antes, por eso puedo tenerlos ahora. Con ella. La lleve a un restorán alejado del centro de Barcelona, necesitaba un lugar tranquilo, le abriría mi corazón, mis temores y mi pasado.

      - Aquí – le indique apenas aparque el coche. 

Me baje tan rápido como pude para abrirle la puerta, pero nuevamente ella fue más rápida y lo hizo sola. Estaba claro que ella no me pondría las cosas fáciles. Y bien que me lo merecía Entramos a un reservado y me tome la libertad de pedir por ella, no protesto. Solo miraba sus manos, sus manos que ya no tenían mi anillo.

      - ¿Vino? – nos preguntó el camarero
      - No – dije firme. - ¿Algo en especial le pregunte a Renata?
      - Tú sabes todo – me respondió enojada.
      - Renata – le dije, al momento que su mirada se cruzó con la mía
      - Algún jugo natural – acoto, y cuando el camarero anotaba ella agrego pero no de naranja.         
      - ¿Usted? – cambie mi mirada de Renata al camarero – Lo mismo 

Una vez que nos dejó solos nuevamente no sabía por dónde abordar el tema, esperaba que ella me hiciera las preguntas, pero si siquiera me miraba.

      - No se por dónde comenzar – le indique
      - El principio sería más fácil –  me sonrió sarcásticamente
      - Es duro para mi hablar de esto, por muchos años pensé lo contrario a lo que me está pasando en estos momentos. Es un verdadero milagro para mí. Mucho más de lo que es para ti. Ya escuchaste una parte, pero desde el principio es distinto. Sufrí mucho por esto 

Sus ojos se clavaron en mí y me dio la confianza necesaria para poder explayarme en el tema. El camarero volvió a ingresar dejando nuestros platos, ella no tocaba bocado solo giraba su tenedor sobre la comida.             
      - Renata yo necesito ser sincero contigo, no espero que me perdones. Quiero que me comprendas. Si en algún momento te hice daño, si te herí no lo hice premeditadamente.
      - El punto es que lo hiciste – 
      - Pero nunca quise hacerlo –
      - Lo hiciste – aclaro
      - Y me voy a odiar el resto de mi vida por ello. Si por ellos los pierdo, no lo podre soportar.
      - No me escuchaste cuando te dije que era tuyo, no me explicaste antes el por qué de la situación. ¿No crees que hubiera sido más fácil haberlo dicho antes?
      - Me cegué –
      - Excusas – me dijo
      - Voy a contarte cómo sucedieron las cosas, pero primero comamos, deben alimentarse ambos – me sonrió de vuelta y se llevó la mano al vientre – Fue la imagen más hermosa de mi vida, verte a ti y a mi hijo. Poder escucharlo y tocarte. No tengo palabras para decirte como me sentí. 

Cuarenta minutos después de un molesto y completo silencio, ya habíamos terminado de comer y llegábamos a la parte importante de la historia.

       - En algún momento de mi vida, fui joven – sonrió – Renata. Nada de lo que hice lo pensé, te juro que jamás pensé en las consecuencias de mis actos. Tenía como 16 años y siempre lo tuve todo. Todo lo que quise, nunca me negaron nada. ¿Sabes lo que pasa cuando un chico lo tiene todo? – Negó con la cabeza - Pues, las drogas estaban a la orden del día – me miro con cara de horror – Sí. Mi amor. Estuve hasta los 21 años metido en eso luego lo deje. Mi madre fue el mejor apoyo en eso. Entonces estuve mucho tiempo en recuperación, Salí. Gracias a los cuidados Salí. Pero no fue suficiente. No lo fue. En la universidad las rechace pero no duro más, anabólicos. Renata me comencé a drogar con anabólicos. Mi novia de ese momento, Leonor. Me quería a pesar de eso. Me quería tanto que nos mudamos juntos a Madrid lejos de todo. Poco a poco los fui dejando, hasta que fui normal otra vez y no dependí de nada. Eso fue el comienzo de mi desgracia. 

La cara de Renata no tenía deducción no sabía si estaba aterrada por lo que escuchaba, o compasión por lo que fui en mi juventud.

       - No entiendo – dijo rompiendo el silencio.
       - Lo sé. Con Leonor estuvimos poco más de un año tratando de ser padres. Debido a como ella no quedaba en estado, fuimos al médico. Ahí conocí a Christopher, llegamos a la consulta muy ilusionados. Salimos destrozados. Yo mucho más que ella. Después de un sinfín de exámenes 

Su cara se contraía aún más con cada palabra que decía. Le dolía escuchar mis palabras. Pero no más que a mi decirlas

       - Mis espermatozoides perdieron fuerzas, yo no podía llegar y traer un niño al mundo y todo eso gracias a mi irresponsabilidad. Mis actos si tuvieron consecuencias y eso destrozo mi vida. - Se llevó sus manos a la cara y ahogo un sollozo
       - La deje ese mismo día, al salir de la consulta. La deje sola. Al igual como lo hice contigo, solo que los motivos fueron distintos. 

Me miro y asintió.

       - Tres personas conocían este secreto. Mi madre lo ignoro hasta… bueno hasta que se supo lo de tu embarazo, ese día llegue tan destrozado al departamento que tuve que contarle el por qué había desconfiado de ti. Me arrepiento tanto de haberlo hecho. No te merecías eso. No te merezco
      - Creíste que eras infértil – dijo mientras yo me quede en silencio esperando su reacción
      - Sí. Lo creí mucho tiempo. –
      - ¿Cuándo pensabas decirme eso?-
      - Nunca – le confesé – Evite tener una relación contigo. Sí que malditamente lo evite. Pero el amor fue mucho más fuerte. Esa primera separación, cuando Carol murió. – Su rostro se contrajo – Yo aproveche de visitar a Chris, hacía tiempo que no iba a verlo. Por ti decidí hacerlo. Me sometí a un tratamiento, eran unos medicamentos y tenía que ir a revisión cada cierto tiempo, la cosa mi amor. Es que el milagro ocurrió, la última visita antes de saber de tu estado. Recuerdo las palabras de Chris, aún faltaba un poco. Pero parece que no faltaba nada. 

Me sonrió y espere pacientemente que ella fuera la que me dijera algo. 


      - Renata, yo no puedo cambiar el pasado, lo que hice, lo que te dije pero si puedo modificar el presente. Necesito que me digas algo.
      - Lo siento. – me dijo – Estoy tan cansada – agacho la cabeza – No se que puedo decirte Benjamín. No lo se. Todo esto es mucha información y estoy muy confundida
      - Eso quiere decir  -
      - Lo que dije es, que no tengo nada claro en mi cabeza. –
      - Solo no me dejes de un lado. Esta semana que pasaremos juntos déjame estar cerca. Déjame reconquistarte 


~~~


A penas llegamos al departamento me encerre en la habitación necesitaba estar sola, necesitaba pensar. Esto era mucho para mi. Queria irme a casa. Quería mi casa.
Mire el reloj por millonésima vez, no había variado mucho desde la ultima vez que la vi. 17 horas. Si no fuera porque hacia frio iría a dar un paseo. Pero nada de lo mío era propio en este lugar. Claro si en mi país estábamos en pleno verano.
Me recosté en la cama y espere que el reloj avanzara más rápido, claro que no lo hacía. Afuera sentía solo pasos. La manilla de la puerta se movió, pero nadie entro en ese momento.

Benjamín me pedía que lo dejara estar a mi lado, como podía dejarlo si me mintió, no me contó esa parte de su vida que me hacía entender su reacción. ¡Mierda! Yo lo amaba, él me amaba. Pero el orgullo no me dejaba perdonarlo.
Anabólicos, drogas, otra mujer. Mi conciencia me decía que todo eso ocurrió antes de que yo apareciera en su vida. No me mentía.
Que es lo que debo hacer, que es lo que necesito hacer. Tengo mis sentimientos completamente revueltos. ¡Demonios!

Tres golpes en la puerta me hicieron sentarme de golpe.

      - ¿Puedo pasar? – Victoria asomaba su cabeza. Le sonreí y asentí – ¿Cómo va todo?
      - Bien. Solo que no puedo viajar aun – le dije elevando los hombros – El bebé crece perfectamente sano en mí. – Le sonreí – Mide 13.3 cm es un tanto grande para sus semanas
      - Como su padre – me aclaro Vicky – Benjamín, ese hijo mío era enorme. Nació de 48 cm y peso algo más de 4 kilos
      - Enorme –
      - Gigantesco, creo que mi nieto será grande como su padre – asentí - ¿Quieres contarme más? – me pregunto
      - Benjamín me contó de su pasado – mi voz se fue apagando – Puedo comprender su reacción, pero…
      - Shh… No me digas más, hija. Ya se me esa historia, pero lo que quiero saber es que piensas de ustedes como pareja –
     - Necesito tiempo – suspire – Victoria tengo mi corazón partido en dos, una parte me dice que lo perdone y que lo entienda. Pero la otra parte me recuerda sus duras palabras, su rechazo, su abandono. No se cual debo seguir
     - No quiero ser la suegra entrometida de la historia, solo que no quiero verlos sufrir, ni a él ni a ti. No sé cómo ayudar. No se si debo ayudar
     - Quiero irme a casa – le dije – Quiero estar lejos de él
     - Y cuando estas lejos, lo quieres cerca. – Asentí – Te voy a dejar descansar, te voy a dar tu tiempo. Pero debes saber que mi hijo es terco. Se dio contra la muralla, y ahora no sabe cómo recuperarte. No se dará por vencido, y espero que tú no te cierres completamente a ser feliz. Las palabras duelen, pero ¿Puedes vivir sabiendo que lo dejaste ir? O mejor aún Puedes perdonar y ser feliz.

Dicho eso me dejo sola en la habitación nuevamente, sus palabras no salían de mi cabeza y ya no sabía qué hacer. Tal vez era muy terca como para perdonarle, pero tampoco podía vivir sin él. Ver a mi hijo cada mañana sabiendo que él está lejos.

Mi vida está hecha una mierda y lo único que quiero es huir de todo nuevamente, porque no se dio cuenta antes, todo hubiera sido tan fácil si él me hubiera escuchado. Ahora yo me debatía entre mi amor o mi orgullo. Peor aún me sentía, maldito hombre que me destrozaba.
Encendí la televisión y pase por todos los canales sin saber que ver, tome mi IPad y busque algo en internet, NADA. Me puse un pantalón deportivo y salí hacia la sala. Ahí estaba el culpable de todos mis males, pero también de lo más maravilloso que me había pasado. Me miro y me sonrió, le sonreí de vuelta.

      - Necesitas algo – me pregunto. Al tiempo que me deje caer sobre el sofá. Negué con la cabeza. -¿Quieres salir a cenar conmigo esta noche?
      - No – dije segura de mi decisión
      - ¿Quieres que preparemos algo especial para comer? – Volví a negar - ¿Ir al cine? – Negué – ¿Dar un paseo? – negué otra vez
      - Estaba pensando – le dije y toda su atención se vino hacia mí – Bueno tu casa estará lista en menos de dos meses. – Asintió – Una vez que terminemos con eso me gustaría que me vendieras tus acciones
      - ¿Para qué?
      - Quiero que la empresa siga siendo solo mía. Tú rubro es la publicidad no la arquitectura
      - Lo siento. Pero ya tengo destinado que hacer con eso. –
      - ¿Qué? – le pregunte un tanto angustiada, si no me lo quería vender a mí, tal vez ya lo había vendido. No mierda, no quería más accionistas, quería ser yo la única.
      - No te lo puedo decir aun. Faltan unos meses para que sepas y conozcas al nuevo dueño –
      - ¡Que! Mierda Benjamín. Por qué hiciste eso. Sabes que me negaba a tener socios. Acepte que fueras tú porque, bueno éramos pareja.
      - Te tendrás que acostumbrar. Pero relájate que aún faltan unos meses –
      - Porque no me habías dicho. –
      - Pensaba hacerlo la próxima semana. Por cierto. Ya confirme los boletos de regreso para el próximo miércoles. – Asentí – ¡Hey!  - llamo mi atención – No te martirices con eso. Aún faltan unos meses
      - Ya, ya. – Le dije quitándole importancia – Mañana quiero ir a visitar a Mariano
      - No va a poder ser – me dijo en seco – Tienes que venir conmigo a un lugar
      - ¿Qué? – le dije incrédula
      - Iremos a un lugar, necesito que lo conozcas y contarte más sobre mí –
      - Benjamín, yo tomo mis propias decisiones y se dónde ir y donde no. No quiero salir contigo.
      - Respóndeme algo. No quiero estar haciendo el loco – lo mire a los ojos - ¿Tú me darías la oportunidad de remediar mis errores y poder estar a tu lado? –
      - Yo… -
      - No espera. Te he dicho que te quiero reconquistar, pero si tú me dices que no me quieres yo no hago nada y hago mi vida. – Mis ojos cayeron con la mirada al suelo – Pero jamás dejare de ser padre, no eso no. Es lo más maravilloso que me ha pasado. Pero entonces. Respóndeme de corazón ¿Me quieres aun?

Me puse de pie para evitar contestar esa pregunta. Pero Benjamín no me dejaría tan tranquila tan rápido. Me agarro por el brazo y me jalo hacia su cuerpo.

      - No huyas de mí. Solo responde – me susurro en mi oído. - ¿Me quieres Renata?

Me quede en silencio mientras respiraba contra mi oído, arrastraba su nariz por mi cabello y su mano acariciaba mi vientre, me estaba derritiendo en sus brazos. Había mantenido a raya mis hormonas, pero ahora estaban a punto de flaquear. Cambio de posición su cabeza y susurro contra mi otro oído

      - Tú cuerpo está diciendo lo que tus palabras se niegan –

Su dedo de norte a sur lentamente sobre mi vientre me hacía estremecer, solo tocaba la parte donde estaba su hijo. Me quemaba la piel. Lo deseaba en estos momentos malditamente mucho. Trate de dar un paso hacia adelante, pero mis piernas simplemente no querían responder.
Era una traición del más alto nivel.

      - Te amo. – decía mientras besaba mi cabello. Su mano que antes estaba sobre mi codo, ahora simplemente subía por mi brazo, acaricio mi hombro, corrió mi pelo hacia mi otro hombro y bajo su boca hasta mi cuello, lametazos, besos, mordiscos. Eso iba dejando desde mi cuello hasta mi hombro y viceversa.

      - No quiero que me toques – le dije logrando articular palabras – No quiero que me toques
      - ¿Por qué? ¿Ya no me quieres? –
      - No sé lo que quiero –
      - Yo te puedo tocar todas las veces que quiera – me dijo secamente
      - No puedes – le dije ofuscada
      - Es mío lo que llevas ahí dentro – puso ambas palmas sobre mi vientre. – Lo puedo tocar y sentir cuando quiera
      - Nos dejaste – le dije apartándome de él, con las piernas flaqueando – Te fuiste de nuestras vidas. Y mientras yo lo tenga en vientre es solo mío. Una vez que nazca ya veremos cómo hacemos el régimen de visitas – dije caminando hacia la habitación lo más rápido que pude.

Cuando entre cerré la puerta suspirando porque no me había seguido. Camine hacia la cama pero antes de poder siquiera pensar que hacer él ya la abría y cerraba nuevamente de un portazo

      - ¡Ni un maldito régimen de visita! – Grito enojado – Yo no quiero tener que pedir permiso para ver a mi hijo. ¡Maldita sea es mío!
      - ¡Pero nos abandonaste! – le grite en defensa
      - No escuchaste nada de lo que te dije en la tarde – dijo ofuscado – Te he pedido perdón. Te he contado mi pasado.
      - O perdón por ser tan insensible. – Le grite – Pero tus malditas palabras no las he olvidado. No puedo cerrar los ojos y no verte gritándome que te traicione. Que me acosté con otros. ¡Te odio!

Me recosté en la cama y escoda mi cabeza entre las almohadas, enojo ira y todo lo solucionaba con lágrimas.

      - No digas nada de lo que después te puedas arrepentir – me dijo sentándose en la cama. Levante la cabeza para poder mirarlo a los ojos  
      - Él más apropiado para decir eso no eres tú -  
      - Te lo digo porque no sé cómo solucionar todo lo que te hice, todo lo que te dije. Estoy enojado conmigo mismo por estar en esta situación ahora mismo. Sabes lo que se siente verte llorar y no poder consolarte. No sabes por qué malditamente te cierras a no perdonarme
      - Te perdone. De corazón te perdone. Pero no puedo olvidar. –
      - Entonces no me ha perdonado – comenzó a sobar mi espalda suavemente – Tengo una maldita semana para poder cambiar nuestro futuro. –
      - Yo mañana me voy – le indique
      - Déjate con estupideces. Tú sales de este departamento rumbo al aeropuerto. Pero conmigo al lado – me dijo pasando sus manos por su pelo, estaba tan enojado como yo.
      - Estupideces las tuyas que me quieres tener obligada a tu lado. –
      - Dime mirándome a los malditos ojos que no me quieres. Dímelo si puedes –
      - No puedo. ¡Maldita seas! sabes que no puedo. Te amo. Te sigo amando a pesar de lo idiota que eres. Me haces salir lo peor de mí. Pero también tengo lo mejor de ti. – Toque mi vientre – Quiero que me dejes tranquila. Quiero poder seguir con mi vida como lo hacía hasta antes de tu llamada. Quiero seguir sufriendo, pero con la esperanza de que volverás – abrió mucho sus ojos - Algo en mi me decía que volverías y te darías cuenta de tu error. Yo quiero ser feliz. Contigo o sin ti.
      - Conmigo mi amor. – Me dijo tomando mi cara entre sus manos – Siempre conmigo. – acerco su boca a la mía. El temblor volvió a mi cuerpo, quería pedirle que se alejara, pero también quería que me besara. – Te amo, Renata te amo. Te amo.

Puso sus labios sobre los míos y me beso, tiernamente, lentamente, como si su vida dependiera de eso. Mil suspiros salieron de mi durante lo que el beso duro. Con sus manos acariciaba mis mejillas, secaba las lágrimas que aun salían de mis ojos.
      - Te amo – susurraba cada vez que su boca se separaba un poco de la mía

Me deje caer sobre mi espalda, esperando que Benja recostara su cuerpo sobre el mío. Me miro y me sonrió.

      - Ponte guapa mi amor. Nos vamos a cenar fuera. – me dijo dándome un último beso casto y seco. – Te conquistare cada día que pase. Mi vida será para adorarte a ti y a mi bebé.

Y mis fuerzas por negarme y patalear se esfumaron. Salió de la habitación dejando la puerta entre abierta, espere en la misma posición un par de minutos para ver si entraba nuevamente a seguirme besando. Extrañaba tanto sus besos. Pero ahora quería más. Necesitaba sus manos recorriendo mi cuerpo.

      - Vamos hija. – Mire hacia la puerta la sonrisa de Victoria – Ve a la ducha mientras te alisto tu ropa.
      - ¿Qué? – pregunte desconectada de lo que habla
      - A la ducha señorita. – Me volvió a indicar – Tendré todo listo cuando salgas.
      - ¿De qué hablas?
      - El departamento no es muy grande. – Alce una ceja – Los vi en la sala, luego escuche la pelea aquí. Y al final mi hijo entro con una hermosa sonrisa a mi habitación.
      - Quiere que vamos a cenar – le dije quitándole importancia
      - Eso es una buena noticia. Déjate querer, hazle sufrir un poco más. Te lo dije que era un terco. Y te quiere a ti y a su hijo.
      - Y yo lo quiero a él. – le dije.
      - Lo sé. Pero bueno. Vamos a la ducha que debes ponerte guapísima para que muera al verte. –
      - Yo no he dicho que volvería con él –
      - Lo se


Me encamine hacia la ducha, mis pensamientos ya estaban claros. Había cosas por las que ya no podía seguir luchando. Aun me quedaban 6 largos días en Barcelona y no los pensaba desperdiciar.
Si para nosotros había una nueva oportunidad era tiempo de averiguarlo. 

miércoles, 15 de enero de 2014

"Algo llamado amor" Cap XLVI

Su contacto su cercanía, estar con él de esta forma, aquí así. Era un sueño hecho realidad. Le había hablado a mi bebé, a nuestro bebé. Fue una sensación extraña, pero extraña hermosa. Me cambió la vida en ese momento. En ese momento sentí que lo adoraba aun mas de lo que estaba permitido.

      - No me apartes de ustedes - me susurraba contra el cabello - No me dejes perderme nada mas de mi hija. No me dejes estar separado de ti. Te amo Renata tan malditamente que duele.

No podía articular palabra todo era muy surrealista. Todo era como un sueño, tal vez seguía dormida. Si eso tiene que ser, estaba dormida. Nada de esto estaba pasando. El sonido del horno microondas, hizo que Benja se separara de nosotros.

      - Listo - dijo y fue a sacar la taza caliente - Ahora si se van a la cama - dijo en un tono muy contento.
      - Gracias - logre articular
      - Vamos. -

Poso su mano en la parte baja de mi espalda con la taza en la otra mano, me guió hasta la habitación y abrió la puerta para mi. Una vez que yo entré camino hacia la mesita de noche y dejo la taza.

      - Trata de dormir - me beso la cabeza y se dirigió a la salida.

Una angustia lleno mi pecho, algo me hacia presión, y las ganas de llorar me inundaron me enrolle con su almohada que estaba pasada a él. Y las lagrimas comenzaron a brotar. Malditas hormonas Lo necesitaba a mi lado, eso era lo que quería. Lo quería a él.
Como si leyera mi pensamiento abrió la puerta de la habitación. Y encendió la luz oculte mi cara en la almohada y él se apresuro a la cama.

      - ¿Estas bien? ¿Te sientes mal? - me pregunto intranquilo. Asentí con la cabeza. - Por que lloras? - me volvió a preguntar.
      - ¿Que necesitas? - respondí con otra pregunta obviando lo que él quería saber. Que le diría lloro por que te necesito? o no mejor aun lloro por que lo que hiciste en la cocina me partió el corazón y soy una débil capaz de perdonarte todo.
      - Venía a sacar otra colcha. - dijo abriendo el armario. Era consciente del frió que hacía y saber que estaba durmiendo en ese sitió me hizo llorar aun mas.

Lleve mi mano a mi vientre en el momento que lo sentí moverse, era como si mis pensamientos estuvieran conectados con él. Lo tome como indicándome que allí dentro todo estaba de maravillas. Deje mi mano ahí hasta que me dormí.



El sol ya entraba por la ventana cuando las ganas de orinar llegaron a mi. fui a moverme pero algo me lo impidió. Benjamín. Tenía su pecho pegado a mi espalda y su mano firmemente puesta sobre mi vientre.
Quería guardar esa imagen para siempre en mi mente. Mañana cuando estuviera en mi cama, en mi casa, quería poder verla y sentirla de la misma manera que lo hacia ahora.
Era un maldito sueño despertar de esta manera, no se ni cuando, ni como ni porque. Pero el estaba a mi lado durmiendo.
Por mucho que me gustara estar así no podía, la presión de mi vejiga era horrorosa, suavemente tome su mano y la aparte de mi. Corrí la colcha y salí suavemente de la cama, me quede unos minutos de pie junto a la cama apreciando a aquel hombre dormir. Mi hombre.

      - ¿Estas bien? - sentí la voz de Benjamín al otro lado de la puerta.
      - Si. Ya salgo - le indique. Me lave las manos y salí del baño.

Estaba de pie junto a la puerta con las manos tras su espalda. Observando cada uno de mis movimientos. Me senté en la cama con la intensión de volver a acostarme cuando una presión en mi vientre me lo impidió. Mi cara de dolor hizo que Benjamín llegara rápidamente a mi lado y levantara mi cara para poder buscar en mis ojos la respuesta.

      - Que te duele? - me pregunto rápidamente al ver que me llevaba las manos al vientre se puso de pie y agarro mi maleta. Sacando lo primero que encontró lo lanzo sobre la cama. - Ponte eso y nos vamos de inmediato a la consulta de Chris.

Al ver que yo no reaccionaba y solo lo miraba se arrodillo a mi lado .

      - Por favor. Déjame llevarte al médico. - susurro buscando mis ojos .
      - Debe ser el estrés del viaje - le dije muy calmada aunque por dentro estaba aterrada. - Ya paso, fue solo una pequeña punzada
      - No quiero correr riesgos. - me indico - Necesitas que te ayude a vestirte
      - Benjamín - le dije con voz seca - Tenemos que ir de igual modo. Solo deja que me duche y baja tú paranoia. -
      - No puedo. Si algo le pasa por mi culpa no me lo perdonare nunca - Posando su mano sobre mi vientre dijo - Pequeña por favor no nos asustes ¿Vale? - mirando directamente a mi vientre

De modo de respuesta mi bebé se movió, lo sentí moverse dentro de mi, al contacto y voz de Benjamín. Era realmente maravilloso. Mis ojos se llenaron de lagrimas

      - ¿Duele? - me pregunto examinado mi cara. Negué con la cabeza incapaz de poder responder. En ese momento la puerta de la habitación se abrió e ingreso Victoria con una bandeja llena de comida.
      - Perdón - dijo dejando la bandeja al lado de la que anoche había traído Benja.
      - Mamá. - la llamo Benja antes de que saliera - Renata no se siente bien
      - ¿Que tienes hija? - me pregunto angustiada caminando hacia mi lado
      - No lo se mamá, salió del baño, se sentó y comenzó a llorar - contesto Benjamín sin dejarme responder a mi.
      - Tranquilo, déjame a mí con ella. -
      - Debo ser yo quien la tranquilice cuando llore - reclamo Benja - ¿Provoque yo las lágrimas? - pregunto un tanto angustiado. Negué con la cabeza - Por favor, vamos al médico
      - Se movió - logre articular entre lágrimas - Mi bebé se movió.

Los dos me quedaron mirando por un momento sin decir medía palabra, bueno yo tampoco sabía que decir, mis hormonas me estaban jugando una horrible mala pasada. ¿Podía culpar de todo a mis hormonas?

- Algo está mal con eso? – pregunto Benja
- No. Hijo es la emoción de sentir que dentro de ti hay vida. Solo es eso – le dijo tratando de calmarlo.
- Renata. – lo mire – Por favor, arréglate para que nos vamos. El doctor nos está esperando
- Dame un momento. – le dije
- ¿Quieres que salgamos para que te arregles? – pregunto Victoria. Asentí con la cabeza.

Después de una ducha ya me encontraba un poco mejor, los nervios se me hacían aún más fuertes en este momento. Miedo tenía miedo. Tenía muchas preguntas además.

Necesitaba tiempo a solas con Benjamín para poder aclarar ciertos puntos, necesitaba saber qué era eso de los medicamentos y porque su médico tenía que chequearme.  Anoche por el cansancio del viaje olvide, simplemente lo olvide.

Le pedí a Victoria que nos dejara ir a los dos solos, y ella comprendió bastante bien mi posición. A demás también creía que necesitábamos tiempo a solas. Me pregunto si habíamos pasado la noche juntos y al explicarle que había entrado momentos antes que ella no te su mirada de desilusión, ella nos quería juntos.

Para que miento si yo también.


Ya en la sala de espera el tiempo se me hacía eterno. No habíamos cruzado palabras con Benjamín en todo el camino, y ahora necesitaba romper el silencio.

- Benjamín – dije para llamar su atención – Tengo algunas preguntas
- Ya lo creo. Primero quiero que te chequen y luego hablaremos. – Asentí y me volví a quedar en silencio

Diez o veinte minutos después salió el doctor, se saludaron de la mano con Benjamín, y cuando llego el momento de presentarme. Solo le dijo Renata. ¿Bueno que esperabas?

- Un gusto Renata –
- Espero que lo sea – le dije con la voz entre cortada y con la boca seca. Mis nervios habían vuelto.
- Pasemos –

Nos indicó el camino hacia su consulta y una vez dentro pasamos directo al grano, me explico que era un procedimiento completamente normal, debido a que Benjamín había estado durante tres meses en un tratamiento de fertilidad. Me explico que los espermatozoides de Benjamín eran débiles y debido a eso era difícil poder concebir, que la situación se revirtió con unos medicamentos.
Era demasiada información para digerir en este momento, ¿Por qué Benja nunca me dijo de su problema? Prácticamente era un milagro que yo estuviera en estado.
De ahí venían sus inseguridades con la paternidad y el motivo de dudar de mí. Mis ojos como ya era costumbre picaban por lágrimas, Benja no decía nada, solo miraba mi reacción a todo lo que Christopher decía al respecto.

Llegado un minuto yo lo único que quería era que me revisara y me confirmara que mi bebé estaba bien, tantos nombres de medicamentos me tenían mareada. Algo que no era muy difícil de hacer, todo me mareaba últimamente.

Preguntas de rutina, ¿Cómo te has sentido? ¿Cómo te diste cuenta de tu estado? ¿Qué síntomas haz presentado?
Yo lo único que tenían eran vómitos que ahora si se estaban controlando.

      - Mira Renata, esto no es algo por lo que debas asustarte ya le explique anteriormente a Benjamín que cuando estos embarazos suceden sin mayor intervención médica es necesario revisar que todo esté bien. Si tu médico tratante no encontró anomalías, eso quiere decir que todo está bien. Te vez como una mujer sana. Nada debería ser un problema. Vamos a hacer una ecografía y un examen de sangre. Con eso nos aseguramos que vuestro bebé este perfecto y ya puedes volver a casa. Lo recomendable es que no viajes mucho, tu medico te autorizo, pero yo no te autorizo a volver hasta dentro de una semana. Así tu cuerpo descansa y evitamos algún inconveniente.
      - Mi médico está en Chile. Yo vuelvo mañana a mi casa. No tengo nada más que hacer aquí – le acote ante sus peticiones
- Es solo una semana, tómalo como vacaciones – me dijo, puse los ojos en blanco y resople.
- Ya escuchaste. – indico Benja – Una semana
- ¡No! – dije segura de mi misma
- Pones en peligro a nuestro hijo – me dijo Benjamín muy seguro de sus palabras

Resople, suspire y asentí. A mi hijo no lo pondría en peligro por nada.

- Bien. – se puso de pie Christopher – Acompáñame

Me pare al mismo tiempo que Benjamín, camine hacia una sala conjunta donde estaba la camilla y el monitor.  Me indico que me recostara y subiera mi polera y bajara un poco la pretina de mi jeans.
El frió gel me hizo estremecer, no era la primera ecografía, pero si seguía nerviosa, y además le sumábamos que Benja estaba a mi lado. Era completamente distinto.

- Aquí vamos –





Con el aparatito sobre mi vientre lo comenzó a mover hasta que encontró el saquito donde estaba mi bebé.

- Aquí esta. – dijo indicando con el dedo en la pantalla – Dile ¡Hola! – dijo muy contento.

Mis ojos solo se separaron un momento de la más hermosa imagen que había visto, para mirar a Benja. Estaba con los ojos pegados a la pantalla, pero había un brillo especial, los tenía vidriosos.

- Mami, mira cómo se chupetea su dedito –
- Es asombroso – dijo Benjamín tomando mi mano entre las suyas – Un verdadero milagro.
- Lo es. – acoto Chris. – Bien hasta ahora todo parece normal. Escucharemos su corazón

El silencio de la habitación solo fue interrumpido por un PUCUTUM PUCUTUM que procedía desde mi interior. Asombroso, increíble. Sin duda esto era muy especial.

Un suave apretón recibí de parte de Benja y subí mi vista a él. Se acercó a mi oído y me susurro “Gracias mi amor”.

Sus palabras me derretían aún más. Beso mi cabello y volvió su vista a la pantalla. Todo este tiempo estuve dentro de un sueño, un hermoso sueño.

- Despídanse de vuestro hijo. – nos indicó.
- Chao bebé – le dijo Benja llevando su mano libre sobre mi vientre a penas desapareció la imagen de la pantalla.
- Todo está perfecto. Es un poco más grande para las semanas que tienes, pero es normal. Mide
exactamente 13.3 cm y pesa alrededor de 61 gramos. Todo dentro de lo normal. Felicidades están
teniendo un bebé sano.

Cuando termino de decir sanos, es como si volviera a nacer, mis pulmones se llenaron tanto de aire que suspire muchas veces. Benjamín volvió a besar mi cabeza y me saco el gel que aún quedaba sobre mi vientre, terminada su tarea bajo mi polera y me ayudo a sentarme nuevamente.

Me despedí de Christopher, una vez que nos entregó las nuevas tomas de mi hijo, nuestro hijo. Benjamín seguía sin soltar mi mano y mientras mas trataba de que soltara mas fuerte me apretaba, una vez dentro del coche la busco en todo momento pero las mantuve lejos de su alcance . Ninguno de los dos decía nada. Cansado de buscar mi mano, poso su mano sobre mi vientre, nos contactamos por un segundo con los ojos y me sonrió.

- ¿Vamos a comer? – me pregunto, mirando al frente.
- Prefiero irme a la casa – le indique
- Tenias preguntas –
- Aun las tengo – le conteste
- Estas lista para escuchar todo – aparco el coche y se acomodo en el asiento para quedar de frente a 
mi – ¿Quieres escuchar todo lo que tengo que decir?  – me pregunto
- ¿Cambiaría eso algo? ¿Borraría eso tus palabras? ¿Tu abandono? – le gruñí mirándolo
- Pero te haría entender – me dijo en su defensa
- Esta bien – resople – Vamos donde podamos hablar

Una sonrisa, un brillo en sus ojos me dijo que eso era justo lo que necesitaba escuchar.


Bien terminemos con esto de una buena vez.

lunes, 13 de enero de 2014

"Algo llamado amor" Cap XLV

      - Lo que oíste - le confirme
      - Escuche perfecto. ¿A que vas? Le paso algo a Benjamín -
      - No. Él esta bien -
      - Entonces -
      - Mira la verdad no entiendo muy bien de que va todo esto. Pero me llamo y me dijo que necesitaba ir a España para que su medico revisara mi embarazo. -
      - Que tiene que ver mi sobrino con todo esto -
      - No lo se. Se supone que él estuvo con unos medicamentos y quieren saber que efectos tienen en el bebé, la verdad no lo se. Me dijo que allá me explicaría todo. Tengo miedo y no te lo voy a negar. Pero no me puedo quedar de brazos cruzados y tengo que ir.
      - ¿Cuando te vas? -
      - Mañana -
      - Vuelves? -
      - A penas me den los resultados -
      - Osea que ya por fin se dio contra una muralla y entendió que el niño es suyo -
      - Así parece. -
      - Que piensas hacer? -
      - Lo primero es mi hijo, necesito saber que todo esta bien con él. Que nada malo le va a pasar. -
      - Y ustedes como pareja? -
      - Eso se vera con el tiempo, tengo grabadas todas sus palabras aun en mi cabeza, no se si algún día le pueda perdonar eso.
      - Cariño! - se puso de pie y me abrazo

Me acurruque en su pecho y como ya era costumbre comencé a llorar. Era lo mejor que podía hacer, era para único que estaba siendo buena estos días, el embarazo me tenía una completa llorona.

      - Ya no llores - dijo mientras me acariciaba el cabello - No le hace bien al bebé
      - No quiero que nada le pase a mi bebé -
      - Nada le va a pasar. Benjamín no lo va a permitir - llore aún mas - Aprovecha de hablar con él, querida, te necesita. Tanto como tú a él  -
      - Yo lo necesite a él. Y él no estuvo -
      - Vamos deja de pensar esas cosas. Ahora lo importante es saber que todo sigue bien con tú embarazo y este bebé - toco mi vientre - Ya sabrán lo que es bueno, cuando ando corriendo por ahí, y en la noche intenten dormir y él o ella quiera atención
      - Yo feliz de pasar la noche en vela con tal de ver su carita. -
      - Espero que digas eso cariño cuando ya este contigo - sonrió

Esos pensamientos de verlo corriendo por algún lugar, de ver su carita, o simplemente de escucharlo llorar. Su primera vez que me diga mamá. Ese pensamiento nuevamente me hizo llorar.


Unas horas mas tarde y ya mucho mas calmada Gabriel me invito a comer, nos quedamos conversando de lo bien que le estaba yendo y de lo preocupado que estaba de que cada vez tenía menos tiempo para Renata, por los días pasaba en la guardería y en las tardes la cuidaba la Señora Juanita, una mujer que había contratado para tiempo completo, se preocupaba de que todo en el departamento funcionara bien.

Aprovecho de decirme que ya no sería necesario que me quedara con la niña los días viernes. Eso no me gusto así que le rebatí hasta que aprobó nuestros viernes juntas. Si a mi me pasara algo me gustaría mucho que Naty se hiciera él mayor tiempo para pasar con mi bebé.
Sacudí mi cabeza para quitar esos absurdos pensamientos de mi cabeza, que me podía pasar. Estaba bien de salud y ahora me cuidaba mucho mas de lo que antes lo hacia.


~~~

Tan solo faltaban dos horas para que ella llegara, estaba saliendo hacia el aeropuerto, había dejado el departamento limpio y ordenado. Al igual que la habitación para mi madre, Ella, mi hermosa Renata se quedaría en mi cama, era la mas cómoda, la mas amplia. Y yo... yo solo me tiraría en el sofá. Estaría cómodo, o al menos eso creo. 

Durante la tarde me había llamado Gabriel, hacían semanas que no hablábamos, desde la última vez... Esa última vez donde primero le grite, la insulte y luego le pedí que volviéramos. Pero para variar no supe hacer las cosas, no supe pedirle perdón y solo la cague mas. 

Pero quede claro de que si Renata tenía algo, era gente que la quería y la apoyaba, estaba agradecido de que ella no estuvo sola cuando yo la abandone. 

En el aeropuerto los minutos se me hacían eternos, miraba y miraba la pantalla de los aviones que llegaban pero aun no aparecía su vuelo. 

Y si se arrepintió? Y si verdaderamente yo no soy él papá, la visita no tenía sentido.... 

Este viaje me confirmaba mi paternidad, si ella llegaba era solo para confirmar lo que yo nunca quise creer. Debía estar seguro de como jugar mis cartas, no podía volver a perderlos, si entraban por esa puerta, sería solo para... Yo ya estoy pensando volver con ella y ni siquiera se si me ha perdonado o si podrá hacerlo.

Si la amas... necesitas reconquistarla -

Mi lado mas romántico salio con ella, todo lo bueno que llevo fue ella quien lo hizo aflorar. Él mismo verdadero amor salio estando a su lado.

Mis ojos por fin veían lo que tanto añoraba, por esa puerta ingresaban todas mis esperanzas, todas mis ilusiones, como un bobo me quede mirando como caminaba al lado de mi madre en mi dirección, mis ojos se pegaron en los cambios que tenía su cuerpo. Un escote majestuoso, sus pechos eran aun mas hermosos que antes, su tripa. No podía creer lo que había crecido en estas semanas, era ahora mas visible que antes.
Estaba pero preciosa, guapa y apetecible. Mis ojos la desnudaban mis manos picaban por acariciar cada centímetro de su cuerpo. Mi boca, mi boca estaba seca en estos momentos.





      - Hijo - mi madre me hizo dirigir mi mirada hacía ella.
      - Mamá - me agache y le bese ambas mejillas - Hola Renata - dije tímidamente, no sabía como ella iba a reaccionar.
      - Benjamín - asintió con la cabeza.

Aprovechando el momento me acerque a ella y aspire su aroma, olía tan bien como siempre, sus ojos no se separaban de los míos, le roce primero una mejilla depositando un suave beso. Lleve mis labios así su otra mejilla rozando levemente sus labios, la sentí estremecerse. Una leve sonrisa se dibujo en mi cara y ella frunció el ceño, se veía aun mas guapa tratando de hacerse la enojada, estoy seguro que ella deseaba aun mas. Al igual que yo.

      - ¿Como estuvo el vuelo? - le pregunte mientras le tomaba la manilla de la maleta. Ella negó con la cabeza, pero ignore sus protestas. Y la tome de todas formas, al igual que lo hice con la de mi mamá.
      - Bien. Agotador. - respondió Renata.
      - Vamos entonces para que descansen -

En el coche mi madre me puso al corriente de como iba Esthandish Publicity, de como pasaban los días, de como se llevaban cada vez mejor con Renata. Renata a ratos asentía con la cabeza, pero iba con la vista pegada en la ventana. Por el espejo retrovisor a ratos encontraba sus ojos mirándome pero cuando lo hacia ella volvía a mirar por la ventana.

Aparque afuera del edificio y me apresure en bajarme para abrirles la puerta a ambas, pero Renata se me adelanto y bajo antes. Saque las maletas y las guié al interior.

      - Adelante - les dije abriendo la puerta.
      - Gracias - dijeron al unisono.
      - ¿Quieren algo de beber? - les pregunte.
      - No hijo. Yo me quiero ir a descansar - me dijo mi madre.
      - Y tu Renata? -
      - Me puedes llevar a un Hotel - dijo caminando hacia donde había dejado la maleta
      - No. - le conteste en seco - Ven te llevo a tú habitación
      - Prefiero un Hotel - rebatió
      - Hija. -  intervino mi madre - Ve a descansar, el vuelo te agoto y mi nieto debe estar cansado -
      - Eso pretendo, pero Benjamín no me quiere llevar - dijo - Mejor tomo un taxi
      - Dije que ¡No! - alce un poco la voz - Dame eso - tome la maleta con una mano y con la otra la tome a ella.

A pesar de sus protestas la arrastre hasta la habitación. Una vez dentro la solté a ella y deje la maleta sobre la cama. La abrí aun en contra de su voluntad. Saque su pijama. Volvía a cerrar la maleta y dejarla a un lado de la cama.

      - No voy a compartir cama contigo - me dijo enojada tomando la pijama entre sus manos - No me voy a quedar contigo
      - Tienes en estos momentos dos opciones. - le indique. - Una te pones la pijama y te acuestas mientras te traigo algo para comer. O. Dos te desvisto yo mismo y te meto ahí.
      - Así? - me levanto una ceja - No te atrevas a tocarme - me gruño
      - Entonces tú solita ponte eso -
      - Quiero irme a un HOTEL - gruño
      - Que se quedan acá, tú mientras estén en Barcelona te quedas en mi departamento con mi hijo -
      - Tú hijo! - grito
      - Si mi hijo. -
      - Ahora - resoplo
      - Renata por favor - suspire - Te iré a preparar algo para comer
      - No necesito nada. Gracias - dando un portazo al entrar a la puerta del baño.

Salí de la habitación con ganas de meterme en el baño, y si necesitaba ayuda para desvestirse. El pensamiento de que estaba solo con ropa interior y su tripa al desnudo, me paralizo en el pasillo.

      - Dale tiempo. - me dijo mi mamá - No seas tan duro con ella
      - No quiero ser duro con ella. Mamá lo que quiero es que podamos llevarnos bien. Que me deje ser parte de sus vidas - resople - Necesito que me perdone, necesito sentirla cerca aun que sea difícil.
      - Tiempo y paciencia.
      - Como se ha sentido? -
      - Ella o yo? - pregunto risueña. Le moví la cabeza y entendió lo que quería saber - Ve a preguntárselo directo a ella.
      - No quiero incomodarla -
      - Bueno entonces me voy a dormir. Mañana hablamos hijo. Estoy feliz de que estemos los cuatro nuevamente bajo el mismo techo
      - Igual yo. - le bese la cabeza y me fui a la cocina.

Prepare una bandeja con galletas, sandwich, jugo de naranja y un vaso de leche. Tenía que ir lento, lento pero seguro, tenía que reconquistarla, tenía que jugarme las cartas, necesitaba esa oportunidad. La necesitaba para poder vivir, el tiempo perdido no había sido mucho, tal vez aun estábamos a tiempo, sólo, sólo me perdí la primera patadita de mi hijo.

Abrí la puerta de la habitación, sosteniendo la bandeja con la otra. Renata me ofrecía una de las mas hermosas vistas




A pesar del frío, ella estaba recostada en la cama con su vientre al aire, solo con bragas, se veía hermosa, su tripa estaba hermosa, sin meter mucho ruido deje la bandeja sobre el mueble y camine hacía ella.
Suavemente me senté en la cama para mirarla dormir unos minutos, mis manos picaban por acariciarla, llevaba muchos días sin ella sin su cuerpo sin su amor y ahora tenerla así era toda una bendición.
Un frío llego a mi espalda que me hizo estremecer, moví los cojines, y abrí la cama, la cogí entre mis brazos, como instinto apoyo su cabeza en mi pecho, por lo que inhale profundamente su aroma, era ella. Era mi Renata en mis brazos de nuevo.
La deposite lentamente en la cama y antes de cubrirla lleve mi mano a su vientre, roce suavemente mis dedos por su piel tan suave y liza como lo era antes.
Hizo un movimiento y me aleje, saque una colcha y un par de almohadas. Le apagué la luz y cerré la puerta, suspire.
No quería dormir en el sofá, quería dormir abrazado a ella, con una mano sobre mi hijo. Poder acariciarle el cabello y sentir su lenta respiración.


Llevaba mas de dos horas dándome vueltas en el sofá, no podía conciliar el sueño, ya lo había hecho, leer, ver televisión y nada. Simplemente morfeo no me quería en sus brazos, la luz del pasillo se encendió y como instinto cerré mis ojos, si era mi madre, prefería evitarla en ese momento.
Sentía como los pasos eran cada vez mas fuertes hasta que se detuvieron a mi lado, quería saber quien era. Pero si lo hacia me delataba. Unos dedos se enredaron en mi cabello, pasando a llevar mi casco y me hicieron estremecerme, ese contacto, esa electricidad no la sentía con mi madre.
Abrí de golpe los ojos, para encontrarme a Renata parada detrás de mi cabeza.

      - Perdón no quise despertarte - me dijo cuando retomo su camino hacia la cocina, venía con el vaso de leche lleno. - Yo iba a calentar la leche
      - Yo voy, vuelve a la cama - le dije incorporándome en el sofá
      - No es necesario. Todas las noches es lo mismo. - me dijo moviendo los hombros - Aun no comprende los horarios de mamá y le da con despertarme en la madrugada para comer
      - Hey! - le dije tocando su barriga y agachándome a su altura - Creo que cuando salgas vamos a tener una larga charla acerca de mantener despierta a mamá durante la noche. - La mire hacia arriba y vi como lagrimas salían de sus ojos - Ya sabes. Pórtate bien allí dentro, aun te queda mucho. - le bese la barriga y me puse de pie.

Quede frente a su cara, sus ojos fijos en los míos, yo no decía nada y ella no decía nada. El silencio era nuestro mejor amigo a estas horas de la noche. Tenía que hacer una jugada a ver si estaba todo perdido.

Di un paso hacía delante y ella no se movió de ese sitio, respire profundamente y di otro paso. Sus ojos bajaron hacia el suelo. Lleve mi mano hacia su cara y le seque las lagrimas con el roce de mis dedos. Ella se estremeció por mi contacto pero no se retiro. Aproveche el momento y me abalance sobre ella y la abrace.

La abrace como llevaba tiempo deseando hacerlo, ella no se retiro escondió su cabeza en mi pecho. Y me sentí vivo. Enterré mi nariz en su cabello y me impregne de ella de su olor. Bese su cabeza.

      - Te amo - susurre contra su pelo - Las amo a las dos